53 años de su muerte

John William Cooke y el peronismo

Un 19 de septiembre de 1968, moría John William Cooke, el mayor representante intelectual de la corriente que pretendió constituirse en revolucionaria desde el peronismo. Una polémica con las concepciones del "socialismo nacional" y el "peronismo de izquierda".

Martiniano Rodríguez

Hoy en la izquierda todavía hay sectores que creen que hay que construir dentro del peronismo como única forma posible de levantar una alternativa al sistema.

Suponen que el peronismo puede girar a la izquierda. E incluso que así sus bases abrazarían el socialismo. Por eso coquetean con cualquier variante del peronismo que se insinúe más o menos rosada.

En ese rumbo dejan de lado parte del discurso socialista e incluso los principios, en el intento de buscar por ese camino que las bases peronistas dejen de serlo.

Esto ya se intentó reiteradamente muchos años atrás, aunque en otro contexto, con un peronismo que hablaba de “socialismo nacional” y de “patria socialista”. En los actos y manifestaciones coreaban: “¡Socialismo nacional, como quiere el general!”. Y los resultados no fueron para nada alentadores.

Hoy, cuando el peronismo ni siquiera se acerca a la palabra “socialismo”, igual lo intentan.

Cooke y el peronismo

John William Cooke (1919-1968) fue una de las figuras del “peronismo de izquierda”. Cooke incluso fue tomado como referente político por sectores de la izquierda no peronista.

De familia radical conservadora, hizo sus primeras armas en el radicalismo anti-yrigoyenista. Pero, cuando su padre ocupó cargos durante el gobierno militar de 1943-1946, conoció a Perón y el 17 de octubre a la clase obrera.

Su vida cambió. Se acercó al naciente peronismo. Fue diputado, luego secretario de Perón durante una parte de su exilio y, finalmente, figura central del “peronismo de izquierda”.

Su figura y sus posiciones generaron tensiones dentro y fuera del peronismo. Sus ideas acerca del movimiento peronista, la lucha armada, la liberación nacional y el papel de la clase obrera no encajaban del todo dentro del peronismo, pero tampoco en la izquierda no peronista. Pero en algunos casos fue retomada por ambos.

Más allá de las ideas en torno a la revolución, la liberación nacional e incluso el uso de la violencia política, el nudo de la cuestión es su visión sobre Perón. Es en este punto que se destraba el resto y nos muestra los límites de sus pensamientos e ideas.

Para entender a Cooke hay que partir de una definición: pretendía simultáneamente ser peronista y ser independiente de Perón. Su objetivo era dotar a las masas peronistas de una “ideología de liberación”… que con el correr de los años se fue haciendo cada vez más radical. Pero todo eso, dentro del peronismo. Ser peronista, pero criticar a Perón si se corría a la derecha.

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Esta idea ya la llevó a la práctica siendo diputado, y cuando Perón había logrado erigirse como la única y todopoderosa figura dentro del movimiento.

Así, llegó a votar diferente al resto de los diputados peronistas cuando veía que era necesario. Ya su figura se mostraba como un pequeño peligro, al punto que Evita (el tapón a cualquier desborde por izquierda) le propuso ocupar otros cargos, cosa que desestimó.

Cuando en 1955 la Revolución Libertadora echó a Perón, y comenzó la Resistencia Peronista, Cooke apareció como el lógico representante del líder en Argentina. Perón lo ungió como “el único jefe que tiene mi mandato para presidir a la totalidad de las fuerzas peronistas organizadas…”.

La Resistencia nació desde abajo. En ella, Cooke se puso al frente y arriesgó su vida (y muchos otros la perdieron), reclamando el regreso de Perón y la defensa de las conquistas obtenidas.

Pero Cooke, simultáneamente, tenía que reclamarle a Perón que no se refugiase en países con dictaduras de derecha. Es que mientras los militantes de la Resistencia se jugaban la vida, Perón pasaba de vivir bajo la dictadura de Stroessner, a la de Somoza, luego bajo Marcos Pérez Jiménez en Venezuela, para terminar con Franco en España.

