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Elecciones en Chile

Kast: un triunfo holgado, pero con contradicciones

Tal como apuntaban las encuestas, José Antonio Kast se impuso en el balotaje de las del pasado domingo (14) en Chile. Con un 58,2% de los sufragios, superó holgadamente el 41,8% que recibió la oficialista Jeannette Jara.

Además, el republicano sumó 7.225.021 millones de votos, con lo cual se convirtió en el presidente más votado en la historia del país andino. Por si esto no bastara, triunfó en todas las regiones del país.

Este resultado ilustra la magnitud de la derrota que sufrió el gobierno de Gabriel Boric, el cual llegó al poder en 2021 como subproducto de la rebelión popular que sacudió al país en 2019 y, aunque generó enormes expectativas entre la vanguardia y sectores del movimiento de masas, terminó su mandato provocando una enorme decepción ante la frutración de los intentos de cambio.

El “nazi de Paine” que gobernará en La Moneda

José Antonio Kast tiene 59 años, es abogado de profesión y cuenta con un largo historial como político orgánico de la burguesía chilena. Es conocido como el “nazi de Paine”, en referencia al lugar donde se asentó su familia de origen alemana, así como al hecho de que su padre fue miembro del Partido Nazi.

Desde inicios de los años noventa se sumó a la Unión Democrática Independiente (UDI), un partido conservador y neoliberal fundado por Jaime Guzmán, colaborador de la dictadura de Pinochet y que además fue unos de los artífices de la constitución de 1980.

Con la UDI desarrolló gran parte de su carrera política. Comenzó como dirigente juvenil, luego fue concejal en Bulin y, posteriormente, se desempeño como diputado por cuatro períodos consecutivos. Los relatos de la época lo retratan como una figura disciplinada, con un perfil político conservador y con mucho arraigo político en su territorio.

Por otra parte, desde mediados de la década pasada comenzó a distanciar de la derecha tradicional y, por tal motivo, en 2016 rompió con la UDI y comenzó a hacer su propio camino. Así, Kast pasó del conservadurismo neoliberal a defender posiciones de extrema derecha, algo que se acentuó tras el estallido de la rebelión popular de 2019, ante la cual se posicionó como el político de la contra-rebelión. De hecho, fue en ese mismo año que fundó el Partido Republicano.

En el campo de la extrema derecha internacional, sostiene relaciones con el clan Bolsonaro en Brasil y con sectores de la extrema derecha europea, como es el caso de Vox en España.

En la campaña de 2021 se transformó en el fenómeno electoral de la derecha, pues ganó la primera ronda con un discurso contra los inmigrantes y pregonando la mano dura contra la delincuencia común. Además, declaró que “si Pinochet estuviera vivo, votaría por mí”, con lo cual dejó en claro que sostenía una relación más abierta con el pasado de la dictadura.

En esta ocasión, se alejó un poco del discurso de extrema derecha y asumió un perfil de derecha menos radical. Es decir, se moderó un poco discursivamente y adoptó un perfil más conservador, dejando de lado la agenda radical que caracteriza a la extrema derecha, principalmente en lo que atañe a la llamada “batalla cultural”. El eje de su campaña fue polarizar la sociedad contra los inmigrantes, a quienes responsabilizó de los problemas de inseguridad; además, prometió ejecutar un ajuste de 6 mil millones de dólares del presupuesto fiscal, lo cual solo será factible de realizar atacando las condiciones de vida de la clase trabajadora.

¿Por qué la elección giró tanto a la derecha?

En 2019, Chile fue escenario de una impresionante rebelión popular, la cual cuestionó abiertamente el régimen político y económico neoliberal que se impuso tras el final pactado de la dictadura y la transición a la democracia burguesa. “No son treinta pesos, son treinta años”, fue el grito de los manifestantes durante las jornadas icónicas en la Plaza Italia de Santiago.

Ahora, en 2025, el país fue escenario de una campaña totalmente girada a la derecha, en la que triunfó el candidato que se presentó abiertamente como un enemigo de la rebelión popular y defensor de la constitución heredada por la dictadura. Además, la campaña electoral estuvo marcada por la agenda que impusieron los candidatos de la extrema derecha desde la primera vuelta (Kast y Kaiser), principalmente con sus propuestas represivas para “resolver” los problemas de inseguridad y sus discursos abiertamente xenófobos contra los migrantes.

¿Cómo se explica este giro de 180 grados en la situación política del país? En primer lugar, fue determinante la derrota del proceso constituyente, un operativo en el que tuvo una enorme responsabilidad el gobierno actual. Boric fue electo para liderar el proceso de cambio constitucional, pero durante todo su mandato fue cómplice de las maniobras de la derecha para congelar la rebelión y desgastar el proceso constituyente en un sinfín de votaciones que terminaron beneficiando a la derecha[1].

Por este motivo, Boric entregará el gobierno dejando intacta la carta magna de la dictadura, demostrando el fracaso de la “izquierda” reformista chilena para derrotar la herencia de Pinochet y enfrentar a sus nuevos representantes de la extrema derecha. A pesar de que el gobierno realizó algunas reformas progresistas de baja intensidad, no revirtió las relaciones de fuerza del régimen de los “treinta años” post dictadura.

En este escenario, es comprensible que un sector del electorado viera en las candidaturas de extrema derecha una “alternativa”, pues fueron las únicas que se presentaron con un discurso disruptivo que promete cambiar el estado actual de las cosas.

Es una salida falsa, pues la extrema derecha no cuestiona el capitalismo que origina la desigualdad social que aqueja a las masas explotadas chilenas. Pero, dado el fiasco que fue la experiencia “progresista” de Boric y la derrota de la rebelión, el “cambio” que promete Kast es tentador para los sectores de la población que, con justa razón, están desencantados con sus condiciones de vida.

