Introducción: los dilemas de una Europa en crisis

La situación de crisis histórica que atraviesa la Unión Europea en la era de la competencia entre Estados Unidos y China, el ascenso de la extrema derecha y la crisis del orden imperialista clásico.

Ya no es un fantasma el que recorre Europa, sino muchos. Europa es el continente que ha sido el origen y centro del capitalismo como sistema-mundo a lo largo de siglos; que está en el núcleo de la construcción ideológica sobre lo que significa “Occidente” en el imaginario de las masas de todo el planeta; que tras el fin de la Segunda Guerra Mundial pusiera en pie el más ambicioso proyecto multinacional para la preservación de la paz en el territorio que fuera el centro de las dos mayores conflagraciones bélicas de la historia; en fin, el espacio geográfico, político y social que condensa buena parte de las mayores conquistas de la humanidad en términos de derechos sociales, políticos e individuales.

Pues bien, una combinación infausta de desarrollos económicos, políticos y geopolíticos –entre otros–, parece haberse confabulado para poner en cuestión, de manera lenta e insidiosa, no catastrófica ni brutal, la mayor parte de esos pilares. La hegemonía occidental y a la vez decadencia relativa en el orden global de EEUU; el ascenso meteórico de China como potencia económica, tecnológica, geopolítica y militar, que la pone no ya a la altura sino por encima de todas las otras potencias imperialistas, con excepción precisamente de EEUU;[1] los tremendos problemas de crecimiento económico y productividad de los países europeos, incluso más serios que los del capitalismo global en su conjunto; la nueva orientación que le imprime Trump a la política exterior del imperialismo estadounidense, que entre muchos otros elementos obliga a Europa, por lo pronto, a abandonar la “tercerización” de su escudo de seguridad y a aumentar sustancialmente su gasto militar, y, último en orden pero no en importancia, las tensiones que en el mismo sentido genera el impacto de la reaparición de una guerra internacional (no civil) en territorio europeo por primera vez desde 1945 con la invasión a Ucrania por parte de Rusia.

En este ensayo buscaremos trazar, con el pincel menos grueso posible y a sabiendas de que escribimos sobre Europa desde una corriente marxista militante basada esencialmente en América Latina, algunas de las tendencias que consideramos más profundas y relevantes que aportan novedades a la hora de pensar los desarrollos políticos, económicos y sociales tanto europeos como globales.

En primer lugar, intentaremos poner en el contexto de la crisis del no injustamente llamado “proyecto europeo” los últimos movimientos realmente tectónicos que han tenido lugar en la configuración de las relaciones interimperialistas, empezando por el marco global de la rivalidad entre EEUU y China, así como el peso específico del “factor Trump”. Concluiremos esa primera parte con un pantallazo regional y por país de la coyuntura más reciente, así como algunos elementos para su comprensión común.

A continuación, trabajaremos los problemas que consideramos de fondo de la economía europea actual. Luego de aportar algunos datos básicos y su interpretación a modo de contexto comparativo –tanto al interior del bloque como entre éste y las otras potencias económicas–, indagaremos también la cuestión de la creciente debilidad fiscal y comercial de la UE y sus principales integrantes. Pero, sobre todo, nos concentraremos en las razones profundas de los dos elementos más constitutivos de una mirada marxista de la economía europea de hoy. A saber, primero, el raquitismo de su crecimiento económico, y segundo, su creciente atraso no ya en tasas de crecimiento de crecimiento o productividad sino en desarrollo e innovación tecnológica respecto de los dos gigantes económicos actuales, EEUU y China.

Sobre la base de este contexto de las crecientes debilidades estructurales de la economía analizaremos el impacto del regreso del horizonte de una guerra en territorio europeo. En primer lugar, el cambio de política de EEUU bajo Trump, que implica el abandono del “paraguas de seguridad” garantizado por el país líder de la OTAN, a instancias de la concepción trumpiana de Europa como un continente que “se aprovecha de EEUU”. El fin definitivo de ese estado de cosas heredado de la guerra pondrá bajo una nueva presión los presupuestos de los Estados europeos, ya afligidos por el renovado peso de la deuda pública y las anémicas tasas de crecimiento.

En este marco, y como consecuencia de los desarrollos señalados en la sección anterior, postularemos que frente a la (exagerada, pero real) “amenaza rusa”, las debilidades de su industria en general y de la armamentística en particular, sumadas a las peculiaridades de la dinámica institucional europea, abren un profundo signo de interrogación sobre las posibilidades y capacidades reales de Europa para hacer frente a los desafíos militares que se avecinan. No el menor de ellos es cómo conciliar la necesidad de aumentar el reclutamiento, obligatorio o voluntario, de más tropas conformadas por ciudadanos europeos ante el escenario de una eventual conflagración, en el marco de que los esfuerzos del Estado se destinarán menos a los reclamos populares y más al rearme que exigen –cada cual a su manera– tanto Putin como Trump.

