En esta nota presentamos el primer intercambio realizado durante el mes de julio de 2025 en un encuentro de cuadros de la juventud del Nuevo MAS CABA que tomó como base para la discusión un cuadernillo titulado “El partido como construcción”, el cual reúne una serie de artículos de Roberto Sáenz acerca de la construcción partidaria.
Introducción
¿Qué es un partido revolucionario?
Lo primero a señalar es que los problemas específicos que presenta la construcción de un partido revolucionario son un asunto distinto a los problemas de cómo intervenir políticamente. Para abordar estos problemas específicos de la construcción, podemos empezar por plantear qué es un partido revolucionario. En el texto Lenin en el siglo XXI[1] aparece la definición de que un partido es una síntesis específica de la teoría y la práctica de la lucha de clases histórica.
Es que para los explotados y los oprimidos la realidad no se les aparece como lo que realmente es. Es decir, que ni la división de la sociedad en clases sociales, ni la explotación, ni la dominación por parte de la burguesía se les aparece de manera clara, más bien se les aparece de forma opaca. Entonces, para lograr captar la esencia de lo que la realidad es y no quedar sujetos a la apariencia de las cosas, al sentido común, hace falta una herramienta, un instrumento que permita interpretar la realidad y, en el curso de la acción, transformarla para hacer valer los intereses de los trabajadores. Esa herramienta es el partido.
El partido revolucionario es el instrumento para lograr ese metabolismo: la elevación de la conciencia inmediata, de la percepción inmediata de la realidad, a la conciencia de que es necesario transformar de manera radical toda la sociedad, de que hace falta realizar una revolución socialista para terminar con la explotación y con todas las miserias que en el día a día nos oprimen. Por eso, además de ser una herramienta para la adquisición de la conciencia socialista, el partido revolucionario es un programa total. Y sirve para organizarnos por la realización de dicho programa.
Teniendo en cuenta lo que es un partido revolucionario y que queremos construirlo para hacer la revolución, vamos a reflexionar acerca de los problemas específicos que tiene la construcción partidaria.
La construcción política no opera sobre el vacío
Hay una primera definición que es que la construcción de un partido no opera sobre el vacío. Primero, porque hay una realidad política objetiva, externa a cada uno de nosotros, que es independiente de nosotros mismos y del partido. Segundo, porque hay presiones que vienen de la sociedad y que se traducen en los problemas contemporáneos de nuestro tiempo. Los problemas que tiene la juventud estudiantil, los problemas que tiene la juventud trabajadora y los problemas que tiene la clase trabajadora diariamente. Tercero, porque también hay una lucha de tendencias que es encarnizada y que es a muerte. Y cuarto, porque existe una experiencia previa de la persona que queremos captar, de la persona que queremos ganar para la organización. Hay una experiencia que puede ser una experiencia política anterior y/o una experiencia de vida. Siempre la hay.
Para sumar a alguien al partido hay que tener en cuenta todos esos elementos. Porque esa persona que vive en una realidad política presente y determinada, con sus presiones cotidianas, con su experiencia previa, nosotros queremos ganarla para un fin por el cual no se había propuesto jamás en su vida que es hacer la revolución socialista, tomar el poder y dirigir a la clase trabajadora en el proceso de la transición hacia el socialismo para llegar al comunismo. Queremos elevar su conciencia a un fin general que nunca se planteó de manera tan clara.
En ese camino, otra definición importante es que el partido integra en sus filas a personas cuya profesión es la actividad revolucionaria. Con decir “profesión” nos referimos a aquello a lo que se dedican permanentemente, como actividad permanente y jerarquizada en el día a día. Entonces, es militante quien asume ese compromiso político organizado. Así, el partido opera por selección y diferenciación: selecciona, promueve y jerarquiza a sus militantes. Es en ese sentido que estamos nosotros reuniéndonos en este encuentro para estudiar y problematizar acerca de las cuestiones de la construcción del partido. De cómo acercar, captar y consolidar a una persona para ganarla para el Nuevo MAS. A una persona que empieza siendo no-militante y que, en el curso de su experiencia y guiado por el partido, termina por definir su vida en torno a nuestra organización. Esa es la problemática que tenemos que estudiar y sobre la cual vamos a reflexionar.
