La calma y la tormenta

La construcción de un polo político de referencia se hace más urgente en este momento parte aguas de la política, donde los partidos del sistema dejan sus diferencias de lado para ir todos juntos a los pies del FMI.

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Dos vivencias opuestas se registran en la sociedad. Para la gente de a pie, los laburantes y la juventud, la mirada está puesta en las fiestas, el cierre de año, eventualmente las vacaciones; todo esto en la variopinta situación de crisis social que afecta en grados bien diversos a los de abajo. Un fin de año con más vueltas a la vida social, luego de dos años cruzados mayormente por la pandemia y sus efectos reaccionarios, y que generan la expectativa del merecido reencuentro y del descanso. El año pareciera llegar a su fin por un camino calmo, pavimentado por el reciente resultado electoral, luego de un largo tramo de ripio y rutas sinuosas.

Pero si miramos desde la situación económica, las recientes medidas de gobierno, y las señales que se transmiten desde las coaliciones políticas oficialistas, la vivencia es completamente distinta. Luego del mensaje grabado por Alberto Fernández en el que anunció un acuerdo plurianual para las primeras semanas de diciembre, aún sin los resultados de las elecciones que le devolverían el alma al cuerpo y la sonrisa a la cara, las negociaciones con el FMI han vuelto a copar la escena política.

Pero con una diferencia. El gobierno ya no maneja los tiempos con el margen político del que hizo alarde desde el 2019 hasta la fecha. Se terminaron las palabras y la crisis económica que actuaba como fondo de la situación, volvió a irrumpir en la escena. No hay dólares para que la economía funcione regularmente y lo que está por delante de manera inmediata son los vencimientos de intereses de deuda. El cronómetro está ahora en manos del Fondo. Sin acuerdo inmediato con el FMI no sólo entra en crisis la orientación económica del gobierno, el gobierno mismo, o las pretensiones de poder de Juntos, sino los propios intereses de la burguesía y el funcionamiento capitalista normal del país. Mientras que, con acuerdo, el plazo de gracia para los pagos, la “calma de los mercados”, sumado al pacto vía Congreso de todo el arco político capitalista (desde Milei hasta el Frente de Todos), la burocracia sindical, y los medios masivos de comunicación, actuarían como un inhibidor momentáneo (no absoluto) de la clase trabajadora y la juventud que pagarán la estafa de Macri legitimada por el Frente de Todos con ajuste. Un ajuste con mayúsculas, como no se ha vivido desde los 90 a la fecha.

Así las cosas, una falsa sensación de tranquilidad convive con una situación crítica que exige resolución inmediata, a riesgo de que la economía estalle en un plazo breve, y cuya resolución capitalista sólo puede traer más sufrimiento a los trabajadores.

La confesión oficialista de la escasez

Días atrás el gobierno lanzó una serie de medidas diversas que configuran un ataque a sectores de trabajadores y de clase media que retrata más la escasez de divisas y la necesidad de apretar el torniquete del ajuste, que dé efectividad en términos de ahorro estatal de dólares.

Nos referimos, en primer lugar, a la prohibición de la compra de pasajes y servicios de viajes al exterior (sea a otro continente o un país limítrofe) en cuotas. El argumento de esta resolución es el hecho de que el Banco Central, cuando se realiza una compra de pasajes o, pongamos por caso, el alquiler de un alojamiento en el exterior, debe retribuir el monto total en dólares de inmediato a la empresa correspondiente. Mientras que, por el contrario, el usuario paga el costo en cuotas pesificadas según el valor de  cambio del día, por lo que cuando el  precio del dólar en pesos sube, el comprador no se ve afectado por el incremento, mientras que el Banco Central recibe en mes a mes pesos devaluados, es decir, absorbe la diferencia. Si el dólar se mantuviera estable esto no sería un problema, pero la realidad es que la devaluación ha sido permanente en los últimos años (desde el gobierno de Néstor Kirchner a la fecha) y la presión por ir a una nueva devaluación es muy grande.

