Desde hace una semana, no podemos ignorar quién es Quentin D. ni los hechos que han tenido lugar en Lyon. Un joven de 23 años falleció el 12 de febrero de 2025. Se llamaba Quentin D. Esta información ha traspasado las fronteras de Francia y ha suscitado un gran interés en todo el mundo.
Desde entonces, hay dos versiones enfrentadas. Al principio, se hablaba de «muerte tras los enfrentamientos entre el servicio de orden de Némesis y los antifascistas a la puerta de un mitin de Rima Hassan». Pero con el paso del tiempo, la extrema derecha se ha apropiado del tema para convertirlo en un mártir. Hemos pasado de una primera definición de Quentin como «militante de la Acción Francesa» a convertirlo en un «joven católico dedicado a sus valores, comprometido con los más necesitados y que se encontraba ayudando a unas mujeres». Este cambio de discurso hizo recaer la responsabilidad de la provocación, montada fuera de una conferencia en una universidad, sobre las personas que se opusieron a la acción. La reunión de Rima Hassan en Sciences Po era una reunión anunciada y perfectamente legal a la que el colectivo Némésis acudió para interrumpirla e imponer su discurso, con el método que lleva utilizando desde hace tiempo: hacerse ver fuera de las acciones de los demás y, si es posible, interrumpirlas o denunciar que son ellas las víctimas de los ataques. No se trata de un asesinato de parte de una banda de antifascistas violentos contra un joven indefenso. Quentin D murió en el marco de un enfrentamiento entre dos grupos, por un lado los militantes de extrema derecha que fueron a presentarse a la reunión y los antifascistas que buscaban detener la acción de provocación iniciada por los militantes de extrema derecha.
Desde entonces, se ha extendido una oleada de discursos que banalizan el peligro de la extrema derecha. Esta banalización también se ve alimentada por los comentarios que se han hecho sobre la muerte de Quentin, como «es una tragedia, la muerte de un joven», «nadie debe morir por sus ideas», etc., pronunciadas por personalidades de todo el espectro político, desde la extrema derecha hasta la izquierda institucional. Todos parecen estar de acuerdo en condenar la violencia, sea cual sea.
A partir de este hecho, observamos en Francia un aumento enorme de una línea política profundamente trumpista que ya está en marcha: la criminalización del antifascismo y su inclusión en el ámbito del terrorismo. Actualmente, en Estados Unidos también existe la misma estrategia Anti-antifascista, un movimiento posiblemente menos importante que el antifascismo en Francia, pero que también pretende criminalizar cualquier forma de organización que cuestione las acciones y políticas del ICE. En Estados Unidos, el Gobierno intenta, sin éxito, difundir relatos según los cuales las personas asesinadas por el ICE, como Renée Good, habrían sido violentas o habrían atacado a los agentes del ICE.
Esta operación ideológica de inversión permanente de los hechos se produce en un contexto de varios años de crisis económica del capitalismo, durante los cuales los grandes capitalistas y burgueses aún no se han decidido a abandonar las formas democráticas de sus regímenes, pero que les llevan cada vez más a cuestionarse el mantenimiento de estas formas de democracia que les impiden asegurar su poder. Cada vez criminalizan más cualquier forma de protesta.
En Argentina, el mejor amigo de Trump, Milei, ha aprobado, bajo la represión policial, una reforma del código laboral con aspectos esclavistas, como la posibilidad de jornadas laborales de 12 horas sin aumento salarial. En Francia, tras el ataque a la clase obrera con la reforma de las pensiones, el ataque brutal sobre los presupuestos de servicios públicos en el presupuesto de 2026 y la preparación de la población para la guerra también son elementos de la crisis económica y de la solución que propone el régimen: menos derechos para todos con el fin de garantizar los beneficios de unos pocos.
Este contexto de crisis se convierte en terreno fértil para muchos discursos repugnantes, como la persecución de los migrantes, o ideas de retorno a los valores antiguos, como la familia tradicional o la religión tradicional.
Un contexto que esta llamado a proponer una lucha cada vez más frontal y directa entre dos visiones del mundo: el oscurantismo, inspirado en las referencias del Antiguo Régimen, o a veces directamente en la ideología fascista y nazi, que ya no duda en mostrar sus aspectos nazis, por un lado, y, por otro, una visión de un mundo capitalista y voraz, que se ha vuelto insoportable para las masas que se organizan en diferentes movimientos, como el feminismo, el ecologismo, el nuevo sindicalismo, el rechazo al genocidio en Gaza o el antifascismo, para hacer frente y luchar contra la barbarie capitalista del siglo XXI.
El campo de la extrema derecha se encuentra en plena radicalización. No solo está empezando a formar grupúsculos violentos, que ya existían, pero cuyos efectivos están aumentando, sino que también hay otros indicadores, como el movimiento masculinista. En enero de 2026, el Alto Consejo para la Igualdad de Francia publicó su informe anual sobre el sexismo en el país. El título elegido es «la amenaza masculinista ». En él se constata que un cierto número de personas, especialmente jóvenes, adhieren ideas muy violentas sobre el lugar de la mujer en nuestra sociedad y adoptan una postura hostil que puede traducirse en actos violentos. Su propia violencia es en sí misma una llamada a la confrontación. ¿Debemos permitir que las mujeres se enfrenten y toleren estos discursos radicalizados? ¿Debemos dejar que la violencia de la extrema derecha quede sin respuesta?
La condena abstracta de cualquier forma de violencia debilita nuestro campo social en un momento en el que la extrema derecha se radicaliza, se desinhibe y se muestra abiertamente. Sin siquiera recurrir a elementos de ruptura con el régimen burgués, el régimen democrático, que ha expropiado cualquier forma de violencia al pueblo, reconoce a los ciudadanos el derecho a ejercer una forma de violencia: la legítima defensa.
Cuanto más se organiza y se radicaliza la extrema derecha, más necesario es que nos organicemos dentro de nuestras filas para combatirla. Es una cuestión de supervivencia: se están preparando para atacarnos.
Laicidad hipocrita
Un aspecto de la situación que me llamó la atención fue la exaltación del carácter católico de Quentin. En un momento en el que el principio de laicidad se evoca a menudo en el país como un principio fundamental de la República, me parece necesario recordar que la laicidad, como valor, se basa en Francia en la separación entre la Iglesia y el Estado. No todas las religiones por igual, sino muy especialmente la Iglesia católica, la que el Antiguo Régimen utilizaba para mantener su opresión y reinar sobre los cuerpos y las almas de la población. Recordemos también que la Iglesia católica protege y encubre casos de abusos sexuales cometidos contra niños en sus centros escolares y comunidades. Es la Iglesia católica la que se opone al matrimonio para todos en Francia y al aborto en todo el mundo, especialmente en América Latina. La Iglesia católica representa una fuerza oscurantista y medieval que no tiene nada que aportar en términos de valores que reivindicar en el siglo XXI.
El discurso actual sobre la laicidad francesa apunta más bien a otra religión: la religión musulmana. La islamofobia estatal ataca constantemente a los musulmanes, mezclando de forma permanente el islam, el terrorismo y la radicalización política. Podemos citar, entre otros ejemplos, la persecución de las mujeres y adolescentes que llevan velo en la escuela, o el cierre de mezquitas consideradas radicales. ¿Y qué hay de la radicalización católica, que, en sus formas más extremas, mantiene vínculos con grupos de extrema derecha que exaltan el nazismo y la Francia de Vichy?
En camino hacia el 8 de marzo: no hay lugar para la extrema derecha en las calles ni en nuestras luchas
La acción en la que Quentin encontró la muerte fue una iniciativa de Némésis. Se trata de un grupo que algunos denominan «femonacionalista». Considero que el prefijo «femo» ya les concede demasiado protagonismo y un espacio que no se merecen. Se trata de un colectivo de mujeres de extrema derecha organizadas en torno a la xenofobia, la islamofobia y el racismo, con el pretexto de luchar contra la violencia contre las mujeres. Quieren hacerse pasar por militantes feministas, pero desde hace años, las organizaciones políticas y las militantes feministas de Francia denuncian su presencia en las manifestaciones, especialmente el 8 de marzo y el 25 de noviembre.
Su acción del 12 de febrero se inscribe sin duda en la preparación del 8 de marzo de 2026. Recordamos que Némésis ya se ha beneficiado en París de un servicio de orden compuesto por hombres muy violentos y que, en su defecto, también ha sido protegida por la policía en otras ocasiones, que ha garantizado la seguridad de su cortejo. Mientras que las manifestaciones de otros colectivos, como los sin papeles y la Marcha de la Solidaridad, son prohibidas o se les niegan determinados recorridos, la prefectura de París despliega fuerzas para garantizar la presencia de Némésis en la calle, ya sea por la legalidad de la declaración de su manifestación o gracias a la presencia policial a su lado. Ahora más que nunca, es necesario seguir organizándonos para impedir cualquier presencia y participación de la extrema derecha en la lucha feminista. El feminismo ya se ha pronunciado al respecto. Los llamamientos a manifestarse el 8 de marzo son claros: no hay lugar para Némesis el 8 de marzo.
Más que nunca, también debemos organizarnos el 14 de marzo, a instancias de la Marcha de Solidaridad, para luchar contra la extrema derecha, las actuales políticas de persecución de los migrantes, la violencia policial y por la regularización de todas las personas indocumentadas. Socialismo o Barbarie Francia es firmante del llamado del 14 de marzo y continuaremos al servicio de todas las luchas contra la extrema derecha que se avecinan en este periodo de radicalización política.