Hay espacio para el anticapitalismo
Parafraseando Lenin en el Siglo XXI, uno podría decir que en esta nueva etapa mundial de crisis, guerras, revoluciones, barbarie y reacción, la juventud tiende espontáneamente hacia el anticapitalismo, a ponerse de pie en contra de las expresiones de violencia, opresión y barbarie del sistema capitalista. Entonces encontrás a la juventud que se moviliza contra la extrema derecha por la educación pública, que hace acampes por Palestina, que se moviliza por los derechos de las mujeres y personas LGBT, entre otras cosas.
Sin embargo, para que esos jóvenes puedan abrazar la causa del socialismo hay una dificultad que opera permanentemente que es la ideología burguesa en sus distintas variantes, la cual opera también sobre el conjunto de la clase obrera. El individualismo, el consumismo, el asistencialismo, el reformismo y cualquier otra ideología, por ejemplo, la devoción por la familia, por la religión, los scouts, son todas cosas con las que competimos. La ideología burguesa es la más difundida y la que más influencia a los explotados y los oprimidos, por la fuerza de la costumbre, por la inercia de las cosas, por la idea de que el mundo siempre fue así y no va a cambiar, por el prejuicio de que los trabajadores no serían capaces de organizar la economía y toda la sociedad. Y por eso tiende a imponerse una y otra vez. Así es que la pelea por forjar una conciencia socialista es una lucha a contracorriente.
El partido, con su política y su intervención, tiende a acercar a lo mejor de esa juventud anticapitalista, estudiantil y trabajadora, que abre los ojos frente a las injusticias de este mundo, frente a la barbarie y las miserias del capitalismo. Y que sale a enfrentarlo de manera activa, de la manera que puede, conoce o sabe, con lo que tiene a mano. Ahí, en el terreno de la acción, es donde se puede encontrar con el partido. Entonces, una tercera definición es que hay un espacio para el anticapitalismo, acá en Argentina y en otras partes del mundo también, inclusive en Estados Unidos.
Un partido revolucionario recluta a sus militantes en la vanguardia, en la parte más activa de la sociedad. Esta es también una definición fundamental: nos interesa la vanguardia. Porque solamente dirigiendo a la vanguardia el partido puede ponerse al frente del movimiento de masas para tomar el poder, hacer la revolución y transformar toda la sociedad, en un proceso histórico que busca la extinción de las clases sociales, la extinción del Estado; pasar del reino de la necesidad al reino de la libertad.
La construcción es ciencia y arte
La construcción es ciencia porque hay un método, el materialismo dialéctico, que nos permite realizar un análisis de la realidad objetiva y un análisis del sujeto en cuestión, porque hay un procedimiento que se construye al calor de la experiencia y depende de las condiciones políticas e históricas determinadas y porque también hay un léxico que uno tiene que aprehender. Y por aprehender quiero decir comprender profundamente qué significa cada uno de esos conceptos que hacen a la cuestión de la construcción de un partido: militante, aspirante, contacto, números, padrón, periódico, cotización, organismo, multiplicador, dirección, cuadros, base, partido, leyes de construcción, selección, reclutamiento, cita, captación, consolidación, vanguardia, retaguardia, masas, lucha de tendencias, régimen, centralismo democrático, voluntad, disciplina, centralización y cohesión. Todos esos términos son conceptos que hay que ir asimilando porque refieren a la construcción partidaria.
También la construcción es un arte. Por lo tanto, no hay manera de aprender a construir si no es construyendo, así como no hay manera de aprender a militar si no es militando. Es decir, que uno para aprender a construir tiene que lanzarse la pileta para intentar ganar a alguien hasta lograrlo, hasta captarlo y consolidarlo. Tener éxito en esta materia lleva un tiempo determinado y depende de muchos factores que son objetivos pero también (y en gran medida) subjetivos.
Esta idea de que la construcción es un arte combina política con voluntad. A la hora de construir, la voluntad es fundamental y una parte de esa voluntad es la convicción. Uno puede ganar a otra persona si está realmente convencido de por qué se organiza, por qué milita y por qué hace lo que hace. Es como cuando te gusta mucho algo y querés convencer a tu amigo de que haga lo mismo, si te apasiona y realmente estás convencido de eso lo vas a lograr traer para este lado. La convicción es algo que se va adquiriendo con la formación y con la experiencia.
Prepararnos para dar un salto
Nosotros nos hemos propuesto el objetivo de ser la principal fuerza de la juventud del trotskismo en el país y en CABA. Entonces, la idea es que estos encuentros nos sirvan para trabajar y reflexionar sobre la construcción para este objetivo, en una modalidad de taller donde cada uno pueda participar e ir completando entre todos esta reflexión.