Al mismo tiempo, Cooke le reclamaba que era hora de radicalizar el programa, de empezar a dotar al movimiento peronista de una ideología antiimperialista. Pero Perón era hábil, y sin decir abiertamente no, tampoco lo hacía.

El puesto de Cooke terminó cuando apoyó el duro conflicto contra la privatización del frigorífico Lisandro De La Torre, en enero de 1959 bajo la presidencia del recién electo Arturo Frondizi (mayo 1958 -marzo1962). En contraste con la mayoría de los dirigentes del peronismo que prefirieron callarse para que les permitieran ir a las elecciones, John William Cooke mantuvo sus ideas y no le quedó otra que renunciar. Perón no lo ayudó, sino que lo dejó caer. Por lo menos le sirvió a Cooke para empezar a entender un poco mejor qué era el movimiento peronista.

Críticas… pero no hasta el final

Cooke se da cuenta de la heterogeneidad que hay en el movimiento… y de a poco sus críticas hacia Perón aumentan. Con la Revolución Cubana de 1959, Cooke gira más a la izquierda, ya habla de socialismo y revolución.

Le reclama a Perón que si está con las masas trabajadoras, debe dejar de vivir en la España de la dictadura de Franco e irse a Cuba. Pero sus críticas se enredan con la confianza. Y ese es el punto, su confianza en Perón. Sus reclamos de que Perón debía abrazar la revolución, fueron continuos. Pero nunca entendió, o no quiso entender, que Perón y el peronismo que él delineó, estaba preparado para no girar nunca a la izquierda. Perón no era antiimperialista consecuente, ni menos socialista, ni nada que se le parezca.

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A pesar de las súplicas de Cooke, Perón estaba muy cómodo con Franco y no con la Revolución Cubana. En 1962, Perón lo humilló. No lo atendió cuando Cooke estaba en Francia y le mandó a Héctor Villalón, simpatizante declarado del fascismo, luego echado del Movimiento por brindar información a la policía. Incluso Cooke mantuvo su confianza en Vandor, uno de los principales burócratas sindicales de la época, con el cual tenía una cierta relación de amistad luego de conocerlo en la cárcel.

En 1967 escribía que Perón era pre-marxista[1]. ¡Once años después de la Revolución Libertadora, luego de tantas idas y vueltas de Perón, Cooke insistía y lo caracterizaba de pre-marxista!

El gran límite de Cooke fue que nunca rompió con Perón. Si bien lo criticó, no se planteó una alternativa independiente. Sólo pedía que Perón hiciese lo que nunca iba a hacer. Sus halagos a la guerrilla, al movimiento obrero, a la liberación nacional, caían en saco roto, ya que esperaba que todo esto fuera obra de Perón.

Como último ejemplo de esta confianza, su compañera y también referente de la “izquierda peronista”, Alicia Eguren, escribía en 1971 una “Carta abierta al general”. En ella le decía a Perón que el enemigo estaba dentro del movimiento (en referencia a un peronismo de derecha) y le pedía: “En sus manos está acelerar el proceso revolucionario en el país y el continente…”. Cooke ya estaba muerto, pero la confianza y las esperanzas en Perón seguían vivas en gran parte de la “izquierda peronista”.

Creer que el peronismo tiene una puerta abierta a un cambio social radical, y que se puede trabajar desde dentro para impulsarlo, son graves errores.

El movimiento peronista es un movimiento burgués que surgió, en última instancia, para taponar cualquier posibilidad de cambio auténtico y de fondo. Cooke esperó que Perón lo hiciese. Por eso, más allá de sus intenciones, nunca construyó una alternativa frente a Perón. Ese fue su límite, y el límite de quienes pretenden cambiar el sistema de la mano del peronismo.

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1.- Obras Completas, Tomo V, página 228.

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