En cuarto lugar, haremos un repaso de las novedades políticas, geopolíticas y propiamente militares que está dejando como saldo la guerra en Ucrania tras la invasión rusa. Una vez puesto en contexto el inicio y carácter del conflicto, consideraremos el tremendo impacto que, en cada caso, ha generado y sigue generando el curso de la guerra sobre la economía y la sociedad de ambos países. También puntualizaremos algunos aspectos que nos parecen de relevancia en el terreno específicamente militar, un factor cuya importancia, a no dudarlo, no hará más que crecer medida que se siga desenvolviendo esta “era de la combustión”, según la atinada definición de nuestro compañero Roberto Sáenz en su texto epónimo. Para cerrar la sección, nos permitimos algunas especulaciones sobre los posibles escenarios de desenlace del conflicto, en la medida en que al cierre de la redacción de este trabajo los principales líderes involucrados continúan en la búsqueda de una salida que satisfaga sus respectivos intereses.

Por último, intentaremos una síntesis de las principales acechanzas de la Europa de hoy. No se trata sólo –aunque eso ya es de por sí una novedad mayor– del sendero de creciente irrelevancia geopolítica, diplomática, económica y militar en que parece irremisiblemente embarcada la Unión Europea y sus socios mayores. Acaso el mayor dilema en el horizonte sea el de la incompatibilidad última entre, por un lado, atender a las necesidades militares y financieras que la clase dominante europea reclama como urgentes, y por el otro, al menos conservar –no hablemos ya de ampliar– las conquistas sociales, el “estado de bienestar” y las incontables tradiciones, legislaciones e instituciones que han hecho de Europa una “potencia mundial en estilo de vida”, y que han constituido en los últimos 80 años el orgullo de millones de ciudadanos europeos, así como la mirada anhelante de los de afuera.

Precisamente la cuestión de la inmigración –una de las herramientas clave para intentar superar o como mínimo morigerar otro de los problemas estructurales europeos, su crisis demográfica– nos parece un indicador sumamente simbólico y representativo de las “policrisis” que atormentan al proyecto europeo. No en menor medida, porque el tratamiento racista y brutal a los inmigrantes actuales y potenciales, que se ha generalizado a toda Europa, es un emblema del retroceso de la calidad democrática y de la vigencia de derechos que parecían establecidos sub specie aeternitatis en el continente.

En ese sentido, concluimos con el alerta de que, para toda una nueva generación de europeos, los valores, derechos, ventajas y diferencias favorables respecto del resto del mundo que caracterizaron la esencia misma de la “identidad europea”, se encuentran ahora bajo asedio. Las agobia el fuego cruzado del fragor de los conflictos geopolíticos; de los tambores de guerra con Rusia; del enfrentamiento sordo entre EEUU y China; de la crisis de la economía y de la capacidad fiscal de los estados; de las estrecheces presupuestarias para el gasto social y a la vez las exigencias para el gasto militar; del pragmatismo cínico de dirigentes que reniegan de sus “valores” para acomodarse a Trump, a Putin, a Xi Jinping o a la moda del nativismo de extrema derecha.

Frente a esta madeja de incertidumbres, frente a este cúmulo de dilemas sin solución cercana ni lejana de un proyecto capitalista en Europa que está llegando a sus límites históricos, desde la Corriente Socialismo o Barbarie postulamos la necesidad estratégica de formular otro proyecto, anticapitalista y socialista. Pero no como ejercicio ritual ni nostálgico, sino como desafío de enfrentar los apasionantes cambios que ya nos está dando esta nueva época desde una recuperación de la mejor tradición revolucionaria, sí, pero a la vez una profunda reformulación y re-creación de esa tradición hacia el relanzamiento de la perspectiva emancipadora de los trabajadores, los explotados y los oprimidos en Europa y en todo el orbe.


[1] El carácter de China como “potencia imperialista en construcción acelerada”, su ascenso en las áreas señaladas y a la vez sus tremendas rémoras y contradicciones, son temas tan inmensos y profundos que sólo podemos remitir aquí a nuestra elaboración sobre el tema, en especial los ensayos “China: anatomía de un imperialismo en ascenso” (2020) y “China hoy: problemas, desafíos y debates” (2022), disponibles en Izquierdaweb.com

Seremos directos: Te necesitamos para seguir creciendo.

Manteniendo independencia económica de cualquier empresa o gobierno, Izquierda Web se sustenta con el aporte de las y los trabajadores.
Sumate con un pequeño aporte mensual para que crezca una voz anticapitalista.

Me Quiero Suscribir

Sumate a la discusión dejando un comentario:

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí