Ponencia presentada en la conferencia Socialism 2016, el 4-7-2016 en Chicago, EEUU. Publicada por Links International Journal of Socialist Renewal. Enviado especialmente por su autor para su publicación en español en el Suplemento semanal Marxismo en el Siglo XXI. Traducción de Marcelo Yunes
En su presentación, Paul Le Blanc hizo un breve repaso de la situación crecientemente sombría en la Unión Soviética en los años posteriores a la revolución, de la heroica resistencia de la Oposición de Izquierda y de la “noche negra” del stalinismo a mediados y fines de los años 30. También nos resumió la teoría definitiva de Trotsky sobre la burocracia soviética y subrayó –a mi juicio, atinadamente– lo valioso de ésta para comprender esa historia.
Lo que quiero hacer aquí es esbozar brevemente el desarrollo del análisis de Trotsky sobre el problema de la burocracia soviética a fin de alcanzar una comprensión y una apreciación más profundas de su teoría definitiva, con todos sus puntos fuertes y sus limitaciones. Porque, como observara Trotsky en su prefacio de 1933 a una compilación de sus escritos de la Oposición, “es imposible entender correctamente las ideas políticas o científicas sin conocer la historia de su desarrollo”.[1]
En la Rusia de comienzos del siglo XX como en Occidente hoy, la palabra “burocracia” tiene varios significados. La comprensión más común, partiendo de la definición original, es que “burocracia” se refiere al “gobierno de los escritorios” [bureau], o, por extensión, a los “escritorios que gobiernan” sobre la sociedad. En línea con esto, luego de la revolución muchos bolcheviques asociaban “burocracia” a la elevación de los aparatos del partido y del Estado por encima control de las masas, de los proletarios o de la base. Esta comprensión se expresaba en la obra de Lenin El Estado y la revolución, escrita en las vísperas de la Revolución Rusa, y aparece dispersa en muchos de sus escritos y discursos posteriores. También era especialmente prominente en las posiciones de los diversos grupos de oposición que florecieron en el partido y su periferia entre 1918 y 1923. Por ejemplo, se percibe en la queja de Alejandra Kollontai, de la Oposición Obrera, en 1921, de que “el problema reside en la solución de los problemas (…) a través de decisiones formales que bajan desde las instituciones centrales (…). Una tercera persona decide nuestro destino: ésta es toda la esencia de la burocracia”.[2]
Una segunda acepción de “burocracia” para los bolcheviques –como hoy para nosotros– remite a la ineficiencia y el papeleo administrativo. También aquí se trata de un tema habitual en los escritos y discursos de Lenin de los primeros años del poder soviético. Pero en ese período, fue Trotsky quien de manera más sistemática describió el problema de la burocracia en términos de ineficiencia. Esto se debió probablemente a que como comisario de Guerra Trotsky estaba casi exclusivamente preocupado por el funcionamiento eficiente del Ejército Rojo y especialmente de las instituciones económicas que le proveían insumos. Trotsky empleó el término “burocracia” en una cantidad de formas específicas durante este período. Pero con mayor frecuencia, cuando hablaba de biurokratiia entre 1919 y 1923, su preocupación era la ineficiencia que, a su juicio, había inficionado “la estructura misma de nuestras instituciones económicas [soviéticas]”.[3] Trotsky llamó a esto glavkokratiia, es decir, el gobierno de los glavki y los tsentry. Los glavki y tsentry eran los más de cincuenta departamentos del Consejo Supremo de la Economía Nacional que dirigían las diversas ramas de la industria durante el período de “comunismo de guerra” [1918-1921. MY].
