Salario mínimo de 100 mil pesos

Javier Milei y la ignorancia contra Manuela Castañeira

Milei desparramó ignorancia en su relanzamiento de campaña, en el que intentó "demostrar" la imposibilidad de un salario mínimo de 100 mil pesos.

Editor del Suplemento semanal de Izquierda Web.


En redes sociales, sus seguidores llamaron a sus diatribas antiobreras una «clase abierta de economía». Apilar afirmaciones sin sustento en una tribuna frente a gente que no tiene ningún interés por corroborar lo dicho es para la secta «libertaria» la cumbre más alta de la sabiduría.

«La casta tiene miedo» coreaban quienes concurrieron para escuchar lo que creen ya saber y deseaban confirmar. Notoriamente, «la casta» no incluye a Patricia Bullrich, que lleva décadas viviendo de la función pública y que pertenece a una familia con ya más de un siglo de estrechos vínculos con el poder económico y político.

Dejemos pasar la afirmación (completamente absurda) de que en los primeros años del siglo XX Argentina era «una potencia» y se desvió del «camino» cuando abrazó «ideas socialistas allá por la década del 10». No deja de ser llamativo que el desvío del camino correcto haya sido justo, justo, cuando la gente empezó a tener el derecho a votar.

Vayamos a sus afirmaciones acerca del salario mínimo: «Vieron que había una [Esa «una» es Manuela Castañeira] que decía ‘los libertarados, los libertarados, nosotros queremos un salario mínimo de cien mil pesos’. Yo hago una pregunta, si esto se arreglara tan fácil poniendo el salario en cien mil pesos. ¿Por qué no ponerlo en un millón de dólares? ¡Seríamos todos ricos!».

Te explicamos Milei: los cien mil pesos son porque la Canasta Básica para que una familia no cayera en la pobreza (sin contar un alquiler) es de más de 67 mil pesos. Si le sumás el alquiler, entonces te da alrededor de 100 mil pesos. No es muy difícil Milei, es tan pero tan simple: es no querer que los trabajadores sean pobres.

«Razona», además, discutiendo con una supuesta idea, no dicha por nadie, de que el salario mínimo de cien mil pesos sería la «solución» a la crisis económica que atraviesa el país. No, los planteos fueron mucho más integrales, como dejar de pagar la deuda externa, no convadilar el saqueo inmenso que implica. Los liberbobos dicen estar en contra de la deuda pública, pero jamás se los escuchará pronunciarse contra su pago… porque están a favor.

Y continúa con su «explicación» de por qué sería «imposible» ese salario mínimo: «El mercado de trabajo, cuando ustedes le regulan un precio, cuando le ponen un precio por encima de los niveles de equilibrio, lo que se ve a generar es una exceso de oferta, mucha más gente queriendo trabajar que empresas contratando. Y la contracara va a ser la desocupación».

Digamos muy rápidamente una cosa de semejante «descripción» del mercado de trabajo. Se trata del absurdo modelo de Rothbard, solo repetible por alguien que nunca tuvo que trabajar para sostener la propia existencia: todo lo básico siempre estuvo dado. Más adelante defiende ese «modelo» abiertamente: la «oferta» de trabajo está dada por la «utilidad» de la remuneración contra la del «ocio». Es mucho más frecuente que las opciones sean entre trabajos miserables y morirse de hambre. Pero para estos chetos la desocupación es «ocio».

Veamos: subir el salario mínimo sería ponerle un «precio por encima del de equilibrio». Siempre y en todos lados, no importa el contexto y el lugar, la exigencia de aumento salarial encuentra en boca de los apologistas del capital la respuesta de que eso implicaría ponerlo por encima del «precio de equilibrio». Lo curioso es que nunca, jamás, intentan ni aproximadamente decir cuál sería ese «equilibrio», siempre el aumento exigido está por encima de él. ¿Cuáles serían los salarios de «equilibrio» según Milei? ¿Los actuales? ¿No están acaso distorsionados por la intromisión «comunista» de los últimos cien años argentinos? ¿Tal vez aún más bajos? No importa por donde se lo vea, esto no es una argumentación, es una apología vulgar de los salarios de miseria.

