La clase obrera dice presente en la crisis nacional



     
    Los trabajadores de Donnelley ponen la planta a producir
     
    Con la pelea con los fondos buitres en un segundo plano, se han colocado en el centro las consecuencias de la falta de arreglo con los mismos. En nuestra edición anterior explicábamos que contradictoriamente con el aumento de la popularidad del gobierno como subproducto de haberse “plantado” contra Griesa y Cia., las secuelas económicas del impasse en la negociación se harían sentir rápidamente. Más recesión, alza en los precios, redoblada escasez de dólares, así como el incremento en la ola de suspensiones y despidos y por qué no, cierre de plantas.
    Esto es lo que está sucediendo a estas horas. Ha comenzado a hablarse de una “crisis industrial”. Incluso la Iglesia Católica ha manifestado su “preocupación por la crisis laboral”. Una preocupación preventiva respecto del posible desborde de la “cuestión social”.
    Pero no se trata solamente de la crisis y los planes de racionalización económica que están poniendo en marcha las patronales. Se trata, también, de cómo está creciendo la respuesta obrera a la crisis.
    Es ahí donde entran algunos de los históricos conflictos que vienen protagonizando sectores del proletariado industrial en los últimos meses. Es el caso de las autopartistas Gestamp y Lear, el de EmFer-Tatsa, y en estos momentos, la ocupación pacífica de la gráfica Donnelley por parte de sus trabajadores, entre otros casos.
     
    La crisis industrial
     
    Desde hace meses el país está en recesión. La devaluación de enero se sabía que iba a tener como consecuencia un retroceso económico. Se espera que la producción caiga entre un 1 o 2% respecto del año pasado.
    Las dificultades con los fondos buitres agigantan la recesión debido a la incertidumbre que generan: la paralización de los planes inversores, la falta de dólares, el freno a determinadas importaciones y otras consecuencias contractivas.
    De entre las diversas ramas de la industria, es la industria automotriz la que más está sufriendo la caída productiva, con la consecuente afectación en el plano del empleo. Crecen no solamente las suspensiones, sino abiertamente los despidos. Así las cosas, en el segundo trimestre del año la cantidad de trabajadores ocupados en la industria cayó un 2% respecto de un año atrás, mientras que en materia de horas trabajadas, la caída es del 3.4%.Y es evidente que el índice de suspensiones es mayor aun. Esto por no hablar de que está confirmada una caída del salario real en torno al 20% de su valor respecto del 2013.
    La profundización de la crisis industrial nos recuerdan las declaraciones del gordo Pignanelli dos meses atrás cuando suelto de cuerpo afirmaba que “para agosto la crisis recesiva estaría resuelta”, que las suspensiones serían sólo “transitorias” y que si los trabajadores se portaban bien, no habría despidos…
    Estos pronósticos interesados se han revelado falsos: la crisis recesiva ha llegado para quedarse y nos encontramos en el preciso momento donde las suspensiones se transforman en despidos.
    De ahí que la crisis industrial haya pasado al centro de la escena política en los últimos días. Y no solamente por las gélidas cifras de trabajadores despedidos sino centralmente por la respuesta activa que comienza a haber. Respuestas que no provienen de las centrales sindicales (oficialistas y “opositores”, ninguno está promoviendo medidas de conjunto), sino desde aquellas fábricas donde la izquierda tiene peso creciente.
    El caso más importante últimamente es el de Donnelley, dónde de manera arbitraria y provocativa la patronal de esta multinacional, que tiene 600 plantas en todo el mundo y ganancias millonarias, habría decidido cerrar sus operaciones en la Argentina. Esto más por razones políticas que económicas. Buscan sacarse de encima una molesta experiencia de lucha llevada adelante por una comisión interna independiente de la burocracia.
     
    “Hay que sacar a los zurdos de las fábricas”
     
    La suma de experiencias obreras ha venido creciendo en los últimos meses. Varias luchas han adquirido trascendencia nacional y colocado los reclamos de los trabajadores en la centro de la escena, motivando reuniones de urgencia del gabinete o declaraciones explícitas de Cristina.
    Quizás la pelea de impacto nacional más temprana de esta serie haya sido la de Gestamp, una lucha en condiciones difíciles con la mitad de la planta dirigida por la burocracia mecánica.
    Los compañeros de Gestamp se las arreglaron, sin embargo, para poner en la palestra el alerta que lo que se llamaban “suspensiones” no era otra cosa que despidos encubiertos como se pudo confirmar posteriormente en Lear. Y que además de los factores económicos los había políticos y tenían que ver con un plan de la burocracia mecánica en connivencia con el gobierno y las empresas de “barrer a los zurdos” del gremio, alerta que hicimos de manera “anticipatoria” desde nuestro partido[1].
    Frente a esta brutal ofensiva, entonces, la gesta del puente-grúa sentó un mojón, puso sobre la mesa la necesidad de recuperar los métodos tradicionales de lucha de lo trabajadores. Recuperación necesaria en las condiciones de un endurecimiento de la coyuntura, de un brutal ataque, consciente y sistemático, por parte de la Santa Alianza gubernamental, empresaria y burocrática para liquidar este tipo de experiencias: “sacar a los zurdos de las fábricas” como brama Pignanelli.
    Paralelamente, hubo otras experiencias de importancia en otros lugares del país como la ocupación de la autopartista Valeo en Córdoba por 17 días. O la lucha de Liliana en Rosario. O mismo también Waterford, por el reconociendo del derecho a sindicalización, también en la provincia mediterránea. O Calsa en la zona sur del gran Buenos Aires. De todas ellas fue la lucha de Gestamp la que logró mayor impacto nacional, cuando paralizó las terminales automotrices por varios días.
    Un segundo momento se produjo con la lucha de Cables Lear. El momento más álgido de esta tanda de luchas fue cuando coincidió la pelea de Lear con la ocupación de la EmFer[2]. Esto ocurrió un mes atrás. Con una base fogueada con varias peleas en su haber en los últimos años, los trabajadores de esta empresa productora de material ferroviario y del autotransporte, se terminaron atrincherando en la planta cuando no tuvieron otra alternativa. Ocuparon la misma varios días hasta que lograron que el gobierno les pagara lo adeudado y abrir una canal de negociación alrededor de la estatización de la planta.
    La ocupación de Donnelley
     
    Este tercer momento está marcado por las idas y venidas del conflicto de Lear. Y, sobre todo, por la lucha de los compañeros de Donnelley. La situación en Lear no es simple. Muchos compañeros arreglaron y la patronal impuso una larga suspensión de las tareas. Además, parte importante de la base ha sido ganada por la Verde (es difícil saber exactamente en qué proporción[3]).
    Sin embargo, subsiste un fuerte núcleo de compañeros activistas que quieren volver a entrar al tiempo que la interna ha obtenido varias cautelares a su favor. Se trata de un conflicto que ha tenido muchos tiempos, muchos momentos diversos, quizás no todos aprovechados de la manera más correcta, sobre todo por la unilateral tesis de que el mismo “podría ganarse desde afuera”, así como por la contraposición mecánica a las enseñanzas dejadas por Gestamp.
    En todo caso, la lucha que está en el candelero es la de los compañeros de Donnelley. La empresa les cerró la puerta en la cara aduciendo que estaba “quebrada”. Como consecuencia de la lucha el gobierno provincial se vio obligado a condenar la acción unilateral de la patronal de cerrar y dejar 400 compañeros en la calle. Y, en estas condiciones, dictar una conciliación obligatoria que no fue acatada por la empresa. Aprovechándose de esta conciliación, los trabajadores se metieron adentro de la planta y la pusieron a producir, medida esta facilitada por el hecho que Donnelley dejó incumplidas sus obligaciones con editoriales como Atlántida, la que necesita sacar sus revistas. Conclusión: esta editorial pasó un acuerdo para que le saquen la producción, y los trabajadores pusieron la planta a funcionar.
    Más allá de los avatares que están por delante en esta situación –si lo de la empresa es una maniobra para sacar el preventivo de crisis o su decisión de cerrar es definitivo (esto último parece lo más probable); qué pasará una vez que termine la conciliación obligatoria: si el gobierno provincial aceptará la estatización o intentará forzar la transformación en cooperativa de la empresa; si buscará, en realidad, su cierre previo pago de las indemnizaciones, o lo que sea-, lo que queremos destacar aquí son dos cosas.
    La primera es que le cabe a los luchadores y la izquierda tomar las banderas de la lucha, de la defensa de los puestos de trabajo, en las condiciones donde todas las fracciones de la burocracia deshojan la margarita, no toma ninguna medida de lucha dejando pasar la racionalización empresaria. Moyano sigue sin ponerle fecha al re-contra anunciado paro general…
    La segunda: cómo mediante duras luchas como la de Gestamp, EmFer, Lear o Donnelley, sectores de vanguardia de la clase obrera aparecen en el centro de la escena nacional con sus reclamos y un programa que apunta a que no sea la misma clase trabajadora la que pague las cuentas de la crisis.
     
