La crisis económica y social tensa la interna del gobierno

El gobierno admite que la inflación de marzo será la más alta del año. La coalición oficialista atraviesa un momento de alta tensión.

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La crisis política en la coalición oficialista parece no tener fin. El reciente acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional ha desatado una interna en el gobierno feroz. Los grandes medios de comunicación la presentan como una disputa de poder, pero es bastante más que eso. Se trata de una crisis acerca del contenido, las formas y los ritmos de las políticas de ajuste que exige todo acuerdo con el FMI.

La interna cuida cada vez menos las formas. Kirchneristas y albertistas disputan sus puestos y especulan con renuncias y cambios de gabinete. El mayor apuntado es Martín Guzmán, quien mañana se convertirá en la cara visible de un nuevo récord de la crisis permanente de Argentina, cuando se sepa que la inflación de marzo superó el 6%. Es la aceleración de esta crisis la que recrudece la interna y no una supuesta disputa palaciega por el poder.

El Ministro de Economía sostiene lo contrario: según él, es la política la que «desordena» a la economía, casi como si de un economista liberal se tratase. Lo dejó claro ayer, cuando fue entrevistado por Gustavo Silvestre en el canal C5N. Por un lado, se adelantó a dar la cifra de variación del IPC como para mitigar un poco la mala noticia. Pero cuando fue consultado por las causas de la grave aceleración inflacionaria, no dudó en subirse al ring de la interna: “Si la política está desordenada, va a ser difícil que algo cambie”. Y prosiguió: «Si ahora logramos ordenar con más fuerza el apoyo, la cohesión necesaria, para seguir adelante con el programa que se aprobó el 25 de marzo, vamos a poder bajar la inflación”.

Guzmán, un poco menos diplomático de lo habitual, llegó incluso a sugerir una idea que ya había dicho con menos tapujos otro albertista de la primera hora, Leandro Santoro: el que no esté de acuerdo con el Presidente se tiene que ir. Guzmán fue un poco más sutil: «Hay que estar alineados. Lo importante es gestionar acorde a las políticas del gobierno».

El Ministro destacó que van a cumplirse las metas y que el gobierno seguirá gestionando para intentar bajar el déficit fiscal. Además, adelantó que no está en carpeta un aumento de las retenciones, a pesar de la disparada de los precios internacionales. Un informe reciente de la Bolsa de Comercio de Rosario estimó que este año el agro gozará de ganancias extraordinarias.

Sin embargo, el estallido de la guerra en Ucrania y sus consecuencias económicas internacionales producirán que haya que apretar aun más el torniquete del ajuste para poder cumplir las metas de lo que el acuerdo establece incialmente. Porque el staff del Fondo se encargó de que en el acuerdo esté plasmado que si hay un cambio en las condiciones internacionales (y vaya si las hubo), se debe proceder con un «recalibramiento» de las políticas. No de las metas.

Por eso, el gobierno se prepara para modificar el presupuesto 2022 por decreto. Si el proyecto de presupuesto ya fracasó en pasar por el parlamento en su momento, ahora ni siquiera es una posibilidad para el gobierno. Con la interna a flor de piel, no contaría con los votos ni de la mitad de su propia bancada.

La modificación del presupuesto no tendrá otro objetivo más que el recorte del gasto. Todo el programa económico del que habla Guzmán no es más que achicar el déficit, reducir la emisión monetaria y subir la tasa de interés. Esas cuestiones que aparecen como técnicas se proyectan sobre la política: leamos las declaraciones de Guzmán acerca de que no subirán las retenciones en paralelo a las de Juan Zabaleta. El Ministro de Desarrollo Social por estas horas está siendo celebrado por los diarios Clarín y La Nación por su discurso contra los piquetes y su negativa a dar de alta más planes sociales.

El gobierno se pliega más o menos sutilmente a la agenda que instala la derecha. Y sabiendo que se prepara para aplicar un duro ajuste, intenta utilizar a su favor el bombardeo mediático permanente que intenta instalar un clima derechista que fogonea los prejuicios más desclasados de la sociedad, contra los «vagos que cortan calles» y los planes sociales.

Estos desplazamientos discursivos no van sólo dirigidos a las clases medias, sino sobre todo a la burguesía. El gobierno intenta mostrar que quiere y puede hacer el ajuste que tiene por delante y que exige la clase capitalista. El kirchnerismo tendrá que «alinearse» a las nuevas coordenadas.

Desalineados

Al sector que lidera Cristina Fernández le gustaría rediscutir el acuerdo con el Fondo. Un poco tarde, luego de dos largos años de negociaciones. El kirchnerismo denuncia que Guzmán les mintió: decía que estaba negociando una cosa cuando en realidad estaba arreglando otra. El argumento es bastante pobre y la acusación no deja muy bien parados a los que la esgrimen. El «inexperto» Guzmán les habría ganado la pulseada a los «estrategas» del Instituto Patria.

Según los trascendidos de quienes tienen llegada a la vicepresidenta, ella opina que mirando a las elecciones de 2023 el gobierno ya fracasó. Que lo que hay que hacer, y así deben entenderse todas las bravuconadas de funcionarios como Feletti o Larroque, es resguardar su propio perfil político. Hablar como oposición pero ser oficialismo. O mejor: hablar contra el ajuste mientras se lo aplica.

Si el acuerdo con el Fondo es un suicidio político, Cristina pretende dejar que ese precio lo pague solamente Alberto Fernández. Es una estrategia política, pero no tiene nada que ver con hacer algo en concreto para evitar que pase el ajuste y las políticas del FMI.

La jugada no deja de ser peligrosa. Si la cuerda se tensa demasiado y el Frente de Todos se rompe las consecuencias para la gobernabilidad capitalista del país serían desconocidas. Y esto en un contexto social muy frágil marcado por la pobreza y la precariedad laboral.

En todo ese marco, lo que hoy aparecen como disputas entre las esferas de poder podría revelar su verdadera cara: quién administra y cómo se lleva adelante una ofensiva de la clase capitalista que busca cuestionar relaciones de fuerzas entre las clases. Relaciones de fuerzas que todavía son subsidiarias de la rebelión popular que echó a De La Rúa y al FMI. Y tal como sucedió en aquel momento, para derrotar los planes del FMI es urgente que irrumpa en la escena política un actor independiente.

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