Historia de la clase trabajadora

“La Gran Huelga” de Petroquímica Sudamericana, 1971

Una lucha bisagra en la relación de fuerzas y en la conciencia de trabajadores y estudiantes.

Ana Vázquez
Redacción Semanario Socialismo o Barbarie.


Todas las luchas obreras y populares, del movimiento estudiantil, del movimiento de mujeres y lgtb, dejan enseñanzas hacia el presente y el futuro. De cada una de ellas es útil hacia el presente y el futuro sacar conclusiones que colaboren en la construcción de experiencias que, sin sustituir ninguna situación concreta real, colaboren en la acumulación de nuestra clase y sus aliados para derrotar a nuestros enemigos patronales y burocráticos.

Nos parece útil traer a estas páginas la huelga de la entonces Petroquímica Sudamericana en 1971 en la zona de Olmos, aledaña a La Plata.

Fue un estallido que tuvo una acumulación previa de demandas insatisfechas, prepotencia patronal, persecución al activismo, enfrentamiento con la burocracia de la AOT (Asociación Obrera Textil).

Su resultado final no fue en su totalidad favorable a los trabajadores. Pero, aun así, o mejor dicho, a pesar de, fue una experiencia que fue un punto de inflexión que tiñó las peleas posteriores no sólo en esta fábrica, sino en el resto del cordón industrial de La Plata, Berisso y Ensenada.

Petroquímica 1971

Fundada en 1959 por el empresario Jorge Curi, contaba en 1971 con 1.500 trabajadores, incluyendo operarios, personal administrativo y jerárquico. Era la fábrica de producción textil más moderna de la región, compitiendo a nivel comercial con Sniafa, que empleaba 250 trabajadores. Producía un producto nuevo: el material sintético, por lo cual no tenía ningún encuadramiento sindical en las ramas textil del sindicato; de esto surgió un convenio específico entre la patronal y sus trabajadores, llamado “convenio por partes”.

Esta especificidad tuvo su importancia al encarar la pelea con una amplitud de miras no circunscripta al convenio sagrado y bendecido por la AOT (Asociación Obrera Textil). Dependían sí, de la AOT local, pero no tenían sobre su cabeza la bota más pesada del sindicato central. Asimismo, y desde el punto de vista de las características de su personal, ingresó una gran cantidad de trabajadores muy jóvenes y como parte de ellos, una vanguardia de compañeros organizados en organizaciones del peronismo combativo y de izquierda, que organizaron agrupamientos dentro de la fábrica.

Esa combinación fue conformando y templando una organización independiente que “desquició” al empresario Curi y fue un ejemplo con efecto amplificado para la vanguardia obrera y estudiantil de la zona.

Una experiencia de sindicalismo democrático y combativo

Esta combinación de elementos de concentración obrera importante, composición juvenil, repercusión a nivel nacional de experiencias independientes postCordobazo, lograron construir en Petroquímica un cuerpo de delegados con fuerte peso del sector más combativo, una comisión interna más mezclada con sectores afines a la AOT local, pero que, muy presionada por abajo, se apoyaba en el método asambleario de toma de decisiones. Así como la participación activa (y en las penumbras más posibles frente al espionaje empresarial) de varios agrupamientos sindicales y políticos. Uno de ellos fue Avanzada Socialista o Avanzada Petroquímica, que respondía al PRT (La Verdad). Otros centraban su actividad en el Barrio de Petroquímica.

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El contrapeso fuerte puesto sobre su cabeza era la patronal relacionada a rajatabla con los servicios de inteligencia y represivos, que infiltraban “trabajadores truchos” en las líneas de producción para tener una información día a día de los planes de los trabajadores y sus primeras líneas.

“Planes” que el mandamás Curi seguía día a día, en pos de que los “insurrectos” no le aguaran el negocio.

En el año 70 comenzaron en la planta los reclamos salariales y por condiciones de trabajo con paros parciales y bajas en la producción, y fueron rechazados por la patronal. Asimismo, durante los paros generales decretados por la CGT nacional entre octubre y noviembre de ese año, los trabajadores adhirieron masivamente, sin cumplir las guardias mínimas para garantizar la producción. Fue una primera mecha que encendió los ánimos. Éstos terminaron de estallar en febrero de 1971, cuando la AOT platense, ante la denuncia del convenio, lanzó un quite de colaboración, que se fue transformando en marzo en paros de media y una hora por turno. La empresa despidió a 337 operarios. Allí la respuesta inmediata fue el paro total con abandono de todas las tareas.

