El orgullo no se prohíbe

Jorge Macri quiere prohibir la Marcha del Orgullo por la visita del Papa

En los últimos días se dio a conocer una resolución del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que establece que no se autorizarán eventos, diversiones ni actos en el espacio público entre el 6 y el 13 de noviembre, en el marco del operativo por la visita del Papa León XIV a la Argentina.

Tal como se hace todos los años, la Comisión Organizadora de la Marcha del Orgullo fijó la fecha con anticipación y ahora, por la visita del Papa León XIV, el Gobierno de la Ciudad pretende cambiarla de manera arbitraria, sin consultar previamente a las organizaciones que vienen preparando durante un año una de las movilizaciones más masivas de Buenos Aires.

La medida alcanza directamente al sábado 7 de noviembre, fecha establecida para la 35ª Marcha del Orgullo. Y el argumento del Gobierno porteño presenta una contradicción evidente: la propia resolución establece que la visita del Papa se desarrollará entre el 8 y el 11 de noviembre. Es decir, el operativo que se utiliza como argumento para impedir la marcha alcanza también el día anterior a la llegada del pontífice.

Esta medida constituye una clara provocación a las diversidades. La Marcha del Orgullo es una conquista de décadas de organización y lucha de las diversidades. No es un evento que pueda ser desplazado por decreto para garantizar que el espacio público quede disponible frente a una visita oficial.

Además, las organizaciones de la diversidad vienen organizando desde el año pasado la 35ª Marcha del Orgullo. La movilización reunió en su última edición a alrededor de dos millones de personas, con participantes que llegaron desde distintos puntos de la Argentina y también desde otros países.

La marcha implica meses de organización: carrozas, feriantes, escenarios, equipos de sonido, artistas, organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles y políticas, además de una enorme cantidad de personas que se movilizan hacia la Ciudad de Buenos Aires para participar de la jornada.

No se trata, entonces, de mover una fecha en un calendario. Detrás de la Marcha del Orgullo existe una organización que comienza con mucha anticipación y que no puede ser modificada arbitrariamente por una resolución del Gobierno porteño.

Desde las organizaciones que integran la Comisión Organizadora de la Marcha del Orgullo ya dejaron en claro que la fecha se mantiene: será el 7 de noviembre, tal como fue establecida desde el año pasado. El reclamo de la Ciudad apunta a trasladarla al 21 de noviembre, una modificación que las organizaciones rechazaron.

La resolución de Jorge Macri establece una restricción general sobre los eventos en el espacio público entre el 6 y el 13 de noviembre, pero contempla las actividades vinculadas a la agenda oficial de la visita papal. De esta manera, mientras se restringe una movilización masiva organizada por las diversidades, se garantiza el desarrollo de las actividades religiosas vinculadas con la llegada del Papa.

La dirigente del Nuevo MAS y referente de Orgullo Anticapitalista, Manuela Castañeira, cuestionó duramente la decisión del Gobierno porteño. “.@jorgemacri prohíbe la Marcha del Orgullo. Restringen todo evento entre el 6 y el 13 de noviembre, solo permitirán la religión católica”, denunció.

Y agregó: “En su propia resolución el gobierno dice que el Papa va a estar del 8 al 11, invalidando sus argumentos para no permitir la marcha el 7 de noviembre establecida el año pasado por las organizaciones que conformamos la COMO como así lo establece la Ley 6482 de CABA”.

Desde Orgullo Anticapitalista y el Nuevo MAS, Castañeira concluyó: “Repudiamos esta antidemocrática resolución y decimos que el Orgullo no se prohíbe”.


La decisión también fue discutida en el plenario nacional del ¡Ya Basta!, realizado el pasado 19 de septiembre el la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, donde miles de jóvenes anticapitalistas votaron ratificar la realización de la Marcha del Orgullo el 7 de noviembre, la fecha que ya había sido establecida por las organizaciones. La resolución del plenario se inscribe en una convocatoria a la juventud a organizarse y salir a las calles frente a los ataques contra los derechos de las diversidades.

La provocación de Jorge Macri no ocurre en el vacío. La decisión de restringir los eventos en el espacio público durante una semana completa, incluyendo la fecha histórica de la Marcha del Orgullo, abre un debate que excede la discusión administrativa sobre un calendario.

¿Quién decide qué organizaciones pueden ocupar las calles? ¿Quién define qué movilizaciones son autorizadas y cuáles deben correrse para dejar lugar a una agenda oficial?

El Gobierno porteño pretende presentar la medida como una cuestión de seguridad y organización. Pero la contradicción queda expuesta en su propia resolución: el Papa llegará el 8 de noviembre y permanecerá en el país hasta el 11, mientras que la prohibición de eventos comienza el 6 y alcanza al 7, precisamente el día elegido desde hace un año para la Marcha del Orgullo.

Frente a esta decisión, las organizaciones ya dieron una respuesta: la marcha se mantiene. El 7 de noviembre, las diversidades vuelven a las calles. Porque el orgullo no se prohíbe.

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