Por este motivo, la extrema derecha pudo marcar el ritmo de la campaña electoral, instalando los debates y obligando al resto de los partidos a ubicarse a la derecha. Esto ocurrió con el tema de la inseguridad que, de forma oportunista y reaccionaria, la extrema derecha explotó como la causa de los problemas del país (en particular de la inseguridad ciudadana), ocultando así las raíces de los problemas sociales en las profundas desigualdades sociales que atraviesan a la sociedad chilena.

Asimismo, es indudable que guarda sintonía con la agenda impuesta por Trump, de la cual se alimenta la extrema derecha a nivel internacional.

Lo peor del caso, es que la xenofobia no fue exclusiva de la extrema derecha. Además de que el gobierno de Boric tomó posturas represivas contra la migración a lo largo de su mandato, también tuvieron mucha repercusión las asquerosas declaraciones del diputado socialista Daniel Manouchehri, quien en un debate en la Cámara de Diputados sobre las multas al voto obligatorio, aseguró refiriéndose a Venezuela que los de la derecha “quieren transformar a Chile en Chilezuela. Quieren que el debate presidencial de Chile se trate de lo que pasa en una isla en el Caribe. Nosotros no queremos que nuestra política sea de arepa y ron”.

Por otra parte, según un estudio de Panel Ciudadano UDD realizado en mayo anterior, un 70% de los migrantes residentes en el país se declararon simpatizantes de las candidaturas de la extrema derecha y la derecha, a pesar de que fueron quienes promovieron con más insistencia los ataques contra la migración. Excluyendo a quienes declararon que votarían nulo y los que aseguraron no saber por quien votarían, la preferencia de voto se distribuía de la siguiente forma: Kast encabezó la intención de voto con un 37,8%, seguido por Matthei con el 32,2% y, por último, Kaiser con el 15,4%.

Una posible explicación es la “solidaridad” que expresó la derecha con los migrantes venezolanos, en particular durante el gobierno de Piñera, durante el cual se promovió la recepción de migrantes procedente de dicho país para utilizarlos como argumento contra el gobierno de Maduro. Además, la población migrante venezolana suele ubicarse a la derecha, dado que asocian el socialismo y la izquierda con el desastre social y autoritario del régimen chavista.

Por último, un aspecto de enorme importancia fue la reinstalación del voto obligatorio. Esta fue una maniobra de la derecha que, en el marco del proceso constituyente, presionó para que se instaurara la obligatoriedad del voto y la imposición de fuertes multas económicas para quienes no concurrieran a las urnas. El gobierno de Boric fue cómplice de eso, pues apoyó la medida alegando que el voto obligatorio era una medida para “enfrentar la espiral de abstención que silencia la voz de los más jóvenes y de los más pobres”.

De esta forma, garantizó una sobre representación de los segmentos conservadores y despolitizados de la población en los procesos electorales, algo que quedó demostrado en la primera vuelta, en la que se calcula que votó el 85% del padrón electoral. Para tener una comparación, en 2021 cuando el voto era voluntario, concurrió menos de la mitad del padrón (un 47%)

Lo anterior benefició a Kast en la primera vuelta y el balotaje, porque el voto del interior (que usualmente es más conservador) se decantó por apoyarlo contra la “comunista” de Jeannette Jara.

Preparar la resistencia contra el gobierno de Kast

Tras conocerse los resultados oficiales, Jara se desplazó hasta la sede del Partido Republicano para felicitar a Kast personalmente. Asimismo, Boric cumplió al dedillo con las formas institucionales del país, pues llamó al ultraderechista y le dijo que “la república es más grande que usted o yo”.

Lo anterior deja en claro el grado de adaptación de la “izquierda” reformista e institucional chilena. El Frente Amplio (FA) de Boric y el Partido Comunista (PC) de Jara, están totalmente integrados al régimen y, por tanto, son enemigos de cualquier perspectiva de cambio que amenace con sobrepasar los límites del juego parlamentario.

Ambos partidos, independientemente de sus matices, fueron cómplices de la derrota de la rebelión de 2019 y frustraron la posibilidad de concretar un cambio constitucional radical que mudara las relaciones de fuerzas heredadas por la dictadura.

Es más, el FA y el PC tan siquiera son capaces de romper con las “tradiciones” de la diplomacia burguesa para alertar a los trabajadores, mujeres, jóvenes y pueblos originarios del peligro real que encarna la llegada al poder de una figura de extrema derecha como Kast, cuyo gobierno en sí mismo constituye una declaración de guerra social contra los sectores explotados y oprimidos.

Por todo lo anterior, es necesario superar la experiencia con la “izquierda” del orden en Chile y, desde ya, preparar la resistencia contra el gobierno de Kast. Aunque obtuvo una amplia votación, todos los analistas coinciden en señalar que fue un voto de castigo al gobierno de Boric y en procura de una posible solución ante los problemas del país. Es decir, el 58,2% con que ganó el republicano no representa una base electoral de extrema derecha, sino un voto pragmático y coyuntural. Esta contradicción abre un campo de posibilidades para construir la resistencia, pues el ajuste que va implementar será caldo de cultivo del malestar de las masas que, sin duda alguna, sufrirán en carne propia las consecuencias de dicho ajuste (ver el caso de la Argentina de Milei).

[1] Para profundizar sobre la trampa de la Convención Constituyente, remitimos a la lectura del artículo Chile: llamamos a votar “en contra” en el plebiscito constitucional

 

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