A partir de la experiencia que hemos hecho hasta acá, estamos acercando y ganando a los mejores elementos de la vanguardia de la juventud y de la juventud trabajadora. ¿Qué son los mejores elementos? Personas que se destacan por su inteligencia, por su fidelidad, por su voluntad, personas que en poco tiempo pueden tomar responsabilidades, llevarlas adelante y resolverlas positivamente, así como también acercar a nuevos compañeros. Se trata de personas que se politizan rápido o que ya están politizadas.
Estamos acercando a lo mejor de la vanguardia y esta tendencia se va a profundizar porque el capitalismo mundial estalla en combustión y porque tenemos la voluntad de ir hacia un partido de miles. El partido está preparando un salto de su organización entonces la cuestión es poder reflexionar sobre todos estos aspectos de la construcción para dar ese salto.
Sobre las leyes de construcción de un partido revolucionario en el siglo XXI
En el texto Lenin en el Siglo XXI se plantea que, en relación a los problemas de construcción de un partido revolucionario, hay que analizar primero en qué estadío se encuentra esa organización. Se diferencia así entre un partido de vanguardia y un partido con influencia de masas, aunque el partido revolucionario nunca deja de ser un partido de vanguardia. Y se afirma que en cada estadío operan distintas leyes que vamos a intentar descubrir. Las leyes son normas que rigen las cosas. Por ejemplo, sabemos que si nos mantenemos en contacto con el suelo y no flotamos es porque existe una ley que es la ley de la gravedad. Descubrir las leyes de la construcción es aprender las normas que guían la construcción.
La construcción es a expensas del otro
Hay una primera ley fundamental para construir un partido de vanguardia que llamo perder la ingenuidad. Uno construye el partido, gana un militante, conquista una posición, siempre a expensas de otra corriente política. Esto es así porque el espacio político para la izquierda es finito y limitado. En primer lugar, porque los seres humanos tenemos una limitación biológica: tienen que pasar muchos años para que el hombre forme su conciencia y por eso la humanidad no se renueva de un año a otro sino por generaciones. Entonces hay un espacio finito y sobre ese espacio finito, que es la humanidad misma, nos podemos construir sobre una porción de la humanidad que es la que despierta políticamente, la que se moviliza, se mueve y activa: su vanguardia. Sobre este sector hay una disputa feroz porque una persona que quiere militar va a militar en una organización y no en otra.
En la construcción uno también está en disputa con la ideología burguesa, que vuelve una y otra vez como ya dijimos. Porque, en definitiva, las organizaciones de izquierda todavía somos un pequeño factor de la realidad. Entonces, uno compite con otras instituciones, como puede ser el trabajo, la familia, la academia, entre otras. Políticamente, uno compite primero con las organizaciones de la burguesía. En Argentina con el peronismo, por ejemplo, que le propone a la juventud integrarse al Estado para buscar “mejoras” en el marco de lo posible.
Entonces, esa es la primera ley: «uno se construye haciendo valer su política a expensas de otra organización». Por eso, la polémica entre las corrientes es fundamental para ganar a una persona para el partido. Y el texto dice: «hay una ley de selección natural política. Los espacios se crean porque una corriente se cae y otra, que viene acumulando de manera progresiva, lo ocupa. El más apto sobrevive». Y podríamos agregar que el más débil perece, no se construye. Es una ley que no es darwinista sino lamarckiana porque, si fuera simplemente una cuestión de adaptación al medio, algo objetivo e independiente de la voluntad, siempre sobrevivirá el más fuerte. Pero no, también opera la voluntad.
Por ejemplo, ¿cómo es que en Filosofía y Letras el Nuevo MAS pasó de ser una agrupación minoritaria en relación al peronismo y el FIT a ser la agrupación más grande de la facultad? Si fuera por selección natural darwiniana, las corrientes que eran más grandes tendrían que haberse impuesto y al final no pasó. Tampoco cayó un meteorito que extinguió al resto de las corrientes. Ocurrió lo contrario: el que parecía “más débil” numéricamente superó a los que parecían más fuertes. Es una paradoja que hay que desentrañar.
