Una guerra sin estrategia

La guerra en Irán se alarga, el caos regional se profundiza y Trump se desgasta políticamente

La guerra que comenzó con la agresión imperialista de Trump y Netanyahu, ya corre por su quinta semana. Las perspectivas de cierre del conflicto son cada vez menores. La hipótesis de un conflicto exprés (Trump dijo hace semanas que la guerra «ya está ganada») no se verifica y suma cada vez más incertidumbre a las perspectivas de la región, de la economía global y de la gestión del propio Trump en Estados Unidos.

Trump profundiza y alarga la agresión contra Irán

En las últimas horas, Trump dió órdenes para desplazar miles de tropas hacia el Golfo Pérsico, luego de infructuosas negociaciones de paz -no oficiales y por la vía de terceros- con el gobierno iraní.

La exigencia de «rendición incondicional» del trumpismo se materializó en tres condiciones: la renuncia de Irán a contar con armas nucleares, la apertura del estrecho de Ormuz y el fin del apoyo iraní a las organizaciones militares del Eje de la Resistencia (Hezbolá en Líbano, los hutíes en Yemén, milicias en Irak y otros países de la región).

La propuesta de paz trumpista es poco más que un gesto discursivo. Es evidente que el régimen iraní no va aceptar condiciones que implican su desarme militar, territorial y estratégico en la región a cambio de ninguna garantía, luego de sufrir una agresión unilateral e injustificada cuando estaba en medio de negociaciones con la Casa Blanca.

Esta vez no se trata de unidades de ataque aéreos. Las unidades involucradas remiten a la posibilidad de incursiones terrestres, que venía barajándose desde hace algunas semanas. Se enviaron 2.000 paracaidistas, grupos de asalto anfibio y 5.000 infantes de marina. Esta gama de soldados forma lo que se denomina una unidad expedicionaria, una articulación de tropas que busca adaptarse a la mayor cantidad de escenarios posibles.

Otra unidad expedicionaria similar, con 2.000 soldados, 2.000 marines y 3 buques anfibios, acaba de salir de California y se espera su llegada para mediados de abril. El Pentágono está considerando, además, el movimiento de unos 10.000 soldados de infantería más y de vehículos blindados para las próximas semanas.

¿Qué significa este movimiento de tropas? No proyecta una invasión al estilo Irak en 2003. Es decir, que no se espera una invasión con ocupación del territorio que posibilite derribar el régimen iraní. En Irak el gobierno de Bush desplegó 160.000 soldados, casi 10 veces más que los que están siendo movilizados en este momento. Y en ese caso se trataba de un país con una población casi cuatro veces menor a la de Irán hoy en día (25 millones contra 90). Además, la superficie del territorio iraní es una fortaleza natural que podría demandar desgastes militares (en términos de vidas y recursos económicos) altísimos. Encarar una empresa de ese tipo en Irán, parece hoy más costo del que Trump puede permitirse pagar. Como mínimo, podría alargar el conflicto por meses, sino incluso por años.

Por estas horas lo más probable parece que Trump esté preparando una incursión terrestre sobre la isla de Kharg. Se trata de una posición estratégica para el control del estrecho de Ormuz, ubicada a 26 kilómetros de la costa iraní. Trump ya bombardeó Kharg y está considerando una incursión para alivianar el bloqueo comercial y petrolero sobre el estrecho, que ya imprimió una alta cuota de caos e inflación a la economía mundial.

Este tipo de incursión focalizada tampoco está exenta de riesgos (militares y políticos) para Trump. Independientemente de qué tan reducida haya quedado la capacidad militar de las bases iraníes en Kharg, ocupar la isla para abrir Ormuz demandaría un afluente constante y sostenido de municiones, soldados, unidades navales de apoyo. Demandaría varios miles de millones de dólares más (la guerra ya está siendo desproporcionadamente costosa para Trump) e implicaría probablemente un aumento de las bajas estadounidenses.

Hasta ahora, las muertes entre las tropas yanquis se cuentan con los dedos de las manos. Un aumento de esa variable podría ganarle una cuota de impopularidad adicional a Trump entre su base social y electoral. Y tampoco está para nada claro que baste con ocupar Kharg para liberar el estrecho de Ormuz. Por no decir que de ninguna manera será suficiente.

Guerra asimétrica y desgaste político para Trump

«La Casa Blanca amenaza con un ataque contra su adversario ‘mayor que cualquiera que haya padecido’. El problema, en su caso, es que ya lo ha lanzado: como le gusta recordar, ha matado a buena parte de los líderes de la preguerra, ha hundido la flota de guerra iraní y ha diezmado sus arsenales. Su capacidad de presión se ve así disminuida. Si no puede convencer a Irán, y descartada una retirada súbita que deje las cosas como estaban, pero peor, la única opción que le queda a Trump es la escalada. Hacer aquello que prometió en campaña que él no haría jamás, pero sus rivales electorales sí: desplegar soldados sobre el terreno en guerras en el extranjero». (El País, 27/3).

