Juan Grabois y el «progresismo» testimonial

La interna del oficialismo, la contención social y una colectora de Massa.

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Juan Grabois

Se acercan las Primarias del 13 de agosto y la campaña se acelera. La alianza opositora (Juntos) acelera el choque de su interna, con Bullrich y Larreta sacándose los ojos cada vez que pueden. Llamativamente, la interna de Unidos por la Patria avanza mucho más tranquilamente, sin choques abiertos entre sus candidatos.

Sergio Massa espera prácticamente en silencio con la esperanza de que los tres meses cortos que restan para octubre alivien la crisis de divisas de su gestión. El superministro da por descontado su victoria en la interna y prefiere no quemar ningún cartucho antes de las elecciones de verdad, las generales de octubre.

¿Y qué pasa con Juan Grabois? Es cierto que el candidato progre de la interna oficialista gana exposición en los medios con el pasar de los días. Pero el dirigente de Patria Grande parece negarse a confrontar directamente con Massa y el resto de la coalición. Hasta los medios oficialistas señalan una supuesta lógica de fair play en la interna.

¿Qué significa esto realmente? En pocas palabras, que Massa y Grabois buscarán cada uno su electorado sin pisarse para, después de las PASO, intentar reunir a ambos sectores bajo un mismo candidato. Candidato que será Massa y no Grabois. Así lo dicen no sólo las encuestas sino el propio espacio político que lidera Grabois.

Ganar la interna está fuera de todo cálculo de posibilidad. Massa cuenta con 3 décadas de gestión dentro del Estado argentino, con interminables panquequeos y cambios de espacio. Además tiene detrás suyo al aparato del PJ nacional. Esto implica gobernadores, diputados, senadores, intendentes, concejales, cientos de locales y organizaciones barriales de todo el país. Grabois se lamentó cuando ese mismo aparato le dio la espalda a la interna encabezada por Wado de Pedro.

Con esto en mente la pregunta es: ¿por qué o para qué se presenta Grabois, si ganar la interna está descontado de antemano y no presenta ni un solo candidato propio en el resto de la boleta?

¿La triple T?

Veamos primero las propuestas de Grabois. “Queremos condicionar con un programa popular” decía Grabois en una entrevista reciente. “Y quiero decirle a mi rival, Sergio Tomás Massa, que si quiere que la gente que nos acompañó lo milite, tiene que haber un programa de Tierra, Techo y Trabajo”.

Una vez más, es el propio Grabois quien da por descontado que el ganador de la interna será Massa. No se presenta para competir por la presidencia, sino únicamente para condicionar el “programa” de Massa de cara a octubre. ¿Cuáles son los condicionamientos que quiere introducir Grabois?

En principio, parecerían condiciones bastante ambiciosas para un oficialismo que impuso un ajuste constante durante los últimos cuatro años. “Entre que la gente coma y pagarle al acreedor [se refiere al Fondo Monetario Internacional], elegimos que la gente coma” decía Grabois en un acto en el municipio de Lomas de Zamora. “Eso es lo que vamos a hacer nosotros y por eso nos tienen tanta bronca, no le vamos a dar un mango, y van a ver cómo alcanza el presupuesto ahí”.

El acuerdo con el FMI funciona en los hechos como un tutelaje sobre la economía y el gobierno del país. Cada dólar que entra a las arcas del Estado va al pago de la deuda con el Fondo. Mientras, la sequía de reservas empuja el peso a la devaluación y encarece los precios, licuando los salarios de los trabajadores.

Pero fue la gestión de Alberto Fernández, Cristina Kirchner y el propio Massa la que cerró el actual acuerdo con el Fondo y mantuvo el compromiso de pagar, aún con el país en crisis y la pobreza escalando. ¿Cómo espera Grabois eliminar al FMI de la ecuación manteniendo toda la estructura de funcionarios del oficialismo massista?

El candidato no creyó necesario aclarar este detalle. Teniendo en cuenta que ya da por descontada la derrota, no es ninguna sorpresa. Las propuestas de Juan Grabois son sólo palabras.

Condicionar un programa que no existe

“Concientes de la imposibilidad de ganar la interna […] militantes y referentes se entusiasman con un batacazo de más de 7 puntos que funcione como condicionamiento de una futura candidatura de Massa, primero, y de un gobierno de UxP, después” (Página12, 28 de julio).

Una vez más, el sincericidio político: ganar la interna está fuera de los cálculos.

