Informe del 2° Plenario Nacional del ¡Ya Basta!

Compartimos el informe del 2° Plenario Nacional del ¡Ya Basta! realizado el sábado 19 de septiembre en el Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales, el cual estuvo a cargo de Matías Brito, dirigente nacional de la juventud anticapitalista.

Hola compañeros y compañeras! Quiero hablar en este informe de la tarea fundamental que nos convoca hoy en el Segundo Plenario Nacional del ¡Ya Basta!, que es la tarea de organizarnos para enfrentar a Milei y los fachos.

Para eso, tenemos que partir de una idea acerca del mundo. Vivimos en un mundo en combustión, donde el odio social se acumula frente a un sistema voraz y gobiernos de extrema derecha que atacan, presionan, explotan y oprimen a cada ser humano día a día, haciendo de la vida una pesadilla insoportable. Un mundo en combustión, donde el odio social a veces encuentra su válvula de escape y emergen así luchas sociales y rebeliones populares. Es un mundo de fuertes contrastes, donde mientras 30 millones de personas en Argentina están endeudados, un multimillonario tecnócrata como Peter Thiel, compra una mansión en Buenos Aires para protegerse de una eventual guerra nuclear. Un mundo donde conviven la distopía y la utopía.

La distopía del ultracapitalismo nos habla de un mundo catastrófico. Agosto fue el mes más caluroso del que jamás se haya tenido un registro en todo el mundo. También en agosto, una inundación devastadora arrasó con comunidades enteras en Nepal dejando a su paso un escenario apocalíptico. El orden construido después de la Segunda Guerra Mundial se rompió, y en este momento de transición caótica, de mucha incertidumbre sobre a dónde va el mundo, crece la tendencia a un nuevo enfrentamiento militar entre potencias imperialistas, como son Estados Unidos y China.

La extrema derecha es distópica porque su desarrollo implica un asalto a la razón, una vuelta a ideas medievales y oscurantistas, y una política reaccionaria que desafía los derechos democráticos conquistados en el siglo XX. En Palestina se vive una dramática crisis humanitaria producto del genocidio perpetrado por el Estado de Israel, que asedia a la población civil con armas de última generación, transformando a los seres humanos en objetivos de un algoritmo. El trabajo se convierte en esclavitud: la uberización del mundo laboral se masifica y se extiende la precarización. Y al mismo tiempo, los diarios publican noticias sobre Inteligencia Artificial donde sus desarrolladores alertan de que al final de esta década la IA podría poner fin a nuestra civilización.

Pero los diarios muestran una sola cara del mundo. Los anticapitalistas vemos el mundo con los dos ojos. Todos los días aparecen noticias sobre los ataques de la extrema derecha y las catástrofes a las que nos lleva el capitalismo, pero poco se ve acerca de los fenómenos de la vanguardia de masas que sale en respuesta ante tanta barbarie, fenómenos en donde aparece la semilla del anticapitalismo.

Casi 20 millones de jóvenes entre 18 y 29 años en Estados Unidos tiene una visión positiva del socialismo, y la mayoría de ellos ven como negativa la propiedad privada de los medios de producción, es decir, al capitalismo. Este fenómeno social empieza a expresarse políticamente en que una franja de la juventud gira a la izquierda y vota al DSA. En este año, hubo dos respuestas masivas al gobierno de Donald Trump. Primero, la rebelión en Minneapolis, donde el odio social estalló contra los agentes del ICE que asesinaron a Alex Pretti y Renee Good. Un levantamiento que dio lugar a la autoorganización de la población, donde personas voluntarias se organizaron por fuera del Estado para garantizar el cuidado de la población migrante. Esta rebelión fue una derrota para Trump que, después de su incursión en Minneapolis, tuvo que dar marcha atrás en su intento de invadir otras ciudades. Luego estuvo la jornada “NO KINGS”, la marcha más grande en la historia de Estados Unidos, donde ocho millones de personas salieron a las calles para decir basta de autoritarismo, una jornada en la que la juventud fue protagonista y se movilizó contra la guerra en Irán. También hubo protestas contra los Datacenter de IA, que son un atentado contra el medioambiente. Y crece la sindicalización de cientos de miles de conductores de Uber. A su vez, en India, donde viven 1.400 millones de personas, la mitad tiene menos de 30 años y vive en condiciones vulnerables, un juez de la Corte Suprema atacó a la juventud señalándola como cucarachas, parásitos de la sociedad, y despertó así la furia de un movimiento estudiantil que se llevó puesto al ministro de educación. En Alemania, ciento cincuenta mil personas se movilizaron en veinte ciudades contra la extrema derecha que ganó las elecciones en un estado del este por primera vez desde la posguerra. En Brasil, los repartidores por aplicación hicieron una huelga general, un nuevo Breque, el primero de septiembre en más de 50 ciudades, exigiendo no solo a las empresas un aumento de la tarifa por pedido realizado, sino también exigiendo al gobierno de Lula Da Silva una ley que asegure una tarifa mínima.