En ese desarrollo, que llevó años, las agrupaciones peronistas se fueron integrando a la gestión de la facultad, el Partido Obrero sufrió una grave ruptura tras la cual centró su estrategia constructiva en el movimiento de desocupados, mientras que el PTS fue retirando sus cuadros de la juventud para volcarlos a una construcción centralmente electoral. Pero esos hechos objetivos no explican simplemente cómo fue que pasamos de ser minoritarios a transformarnos en un frente de masas. La clave estuvo en la cuestión de la voluntad, de hacerle frente a un ambiente hostil (el status quo imperante entre las corrientes) peleando siempre por el lugar que nos corresponde, ser parte de la dirección de los procesos políticos, lo que nos llevó a dar batallas políticas que fueron fundamentales, que ganamos y que tuvieron su expresión física: en 2022 el FIT con sus cuatro grupos nos quisieron echar a las trompadas de la facultad tras haber perdido las elecciones al CEFyL, pero nos plantamos de igual a igual y los derrotamos; y en 2023 las autoridades quisieron expulsar a dos de nuestras principales referentes pero terminaron reculando y votando una resolución en el Consejo Directivo que resolvió absolverlas y dejar limpio “el buen nombre y el honor de las compañeras”.
Cuando Lenin en el Siglo XXI dice que la construcción es una lucha a muerte, quiere decir que es una lucha a muerte. Nadie te regala nada y la mayoría de las veces te pone palos en la rueda para que te tropieces. Así también, la construcción implica también una durísima lucha política en donde te calificás con tus posiciones frente a otras corrientes en los distintos terrenos de la lucha política (una asamblea, una pasada por curso, una comisión, un grupo de whatsapp), donde vos tenés que tener convicción y firmeza y obviamente tenés que pelear y convencer para ganar. Incluso cuando sos parte del mismo frente esta ley no se suspende: durante la rebelión educativa de 2018, contra el presupuesto 0% de Macri para la UBA, tuvimos que dar batallas políticas en las asambleas de la toma frente a la política del PTS que buscaba autoconstruirse a costa del conflicto, siendo parte ambos de La Izquierda al Frente. En ese proceso, dando la pelea y haciendo balance con el activismo después de cada batalla ganamos para el partido a varios compañeros que hoy son responsables en Filosofía y Letras.
Estos ejemplos sirven para demostrar que si no había una voluntad que peleara por el lugar que nos corresponde entonces no nos construíamos. Uno tiene que hacer frente a las circunstancias hostiles y las circunstancias son pesadas porque cuando vos sos menos que el otro tenés que hacer un esfuerzo más grande para cambiar esa relación de fuerzas. Pero tenés que estar convencido y tenés que proyectar ese momento en donde vos vas a ser más que el otro para llegar a serlo. Tenés que imaginarte ese momento para empezar a visualizar los medios para llegar hasta ese lugar.
La guerra de guerrillas en la construcción
Uno se construye a expensas del otro y la dinámica entre las corrientes de la izquierda es una guerra a muerte. En ese sentido y para perder la ingenuidad, ¿qué significa tener conciencia de que hay una guerra permanente por el espacio de la izquierda? Que no se termina, se renueva año a año, mes a mes y día a día. A veces se puede suspender; no es que te levantás todos los días y ves que hay que salir corriendo a tal lugar. La guerra puede ser de iniciativa contra iniciativa, por la disputa de un contacto o por una posición política. La disputa por la posición política del CEFyL en relación a la marcha por la libertad de Cristina Kirchner fue una guerra. Todos vieron el video donde el FIT empuja a Y. y quiere callar a V., no querían dejarnos hablar porque nuestra posición era la de marchar críticamente y la de ellos era no marchar. La guerra está todo el tiempo. Como la guerra de clases, la lucha de tendencias también. Y no darse por aludido de que la dinámica es así es un error, porque el otro sí lo tiene claro. En todos estos años, el FIT y particularmente el PTS demostró estar abocado a una lucha a muerte contra nuestra organización, de ahí la explicación sencilla de todos sus ataques y provocaciones y de por qué se han negado a hacer un frente con el ¡Ya Basta! que recupere el CEFyL.
Entonces, ahí aparece el problema de la guerra de guerrillas. Lenin en el Siglo XXI habla de “tácticas subversivas”. Pero, ¿qué es una táctica subversiva? Es interesante pensarlo. Porque no es que uno llega a la facultad, agarra un fusil, hace una barricada y resuelve las cosas a los tiros. Entonces, ¿qué significan las tácticas subversivas? Significan, por ejemplo, tácticas para desestabilizar al otro, para alterarlo, para sacarlo de las casillas, para derribarlo. Empujarte, hablarte encima en una asamblea para que no puedas intervenir y convencer a otros, la mentira, el sabotaje, robarte una cartelera, la desinformación y los ataques en los grupos de WhatsApp. Todas estas maniobras hacen a la guerra de guerrillas entre las corrientes.