La absoluta falta de perspectivas de Trump en su incursión contra Irán ya es un hecho patente. Tras 5 semanas de conflicto, queda claro que se trata de una guerra sin estrategia clara (al menos desde la Casa Blanca). No se sabe qué tipo de guerra es porque no están claros sus objetivos. ¿Se trata de forzar un cambio de régimen, de bloquear el programa nuclear iraní, de hacer colapsar el sistema de proxys iraníes en la región?

Significativamente, en los últimos movimientos estadounidenses se refleja una inversión de prioridades. La idea de un desembarco en Kharg expresa más los problemas sufridos por EEUU que la idea de sofocar al régimen iraní. El bloqueo del estrecho de Ormuz está generando una serie de problemas en distintos niveles que complica a Trump. No sólo perturba la economía mundial y convierte a Medio Oriente en una región extremadamente volátil, sino que corroe las bases del proyecto trumpista interno. La escalada de la inflación dentro de EEUU (que según los analistas se duplicará independientemente de cómo siga la guerra), mina la legitimidad trumpista frente a su propio electorado, los trabajadores yanquis con salarios devaluados que compraron el discurso proteccionista de Trump.

Y la idea de una incursión terrestre también agrieta los apoyos de Trump al interior del propio Partido Republicano. El último martes (24), varios republicanos salieron de una sesión parlamentaria y declararon públicamente que de ninguna manera apoyarán una incursión terrestre. Una vez más Trump avanza militarmente sin el consenso del establishment burgués ni del Parlamento, siquiera de los parlamentarios de su propio partido.

Es cierto que la ruptura de los consensos y las empresas dementes son una marca personal del trumpismo. Pero todo tiene proporciones, límites, y Trump podría estar tensando demasiado la situación hacia posiciones de no retorno. La guerra, evidentemente asimétrica entre EEUU – Israel e Irán, está teniendo un efecto de fuerte desgaste político para la gestión de Trump. Mientras continúa la matanza de civiles (se calcula en al menos 1.500 la cantidad de civiles iraníes asesinados), el trumpismo alarga una guerra sin estrategia, sin soluciones a la vista y mina su propia legitimidad interna. Lejos de una guerra exprés con cambio de régimen, estamos viendo un conflicto de desgaste, que trae peligros para el bando imperialista agresor.

La agresión imperialista y la situación de los pueblos de Irán y Medio Oriente

Como señalaba Trotsky en los albores de la Segunda Guerra Mundial, el carácter de una guerra se define (en primera instancia) no por el carácter de los regímenes políticos o gobiernos de los países en pugna, sino por el carácter y la formación propia de los Estados. La agresión de Trump y Netanyahu contra Irán es, desde el primer momento, una agresión imperialista. Su objetivo es arrodillar a una nación de 90 millones de habitantes para garantizar el dominio estratégico yanqui y sionista sobre Medio Oriente.

No hay ningún matiz liberador ni democrático en los bombardeos yanqui – sionistas. Los llamamientos de Trump, Netanyahu y su títere Reza Pahlavi a que la población iraní derroque el régimen de los mulás y la Guardia Revolucionaria, son pura perorata para justificar una agresión imperialista que asesina mayormente a civiles. En los últimos días trascendió incluso el uso de herramientas de IA para bombardear infraestructura civil en Irán, causante del ataque contra una escuela que asesinó a cientos de niñas.

La población iraní no tiene margen de acción alguno para movilizarse o darse una iniciativa independiente frente al régimen mientras es bombardeada indiscriminadamente. Tampoco existe ninguna simpatía popular por los bombardeos, una idea delirante propulsada por los medios pro-Trump y pro-sionistas. En lo que refiere a la hipótesis del cambio de régimen, el ataque de Trump y Netanyahu no buscó facilitar ninguna transición democrática en Irán, sino todo lo contrario.

El régimen de la República Islámica estaba pasando el peor momento de su historia. Tras una inmensa rebelión popular protagonizada por millones de trabajadores, jóvenes y mujeres, la legitimidad de los mulás y la GRI estaba en su nivel más bajo. La agresión imperialista buscó más bien impedir una caída del régimen por izquierda, a manos de la población explotada y oprimida del país persa, para buscar en cambio su caída por derecha, a manos de las bombas yanquis y sionistas, para arrodillar a Irán ante los deseos imperialistas.

El carácter netamente reaccionario de la incursión sobre Irán se contagia al resto de la región, poniendo sobre la mesa la posibilidad de múltiples guerras solapadas, inclusive con elementos de guerra civil en potencia. Además de Líbano (país en el que Netanyahu está ocupando una nueva franja de tierra al sur del río Letani mientras bombardea barrios civiles de Beirut), en Irak se agudizan las tensiones por los bombardeos, no sólo iraníes sino principalmente estadounidenses.

En las últimas horas, tropas yanquis bombardearon bases militares del gobierno iraquí, supuestamente aliado de EEUU. Sucedió luego de que Trump deslizara una serie de ultimátums para que el gobierno iraquí desarme las milicias de las Fuerzas de Movilización Popular, que dependen del Gabinete iraquí pero que Trump acusa de responder políticamente a Irán. A esto se suma la tensión con milicias kurdas en la misma zona. Un combo explosivo que agrieta las fronteras y alianzas en Medio Oriente, sumando incógnitas para una región en plena combustión.

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