Para Trotsky, en la glavkokratiia había dos aspectos problemáticos: por un lado, un centralismo excesivo en el rígido control de la industria por parte de los glavki desde arriba hacia abajo; por el otro, un centralismo insuficiente en ausencia de un plan único que coordinara el trabajo de todos los glavki.[4] Debido a la glavkokratiia, explicaba Trotsky, los repuestos y suministros que estaban disponibles en una fábrica muchas veces no se podían transferir a otra fábrica de la misma región que los necesitaba urgentemente. Por ejemplo, en enero de 1920 se quejó de que una fábrica de Moscú había estado inactiva durante dos meses mientras esperaba una correa de transmisión; otra tuvo que interrumpir su actividad varias veces porque se había quedado sin lienzo; una tercera no podía producir ladrillos de silicato porque no había recibido el armazón para el motor de vapor. En todos los casos, las piezas y materiales estaban disponibles localmente pero no habían podido ser transferidas a la fábrica que las necesitaba debido a la glavkokratiia.[5]
La solución de Trotsky a este problema fue conceder mayor autonomía a las empresas e introducir una coordinación económica en las organizaciones regionales y distritales, así como en las instancias máximas a través de la planificación económica centralizada. De hecho, el análisis de Trotsky de la glavkokratiia representaba una crítica aguda a la ineficiencia de la industria soviética bajo el comunismo de guerra y durante los primeros años de la Nueva Política Económica (NEP) que le siguió. En esto, como observara el historiador Lars Lih, tocó una fibra sensible en la conciencia popular.[6] Inclusive, fue citado aprobatoriamente por Grigory Zinoviev, el mayor rival de Trotky en ese momento, y por el economista anticomunista ruso-estadounidense Leo Pasvolsky.[7] Y a fines de 1922 Lenin terminó compartiendo al menos parte de las recomendaciones de Trotsky referidas a la planificación económica que se derivaban directamente del análisis de Trotsky de la glavkokratiia.[8]
Pero también es evidente que el foco exclusivo de Trotsky en la ineficiencia en sus observaciones sobre la burocracia en este período estaban vinculadas a su “excesiva preocupación por el aspecto puramente administrativo de los asuntos” que Lenin señalara en su Testamento.[9] Pasaba por alto el problema político más amplio del retroceso de la democracia obrera, que estaba siendo documentado por diversos grupos de oposición. Más allá de esto, es justo decir que la preocupación concentrada de Trotsky en la cuestión de la eficiencia era al menos parcialmente responsable de su apoyo a políticas centralistas y autoritarias que de hecho contribuyeron a un debilitamiento de la democracia obrera.
En todo caso, para fines de 1923 Trotsky ya estaba dando forma a un nuevo análisis de la burocracia, disparado por una serie de desarrollos que incluyeron el deterioro general del régimen del partido en ese período, la política de Stalin hacia las nacionalidades en Georgia y las maniobras contra Trotsky. Pero a un mismo o incluso mayor nivel este cambio en el pensamiento de Trotsky surgió directamente de su análisis de la glavkokratiia. En abril de 1923, el XII Congreso del Partido finalmente adoptó la propuesta de Trotsky de planificación económica centralizada, por la que había abogado durante años como solución a la glavkokratiia. Pero para octubre de ese año, en violación directa de las decisiones del Congreso, no se había hecho nada para implementar la planificación. Esto contribuyó de manera importante a que Trotsky reconociera que el problema de la burocracia era más profundo que la mera ineficiencia.
Trotsky explicó esta nueva comprensión con más claridad durante la lucha interna en el partido de 1926-1927. En ese período apuntó a dos dimensiones diferentes de “burocratismo” en el Estado y en el partido. En parte, para Trotsky el problema incluía el centralismo excesivo, el autoritarismo y el retroceso de la democracia obrera en el régimen del partido y del Estado. En esa línea, en junio de 1926 definió la “esencia de la burocracia” como “el dominio ilimitado del aparato del partido”.[10] Pero en el mismo período Trotsky y la Oposición destacaron lo que percibían como la dimensión de clase del problema. Como explicaba la Plataforma de la Oposición en 1927, “la cuestión del burocratismo soviético no es sólo una cuestión de papeleo y exceso de personal. En el fondo, es una cuestión del rol de clase que juega la burocracia, de sus lazos sociales y sus simpatías (…) en relación con el NEPman [comerciante capitalista. TT] y los trabajadores no calificados (…), etc.”.[11]
Para Trotsky y la Oposición, este rol de clase era evidente en las políticas económicas de la dirección; específicamente, al no abordar los problemas económicos de los trabajadores en la industrialización y en su orientación hacia los campesinos ricos, o kulaks, y los NEPmen. En el plano internacional, el rol de clase de la burocracia tomaba la forma de comprometerse en alianzas con socios burgueses y pequeño burgueses que socavaban la revolución, como en el Reino Unido y en China. Trotsky consideraba que el cambio en el equilibrio de las clases sociales en la URSS podía explicar ambas dimensiones del problema. Sostuvo que a principios de los años 20 el proletariado soviético había quedado exhausto por la guerra civil y desmoralizado por la distancia entre las expectativas y la realidad del poder. Entretanto, la introducción de la NEP había promovido la revitalización política y económica de los elementos burgueses. Este cambio de clase en la sociedad soviética había ejercido una presión de derecha sobre los aparatos del partido y el Estado, con el resultado de una “desviación de la línea de clase proletaria”. Entonces, para implementar sus políticas conservadoras, la dirección stalinista había recurrido a prácticas antidemocráticas y represivas, especialmente contra la Oposición, que representaba la sección proletaria del partido.[12]
A su vez, las políticas autoritarias y conservadoras de la dirección habían contribuido a nuevos cambios hacia la derecha en el equilibrio de las fuerzas de clase. En la descripción de Trotsky, la corriente stalinista que había llegado al poder en virtud de este proceso era de naturaleza “centrista”, ubicada entre el oportunismo total en la derecha y la posición revolucionaria proletaria del leninismo en la izquierda. El peligro mayor era que nuevas derrotas del proletariado o de la Oposición debilitaran la resistencia de la clase obrera soviética, lo que derivaría en cambios más a la derecha en el poder, hasta quizá incluso conducir a la restauración del capitalismo.