Para construirse hay que hacer frente a todo eso. Pero si te mantenés firme y no te logran derribar e impones tu política, te vas a construir. El que es más fuerte se va a construir más y el que es más débil se va a llevar unidades. Es lo que nos pasó el año pasado. Gracias a la intervención política, en un centro que no conducimos pero donde sí codirigimos el proceso, fuimos la corriente que más compañeros sumó a su organización. El ¡Ya Basta! se calificó porque le puso el cuerpo y dirigió la toma y así nos hicimos valer constructivamente.
La experiencia de disputar alrededor de tal compañero o compañera también es una guerra de guerrillas. Por ejemplo, hace muchos años hubo una disputa con otra corriente por dos compañeros de una estructura estudiantil, dos compañeros que nosotros conocimos primero. ¿Saben cómo hicieron para ganarlos? Se fueron de mochileros con ellos y así se ganaron su confianza antes que nosotros. Estas son cosas que inevitablemente se aprenden.
Los criterios militantes y el centralismo democrático
Vamos a encarar algunas discusiones que plantea Lenin en el Siglo XXI para el momento en que fue escrito, pero tomándolas desde el punto de vista de la discusión que estamos haciendo.
¿Qué es el régimen de un partido? Son las normas que rigen su vida cotidiana, que dependen de la política que tenga esa organización. Por ejemplo, el kirchnerismo es una corriente burguesa y su frente juvenil es La Cámpora. Si sos militante de La Cámpora te preparan para ser funcionario del Estado. De ahí que el régimen de esa organización sea verticalista. Pero, un partido revolucionario no tiene esa lógica. Ninguno de nosotros está acá para llenarse de plata o para ser funcionario. Y, efectivamente, si miramos el desarrollo de la revolución rusa, los bolcheviques tuvieron que pasar por muchas miserias antes y después de tomar el poder. Entre un partido burgués y uno revolucionario hay dos horizontes políticos absolutamente distintos, opuestos y antagónicos que se corresponden a regímenes diferentes de partido.
Cuando nosotros sumamos a alguien a militar, lo sumamos a partir de una realidad que es objetiva e independiente a nosotros, en determinadas circunstancias políticas que son históricas. La persona que se suma está atravesada por determinadas presiones sociales, tiene una experiencia de vida y una conciencia que está en determinado lugar. A esa persona le proponemos sumarse a un proyecto colectivo y nos dice que sí. ¡Genial! Ese momento en que la persona ingresa a la organización es un buen momento para acercarle algunos criterios de cómo funciona el partido.
Hay un criterio muy importante que hace al régimen: el centralismo democrático. ¿Qué quiere decir? Libre discusión en el organismo en el que la persona se une y participa. Ahí discutimos todo: la política y la orientación. Una vez que discutimos, resolvemos, y la unidad en la acción tiene que ser inquebrantable. No se puede discutir en medio de la actividad cómo hacer las cosas. Ya se discutió, entonces vamos para este lado. Hay una dirección, vamos y lo hacemos, me someto a la disciplina. Después discutiremos si estuvo bien, si estuvo mal, si hay que ajustar esto o si hay que ajustar lo otro.
La cuestión de los criterios es importante porque es una forma de educar a la otra persona en que este colectivo, para poder lograr sus fines, tiene criterios o normas de funcionamiento. Las organizaciones que construimos nosotros son organizaciones de combate que van a enfrentarse al Estado burgués, a la policía, al ejército, a la burocracia. En perspectiva, es una lucha de vida o muerte. Necesitás ir forjando esa conciencia de clase para el momento en el que estallen los procesos revolucionarios porque cuando estallan tenés que llegar con el partido armado. Lo que hay que construir es la conciencia de clase en el militante, la comprensión de los criterios de la organización, y eso es un proceso.
El centralismo democrático es también un régimen que nos hace ser más eficaces. Poder ganar batallas en donde estamos en minoría, por ejemplo. Haber actuado de manera centralizada en 2022, cuando tuvimos que afrontar el ataque de las cuatro organizaciones del FIT, nos permitió ponerles un freno. Los que estuvimos ahí recordamos ese momento de silencio absoluto que hubo cuando el tema llegó a los medios nacionales. Al ver el video del ataque contra nuestra organización en la TV los cuatro grupos del FIT se callaron la boca y quedaron paralizados porque habían perdido la batalla política.
