«Oh pícaros niños y niñas de Gaza
que constantemente me molestaban
gritando bajo mi ventana
que llenaban cada mañana con prisas y caos.
Ustedes, que rompieron mi maceta
y se robaron la flor solitaria de mi balcón.
Vuelvan
y griten todo lo que quieran
y rompan todas las macetas
y roben todas las flores
¡Vuelvan…
solo vuelvan!»
(Poema escrito por Khaled Juma, a propósito de la agresión militar israelí que asesinó a 506 niñas y niños en Gaza. 25/08/2014).
En octubre de 2023, el gobierno de Benjamín Netanyahu ordenó al ejército israelí atacar la Franja de Gaza, lo cual dio paso a una operación de limpieza étnica y un genocidio. Dicha agresión se enmarcada en la ocupación colonial a la que se encuentra sometido el pueblo palestino desde 1948, es decir, hace setenta y ocho años (ver Seis claves para entender la invasión a Gaza y las perspectivas de la lucha palestina por su liberación nacional).
Desde entonces, el ejército sionista lleva más de 30 meses de agresiones militares ininterrumpidas (aunque disimuladas por falsas “treguas”) en Gaza, a lo cual se suma una escalada de la violencia colonial sobre otras regiones o ciudades, como Cisjordania y Jerusalén, con consecuencias devastadoras para la población en general y, particularmente, para las niñeces y adolescencias.
El primer elemento a tener en cuenta, es que la población palestina es particularmente joven. Según las estadísticas oficiales de julio de 2022, la población de la Franja de Gaza era de 2,17 millones de personas, de las cuales el 41% eran niñeces y adolescencias de 0 a 14 años. Por su parte, los y las adolescentes y jóvenes de entre 15 y 25 años, constituían el 28% de la población total. En este sentido, la mitad de la población tiene menos de 18 años de edad. Cabe destacar que las niñeces y juventudes que nacieron en 2006 o años posteriores, vivieron toda su vida bajo el bloqueo terrestre, aéreo y marítimo israelí sobre Gaza, el cual generó que el territorio fuera descrito como «la cárcel a cielo abierto más grande del mundo».
Está es la población a la que el ejército sionista somete día a día. Según UNICEF, entre octubre de 2023 y 2025, al menos 20.000 niñeces y adolescencias (en promedio de una por hora), fueron asesinadas por las fuerzas sionistas; la cifra asciende a 64.000 si se considera también los casos de mutilación. También, estima que, durante este periodo, 56.000 niñeces perdieron a uno o ambos progenitores. Estas cifras no incluyen los últimos siete meses de agresión militar (de noviembre 2025 a mayo de 2026).
A lo anterior, se le suma que las niñeces tienen siete veces más probabilidades de morir por heridas de explosión que las personas adultas, ya que sus cuerpos son más vulnerables al trauma y suelen sufrir lesiones diferentes, que requieren tratamientos especializados adaptados a su fisiología y desarrollo. En este contexto, los bombardeos de las fuerzas israelíes dañaron el 94% de los hospitales de la Franja de Gaza.
Las niñeces y adolescencia se enfrentan a consecuencias de por vida en su salud y bienestar. Con altos niveles de estrés, depresión y ansiedad, cuidadores informan que las niñeces presentan síntomas como comportamiento agresivo o retraído, miedo severo, tristeza, pesimismo, agotamiento, dificultad de concentración, sentimiento de que la muerte es inminente e incluso deseos de morir.
Respecto a la malnutrición, la situación se profundizó en 2025, pues durante tres meses Israel impuso un bloqueo total a la ayuda humanitaria en Gaza, provocando hambruna y muertes por malnutrición. En junio de ese año, CNN publicó el mensaje de Mohammad, un niño palestino de 12 años, sobre la realidad de la distribución de alimentos en Gaza: «Nosotros en Gaza no tenemos harina todos los días. Cada 24 horas nos dicen que ya vienen los camiones, llegamos y no encontramos nada. Comemos esta arena, no tenemos comida, no tenemos comida. No tenemos harina, no tenemos comida. Tengan piedad de nosotros, no tenemos comida. Estamos comiendo arena en vez de harina. Tengan piedad de nosotros, piedad. Estamos comiendo arena en vez de pan». En su desesperación, el niño mastica arena mientras suplica por comida. Según la noticia que citamos, Mohammad había caminado durante horas, junto a su padre, para llegar a un punto de distribución de harina en la Ciudad de Gaza; logrando conseguir dos kilos que fueron robados por ladrones.