Para Trotsky, el camino más probable de esa restauración era lo que él llamaba el “Termidor”, esto es, “una forma especial de contrarrevolución operada en cuotas (…) que se aprovecharía, en su primera fase, de elementos del mismo partido gobernante”.[13] En este contexto, el objetivo de la Oposición era bloquear la restauración y reinstalar las políticas proletarias. Su estrategia, en tanto la URSS siguiera siendo un “estado proletario”, era rechazar la revolución y limitar sus esfuerzos a intentar reformar el partido y el Estado.
La teoría de Trotsky sobre la burocracia soviética en este período era profunda y elegante, y parecía bastante plausible entre mediados y fines de los años 20. Pero, poco después, los hechos demostraron hasta qué punto la teoría era fallida. Trotsky había predicho que si la Oposición era derrotada, la corriente centrista se desintegraría, la derecha del partido asumiría el poder, las políticas del partido irían más a la derecha y el capitalismo sería restaurado, probablemente a través de un Termidor. A fines de 1927, la Oposición de Izquierda fue derrotada, con miles de oposicionistas expulsados y exiliados. Pero, por supuesto, la derecha no se hizo del poder. En cambio, se consolidó el dominio del centro, que giró hacia sus aliados moderados y luego adoptó políticas económicas e internacionales que, tomando la ubicación de Trotsky, parecían tan a la “izquierda” que caían completamente fuera de ese marco teórico.
Al mismo tiempo, a pesar de estos “giros a la izquierda”, el régimen continuaba alejándose cada vez más de la democracia obrera. Desde el exilio, Trotsky ofrecía ahora penetrantes críticas de la política soviética “desde la derecha”, y condenaba el deterioro del régimen. A la vez, parecía ser al menos parcialmente consciente de que su teoría anterior era insuficiente para entender las realidades de comienzos de los 30. En consecuencia, comenzó a realizar una serie de ajustes explícitos e implícitos a su teoría, que tendían a destacar la autonomía de la burocracia respecto de las clases sociales. Al mismo tiempo, siguió insistiendo en que su análisis anterior era esencialmente correcto, y siguió empleándolo para entender lo que estaba sucediendo.
El resultado fue una serie de aseveraciones, conclusiones y predicciones que hoy parecen profundamente desencaminadas. Veamos algunas de ellas: las repetidas afirmaciones de Trotsky en 1928-1929 dudando de la seriedad del cambio en la política stalinista; su argumento de que el giro se había debido a la presión de la Oposición; su aprobación al argumento de la dirección de que la colectivización representaba un movimiento espontáneo del campesinado; su aceptación de la validez de las acusaciones en los juicios de 1928-1931 [contra supuestos “saboteadores”. MY]; sus afirmaciones ocasionales de que los excesos de la industrialización y la colectivización se debían al sabotaje capitalista, y sus repetidas advertencias de que la dirección estaba por dar un viraje a la derecha y consumar un Termidor.
