Recientemente, se hizo pública la iniciativa estadounidense de la «Gran Norteamérica». Con este apelativo, desde Washington pretenden redefinir el mapa geopolítico de su patio trasero, es decir, de América Latina. Esta redefinición fue lanzada en la Cumbre del Escudo de las Américas, sin embargo, fue hasta ahora que tuvo un impacto en redes sociales.
Los países que pasarían a formar parte de la Gran Norteamérica serían: Groenlandia, Canadá, Estados Unidos, México, Cuba, República Dominicana, Haití, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam y Ecuador.
Durante la cumbre antes mencionada, Pete Hegseth, Secretario de Guerra, declaró que «el presidente Trump ha dibujado un nuevo mapa estratégico desde Groenlandia hasta el Golfo de América, hasta el Canal de Panamá y los países que los rodean. En el Departamento de Guerra llamamos a este mapa estratégico la Gran Norteamérica ¿Por qué? Porque cada nación soberana y territorio al norte de la línea ecuatorial, desde Groenlandia hasta Ecuador y desde Alaska hasta Guyana, no es parte del ‘Sur Global’. Es nuestro perímetro de seguridad inmediato» (negritas propias).
Lo que remarca este mapa estratégico, es el control que el imperialismo norteamericano pretende ejercer sobre ciertos puntos medulares en el continente. Por eso, resaltan las menciones a Groenlandia, el Canal de Panamá y el Golfo de México (renombrado por Trump como Golfo de América).
Minerales y Rutas mercantiles: la rapiña detrás de la Gran Norteamérica
En el mapa reconfigurado por Trump, se encuentran tanto rutas mercantiles (el Canal de Panamá y Groenlandia) como territorios con muchos recursos naturales (Golfo de México, el Caribe y la misma Groenlandia).
Dentro de las rutas mercantiles marinas, una de las cinco más importantes a nivel mundial es el Canal de Panamá. Según la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), en 2022, alrededor de 13.489 buques transitaron el canal, transportando aproximadamente el 3% del comercio mundial, equivalente a 500 millones de toneladas de mercancías.
El canal conecta 180 rutas marítimas que alcanzan 1.920 puertos en 170 países. Sin embargo, es de remarcar que, debido al Cambio Climático, en los últimos años el nivel del agua del Canal se redujo, con lo cual disminuyó la cantidad de buques que pueden transitarlo. A pesar de esto, el Canal es un punto nodal en el comercio marítimo.
Para Trump, en esta segunda administración y como parte de la “doctrina Donroe”, el Canal pasó a tener un peso significativo en sus pretensiones como imperialismo territorial. En la primera gira de Marco Rubio, que casualmente fue hacia Centroamérica, marcó la frontera de Estados Unidos hasta Panamá. Además, el imperialismo norteaméricano presionó al presidente panameño Mulino para que expulsará a una empresa de Hong Kong que administraba dos puertos del Canal (como parte de la pugna geopolítica con China).
Entre los objetivos de Trump, también estaría controlar la ruta mercantil que se está abriendo con el derretimiento glaciar en Groenlandia. Con el avance del deshielo, es probable que se establezcan tres nuevos pasos para transporte mercantil. Las rutas, que actualmente son difíciles de transitar, son las siguientes: la ruta del paso del Noroeste (North-West passage), la ruta del Mar del Norte (Northern Sea Route) y la futura ruta del Ártico Central o Transpolar (Future Central Artic Shipping Route). De las tres anteriores, la Transpolar se convertiría en la ruta más directa entre Europa y Asia.
Asimismo, Groenlandia es rica en recursos, pues los 400.000 km2 de territorio de la isla actualmente no cubiertos por hielo, presentan una alta concentración de 38 minerales que aparecen en la lista de materiales esenciales de la Unión Europea.
Además de las altas concentraciones de cobre, grafito, niobio, titanio y rodio, también existen grandes depósitos de tierras raras, como el neodimio y el praseodimio, cuyas características magnéticas las hacen fundamentales en la fabricación de motores de vehículos eléctricos y turbinas de viento. Se estima que Groenlandia contiene hasta un 25% de las tierras raras del mundo.
El control de estas rutas y de los recursos, hacen del Ártico y Groenlandia focos de conflicto entre las potencias imperialistas, principalmente entre China y los Estados Unidos. Eso explica que, en el nuevo mapa de la Gran Norteamérica, la esfera de influencia a la cual aspira la Casa Blanca, se expanda desde el Ártico hasta el Caribe, como parte del Escudo de las Américas parte de la disputa por las zonas de influencia y el control de los recursos, principalmente en la pugna interimperialista con China.
Lo anterior confirma lo que venimos analizando desde Izquierda Web sobre la nueva situación internacional, signada por el retorno de las prácticas del imperialismo territorial. Los Estados Unidos insisten en delimitar su esfera de influencia, lo cual iniciaron con el “cambio de nombre” (al menos para uso interno) del Golfo de México por Golfo de América. Seguidamente, sobrevino la militarización del mar Caribe como parte de la guerra contra las drogas, la agresión a Venezuela y el secuestro de Madura y, finalmente, la asfixia energética y económica sobre Cuba.