En función de esto, el oficialismo ha hablado de poner fin al subsidio de las compras en cuotas. Desde luego que es significativo que aquellos trabajadores que deciden viajar al exterior y que sólo pueden hacerlo pagando en cuotas (y ojo que, contra todo prejuicio, no sólo la clase media viaja al exterior, sino también trabajadores fabriles, docentes y de la salud, etc.) ya no podrán hacerlo.  Mientras tanto los verdaderos ricos del país podrán seguir viajando sin problemas. La medida ha pegado más fuerte en los sectores medios (los trabajadores ya habían escuchado bajo el macrismo que era hora de terminar con eso de que cualquier laburante pueda irse de vacaciones o hacer gastos supuestamente suntuosos) y es aprovechada por los medios opositores para dar rosca por derecha contra el gobierno.

Pero lo que es realmente significativo de la medida es que desnuda la escasez de divisas que afronta el país. En octubre de este año, según datos oficiales, la compra de pasajes y servicios de viajes al exterior fue por la suma de 265 millones de dólares; o sea, nada. Para contrastar el dato (recientemente reflotado por el editorialista de La Nación, Joaquín Morales Solá) recordemos que  se calcula que los capitalistas del país tienen en el exterior del país la abultada suma de 400 mil millones de dólares. El gobierno de Todos se ha mostrado incapaz de tocar un centavo (real, no la burla de la contribución por única vez, que encima fue acompañada por el ajuste del cálculo de haberes jubilatorios) a la burguesía local, además de avalar otras estafas contra el propio Estado, como la de Vicentín.

Una medida de gobierno cuyo costo político lo paga fundamentalmente entre las capas medias, un sector que tiene capacidad de mover el amperímetro político por su peso social en el país y donde un sector ha girado hacia la derecha e incluso a la derecha extrema, como muestran los resultados electorales en CABA, y que supo ser, en una porción mayoritaria, base social del kirchnerismo. Pagar ese costo político por tan pocos dólares dan cuenta de la escasez de reservas que afronta el país, ya no meramente de cara a los pagos de vencimiento de deuda por unos 2 mil millones de dólares a fines de diciembre, sino incluso para el funcionamiento diario de la economía que requiere de divisas para comprar insumos y todo tipo de pagos de servicios, aranceles, etc., que hacen a la producción y el consumo diarios.

Junto con esta medida, otra desagradable y que afecta específicamente a los trabajadores es el fin de la doble indemnización para fin de año. Una nueva concesión a los empresarios que da cuenta que la orientación de crecimiento económico de Alberto Fernández y su coalición es a costa de los trabajadores. O el aumento del 53% a monotributistas, muchos de ellos trabajadores del Estado, que significa un ajuste directo y que sigue la lógica de aumentar la recaudación de cara al acuerdo con el Fondo.

Volviendo al “modo fin de año” que se vive entre los trabajadores, hay que agregar que nadie come vidrio. Junto con la sensación de cierta tranquilidad en el sentido de terminar el año sin nuevos sobresaltos, convive la conciencia de la degradación social, del empobrecimiento de amplias capas sociales, y de las diversas situaciones de crisis social que se vive en los barrios, un legado de la pandemia y la política económica oficialista.

Esta situación de crisis económica expresada en la escasez de reservas y que podría obligar al gobierno a medidas más desagradables de no lograr un acuerdo en el plazo breve con el FMI, que le diera “aire” en lo inmediato a cambio de un ajuste profundo a corto y mediano plazo, es un peligro real que podría tirar por la borda la pasividad con la que se vive desde el inicio de la pandemia (más allá de algunos algunas luchas importantes como la de los tercerizados de EMA u otros). Es decir, si se combina la crisis económica y social con un ataque directo a sectores de masas, la calma podría volverse tormenta que dé lugar a que la carestía y la miseria contenidas por los sectores piqueteros oficialistas y las burocracias sindicales se expresen en movilizaciones, e incluso en saqueos.  Eventualidades que desde luego el gobierno intentará evitar a toda costa, pero que a esta altura no parece depender exclusivamente de su mera voluntad y que lo apresta a arrodillarse para asumir plenamente el tutelaje del FMI.