Sin embargo, en última instancia dos desarrollos precipitaron lo que he llamado una revolución en el pensamiento de Trotsky. El primero fue la llegada al poder de Adolf Hitler en Alemania en 1933. Trotsky consideró este hecho como el mayor desastre para la clase obrera mundial desde la Primera Guerra Mundial, por el cual responsabilizó directamente a la dirección stalinista. El segundo fue la represión que siguió al asesinato de Sergei Kirov en diciembre de 1934, que condujo a Trotsky a observar que “la dominación de la burocracia sobre el país, así como la dominación de Stalin sobre la burocracia, han alcanzado prácticamente su consumación absoluta”.[14] Sobre la base de estos dos hechos, Trotsky comenzó a introducir toda una serie de modificaciones a su posición previa. El efecto acumulativo de estos cambios fue una nueva teoría que contenía una apreciación mucho más amplia de la autonomía de la burocracia soviética como formación social.
La presentación más completa de la nueva teoría de Trotsky apareció en La revolución traicionada, terminado en 1936. Allí, Trotsky aportaba esencialmente dos explicaciones diferentes de los orígenes del poder burocrático: una funcional y otra histórica y política. En su explicación funcional, Trotsky partía de reconocer que la URSS no era una sociedad socialista, como afirmaba Stalin, dado que el socialismo es una sociedad de abundancia y relativa igualdad. En cambio, la URSS era una sociedad atrasada en transición del capitalismo al socialismo. En ese contexto, había sido necesario crear un gendarme –la burocracia– para regular el consumo. Más específicamente, su tarea había sido estimular la producción a través de la desigualdad distributiva, o lo que Trotsky describía como “normas burguesas de distribución”.[15] Pero –argumentaba Trotsky–, en el proceso de defender las ventajas de una minoría, la burocracia había “extraído la crema para su propio uso”. De modo que “de las necesidades de la sociedad nace un órgano que, al sobrepasar en mucho su función social necesaria, se transforma en factor autónomo”.[16]
La explicación histórico-política de Trotsky era similar a la explicación que había ofrecido en 1926-1927. Una vez más, describía el cansancio y la desilusión del proletariado. Una vez más, escribió sobre el renacer de la confianza de la pequeño burguesía, pero esta vez señalaba a la burocracia, más que a los elementos burgueses, como la beneficiaria última de estos desarrollos. Apoyándose en la pasividad de los obreros de vanguardia y el respaldo de los obreros atrasados y la pequeño burguesía, la burocracia había derrotado a la Oposición y usurpado el poder en una transición que Trotsky ahora caracterizaba como Termidor.[17]
Otro elemento importante de la nueva explicación de Trotsky era su admisión de que las prácticas introducidas por los bolcheviques en los primeros años del poder soviético habían contribuido al proceso de burocratización. Una de ellas había sido la prohibición de los partidos de oposición, instituida como un “acto episódico de autodefensa”. Otra había sido la prohibición de fracciones dentro del partido, también aquí planteada como “medida excepcional” pero que, admitía Trotsky, había demostrado ser “muy del agrado de la burocracia”.[18]
El nuevo énfasis de Trotsky en la autonomía de la burocracia era especialmente visible en su discusión de la política económica e internacional del stalinismo. Considerando un espectro mucho más amplio de temas que en años anteriores, volvió a señalar la desviación de la política soviética respecto de las prácticas bolcheviques y/o de una política socialista ideal. En cada caso, concedía que el retraso de la sociedad soviética y su carácter transicional daban cuenta de un aparte de esa desviación. Pero en cada caso, según Trotsky, el grueso de la desviación estaba diseñada para beneficiar sólo a la burocracia y a las capas privilegiadas asociadas a ella.