En este mundo en combustión, donde el capitalismo y la extrema derecha muestran su cara más terrible, crece también el anticapitalismo: la pelea por un mundo donde no haya más explotación ni opresión. Florecen las identidades y los géneros, se fortalece el movimiento de mujeres y diversidades y se expresa desde abajo una ola global de solidaridad con el pueblo palestino.

Este anclaje internacional, en un mundo lleno de contrastes que hay que saber mirar con los dos ojos, es fundamental para tener perspectiva y para entender lo que pasa en el país bajo el gobierno de Milei, uno de los actores principales de la extrema derecha internacional. En Argentina conviven los ataques políticos y el durísimo ajuste económico del gobierno con una crisis social inmensa y movilizaciones multitudinarias que aparecen cada vez que la sociedad entiende que están en riesgo conquistas políticas, como es la defensa de la universidad pública. Milei es un peligro y aunque su gobierno tenga muchas dificultades, como el peronismo lo deja seguir, redobla la apuesta. En este marco, la novedad que nos interesa resaltar acá, como fenómeno nuevo desde el primer plenario que realizamos a esta parte, es que el ¡Ya Basta!, la juventud anticapitalista del Nuevo MAS y Manuela Castañeira, se transformó en un actor de la política nacional, en la cara de la juventud de izquierda en Argentina. Y esto es una conquista inmensa para el anticapitalismo.

Conquistamos un nuevo lugar político, somos muchísimo más conocidos que antes. Podés aparecer en la Plaza de Mayo con una remera roja y un Marx en la espalda para que alguien diga: ¡ahí está el Ya Basta! Y que nos felicite espontáneamente por lo que hacemos. Somos, como dijo el facho de Feinmann, “los famosos anticapitalistas”, uno de los interlocutores críticos del gobierno: el ala anticapitalista de la juventud que rechaza al gobierno de Javier Milei. Somos los que empujamos para que se vaya Adorni. Somos los que le pusimos un freno a los fachos y a los incels en las facultades. También conquistamos un nuevo lugar político en el movimiento estudiantil secundario con Tinta Roja, una corriente anticapitalista que crece porque es independiente de las autoridades y da respuesta a los problemas que les interesan a los pibes y a las pibas. Y esta representación que hemos conquistado traspasa las fronteras nacionales. Tanto es así, que organizaciones que integran el DSA quedaron impactadas por el ¡Ya Basta! y nos invitaron a ser observadores del último congreso de su juventud. ¡Nos preguntaban cómo era posible que seamos tantos! ¡Porque militamos!

Somos una organización juvenil que abraza a otros sectores de la sociedad como son los obreros de FATE, los repartidores del SITRAREPA, el movimiento de mujeres y diversidades, los Jubilados Anticapitalistas, los docentes y estatales, los trabajadores de la salud, los nodocentes, y también a nuestros familiares. A todos ustedes queremos decirles GRACIAS POR ACOMPAÑARNOS, gracias por estar hoy acá, nosotros estamos con ustedes porque sabemos que, para transformar el mundo y para organizarnos, los necesitamos.

Somos la única organización política de la juventud que defiende de manera consecuente la educación pública. Impulsamos la primera acción del movimiento estudiantil bajo el gobierno de Javier Milei, y en este segundo cuatrimestre fuimos la primera organización en salir a las calles para exigir que apliquen la Ley de Financiamiento Universitario, con un librazo que tuvo una gran repercusión mediática. Somos la única organización que propone una política no corporativa y la única que plantea el paro activo, mientras el resto de las corrientes no hace nada y el peronismo se dedica a realizar paros pasivos que solo sirven para dividir a los claustros. Para nosotros, el estudiante tiene que ser el sujeto de esta lucha, ya que somos no sólo el elemento más masivo en la universidad, sino que, además, en este siglo XXI, la mayoría de los estudiantes somos también trabajadores. Y defendemos la universidad pública de masas frente a los ataques de la extrema derecha, pero también queremos superarla. Por eso, en este plenario vamos a presentar el primer Manifiesto Anticapitalista para la Universidad, un programa político para defenderla, transformarla y colocarla al servicio de las necesidades de toda la sociedad.