Esa centralización y esa disciplina, ese régimen partidario, también nos permite potenciar nuestra construcción. El plenario nacional del ¡Ya Basta!, que hicimos con 800 compañeros, nos permitió extender nuestro trabajo en todo el país y encarar las desigualdades. También, por ejemplo, la iniciativa que estamos llevando ahora en CABA, el Julio Anticapitalista, donde cada frente hace sus actividades pero las hace en el marco de un ciclo mayor, y entonces eso le permite a cada lugar darle mayor proyección a su actividad y acercar a más compañeros.
Por otra parte, en Lenin en el Siglo XXI hay otro apartado que habla sobre el partido de vanguardia y el partido con influencia de masas. Yo insistía al principio en que el partido nunca deja de ser partido de vanguardia, por eso nunca, jamás, marca el paso con lo que está más atrás. Y eso, en términos de la construcción, ¿qué implica?. Que vos vas a acercar a alguien al partido y esa persona va a venir con sus presiones y sus problemas, pero ante esas presiones y esos problemas que expresan algo de la sociedad uno puede o adaptarse y ceder, o dar una pelea revolucionaria para que ese compañero o esa compañera comprenda la situación y cambie.
Por ejemplo, una de las experiencias que estamos atravesando es la construcción de frentes de masas. Entonces, cuando sos 10 tenés determinados problemas. Pero cuando sos 50 ó 100 aparecen otros problemas. Muchos tienen que ver con las presiones que vienen del movimiento de masas. Y hay que dar esas batallas. Porque quedarse callado y ceder ante esos problemas es lo peor que uno puede hacer. Eso que al principio se manifiesta como un problema después puede volverse una catástrofe. En este sentido, nosotros aprendimos mucho en la experiencia de construcción de un equipo cuando fue la pandemia. Lo fundamental quedó, pero lo que se había sumado alrededor y no estaba consolidado lo perdimos por las presiones reaccionarias de la pandemia. Así aprendimos a que hay que consolidar a los militantes y que para eso hay que discutir y procesar toda una serie de cosas, donde lo fundamental son los criterios.
Hay que transmitir lo que es el centralismo democrático, hay que transmitir lo que es un partido, hay que transmitir qué es y para qué sirve una dirección, hay que transmitir cuáles son los criterios que hacen al régimen partidario. Porque una persona no se suma a un partido para hacer lo que le pinta. En realidad, es el partido el que concentra la experiencia, es la síntesis de la lucha de clases histórica, de la teoría y la práctica. Entonces, es la herramienta que más valor tiene. Y el Nuevo MAS y su corriente Socialismo o Barbarie son un verdadero tesoro.
Partido de vanguardia y partido con influencia de masas
Vamos entonces a problematizar el último apartado de Lenin en el Siglo XXI que nos interesa. El partido de vanguardia suma de a unidades y el partido con influencia de masas suma de manera geométrica. La construcción del partido de vanguardia es como una red. Un nodo central se conecta con otros nodos, esos otros nodos (cuadros o responsables) se conectan a su vez con otros más y si cada punto nuevo se vuelve un cuadro así vas construyendo una red. Cuando es un partido con influencia de masas podés sumar grupos y sectores y así el partido crece geométricamente. Obviamente todavía ningún partido del trotskismo está en este estadío porque no hay aún condiciones revolucionarias. Estamos en el estadío de partido de vanguardia y reconocer eso es muy importante. Porque tenemos que ganar de a uno, de a cinco o hasta de a diez, tenemos que formar cuadros y tenemos que formar dirigentes para ir a un partido de miles que se plantee el paso a la influencia de masas.
Para dar un salto cuantitativo tenemos que utilizar los multiplicadores de la organización: las agrupaciones o frentes de masas. Tenemos el ¡Ya Basta!, Las Rojas, Tinta Roja, JTP, SITRAREPA, entre otros. Lógicamente, estos multiplicadores nos permiten acercar de manera más amplia al partido porque al ¡Ya Basta! se puede sumar un estudiante que esté por la defensa de la educación pública, y eso está muy bien. A ArteInsurrección se puede acercar gente de la UNA que quiera activar en la facultad o que quiera defender el arte y la cultura independiente. ¿Y entonces qué hacemos? En la medida que esos compañeros empiezan a activar en la agrupación, algunos van a empezar a destacarse por sus posiciones y por su actividad. Hay que aprender a identificar quiénes son esos compañeros y eso es un esfuerzo subjetivo que uno hace para reconocerlos. Con uno se sienta a leer y a discutir una nota de IzquierdaWeb, con otro a leer marxismo y de ahí empezás a darte cuenta quién está un poco más interesado, quién está más despierto, con quién se puede ir más allá. A través de ese proceso de identificación uno se puede plantear a quién puede ganar para la militancia revolucionaria.