El énfasis de Trotsky en la autonomía de la burocracia también era evidente en su nueva discusión de las posibilidades de restauración capitalista. Anticipando el estallido de la guerra, Trotsky advirtió que la restauración podía ocurrir a través de la intervención imperialista si la revolución socialista no tenía lugar en Occidente.[19] Pero destacó en aún mayor medida el camino interno hacia la restauración. A la luz del reconocimiento de la autonomía de la burocracia y de los efectos de sus políticas, Trotsky ya no sugería que la restauración podía ocurrir como resultado de una revuelta, o de la presión, de los kulaks y NEPmen. En cambio, sostuvo que la burocracia soviética misma, llegado el caso, intentaría restaurar el capitalismo. Por el momento, explicaba Trotsky, la burocracia defendía la propiedad estatal “como fuente de su poder y de sus rentas” y por temor al proletariado. Pero sus privilegios eran inestables y no podían transferirse a sus descendientes por herencia. En consecuencia, para la burocracia “será inevitable que busque apoyo en las relaciones de propiedad”.[20]
Es importante reconocer que, al igual que sus posiciones anteriores sobre la burocracia, la teoría final de Trotsky contenía tanto grandes debilidades como significativos puntos fuertes. Probablemente la mayor de las debilidades haya sido la continuidad de la caracterización de la URSS como “estado obrero”. Era simplemente contrario al sentido común describir a la URSS como un estado obrero en un momento en que los trabajadores no tenían la posibilidad de controlar el Estado en ningún sentido, y cuando millones de trabajadores y campesinos, así como virtualmente la Oposición de Izquierda íntegra –un grupo al que Trotsky consideraba como “vanguardia proletaria”–, desaparecían en los gulags.
Otro problema era que, pese a la revolución en su pensamiento que había comenzado en 1933, con frecuencia Trotsky aún tendía a subestimar la autonomía tanto de la burocracia como de Stalin. Por esta razón solía exagerar la capacidad de respuesta de la burocracia a fuerzas de clase ajenas, y a veces asumía conexiones entre escaladas represivas y giros a la derecha políticos que simplemente no resisten la prueba de los hechos.
También hubo fracasos significativos en las predicciones de Trotsky. Uno de ellos fue que, contra sus expectativas, la URSS salió triunfante de la guerra aunque no hubo revolución en Occidente. Otro fue que el colapso definitivo de la URSS ocurrió mucho después de lo que Trotsky esperaba; es evidente que consideraba que, a menos que ocurriera una revolución política, la restauración capitalista estaba cerca a fines de los años 30.[22]
En ambos casos, Trotsky subestimó en grado sumo la durabilidad del régimen. Respecto del proceso de restauración, también se equivocó al predecir que el eventual colapso provocaría una guerra civil.[23] De hecho, aunque hubo una serie de guerras y conflictos en el territorio de la ex URSS, ninguno de ellos se pareció, ni en escala ni en carácter, a la guerra de clases que Trotsky había anticipado.
Con todo, estas debilidades y fallas no deberían evitar que reconozcamos algunos de los notables puntos fuertes de la teoría final de Trotsky. Por ejemplo, su insistencia en la autonomía de la burocracia y de Stalin y en los clivajes que dividían a las diversas capas de la sociedad y la burocracia soviéticas esa teoría era más compleja, plausible y sofisticada que sus análisis anteriores de la burocracia. Por esa razón tuvo una gran influencia no sólo entre los marxistas occidentales sino entre los especialistas académicos.[24] La teoría formulada en La revolución traicionada contenía una aplicación creativa de categorías y conclusiones derivadas directamente del marxismo clásico, así como de sus propios análisis anteriores sobre el proceso de desarrollo desigual y combinado.
Ora característica importante de la interpretación de Trotsky, que destacara Perry Anderson, fue su notable “equilibrio político”.[25] Esto era evidente, por ejemplo, en la distinción que hacía Trotsky entre las desviaciones necesarias de la política stalinista respecto de las normas bolcheviques y socialistas y las desviaciones que sólo beneficiaban a la burocracia. Este equilibrio, inherente a la teoría de Trotsky, le ayudó a evitar caer en los extremos del stalinismo, por un lado, y la stalinofobia, por el otro.
Además, deberíamos considerar la confirmación especialmente impactante de las predicciones de Trotsky sobre el destino último de la URSS. La más significativa de ellas fue la predicción de que la burocracia misma “será inevitable que busque apoyo en las relaciones de propiedad”. Diversos académicos observaron que esto fue precisamente lo que ocurrió a fines de los 80, y explícitamente reconocieron la agudeza de Trotsky al respecto.[26] En cuanto al proceso de restauración, Trotsky había vaticinado que si un partido burgués llegaba al poder “encontraría no pocos servidores entre los burócratas actuales”.[27] En ese sentido, cabe consignar que un estudio de 1996 reveló que un 75% de la dirección de Boris Yeltsin, un 74% del gobierno ruso y un 82% de la elite regional provenían de la nomenklatura.[28]
Por último, tenemos la predicción de Trotsky de que el régimen que terminaría emergiendo sería autoritario y represivo: “Un régimen bonapartista o, en términos modernos, fascista”.[29] Aunque “fascista” puede ser exagerado, “bonapartista” parece una caracterización bastante precisa del régimen de Vladimir Putin. En conclusión, diría que a pesar de sus deficiencias –que eran significativas–, la teoría final de Trotsky sobre la burocracia soviética representó un logro político e intelectual notable. Fue, como señala Paul Le Blanc, una de las estrellas más brillantes de la resistencia contra la noche oscura del stalinismo. Y sigue siendo un punto de partida útil para comprender cabalmente la experiencia histórica de la URSS y el stalinismo.