En este mundo caótico e inestable, donde crece el anticapitalismo y el ¡Ya Basta! se transforma en un actor político nacional, tenemos una tarea por delante: construir una juventud anticapitalista de masas. Aferrarnos de la representación conquistada en la juventud y encontrar los puntos de apoyo que aparecen en la realidad para extender nacionalmente el ¡Ya Basta! y todas las agrupaciones que nos rodean. Queremos que el ¡Ya Basta! sea una agrupación de miles para poder enfrentar al gobierno de Milei y a los fachos que atacan la universidad. El camino para lograrlo es organizarnos. Pero, ¿qué significa organizarse?

Organizarse es reunirse: un día de la semana con otros compañeros; por ejemplo, reunirse en comités del Ya Basta para abrir una nueva estructura que puede ser una facultad, un CBC, un colegio. Organizarse es militar, porque el resto de las corrientes no militan por la base; militar es tener una mirada activa de la organización, es distinto a solamente votar y difundir las propuestas de un candidato. Militar es asumir un compromiso político, reunirse con los compañeros, debatir acerca de la coyuntura y armar una agenda de actividades de la semana, e ir a las actividades donde vamos a conocer a otras personas que tienen otras ideas y que, a través del diálogo y la persuasión, los podemos convencer para hacer algo y sumarlos a esta causa. Organizarse es hacer un padrón, es decir, una lista con los nombres de esas personas que conocí y con las que hablo cotidianamente, que hacen a mi círculo familiar, personal, académico, laboral, para poder acercarle distintas iniciativas o puntos de vista desde el anticapitalismo. Reunirse, militar y trabajar el padrón: este es el ABC de la organización.

Pensando en un sentido más amplio, organizarse es acompañar a la agrupación Marrón del Neumático para enfrentar el desalojo de FATE; es poner en pie agrupaciones clasistas en los lugares de trabajo, como hicieron los nodocentes de Filosofía y Letras de la UBA con la agrupación Benito Choque; es fundar una nueva parada del Sitrarepa en los lugares de concentración de repartidores o en las paradas de Uber; es aportar financieramente para la apertura de nuevos locales; es colaborar con hacer las tortas que van a vender los pibes y pibas del ¡Ya Basta! para que las compañeras puedan viajar al Encuentro Plurinacional de Mujeres y Diversidades; es participar del SÉPTIMO Campamento Anticapitalista Internacional del ¡Ya Basta!, en febrero de 2027; es difundir las publicaciones de Manuela Castañeira en redes sociales; es sumarse a la campaña de Tinta Roja en el Nacional Buenos Aires para fortalecer a la única voz independiente de las autoridades; es pintar una bandera, dar una pasada por un curso, intervenir en una asamblea y difundir las notas de IzquierdaWeb; es también hacer grupos de estudio y formarse en el marxismo; es ir a la 5ta marcha nacional educativa con el ¡Ya Basta! y el Nuevo MAS; es colaborar con las iniciativas artísticas y culturales de ArteInsurrección, la agrupación de Artistas Anticapitalistas.

Para terminar, una idea más: el mundo que se forjó hace ochenta años ya no existe más y nadie sabe a dónde va a terminar esto. Hay en el horizonte grandes catástrofes a las que nos conduce este sistema, cuyas relaciones de producción ya no pueden contener las fuerzas productivas que el mismo sistema creó. Pero, también, está la posibilidad de una revolución que trastoque todo el orden social y abra la vía para un cambio radical, hacia un socialismo auténtico, a una sociedad en las que las maravillas del mundo moderno estén al alcance de todes. Pero para eso, este mundo nos reclama ORGANIZARNOS. Los anticapitalistas queremos terminar con la explotación del trabajo y conquistar para todos el tiempo libre, terminar con la opresión y conquistar la libertad de decidir qué queremos hacer con nuestras vidas, queremos el arte y la cultura y el acceso al conocimiento. Queremos que el poder deje de estar en manos de un puñado de empresarios, tecnócratas y políticos conservadores que nos conducen a una distopía reaccionaria, queremos que el poder esté en manos de las y los trabajadores, que son los que mueven el mundo. Queremos conquistar el paraíso en la tierra. Queremos construir esa utopía, pero para eso hay que trabajar mucho. Porque es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía, decía Lenin.

Para esta tarea, el ¡Ya Basta! abre sus puertas a todos, todas y todes.

Aguante el ¡Ya Basta!

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