Se apagó la llama de la chimenea de la fábrica, pero se encendió la de los trabajadores

Fue un estallido no esperado ni por aliados ni por enemigos. Era la primera vez que los trabajadores cometían tamaña osadía: parar totalmente la planta. La llama que flameaba en la chimenea de la fábrica y era visualizada en todo el Gran Plata se apagó. Conciliación obligatoria mediante, se iniciaron arduas negociaciones salariales, ya que los montos exigidos por los huelguistas equivalían a un 80% de aumento para equipararse con fábricas del mismo rubro. La patronal empezó ofreciendo un 29%. Una amplia brecha.

Finalizada la conciliación, la empresa, demostrando su bondad, reduce los despidos a 105, justificándolos con supuestos “sabotajes” realizados por el personal, nunca probados, desde ya.

El 12 de mayo la asamblea masiva de los trabajadores decide el paro general.

Paro general que no se redujo a la fuerte medida de fuerza resuelta y mantenida con la realización de masivas asambleas, sino que tuvo una onda expansiva hacia toda la población platense. En primera línea, el movimiento estudiantil. Movimiento estudiantil que se puso a las órdenes y tareas impulsadas desde el Comité de Lucha constituido para llevar adelante las tareas que imponía la huelga, e hizo “de todo”, literalmente, “de todo”, para apoyar el conflicto.

Desde la recolección de víveres en los barrios, ayuda económica para el fondo de huelga desde las aulas con la presencias muchas veces de los huelguistas, hasta el acompañamiento importante en las movilizaciones que se realizaron durante el conflicto al centro de la ciudad. Así como la realización de recitales.

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En una marcha convocada durante los festejos del 25 de Mayo se producen las primeras detenciones de trabajadores: unos 30 de ellos cometieron el delito de arrojar volantes frente al palco donde se encontraban las autoridades de la Provincia.

El gobierno decidió poner un freno a las continuas marchas callejeras y, ante los preparativos para una concentración el 2 de julio, preparó a las fuerzas represivas con todo. Prácticamente cercaron la ciudad. Los trabajadores suspendieron la convocatoria. Fue un punto de inflexión, en el que el conflicto había alcanzado altas temperaturas.

Con el Ministerio de Trabajo de árbitro se mantienen durante este mes arduas negociaciones salariales y por los despedidos.

En la base del conjunto de los trabajadores continuaba una ardua discusión en masivas asambleas.

Finalmente, el 17 de julio desde las “altas cumbres” gobierno-empresa proponen un laudo por un año por los reclamos salariales en base al convenio establecido y la reincorporación de los despedidos, a excepción de 74. Cifra pequeña en relación al total, pero de alto valor sindical y político: lo mejor del activismo. Había un hecho que marcaba un punto a la baja del conflicto: un sector de trabajadores empezaba a ingresar a trabajar a la planta.

La asamblea que debatió la propuesta se realizó el 18 de julio en el local de ATULP (Asociación de Trabajadores de la Universidad de La Plata), que fue parte del sector de trabajadores que acompañó el conflicto. La polarización en la discusión entre los que rechazaban la propuesta y los que la consideraban “un importante empate y de ninguna manera una derrota” (El Día, 19 de julio de 1971), tuvo un resultado final de  225 votos a favor y 175 en contra.

La mecha no llegó a encender la pradera, pero dejó su estela de fuego

La “Gran Huelga” no fue la única en la empresa, pero sí la más larga en duración y la que más enseñanzas dejó en aquella década.

Fue una experiencia del activismo obrero y estudiantil que lo fortaleció profunda y estratégicamente en su alianza para combatir a la patronal, la burocracia y la dictadura militar.

La experiencia de una huelga larga, con sus marchas y contramarchas, sus dificultades, la represión en las calles y dentro de la fábrica. Tan sólida fue la alianza obrero-estudiantil que en las últimas asambleas se permitía presenciarlas a los/as estudiantes que lo quisieran hacer.

Ubicó al movimiento obrero y sus aliados desde otro escalón del difícil aprendizaje de la lucha de clases. Una escuela de la que nunca se tiene título de egresado/a, pero que las experiencias sí suman puntos en las tareas que nos impone la pelea consecuente y sin atajos contra el sistema capitalista.

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