No es fácil el salto hacia las masas. Evidentemente, la experiencia de los partidos trotskistas en Argentina demuestra eso. No voy a hablar de la experiencia del viejo MAS que el texto menciona, pero sí uno puede ver el proceso en otras corrientes, por ejemplo en el PTS. Ellos sacaron sus cuadros de la juventud y los mandaron a abrir locales o a determinadas zonas, los mandaron a trabajar a Izquierda Diario o los metieron en la estructura del Congreso Nacional siguiendo una lógica electoral. Pero, de improviso, vino la pandemia. En esas condiciones, el PTS dejó de tener los cuadros que tenían volcados en la juventud, perdieron gente, perdieron cuadros y se desacumularon. Pero no se transformaron en un partido de masas, que era a lo que apostaban. Entonces sucede una cosa muy loca, una paradoja que es parte de la realidad política de la izquierda en este país. El PTS tiene los diputados, pero en el centro político de un país como la Argentina, que es candidato a hacer una revolución, en el centro político están desguarnecidos. Están mal en la juventud y el que está bien es el Nuevo MAS. Porque acumuló, acumuló, acumuló y se comió un espacio que dejó vacante otra corriente que era el Partido Obrero. Y ahora, el PO y el PTS sufren un montón. Y nosotros tenemos una oportunidad muy grande y nos estamos construyendo por la base. Supimos con mucho esfuerzo construir el partido por fuera del FIT, instalando a nuestra referente Manuela Castañeira, avanzando casilleros este año con la instalación de Federico Winokur y la instalación del ¡Ya Basta!.
Quiero también rescatar esa idea que plantea el texto de cómo la inercia de las cosas y el defender tus propios intereses puede tener el riesgo de llevarte al conservadurismo. Obviamente, cuando vos vas a la ofensiva podés ganar o podés perder lo que tenés, te arriesgás. Pero el PTS viene en una política cada vez más conservadora que no arriesga nada, más bien se adapta con uñas y dientes a defender el status quo de las corrientes, inclusive el régimen burgués proscriptivo de las PASO. Eso se refleja por la base en un carácter poco militante y en una juventud debilitada y muy lumpenizada.
Para terminar, sumo un elemento más que hace al carácter del militante que quiere construir el partido. La pelea que uno realiza por ganar a alguien más para la organización, que significa forjar la conciencia de cada clase en el otro, requiere de mucha paciencia. Mucha paciencia porque la otra persona no va a transformarse y asimilar los criterios de un día para el otro. La conciencia tiene elementos verdaderos y elementos falsos y nosotros no somos un factor objetivo de la historia todavía. El partido es un factor sobre todo subjetivo que depende de la voluntad de quienes lo integran pero la realidad es objetiva, mucho más pesada y mucho más grande. Entonces, la inercia de las cosas pesa y romper con esa inercia es difícil. Piensen en cada uno de ustedes lo que cuesta sacarse los viejos hábitos con los que la sociedad burguesa y los prejuicios pequeñoburgueses nos educan. Entonces, la tarea requiere de mucha paciencia. Pero, con el debate político, con la experiencia, acompañando al otro y construyendo esa confianza se puede lograr que el otro o los otros maduren en su conciencia de clase. Que sean cada vez más conscientes y más comprometidos con el partido.
Cierre: sobre la dialéctica de la construcción partidaria
Identifiquemos dos cosas acerca de las condiciones actuales para nuestra construcción. La primera es que, en relación al siglo XX, hay un nivel más bajo de politización en la sociedad. La segunda, que se ha cortado el hilo que unía la lucha de las generaciones. Si pienso en una persona cercana que hoy tiene veintitantos años y me pregunto cómo se crio, puedo decir que se crio viendo Disney y Hannah Montana en la televisión. Es muy probable que en la serie de Hannah Montana no se hablara ni de la revolución, ni del socialismo, ni de la Guerra Civil Española, ni de los partisanos de la Segunda Guerra Mundial que combatían al fascismo. Seguro que no. Hablaban de determinadas emociones, de determinada vivencia de una persona que atravesaba sus contradicciones con el mundo de manera individual y así las procesaba, junto a su familia y sus amigos. Esta persona “interactuaba” con el televisor pero el televisor no le respondía, se quedaba ahí. Y también se crio con las redes sociales, que también son una forma individual de interactuar con el otro.