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Como buen apologista vulgar, intenta establecer una correlación entre salarios demasiado altos y desocupación. ¿Hay acaso algún dato que lo respalde? Veamos. Usemos datos. Los siguientes cuadros y números están extraídos de un estudio de FLACSO titulado «Empleo y salarios en la Argentina. Una visión de largo plazo». Dejamos el estudio en este link.

En el primer gráfico, el punto de referencia de los salarios es el año 1990, en el que se toma como punto de referencia «100» respecto a otros. En los primeros años se puede ver una recuperación de los salarios por la salida de la hiperinflación. Tenemos entonces:

Año 1991: nivel 111,3 de salario. 6,5% de desempleo.

Año 1992: nivel 120,5 de salarios. 7,0% de desempleo.

Año 1993: nivel 127,2 de salarios. 9,6% de desempleo.

Año 1994: nivel 128,5 de salarios. 11,4% de desempleo.

Años 1995-1996: nivel 117,9 de salarios. 17,5 y 17,2% de desempleo.

Años 1997-1998: nivel 122,9 de salarios. 14,9 y 12,8% de desocupación.

Año 2000: nivel 124,7 de salarios. 15,1% de desocupación.

Año 2001: nivel 122,4 de salarios. 17,4% de desocupación.

Estos gráficos coinciden con las siguientes etapas: entre 1991 y 1993 se viven los años de recuperación de la hiperinflación, entre 1994 y 1996 se hacen notar los efectos de la «crisis del tequila» internacional, hay una leve recuperación de tres años hasta el estallido de la crisis de los años 2000-2001.

El punto más alto de los salarios es 1994 con un 11,4% de desempleo. De 1991 a 1993 son años de crecimiento leve tanto de salarios como de la desocupación. Pero a partir de 1995 hay un desplome de los salarios que nunca llegan a recuperarse mientras la desocupación pega un salto y se mantiene de manera sostenida en el 14% o más (con un breve lapso menor en 1998).

En el período siguiente tenemos la siguiente evolución de los salarios:

Comparemos todos estos números con la desocupación a lo largo de todas esas décadas.

Todos los datos sin excepción demuestran una relación exactamente inversa a la de Milei. En los 80′, los niveles de ocupación eran más altos que en los 90′ y también lo eran los salarios. En los 2000 sucede exactamente lo mismo.

¿Acaso estos números serían malos? Que nos muestren unos mejores.

Con semejante demostración de ignorancia, de desprecio por los hechos, de total y absoluta falta de escrúpulos… tiene aún así la cara para llamar «burra» a Manuela Castañeira por haber propuesto un salario mínimo de 100 mil pesos.

Mientras tanto, la tropilla de fieles aplaude, completamente convencida de que la única verdad es la que quiere escuchar, que el saber económico está del lado de quien dice muchas cosas que pueden ser resumidas en un único, inmutable e indiscutible dogma: mientras más ganan los ricos, mientras menos derechos tienen los trabajadores, más bienestar global.

Pero todavía esto no basta. Milei lanza una nueva afirmación, poniendo al descubierto que su confianza en la infalibilidad de su propia ignorancia es inversamente proporcional a lo que diga cualquier estadística, cualquier dato, cualquier número que intente corroborar sus afirmaciones. Porque, debería ser obvio, las estadística son «zurdas empobrecedoras».

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Mercado laboral y desocupación:

Le dice a sus fieles: «Si no hubiera regulaciones que jodieran el mercado de trabajo, no habría desempleo». Los signos de exclamación necesarios para expresar nuestra reacción frente a esta afirmación harían de este un artículo demasiado largo. Pero así funcionan los dogmas: mientras más reñidos con la realidad estén, más necesario es gritarlos hasta perder el aire. Después intenta citar la «ley de ventajas comparativas» de Ricardo y ni siquiera eso puede hacer bien: intenta aplicar esa «ley» a los individuos, cuando en realidad está pensada para el comercio internacional entre países (y aún así es sumamente discutible).