El 11 de octubre de 2025 se anunció un frágil “alto al fuego” (aunque continúan las agresiones militares y asesinatos a manos de los sinfonistas), posibilitando una limitada ayuda humanitaria. En diciembre de ese año, la principal autoridad internacional en materia de gravedad de la crisis de hambre, la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (IPC), advirtió que cuatro de cada cinco niñeces seguirán enfrentándose a una grave inseguridad alimentaria en Gaza durante 2026, con consecuencias a corto y largo plazo en su desarrollo físico y cognitivo.
Como si esto no fuera poco, cabe destacar que las niñeces sufren formas más graves y prolongadas de malnutrición, agravando los riesgos de sufrir enfermedades de la piel como la sarna, o infecciones respiratorias como neumonía e hipotermia.
El pueblo gazatí sobrevive en condiciones de pobreza extrema, hacinamiento, desplazamientos forzados, violencia, ataques aéreos, malnutrición y traumas profundos, además del colapso de los sistemas de salud, educación, de abastecimiento de agua, saneamiento y gestión de residuos. Las niñeces y adolescencias necesitan alimentos, agua, salud y educación, también necesitan disfrutar del juego, de actividades recreativas y comunitarias.
La agresión militar destruyó el 97% de las escuelas en la Franja de Gaza. Lo mismo sucedió con los centros públicos, centros de recreación y parques. Tampoco hay campos de fútbol, los cuales están destruidos o se han usado como refugio para la población desplazada. En este contexto, las niñeces de Gaza, cuando juegan, lo hacen en las calles devastadas o entre los escombros de edificios bombardeados por Israel. Incluso, improvisan juegos con los restos de las estructuras derrumbadas.
Mediante el juego representan la realidad que habitan, la muerte es parte de su cotidiano y de su consciencia. Desde muy temprana edad, juegan a rescatar personas entre los escombros, imitan también -a modo de juego- ritos funerarios, despedidas. También juegan a recordar la vida previa a octubre de 2023.
30 meses de genocidio y agresión militar…¿y el derecho internacional?
La barbarie que enfrenta el pueblo palestino expone la inacción del derecho internacional. Luego de 13 meses de genocidio y limpieza étnica, la Corte Penal Internacional, presionada por el movimiento de masas internacional de solidaridad con el pueblo palestino, ordenó en noviembre de 2024 el arresto de Netanyahu y de su exministro de Defensa, por crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos desde el 7 de octubre de 2023. Entre ellos, el uso del hambre como arma de guerra. Sin embargo, a pesar de esta orden de arresto, han pasado 17 meses de genocidio y agresión militar interrumpida.
Israel expone la debilidad de la legalidad y derecho internacional que, desde la Segunda Guerra Mundial, funcionó como uno de los mecanismos de contención para regular el orden imperialista internacional. Actualmente, nos encontramos en una nueva etapa mundial, marcada por el declive de la hegemonía imperialista de los Estados Unidos ejercía y la disputa con nuevos imperialismos (nos referimos centralmente al desafío que plantea China, un imperialismo en ascenso, y, en menor medida, Rusia, que caracterizamos como un imperialista en reconstrucción).
En este contexto, los consensos inter imperialistas comenzaron a diluirse o retroceder. En vista de esto, los organismos e instituciones burguesas internacionales, como la ONU, las cortes internacionales y las convenciones internacionales de derechos humanos, de los derechos de niñeces y adolescencias, son cada vez más ineficaces y pierden su capacidad de mediación en los conflictos. De esta forma, aumenta la vulnerabilidad de las niñeces y adolescencias en el campo de disputa geopolíticas y militares.
Anticapitalismo o barbarie capitalista
Si bien el pueblo palestino es sometido desde 1948 por la ocupación sionista, la difusión de la barbarie que desató Netanyahu en la Franja de Gaza expuso -y puso en cuestión- el supuesto derecho de Israel a la «autodefensa», y dio paso a un enorme movimiento de masas internacional en solidaridad con Palestina.
La vida en la Franja de Gaza es un ejemplo de la barbarie que provoca el capitalismo. El debate ideológico sobre el anticapitalismo como perspectiva es concreto. La experiencia cotidiana en Gaza, así como la de la clase trabajadora internacional, muestra que el capitalismo es incompatible con una vida digna para las mayorías, sometidas a formas cada vez más extremas de explotación y opresión.
La organización, la solidaridad internacional y la lucha anticapitalista son la respuesta a la barbarie que impone la extrema derecha y este sistema, que se basa en la explotación y opresión de las personas y la destrucción de la naturaleza. Hay que organizarse y militar para cambiar este mundo de raíz, para que las niñeces y adolescencias tengan un presente y un futuro vivibles.
«La vida es hermosa. Que las futuras generaciones la libren de todo mal, opresión y violencia, y la disfruten plenamente». León Trotsky, 1940.
¡Viva Palestina libre!