Lo mejor dentro de lo posible sería un modesto 7% en las PASO. El guarismo es pobre por varias razones. Primero, porque se trata de el candidato del ala progresista (si todavía existe tal cosa) del peronismo, el partido político más grande del país. Apuntar a un 7% del electorado no es otra cosa que confesar las culpas del oficialismo. Cuatro años de gestión gestión ajustadora le hicieron perder al peronismo una porción enorme de su base electoral. Segundo, porque estamos hablando de una elección primaria, de mentira. Un 7% de los votos no le darán a Grabois ni un diputado, senador, intendente o concejal en las elecciones generales.

Volvemos a la teoría del condicionamiento. Pero ¿cómo condicionará una candidatura del 7% el programa de Massa? Programa que, dicho sea de paso, no existe. Y esto no lo dice la izquierda, sino el oficialismo. Fue el propio Cuervo Larroque, dirigente de La Cámpora, quien dijo hace pocas semanas que el programa del oficialismo no existe. Este abandono de todo «proyecto» en pos del pragmatismo es sintomático de la debacle del progresismo dentro de la alianza peronista.

“Nosotros estamos para condicionar a Unión por la Patria” dice Grabois. “No voy a ser ministro de Massa […] Si pierdo [es decir, cuando pierda] voy a tratar de acompañar para que nuestros principios sociales estén dentro del programa del Gobierno”. ¿Podrá un 7% de votos en una elección primaria imponer la triple T de Tierra, Techo y Trabajo dentro de un gobierno de Massa? Nos permitimos dudarlo.

La Argentina está en crisis y el Fondo Monetario (además de la oposición y todo el empresariado argentino) presiona para un ajuste mucho más fuerte, con contrarreformas estructurales. Eso significa aún menos tierra para viviendas así como miles de despidos, peores condiciones de contratación laboral y salarios de hambre.

En 2019, Cristina Kirchner propuso a un gris burócrata (Alberto Fernández) para la presidencia. Se suponía, según decían sus militantes, que el peso propio de su figura, en la vicepresidencia, evitaría excesos del ala conservadora del PJ.

No sucedió tal cosa. La figura de Cristina no evitó el acuerdo con el FMI, ni el aumento sideral de la pobreza. Tampoco evitó la crisis habitacional que recorre el país y se agudizó con la pandemia. Cuando miles de familias reclamaban Tierra y Techo en Guernica, la figura de Cristina no evitó el desalojo ni la represión. Fue el propio Kicillof quien la llevó adelante. Cuando empresas millonarias como Garbarino o Edesur dejaron miles de trabajadores en la calle, la figura de Cristina no se impuso para garantizar Trabajo.

La figura de Cristina, el ídolo del progresismo argentino que ganó una elección con más del 50% de los sufragios, no condicionó (ni intentó condicionar) el programa de ajuste del peronismo durante los últimos cuatro años. ¿Por qué sucedería algo distinto con la figura de Juan Grabois, un dirigente social entre tantos otros y que, en caso de batacazo, alcanzaría un tímido 7% de los votos en una elección preparatoria?

Contener es jugar para Massa

Una medio oficialista escribió hace poco: “El líder del MTE [Grabois] busca sacarse de encima el estigma de que la suya es una candidatura de ‘contención’: contención para el kirchnerismo paladar negro, contención para el votante progresista que podría terminar votando a la izquierda, contención para el cristinismo que quedó molesto por la forma que se bajó intempestivamente la candidatura de Wado de Pedro” (Página12, 28 de julio).

Cuando se miran las propuestas de Grabois (obligar a Massa a romper con el FMI… con un 7% de los votos en una PASO) lo único que queda en pie es el estigma de la contención. Eso es lo único a lo que la candidatura de Grabois puede aspirar. No por una cuestión de muchos o pocos votos. Sino por la simple razón de que su candidatura es literalmente testimonial.

Después de las PASO, lo único que quedará de Grabois será el recuerdo. Ni un candidato propio en la lista definitiva de Unión por la Patria. Y esto no es una imposición despótica del PJ, sino una decisión de Grabois. Fue él quien decidió no presentarse por fuera del oficialismo ni presentar candidatos propios en el resto de las categorías electorales.

¿Para qué sirven entonces los votos que pueda sacar Grabois en agosto?

Le servirán seguramente al oficialismo para engrosar los guarismos de la coalición y no quedar fuera de carrera en agosto. Le servirán al kirchnerismo para robarle votos a la izquierda y no perder anticipadamente la simpatía de un sector de su base electoral. Y le servirán a Massa para competir por la presidencia en octubre, si Grabois convence a sus votantes de votar a Massa.

Justamente por esto es que Manuela Castañeira, la candidata de la izquierda anticapitalista, calificó a Grabois de ser “una colectora de Massa”.

A los trabajadores del país que ven con preocupación la situación económica y la miseria salarial, el voto a Grabois no les servirá de nada. Su candidatura es testimonial, sus propuestas no son siquiera promesas, sólo palabras.

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