Finalmente nos regala esta afirmación: «Aquellos países que tienen los mercados laborales más flexibles son los que menos desocupación tienen».

A esta altura, sus afirmaciones son suficientes para que llore de impotencia cualquier persona que alguna vez se haya dedicado a recopilar números, para que sienta una invencible pérdida de fe en la humanidad quien sepa nociones mínimas de estadísticas.

Contrastemos esa afirmación. De un lado, tomemos los datos del «índice de libertad económica» del 2021 acerca de cuáles son los países con los mercados laborales más «flexibles» o «libres». Link acá a a ellos. Del otro, los números de desocupación según el Banco Mundial del 2020: link acá. Si bien los datos son de años diferentes, tomamos países que no han pasado por grandes transformaciones de un año al otro ni en cuanto a su política laboral ni a los índices de empleo.

Singapur es el país más «libre» del mundo en materia laboral, con el puesto 1. En las estadísticas mundiales de ocupación está nada menos que en el puesto 72.

El puesto 2 en «libertad laboral» corresponde a Brunei y el 117 a los niveles de empleo.

El puesto 3 en desregulación laboral es nada menos que Estados Unidos, con el puesto 116 en ocupación.

El puesto 4 es de Nueva Zelanda, que ocupa el puesto 50 en cuanto a ocupación en relación a otros países.

Podríamos seguir un buen rato. La cosa ya debería estar completamente clara: los datos no respaldan las afirmaciones de Milei.

Hay que reconocerle, no obstante, que es un buen discípulo de la «praxeología» de Ludwig von Mises. Éste afirma que su método es el de axiomas puramente lógicos, que deben ser tomados como ciertos sin necesidad de comprobación alguna. Como son «lógicos» (y los discípulos como Milei y su tropilla desean creer que son ciertos) no es necesario demostrarlos. No importa que la vida diga algo, con el poder de la imaginación y un buen rating se puede dejar a un costado la molesta realidad.

Una «clase» llamaron al discurso de Milei. Como no hay ciencia de por medio, más bien se la puede calificar de «misa», pues su popularidad se basa en la fe de quienes participan, en sus pocos deseos de corroborar lo que escuchan.

Milei no es un pensador, evidentemente no es un estadístico, ni siquiera se lo puede tomar seriamente como un buen orador: no es más que un despreciable y vulgar enemigo de los trabajadores. 

 

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3 COMENTARIOS

  1. La verdad que es una burrada esta nota. No tiene en cuenta ninguna variante externa a las tablas presentadas. Y no da una explicación concreta de cómo lograr el aumento del salario mínimo a 100mil pesos, sin afectar el bolsillo de la mayoría de pymes a las que se les resultaria imposible contratar empleados (dejan de generar empleo) y por ende no poder continuar con su labor (cierre de empresas de pequeños emprendedores). La única solución para que esto último no pase, es un grotesco aumento de los precios en productos que estas pymes vendan. Y así lograr que los 100mil ya tampoco alcancen para nada.

    • Acá el único burro sos vos. Primero que la nota si tiene en cuenta otras variables. Evidentemente tenés déficit de atención así que te cito: «El punto más alto de los salarios es 1994 con un 11,4% de desempleo. De 1991 a 1993 son años de crecimiento leve tanto de salarios como de la desocupación. Pero a partir de 1995 hay un desplome de los salarios que nunca llegan a recuperarse mientras la desocupación pega un salto y se mantiene de manera sostenida en el 14% o más (con un breve lapso menor en 1998)».

      Y ni siquiera era necesario tener en cuenta otras variables. El objetivo de la nota era demostrar que la relación salarios bajos-desocupación que hace Milei es mentira y los datos lo demuestran. Sos un boludo, un simple nabo

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