Crisis energética y social

India: faltante de gas licuado por la guerra en Irán

Cientos de millones de personas, principalmente los trabajadores y trabajadoras, sufren las consecuencias del aumento del precio del gas licuado, esencial para cocinar y el funcionamiento de sectores de la economía del país. Debido a esto, millones de personas están migrando de las ciudades a sus pueblos natales para poder sobrevivir.

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán contrajo terribles consecuencias económicas a nivel internacional. El cierre del estrecho de Ormuz no solamente provocó el aumento del precio del crudo y sus derivados, también lo hizo con el gas natural licuado (GNL a partir de ahora). Además, en el marco del conflicto, Irán bombardeó varias de las plantas productoras de gas en Qatar, incluyendo Ras Laffan.

Lo anterior está generando problemas para cientos de millones de personas que dependen del GNL para cocinar. Es el caso de la India, un “país continente” que, además, es el más habitado del planeta: cuenta con una población de 1.400 millones de personas (equivalente al 18% de la población mundial).

La India es el segundo mayor importador de GNL a nivel mundial, por lo que la crisis abierta con la guerra en Irán contrajo terribles consecuencias económicas y sociales para el país. El 60% del gas licuado que se consume en el país proviene de Medio Oriente, del cual el 90% se comercializa a través del estrecho de Ormuz.

La vulnerabilidad del país a la importación de hidrocarburos es desproporcionada, tal como lo plantea el mismo gobierno de la India: en caso de interrupciones graves del suministro, apenas cuenta con reservas para garantizar el abastecimiento de petróleo por 5 días y de 20 días en el caso de GLN.

En efecto, la falla en la distribución por la guerra causó el incremento de los precios de gas y afectó la cadena de distribución, golpeando tanto industrias como hogares. Por ejemplo, el cilindro de gas de 19 kilogramos experimentó un aumento del 10,4% y alcanzó el precio de 2.078,50 rupias (22,3% dólares). En razón de lo anterior, se creó un mercado ilegal de gas licuado, en el cual dicho producto se vende a precios exorbitantes (hasta cuatro veces más que el precio ordinario de mercado).

Lo anterior está desencadenando una crisis social a gran escala en la India, que los analistas comparan a lo que se presenció durante la pandemia de Covid-18 o la crisis económica de 2008. Como es usual, la peor parte se la llevó la población trabajadora, en particular los migrantes internos que constituyen una enorme masa de 450 millones de seres humanos (¡10 veces la población de Argentina!), en su mayoría trabajadores ultra precarizados en el sector informal.

Esto provocó un fenómeno muy complejo que se denomina migración interna inversa: millones de personas que migraron a las ciudades en busca de una mejor vida, están retornando a sus aldeas o pueblos para ser acogidos por sus familias y no morir de hambre.

Una situación desoladora para muchos de estos migrantes internos, quienes realizaron enormes esfuerzos para salir de sus comunidades rurales e instalarse en los centros urbanos. Es lo que cuenta Ashok Kumar Chaudhary, un joven de 27 años, quien viajó “1000 KM desde mi pueblo en Jharkhand hasta Delhi para bancar a mi familia de cinco, ahora me vuelvo con las manos vacías, se siente como una maldición”.

De acuerdo al doctor en sociología Adfer Shah, la migración inversa plantea enormes problemáticas sociales y económicas, tanto para las personas trabajadoras que regresan a sus villas como para las comunidades que los acogen de nuevo. “La migración invertida supone una presión enorme en las aldeas y pueblos rurales que no están preparados estructuralmente, ni cuentan con los recursos para absorber la mano de obra que regresa. Este shock afecta completamente la vida, incluso la de sus hijos y educación. restringiendo todas las libertades y oportunidades que ofrece la cercanía urbana”.

Por otra parte, la crisis también está afectando a los trabajadores y trabajadoras formales, debido al cierre de fábricas y de empresas de otras ramas. Por ejemplo, en la ciudad occidental de Surat, la mitad de las fábricas —unas 200— suspendieron sus actividades. Algo similar ocurrió en Morbi, la cual es reconocida como la “ciudad de la cerámica”, en la que 450 de las 670 fábricas cerraron funciones por la escasez de gas.

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