Hay que marchar con la izquierda contra el FMI

Luego de un largo silencio, Cristina Fernández publicó una carta que admite lecturas para conformar a unos y otros oficialistas: respecto del sector albertista, han leído en la frase de que “la lapicera la tiene el presidente”, un apoyo y reconocimiento de autoridad. En el caso del ala kirchnerista, cierto despegue de la decisión del presidente. Pero más allá de las hábiles ambigüedades, admite lo que todos (incluidos los opositores) querían escuchar: que hay que acordar con el Fondo. Y pone en evidencia nuevamente la ausencia de alternativa de gobierno que expresa la vicepresidenta, que no ha sacado los pies del plato más allá de los clásicos firuletes para el público propio.

Esto no deja de ser un elemento de crisis para los sectores de la amplia base K, que aún anhelan que las promesas de “no pagar con del sufrimiento de los de abajo” sea real, y más para su ala más a la izquierda (pero no independiente) con expectativas que no borren de la bandera “Patria o FMI” la primera parte. Si bien es impensado que alguno de estos sectores rompa con el gobierno en lo inmediato, no descartamos que ante situaciones de crisis mayor ese irrupciones de malestar no encuentren en la izquierda roja un espacio que los contenga. Una posibilidad que dependerá de la inteligencia política de la apuesta (contra toda mezquindad e infantilismo) a la unidad de acción y frentes únicos con puntos aglutinadores como puede ser el “No al acuerdo con el FMI” que hemos alzado conjuntamente de cara al 11 de diciembre.

En este sentido, es un avance muy importante la conformación que impulsamos desde la izquierda de un espacio abierto a todos aquellos que coincidan con esta consigna. Una apuesta que tiene como punto de partida la movilización para el sábado 11 de diciembre para rechazar el acuerdo con el Fondo, y que debe profundizarse, habida cuenta de la crisis enorme y de un pacto con el organismo de crédito que significaría un ataque brutal al movimiento de masas.  Si la representación política que ha logrado el FIT-U y el Nuevo MAS en nombre de la izquierda argentina es importante, también es real que las dificultades en traducir esa fuerza electoral en fuerza de movilización y orgánica (algo que nadie puede ser tan ingenuo de ignorar) puede y debe ser compensada con frentes únicos que contrarresten las debilidades.

La construcción de un polo político de referencia se hace más urgente en este momento parte aguas de la política, donde los partidos del sistema (desde Milei y Espert, pasando por Larreta, Vidal, Macri y Bullrich, hasta Alberto Fernández y Cristina Fernández) dejan sus diferencias de lado para ir todos juntos a los pies del imperialismo a costa del pueblo. Más que nunca la izquierda debe alzar la voz en defensa de los trabajadores, las mujeres y la juventud, con una alternativa que parta de rechazar el pago al Fondo.

Desde el Nuevo MAS nos comprometemos con todas nuestras fuerzas a movilizar junto con los trabajadores organizados en la Corriente Sindical 18 de Diciembre, agrupaciones sindicales y de trabajadores precarizados, con los repartidores de SiTraRepA, la juventud del ¡Ya Basta!, Las Rojas, nuestra agrupación ecológica anticapitalista AEA, y todas las influencias que hemos conquistado sin dejar de militar un día bajo la pandemia. Todo en función de reventar la Plaza de Mayo contra el pago al FMI.  No hay tiempo que perder, que no quede nadie sin ser invitado a nuestra columna, que expresará además del No Pago al FMI, la exigencia del aumento de salario mínimo a 100 mil pesos indexado por inflación, la elevación de las retenciones al agro (fuente privilegiada de dólares) al 50%, el fin del impuesto al salario, la efectivización de todos los trabajadores para poner fin a la precarización laboral, y todo un plan de elevación de las condiciones de vida por la vía de obras públicas, triplicación del presupuesto de educación y de la salud. ¡Salgamos a la cancha ya!

Si llegaste hasta acá es porque valorás que, entre tantos medios que defienden intereses capitalistas, exista un portal de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

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