Tomo el ejemplo porque esta cuestión de sumarse a un partido revolucionario para la nueva Generación Z es un boom. Organizarse de manera colectiva, por un proyecto colectivo, con otra sensibilidad radicalmente opuesta a la del capitalismo, llama muchísimo la atención para cualquier joven que se acerca y descubre la organización socialista. La juventud tiende al anticapitalismo, decíamos, pero para hacerse socialista tiene que atravesar un metabolismo con el partido para poder hacer de la militancia revolucionaria su proyecto de vida.
Por otra parte, tanto la realidad como la conciencia de una persona están llenas de contradicciones. Entonces, en el proceso de captación, al escuchar al otro y ver en qué lugar está su conciencia política sobre cada cosa, vas a encontrar contradicciones. Vas a encontrar elementos de la conciencia que estén más adelante y otros que estén más atrás. Por ejemplo, elementos de solidaridad que se van a combinar con criterios egoístas o individualistas. Entonces, ¿desde dónde te paras?. Desde el lado del compromiso, de pelear el compromiso, desde lo colectivo, desde los criterios. Así, esa persona avanza procesando las cosas a partir de su experiencia y en la experiencia metabólica con el partido.
Hay una parte muy importante, que vamos a ver más adelante, que tiene que ver con la consolidación de la experiencia militante. La consolidación tiene que ver con proponerle al otro desafíos, proponer tareas que lo pongan a prueba y que pueda resolver. Si a una persona que aceptó el compromiso militante en un tiempo prudencial no le propusiste ninguna tarea, se va a sentir mal y no va a saber por qué. Pero, vos sí tenés que saber por qué. Hay que apoyarse en los elementos más avanzados de la conciencia para hacerla avanzar y así consolidar la experiencia militante.
Por último, hablar de construcción es hablar de dialéctica. Ustedes saben que la dialéctica es la ley del movimiento y se puede aplicar a todo. Ese movimiento que va de la cantidad a la calidad en la construcción implica acumulación, convicciones, ideas y mucha paciencia. Es que, también, otro rasgo de las nuevas generaciones en este siglo XXI es la ansiedad. Seguramente ustedes se sienten ansiosos en muchas circunstancias. Yo me siento ansioso todos los días. Pero bueno, ¿cómo le hacemos frente a eso?. Porque la ansiedad es todo ya, vos querés ya esto y esto otro también. Pero, en realidad, en épocas no revolucionarias tenés que armarte de paciencia y tener paciencia con el otro. Poder llegar a forjar un frente de masas en Filosofía y Letras llevó mucho tiempo, mucho aprendizaje, avances y retrocesos. No fue una línea recta, sino un camino sinuoso que se forjó con batallas políticas de las que salimos victoriosos.
Entender esa forma del movimiento de las cosas, la dialéctica, es fundamental. Entonces, hay que estudiar la dialéctica también. Uno puede buscar las asociaciones que más le gusten. A mí me interesan mucho las asociaciones que tienen que ver con el universo. Entonces, cuando pienso en el salto de la cantidad en calidad pienso en las estrellas. ¿Ustedes saben cómo se forman las estrellas? A partir de polvo y gases. Es decir, de polvo y de hidrógeno fundamentalmente. Sobre estos elementos actúa una fuerza que es la ley de la gravedad, que lentamente va acumulando y concentrando ese polvo y gas que están en el espacio y así se van generando determinadas condiciones de temperatura y presión. Cuando la temperatura y la presión llegan a determinados niveles, tan fuertes y tan altos, el hidrógeno, que es el gas más elemental, se transforma. Los átomos colisionan entre sí y forman un gas nuevo, el helio, y en ese proceso se libera energía. Así nace una estrella y empieza a irradiar su luz hacia el espacio exterior.
Entonces, en esta analogía quiero mostrar de qué se trata la construcción paciente, donde los elementos se van uniendo durante años por una fuerza de cohesión que actúa sobre ellos, pero que en determinado momento, con la adición de un elemento más, la materia da un salto y se vuelve de una calidad distinta. Esa estrella que se forma y que irradia te permite después colocar una chispa en el Nacional de Buenos Aires, otra chispa en el Carlos Pellegrini, otra chispa acá y allá, y así encender el fuego del partido en nuevos espacios que permitan que la organización crezca y se multiplique. Esa mecánica es fenomenal.
[1] Roberto Sáenz, «Lenin en el siglo XXI», Socialismo o Barbarie, n.º 23/24 (diciembre de 2009): 307-344, https://www.socialismoobarbarie.org/webanterior/revista_23_24/307-344%20Lenin.pdf.