    Que el gobierno se haga cargo
     
    Hace tiempo que la izquierda viene dilatando toda respuesta a la coyuntura nacional. El ajuste, el problema del no pago de la deuda externa, la racionalización empresaria en las industrias, los variados conflictos y la persecución a la izquierda. Todo esto hubiera requerido una respuesta de conjunto.
    Desde nuestro partido planteamos reiteradas veces la necesidad de realizar un Encuentro Nacional del Sindicalismo Combativo que unificara los espacios de Atlanta y el SUTNA. Al mismo tiempo, también planteamos que el FIT en conjunto con nuestro partido, debía plantarse como un polo político frente a la coyuntura nacional. Planteamos también la necesidad de rodear las luchas que aisladamente se están dando, al tiempo que exigir conjuntamente desde esas mismas luchas la convocatoria a un nuevo paro nacional.
    Lamentablemente, hasta el momento, no ha habido iniciativas en este sentido. Se está hablando de la realización de alguna marcha unificada, pero todavía no está claro el debate al respecto.
    Por nuestra parte opinamos que ya es hora de poner en marcha una gran movilización unitaria haciendo responsable al gobierno por la crisis y exigiendo soluciones. Una movilización por el triunfo de Donnelley, Lear y de las demás luchas en curso, por el no pago de la deuda externa, contra el ajuste y la racionalización empresaria, contra los despidos y las suspensiones y a favor de la reapertura de las paritarias. Una gran movilización obrera y de la izquierda a la Plaza de Mayo que coloque más de conjunto los reclamos obreros en la agenda nacional.
     
     
    [1] La reciente solicitada de la Verde amenazando a los compañeros de la interna de Lear es un calco de una de igual tenor sacada cuando la lucha de Gestamp. Solicitada que desmentía esa pavada esgrimida desde muchos sectores de la izquierda de que “no había que tomar la planta contra suspensiones”. Pero resultó ser que esas supuestas “suspensiones” no eran más que despidos encubiertos, tal cual se pudo confirmar en Lear, donde la planta no se tomó y, sin embargo, los despidos en masa llegaron igual…
    [2] El conflicto en Lear comenzó “pisándose” que la última jornada de la toma del puente-grúa. Quizás, habría sido posible establecer allí una coordinación de ambas luchas. Sin embargo, al comienzo el Lear los compañeros tenían muchas expectativas de que su suerte no iba a ser la de Gestamp. Hubo que recorrer dos meses de lucha para comprender que su situación era parte de una misma ofensiva de la patronal, la Verde y el gobierno por barrer esta experiencia independiente.
    [3] A nuestro entender, la pérdida de parte importante de la base en manos de la burocracia es uno de los déficits mayores que viene teniendo este conflicto en las últimas semanas. Los trabajadores no aparecen como protagonistas de las acciones, las que si logran notoriedad e impacto nacional sin duda alguna, le dejan el argumento de la burocracia de que es ella la que “representa” a la mayoría de los trabajadores y el reclamo del “queremos trabajar”…

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