Este lunes (2), los presidentes de los Estados Unidos y la India, Donald Trump y Narendra Modi, cerraron un acuerdo para que el país asiático deje de comprar petróleo a Rusia y, en adelante, lo conseguirá con los Estados Unidos y, potencialmente, con Venezuela.
A cambio de esto, la Casa Blanca reducirá del 25% al 18% los aranceles que impuso a la importación de productos de la India. Además, eliminará la tasa adicional del 25% que Trump impuso en agosto pasado, justamente con el fin de forzar al gobierno de Modi a dejar de comprar el crudo ruso.
Para la India, este acuerdo es un respiro y mantiene en pie sus aspiraciones de transformarse en una potencia internacional. El mercado estadounidense representa casi una quinta parte de sus exportaciones y el comercio de bienes y servicio entre ambas economías ascendió a los 212.300 millones de dólares en 2024.
Sin duda alguna, esta movida representa un golpe para los intereses del Kremlin. La India llegó a importar hasta 1,5 millones de barriles rusos por día. En enero pasado, las compras se mantuvieron en 1,2 millones de unidades diarias. Ahora, se especula que descenderán al millón de barriles en febrero y mantendrá este curso a la baja en los meses venideros.
Cuando anunció el acuerdo, Trump indicó que “ayudará a poner fin a la guerra en Ucrania”. Palabras que tiene poco peso, dado que en otras ocasiones el presidente estadounidense anunció el fin inminente de la guerra.
De lo que no hay duda, es que intensifica la disputa geopolítica entre las potencias imperialistas por establecer sus zonas de influencias en un juego de suma cero, es decir, a costa de sus competidores. De hecho, es llamativo como Trump presenta el petróleo Venezolano casi como un activo de los Estados Unidos.




