Intervención de Renato Assad en el Segundo Congreso Internacional de Trabajadores por Plataformas

Intervención de Renato Assad, miembro fundador de la Organización Nacional de los Trabajadores sobre Dos Ruedas (ONTDR) y dirigente de la corriente Socialismo o Barbarie en Brasil, en el el II Congreso Internacional de Trabajadores de Plataformas (Gig Workers Congress), celebrado en Los Ángeles, Estados Unidos. Entre los días 11, 12 y 13 de mayo de 2026, cientos de trabajadores, sindicalistas y miembros de organizaciones de trabajadores de plataformas de todo el mundo se reunieron por segunda vez para debatir los principales desafíos y las posibilidades del sector, con el objetivo de fortalecer la lucha por el reconocimiento de la relación laboral y por la garantía de condiciones de trabajo dignas para todos los trabajadores.

Antes de nada, no podría dejar pasar la oportunidad de decir, desde el corazón mismo del imperialismo estadounidense: ¡Fuck Trump y fuck ICE!

Quisiera saludar a la mesa, a los luchadores y luchadoras aquí presentes, pero sobre todo a nuestros compañeros y compañeras que están ahora mismo en las calles, en todo el mundo, enfrentando las condiciones de trabajo más violentas para poder sobrevivir.

Me gustaría partir de una primera definición, elemental pero fundamental: las empresas de plataforma no han atenuado en absoluto la dinámica subyacente de resistencia de los trabajadores; por el contrario, lo que hemos observado es el ascenso de un nuevo proletariado que, en la vida cotidiana, encarna una agudización dramática de la contradicción entre capital y trabajo y transforma la subordinación a los imperativos más violentos del capital no en pasividad, sino en procesos insurgentes que desafían las mediaciones tradicionales de la representación sindical y política.

Así, este nuevo sujeto colectivo vuelve a situar al trabajo vivo —hipercontrolado, precarizado, pero todavía creador, en el sentido de que sigue siendo la única fuente de valor en el capitalismo y de que produce formas sociales, sentidos y posibilidades históricas de resistencia— como núcleo crítico del modo de producción capitalista, impulsando procesos concretos de rearticulación sindical y política y de confrontación directa con la racionalidad neoliberal en su versión denominada «capitalismo de plataforma».

Los días 31 de marzo y 1 de abril de 2025, los repartidores y repartidoras llevaron a cabo una nueva huelga nacional, el llamado Breque de las Apps (nombre elegido en los primeros meses de 2020 mediante un formulario enviado por WhatsApp a todas las regiones del país, cuando organizábamos la primera e histórica huelga de la categoría en Brasil). Evaluamos que hubo adhesión en más de cien ciudades de al menos veinte estados, de norte a sur del país, lo que la convirtió en la mayor huelga de la historia del sector en Brasil y, quizás, en el mundo.

También es interesante señalar que, en Brasil, el 1 de abril es conocido como el «Día de la Mentira», y fue escogido deliberadamente como fecha de la paralización por sugerencia de un compañero mío, Rocildo, de Sorocaba, en el estado de São Paulo. Esta elección refleja una creciente sensibilidad política de la categoría que, al escoger ese día, puso en evidencia —con ironía— el abismo existente entre el discurso de las «innovaciones» en el mundo del trabajo y la realidad concreta de la superexplotación vivida en las calles.

De este modo, la huelga de 2025 expresó no solo su magnitud numérica, sino también la afirmación de un intenso y descentralizado proceso organizativo, que confirma al movimiento de repartidores y repartidoras como una parte central de la lucha de clases en el país. Aunque las reivindicaciones fueran de carácter económico-sindical, la movilización situó a la categoría como una de las principales fuerzas organizadas de la clase trabajadora en la actualidad, lo que abre posibilidades, pero sobre todo plantea nuevos desafíos para el futuro de la organización y de la lucha.

A partir de este panorama, de esta correlación de fuerzas entre nuestra lucha, el papel de las empresas y la omisión consciente del poder público, comenzó a plantearse la posibilidad de una regulación. En realidad, nosotros mismos redactamos un proyecto de ley que el actual gobierno afirmó que apoyaría, pero finalmente nos traicionó y terminó aliándose con la derecha y la extrema derecha en torno a un proyecto patronal que significaba una auténtica contrarreforma.

Una cúpula de nuestra categoría, que literalmente se vendió al gobierno y a los reflectores, estaba dispuesta a entregar a la categoría a cambio de una tarifa mínima —algo que nosotros también reivindicamos—, pero aceptando a cambio la institucionalización de repartidores y conductores como trabajadores autónomos de plataforma, una nueva categoría jurídica, en un proyecto que abría la puerta a la eliminación de los derechos más básicos conquistados mediante la lucha, no solo para nosotros, sino para cualquier forma de trabajo mediada por plataformas.

Fue entonces cuando la indignación de muchos compañeros y compañeras, después de años de lucha y experiencia organizativa, de acumulación política y de avances en una identidad colectiva y de clase, abrió la posibilidad de construir una organización independiente de los gobiernos, de las burocracias y de los patrones. Así nació la Organización Nacional de los Trabajadores sobre Dos Ruedas (ONTDR). ¡Hoy estamos presentes en siete estados del país!

Nacimos, por tanto, en medio del proceso de denuncia y lucha contra uno de los proyectos más perversos de los últimos cuarenta años contra la clase trabajadora en Brasil, en el que el gobierno federal de Lula, la derecha y la extrema derecha estaban unidos para institucionalizar esta nueva y violenta forma de explotación del trabajo.

Desde noviembre del año pasado comenzamos nuestra campaña de denuncia y movilización contra ese proyecto de ley. Mientras los burócratas sindicales y vendidos de nuestra categoría iban y venían de Brasilia intentando maquillar el proyecto, nosotros desarrollábamos una campaña pedagógica y sistemática contra él.

Hasta que, en abril de este año, decidieron que iban a votar aquella monstruosidad. Y nosotros sabíamos de la importancia de salir a las calles e ir a la capital federal para agarrar al diputado relator del proyecto por el cuello y exigir que aquello no se votara. Por primera vez conseguimos conformar, de manera espontánea, un Breque nacional entre repartidores y conductores. Fue un día histórico: el 14 de abril de este año. ¡El proyecto fue derrotado! Pero no nos detuvimos ahí.

Hoy estamos a la ofensiva con una campaña nacional para exigir que el gobierno federal firme una Medida Provisoria (MP) —un instrumento con fuerza de ley emitido por el Poder Ejecutivo y que debe ser posteriormente ratificado por el Congreso— con reivindicaciones como el aumento de las tarifas y un seguro de accidentes con cobertura integral. Queremos obligar al gobierno a firmarla todavía durante este semestre, antes de las elecciones.

Por eso, el apoyo de cada uno y cada una de ustedes a esta campaña será de enorme valor.

¡Muchas gracias!

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