Cárcel para violadores, femicidas y trans travesticidas: una conquista de la lucha desde abajo del feminismo
Estamos escribiendo este artículo en Argentina, en agosto del 2026, y para comenzar a desarrollar el tema, de cara a las nuevas generaciones de activistas, se nos viene a la memoria la inmensa lucha alrededor del caso de María Soledad Morales, que ocurrió en la madrugada del 8 de septiembre de 1990 en San Fernando del Valle de Catamarca.
Ese 8 de septiembre María Soledad, estudiante secundaria de tan solo 17 años, fue drogada, violada, asesinada y arrojada en un descampado a la vera de la ruta: un femicidio perpetrado por los hijos del poder, que sacudió al país entero. Los nombres de los responsables que empezaron a circular no eran los de simples delincuentes: Guillermo Luque, hijo de un diputado nacional; Pablo y Diego Jalil, sobrinos del intendente; Arnoldito Saadi, primo del gobernador; y Miguel Ferreyra, hijo del jefe de policía.
La impunidad parecía garantizada. Pero algo se quebró. Miles de personas salieron a la calle en Catamarca primero, y después en todo el país. Una lucha contra la impunidad del poder, una lucha por la defensa de la vida de las pibas de abajo que provocó la caída del entonces gobernador Ramón Saadi. La complicidad y encubrimiento del gobierno provincial de Catamarca hicieron que la justicia llegara ocho años después de la muerte de María Soledad y solo produjera dos condenas: Guillermo Luque —hijo del entonces diputado nacional Ángel Luque, condenado a 21 años de cárcel por asesinato y violación, y Luis Tula condenado a 9 años como partícipe secundario de violación. Nadie más fue condenado. El encubrimiento, las irregularidades, el lavado del cuerpo de por orden policial… todo eso quedó en la impunidad. Pero la movilización social que se construyó alrededor del caso marcó un quiebre en la lucha contra la violencia hacia las mujeres.
“Por entonces, los asesinatos de mujeres producto de la violencia machista no se reconocían como tales. Su femicidio fue simplemente nombrado como ´el crimen de María Soledad Morales´. El término femicidio es un concepto político construido y visibilizado colectivamente para denunciar la violencia machista en su expresión más extrema y la impunidad con la que se perpetúa. El reclamo de justicia en las calles a lo largo de los años siguientes visibilizó en la escena pública la verdadera dimensión de esta violencia, no se trataban de crímenes aislados o por motivaciones pasionales, eran crímenes por razón de género. La figura del femicidio se incorporó al Código Penal argentino en 2012 y fue una de las tantas conquistas de la organización y la lucha feminista. (Comisión Provincial por la Memoria)
Los cambios en la legislación penal y el castigo se producen como la consecuencia superestructural de un movimiento enorme de lucha contra la violencia de género, por el reconocimiento de la opresión de las mujeres en un sistema capitalista patriarcal.
El castigo efectivo, el juicio, la cárcel surgen como conquistas arrancadas a un Estado que reproduce y ampara la violencia contra las mujeres y diversidad. Es un reclamo concreto que no puede entenderse si no es en el contexto concreto en el que se realiza: el de un femicidio cada 36 horas, el de un poder judicial que sigue negándose a aplicar los protocolos de género, el de un Estado que ampara la violencia contra las mujeres. Un reclamo concreto en un país en el que ante cada caso hay que volver a luchar contra la impunidad.
No, Bulrich: ni es un homicidio, ni alcanza con castigar a violadores y femicidas/transtravesticidas
Por supuesto que con grandes luchas ganamos el repudio que la mayoría de la sociedad tiene hoy frente a violadores y femicidas. La impunidad, por supuesto, continúa. Y justamente por eso vamos a seguir denunciándola y enfrentándola: no vamos a dejar pasar la vergonzosa actuación del Estado ante el femicidio de la joven Agostina Vega en Córdoba. Dejaron al femicida Barrelier arrojar el cuerpo a un descampado y postergaron el allanamiento, reprimieron protestas de los vecinos y realizaron una ignominiosa conferencia de prensa para intentar justificar que sólo aplican los protocolos cuando se los imponemos. Por supuesto que, sin juicio ni castigo para Barrelier, la impunidad sería algo que no dejaríamos pasar.
Pero, si de soluciones hablamos, que Bullrich, Milei y fachos unidos no se crean que nos quedamos ahí. Nuestra batalla es cambiar de raíz la sociedad. Y nuestros logros se miden en personas que comprenden y sostienen que cuando una mujer dice no es no. En personas que repudian y se movilizan contra la misoginia y el odio a la diversidad. Nuestro logro es que cuando tocan a une salimos cientos de miles. Nuestro logro son las multitudinarias marchas del orgullo. Nuestro logro es una mayoría social que defiende la educación sexual integral. Porque las conquistas son papel mojado sin personas que las defiendan. Y sabemos que siempre están en peligro mientras los que tengan el poder sean unos pocos bribones disfrazados de empresarios que viven a costa de expoliar y oprimir a la mayoría y de saquear recursos naturales a costa del despojo de las comunidades.
Cada centímetro contra la impunidad nos lo hemos ganado con mucho esfuerzo. Y cada centímetro de conquista es un punto de apoyo para denunciar y pelear por cambiar una sociedad que está podrida desde los cimientos. Esto es solo el comienzo: nuestro horizonte es la revolución. Una revolución que rompa todas las cadenas de opresión y explotación.
Las feministas que no reclaman cárcel a violadores y femicidas en nombre del antipunitivismo
Es llamativo que algunas agrupaciones, como Pan y Rosas, que sí han reclamado cárcel para los genocidas, se nieguen a levantar el mismo reclamo en el caso de violadores y femicidas. Evitando entrar en la polémica, eluden el paso explicando que la cárcel no es la solución, que el problema es social y otras enunciaciones generales correctas que, sin embargo, separadas de la exigencia de castigo efectivo terminan disolviendo la lucha por cada una. Por nuestra parte revindicamos la tradición feminista de nombrarlas: Agostina, Luna, Sofía.
“Ni una menos, vivas nos queremos a todas”, rescata esa tradición que revindicamos: cada una y todas. Cada una nos importa, y hacemos de cada lucha una de todes en la que se construyen lazos, que nos unen como movimiento. El mismo problema se repite al desarrollar la idea: lo que hay que cambiar son “las condiciones que permiten que estos femicidios se produzcan”. Pero las condiciones no son solo las condiciones materiales, son también las condiciones, los sustratos ideológicos y culturales. Si solo son las condiciones materiales la historia no tiene sujetos. Y los sujetos son precisamente los que cambian las condiciones y hacen la historia.
En la idea de que solo hay que cambiar las condiciones materiales también coinciden otras agrupaciones. Es el argumento que deslizó Lucy Cavallero (socióloga feminista, integrante del colectivo NI una Menos) en una entrevista en Gelatina, que une arbitrariamente pobreza con violaciones y femicidios. Como si existiera correlación alguna entre la pobreza y las violaciones o los femicidios. Y acá el error empieza en el mismo análisis. Trasladar erróneamente la justa crítica de Ángela Davis y muches otres contra un sistema carcelario que criminaliza la pobreza y encarcela a los sectores más vulnerables. Pero esos son delitos contra la propiedad, o contra los abusos de las autoridades, sobre todo policiales.
En el caso de la violencia contra las mujeres la situación es exactamente la inversa: los sectores vulnerables son las niñeces mujeres y diversidades
“Castigar los delitos como los del pequeño traficante del barrio o el robo o hurto, entre otros, en suma, las violencias contra la propiedad privada, es el ejercicio de un poder que refuerza los valores de protección del sistema. Por el contrario, la violencia patriarcal no es reprimida por ese mismo sistema en los hechos. Se trata de una violencia que disciplina los cuerpos feminizados y considerados como susceptibles de ser violentados, como los de los niños. Es una violencia legitimada y tolerada por el propio sistema. Es una violencia de la que el sistema obtiene provecho y, en cierto modo, fomenta. Luchar contra esta violencia representa a veces una necesidad muy importante en el recorrido de reconstrucción de muchas víctimas.” (Ahora que sí nos ven)
Por otra parte, las autollamadas antipunitivistas, consideran de la misma manera a todas las personas que están en la cárcel, como si fuera lo mismo un genocida, el femicida de Agostina que un pibe chorro. “Todo preso es político”, dicen y entonces construyen una falsa caricatura que oculta las contradicciones y la realidad. No es lo mismo una cárcel en la dictadura llena de presos políticos que una cárcel llena de pibes pobres chorros, o portadores de rostro pobre, o actores de pequeños vandalismos, o resistencias a malos tratos policiales. Estas posiciones nada tienen que ver con el feminismo que levantamos las socialistas.
“Desde un punto de vista liberal y desde la propia teoría del derecho burgués, se debe considerar como iguales todos los bienes jurídicos que hay que defender. Sin embargo, de manera revolucionaria, no estamos obligados a inscribirnos en la lógica del derecho burgués de poner en pie de igualdad todos los crímenes y delitos y tratarlos de la misma manera. Estamos por la prisión para los violadores, por la prisión para los genocidas, por la prisión para la extrema derecha, por la prisión para los policías que ejercen la brutalidad policial en los barrios y matan cotidianamente. Y estamos por la liberación de todos y todas las presas políticas de nuestro campo social, por la absolución de todos y todas nuestras camaradas víctimas de persecución sindical y política, por la descriminalización de un cierto número de comportamientos con los que se criminaliza a la clase obrera o a los sectores expulsados del sistema” (Dani L. Francia: contra la impunidad de las violencias sexistas y sexuales)
Las instituciones represivas del Estado
Las instituciones represivas de los Estados capitalistas como las cárceles están al servicio de sostener, reproducir y reforzar las relaciones de dominación, y fundamentalmente al servicio de defender el gran capital y sus intereses. Salvaguardan el orden burgués en su conjunto. En algunas ocasiones, cuando la alteración del orden es tal que compromete la dominación burguesa en general, las cárceles, siempre abarrotadas de los sectores más vulnerables y desposeídos de la sociedad, siempre abarrotadas de “culpables” de “delitos contra la propiedad” o “resistencias (diversas) a la autoridad (policial)”, entran en ellas algunos perpetradores de crímenes contra la humanidad.
Fue el caso de los genocidas de la dictadura militar, encarcelados en muchos casos producto de la lucha popular encabezada por Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y apoyada por una inmensa mayoría de la población, y es el caso de algunos femicidas y violadores, producto también de la lucha popular. Estas excepciones, no mueven un ápice nuestra crítica al sistema carcelario por clasista, racista, misógino y homolesbotransfóbico. Ni tampoco al Poder Judicial, corrompido desde su origen con jueces millonarios elegidos por nadie, cómplices de poder de turno.
Milei pretende negar la existencia de femicidios…
Los recientes intentos del gobierno de Milei de eliminar la figura de femicidio y considerarlos simples homicidios va en consonancia con su política de desconocimiento de la desigualdad de géneros, y por supuesto en contra del sector más vulnerable, más castigado, que son las mujeres y la diversidad.
Además de negar la real situación de desigualdad, Milei, Bulrich y todos los fachos se niegan a reconocer que no son casos aislados, no son individuos en abstracto que por obra y arte del azar creen que las mujeres y diversidades son de su propiedad, que pueden hacer con elles lo que quieran. Los datos son contundentes: hay una matriz social de misoginia en la recurrencia de estos ataques.
Las feministas socialistas del Nuevo Mas y Las Rojas impulsamos y somos parte de este inmenso movimiento. Nos distinguimos no solo por llevar consecuentemente la lucha contra la opresión de las mujeres sino fundamentalmente porque entendemos y decimos que esta opresión no es solamente una cuestión cultural, que también lo es, sino que encuentra sus cimientos en un modelo social capitalista donde la única lógica que rige es la de la ganancia, donde unos pocos se adueñaron de todo y en nombre de la propiedad privada de esos pocos privan a las mayorías de toda propiedad. La desigualdad entre dueños y no dueños de la propiedad da lugar y justifica todo un “mundo” de desgarradoras desigualdades. La desigualdad en el seno de la familia patriarcal está anidada en ese mundo de violenta y atroz desigualdad que es la sociedad capitalista: lujos-opulencia y poder para unos pocos y privación-pobreza y opresión para las mayorías.
Podríamos decir sumariamente que no vemos posibilidad alguna de acabar con el patriarcado y la desigualdad de género sin acabar con la desigualdad social porque el modelo de familia está sostenido por el modelo de sociedad. Los grandes propietarios son los custodios de todo este mundo de desigualdad. Por eso somos feministas socialistas.
En estos momentos, nuevos femicidios sacuden al país día tras día ante la complicidad de gobiernos e instituciones del Estado. La lucha contra la impunidad de estos, junto al reclamo de destitución de jueces y funcionarios cómplices y el reclamo de campañas y presupuesto para difusión y educación sexual integral están a la orden del día. Junto a la necesidad de impulsar un movimiento de lucha en las calles, independiente de los gobiernos, que luche por un mundo libre de toda forma de explotación y opresión. Un movimiento que, al calor de la lucha, encuentre sus aliados entre los trabajadores y sectores populares que luchan contra la explotación, la destrucción de la naturaleza y toda forma de opresión. Por todas y todes, para enfrentar la situación actual y luchar por otra sociedad libre de toda forma de explotación y opresión te invitamos a organizarte con Las Rojas.