Notas
[1] Leon Trotsky, Writings of Leon Trotsky [1932-33], edición de George Breitman y Sarah Lovell (New York: Pathfinder Press, 19720, p. 87.
[2] Alexandra Kollontai, Selected Writings of Alexandra Kollontai, traducción de Alix Holt (New York: W.W. Norton and Company, 1977), pp. 191-2.
[3] Leon Trotsky, Khoziaistvennoe stroitel’stvo Sovetskoi Respubliki, vol. 15 de Sochineniia, Gosudarstvennoe izdatel’stvo, (Cleveland, OH: Bell and Howell, 1963), pp. 146-7.
[4] En el IX Congreso del partido a fines de diciembre de 1920, Trotsky definió glavkokratiia como “el gobierno de los glavki separados y centralizados verticalmente, sin ligazón organizacional y mal coordinados en su tarea”. Trotsky, Khoziaistvennoe stroitel’stvo, p. 217.
[5] Trotsky, Khoziaistvennoe stroitel’stvo, p. 39.
[6] Lars Lih, “’Our Position Is in the Highest Degree Tragic’: Bolshevik ‘Euphoria’ in 1920”, en History and Revolution: Refuting Revisionism, edición de Mike Haynes y Jim Wolfreys (London: Verso, 2007), pp. 129, 131.
[7] RKP(b), Deviataia konferentsiia RKP(b), Sentiabr 1920 goda: Protokoly, Moscow: Izdatel’stvo politicheskoi literatury 1972, 141; Leo Pasvolsky, The Economics of Communism: With Special Reference to Russia’s Experiment (New York: The Macmillan Company, 1921), pp. 207-11.
[8] Véase la correspondencia entre Lenin y Trotsky en Leon Trotsky, The Trotsky Papers, edición de Jan M. Meiher (The Hague: Mouton and Co., vol. 2, 1971), pp. 774-89.
[9] V.I. Lenin, Collected Works (Moscow: Foreign Languages Pub. House, 1960-70), vol. 36, pp. 594-5.
[10] Leon Trotsky, The Challenge of the Left Opposition (1926-27) (New York: Pathfinder Press, 1980), p. 65.
[11] Ibid., p. 341.
[12] Ibid., pp. 103-4, 166, 168-9, 170, 206, 208, 255, 390-1, 491.
[13] Ibid., 263. Por otro lado, era posible que la restauración ocurriera mediante un “derrocamiento contrarrevolucionario abierto” del Estado soviético, debilitado por las políticas de la dirección. Trotsky, Challenge (1926-27), pp. 260-1.
[14] Leon Trotsky, Writings of Leon Trotsky [1934-35], edición de George Breitman y Bev Scott (New York: Pathfinder Press, 1971), p. 169. Véase también Thomas Twiss, Trotsky and the Problem of Soviet Bureaucracy (Chicago: Haymarket Books, 2015), pp. 330-400.
[15] Leon Trotsky, The Revolution Betrayed: What Is the Soviet Union and Where Is It Going? (Garden City, NY: Doubleday, Doran & Co., 1937), pp. 52-60, 112-113. [*]
[16] Ibid., p. 113.
[17] Ibid., pp. 88-92.
[18] Ibid., pp. 95-6.
[19] Ibid., pp. 226-7.
[20] Ibid., pp. 249, 251, 254.
