Irán: las protestas contra el asesinato de Mahsa Amini cuestionan el régimen teocrático

Miles de personas, especialmente mujeres y estudiantes, están tomando las calles de Teherán y otras ciudades desde el lunes.

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El asesinato de Mahsa Amini por parte de la «policía de la moral» parece haber despertado fuerzas dormidas en Irán. Miles de personas, especialmente mujeres y estudiantes, están tomando las calles de Teherán y otras ciudades desde el lunes.

Los estudiantes de varias universidades dieron el puntapié inicial a comienzos de la semana. Las convocatorias estudiantiles partieron desde los centros de estudios y tuvieron como principal consigna el desmantelamiento de la oscurantista «policía de la moral».

La «policía de la moral» es una fuerza organizada en parte por el Estado iraní y en parte apoyada en milicias paramilitares. Tiene la potestad de sancionar pero también de detener a mujeres que violen el «correcto» uso del hijab o incluso que utilicen cosméticos. Hasta 2016 contaba con 7.000 agente encubiertos que patrullan las grandes ciudades, allí donde existe mayor resistencia contra la utilización reaccionaria de las tradiciones islámicas.

El pasado 13 de agosto, miembros de la «policía de la moral» detuvieron a Mahsa Amini en el centro de Teherán y posteriormente golpearon hasta generarle un ataque cardíaco. Falleció el pasado viernes en un hospital público, tras permanecer varios días en coma.

También se escucharon cánticos que rezaban «muerte al dictador«, en referencia a Alí Jamenei, el «Líder Supremo» de Irán, y «lucharemos y recuperaremos nuestro país». En la ciudad norteña de Rasht, manifestantes corearon «muerte al opresor, sea el shah o el líder supremo«. Así igualaban al actual Bonaparte islámico con los viejos monarcas persas derrocados en el ’79.

En el centro de Teherán, miles de manifestantes se enfrentaron a la policía iraní, que desplegó una rápida y feroz represión.

El gobierno iraní no proporcionó la cantidad de detenidos, pero podrían contarse de a decenas. Las autoridades reportaron 3 muertes durante las manifestaciones, pero las atribuyeron a «fuerzas anti establishment» en un gesto de cobardía política y como parte de una campaña de desinformación. Organizaciones iraníes de DDHH reportan al menos 4 personas asesinadas a manos de las fuerzas represivas, 85 heridos y 200 detenidos.

Un golpe al pilar patriarcal de la teocracia iraní

El uso del hijab o velo islámico es obligatorio para todas las mujeres iraníes desde la Revolución Iraní (también conocida como «Revolución Islámica») de 1979. En aquel año, la vieja monarquía persa fue derribada por una ola de descontento popular que terminó llevando al poder a la burocracia chiíta encabezada por el ayatolá Jomeini. Desde ese momento, el Estado iraní tomó la forma de una república teocrática en la que todas las organizaciones laicas de gobierno permanecen bajo el tutelaje del «Líder Supremo» (actualmente Alí Jamenei), cuyo poder emana de las instituciones eclesiásticas chiítas.

Las leyes patriarcales (como la obligatoriedad del hijab) son unos de los pilares sobre los que se edifica el régimen teocrático iraní. Tras el asesinato de Mahsa Amini, miles de mujeres iraníes están cuestionando ese mandato. En las últimas horas se viralizaron videos y fotos de mujeres quemando velos o incluso cortándose el cabello como forma de desobediencia.

Y las mujeres iraníes están empujando hacia las calles a otros sectores. Los estudiantes, que ocuparon los centros universitarios el lunes, venían de varios años de inactividad política. En Irán un arresto puede significar una expulsión vitalicia del sistema educativo superior. Si miles de estudiantes deciden correr ese riesgo para manifestarse significa que el régimen iraní ha llevado la realidad más allá de lo «soportable».

En los últimos años Irán ha visto pasar diversos ciclos de protestas, más recientemente contra los aumentos de los combustibles. Ahora, el reclamo por Mahsa podría unificar a distintos sectores bajo un mismo reclamo. Por esa razón resulta significativo que la primer consigna enarbolada por los manifestantes no haya sido simplemente «investigación» o «justicia por Mahsa» sino «muerte al dictador».

Las protestas contra el asesinato de Mahsa Amini podrían convertirse en una verdadera rebelión en suelo iraní, en el despertar de miles de mujeres, estudiantes y trabajadores contra un régimen autoritario y antipopular.

De la represión y la desinformación al miedo de los poderosos

La respuesta instintiva del régimen iraní fue una represión brutal. Pero ni el gas pimienta ni las balas lograron desmovilizar a los manifestantes. Decenas de videos que se han viralizado atestiguan la resistencia: barricadas, calles cortadas con containers de basura incendiados, motocicletas de la policía incendiadas y manifestantes persiguiendo a policías que los amenazan con picanas eléctricas.

La indignación social alcanzó tal grado que incluso sectores del Estado y hasta del clero chiíta iraní tuvieron que repudiar el accionar de la policía de la moral y pedir su disolución. El presidente iraní, Ebrahim Raisi, declaró la apertura de una investigación estatal sobre el asesinato de Mahsa Amini. Lo cual no evitó que la represión continúe ni que el gobierno iraní continúe su campaña de fake news estatales.

En las últimas horas, las agencias de noticias oficiales denunciaron la supuesta «influencia» de embajadas extranjeras sobre el movimiento de protestas. También difundieron que 3 de las personas asesinadas por las fuerzas represivas serían extranjeras, insinuando que ese dato lavaría de culpas el accionar policial. No hay que olvidar que la opresión nacional también es un pilar del régimen iraní, especialmente sobre la población kurda a la que pertenecía Mahsa Amini.

A estas horas ya resulta innegable que las movilizaciones son la expresión auténtica del hartazgo de masas. Si embajadas y organismos del establishment internacional están repudiando lo sucedido, es porque el asesinato a sangre fría de una mujer por motivos religiosos resulta inaceptable para millones de personas en todo el globo.

«Estamos presenciando una reacción nacional, un momento similar al asesinato de George Floyd [en EEUU] para la conciencia nacional que ya no puede soportar la violencia y la lógica de la clase dirigente al asesinar a ciudadanos ordinarios» dijo Hadi Ghaemi, director del Centro para los Derechos Humanos en Irán.

En Estados Unidos, el asesinato de George Floyd desató una rebelión antirracista nacional, sin precedentes en las últimas tres décadas. Esa rebelión no terminó con el racismo, pero sí logró herir de muerte al gobierno de Donald Trump. No resulta extraño, entonces, que el régimen iraní le tema a las movilizaciones e intente ahogarlas con desinformación, represión y gestos vacíos.

 

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