[21] Por ejemplo, en 1935 Trotsky creyó erróneamente que las reformas de mercado en el agro eran sólo el comienzo de un giro a la derecha bajo la presión de los campesinos ricos. Trotsky, Writings [1934-35], pp. 159-60. En 1936 describió al gobierno soviético y a la Comintern como “la agencia política del imperialismo en relación con las masas trabajadoras”. Leon Trotsky, Writings of Leon Trotsky [1935-36], edición de Naomi Allen y George Breitman (New York: Pathfinder Press, 1977), p. 274. Y en 1935 sostuvo que la dirección necesitaba un aumento de la represión para implementar sus iniciativas en política agrícola e internacional. Leon Trotsky, Trotsky’s Diary in Exile, traducción de Elena Zarudnaya (New York: Atheneum, 1963), pp. 20-1, 66, 90.
[22] En El Programa de Transición, de 1938, Trotsky presentó a los Juicios de Moscú como reflejando en parte conflictos entre los defensorers y los opositores a la restauración. Y agregó que “cada nuevo día de su dominio contribuye a descomponer los fundamdentos de los elementos socialistas de la economía y aumenta las posibilidades de restauración capitalista” . Leon Trotsky, The Transitional Program for Socialist Revolution, edited by George Breitman and Fred Stanton (New York: Pathfinder Press, 1973), pp. 143-5.
[23] Véase, por ejemplo, Leon Trotsky, Writings of Leon Trotsky [1937-38] (New York: Pathfinder Press, 1976), p. 37.
[24] Sobre este punto, véase por ejemplo Duncan Hallas, Trotsky’s Marxism (London: Bookmarks, 1984), p. 28; John Plamenatz, German Marxism and Russian Communism (London: Longmans, Green, and Co., 1954), p. 303; Henry Reichman, “Reconsidering ‘Stalinism’”, Theory and Society, 17, 1, p. 67; Hillel Tickten, “Leon Trotsky’s Political and Economic Analysis of the USSR, 1929-40,” en The Ideas of Leon Trotsky, edición de Hillel Tickten y Michael Cox (London: Porcupine Press,1995), p. 65.
[25] Perry Anderson, “Trotsky’s Interpretation of Stalinism,” en The Stalinist Legacy: Its Impact on Twentieth-Century World Politics, edición de Tariq Ali (Hammondsworth, Middlesex, England: Penguin Books, 1984), p. 124.
[26] R.W. Davies, “Gorbachev’s Socialism in Historical Perspective,” en Stalinism: Its Nature and Aftermath: Essays in Honor of Moshe Lewin, edición de Nick Lambert y Gabor Rittersporn (Armonk, NY: M.E. Sharpe, Inc., 1992), p. 69; Stephen White, Russia’s New Politics: The Management of a Post-communist Society (Cambridge, UK: Cambridge University Press, 2000), p. 291; Allen C. Lynch, How Russia Is Not Ruled: Reflections on Russian Political Development (Cambridge: Cambridge University Press, 2005), p. 77; David Lane, The Capitalist Transformation of State Socialism: The Making and Breaking of State Socialist Society and What Followed (London and NY, Routledge, 2014), pp. 130-31. Diversos especialistas también han señalado la “privatización desde abajo”, iniciada por funcionarios del partido y del Estado ya en 1987-1988, como una causa importante del colapso de la URSS. Véase Thane Gustafson, Capitalism Russian Style (Cambridge: Cambridge University Press, 1999), pp. 26-7; Lane, Capitalist Transformation, pp. 131-40; Lynch, How Russia Is Not Ruled, p. 74; Stephen Kotkin, Armageddon Averted: The Soviet Collapse 1970-2000 (Oxford: Oxford University Press, 2008), pp. 113-17; David M. Kotz y Fred Weir, Russia’s Path from Gorbachev to Putin: The Demise of the Soviet System and the New Russia (London and NY: Routledge), pp. 105-25; Stephen L. Solnick, Stealing the State (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1998), pp. 7-8.
[27] Trotsky, Revolution Betrayed, p. 253.
[28] Olga Kryshtanovskaya and Stephen White, “From Soviet Nomenklatura to Russian Elite”, Europe-Asia Studies, vol. 48, No. 5 (Jul. 1996), p. 729; White, Russia’s New Politics, p. 421.
[29] Trotsky, Challenge (1926-27), p. 493. Esta predicción es de fines de 1927, pero probablemente el Trotsky posterior habría estado de acuerdo.
[*] Hemos tomado la versión castellana de las citas de La revolución traicionada de la edición de Gallo Rojo-Antídoto, Buenos Aires, 2008 (nota del traductor)




