Indulto a los genocidas: “Menem lo hizo”

Entre 1989 y 1990, el ex presidente Menem dejó en libertad a los jefes del ejército que habían sido condenadas en el célebre Juicio a las Juntas del ´85. Sólo la lucha del activismo y las organizaciones de izquierda y derechos humanos pudo comenzar a romper este manto de impunidad varios años después.

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Como parte de estos decretos reaccionarios, también quedaron exentos de culpa y cargo otros responsables del genocidio, con una responsabilidad no mucho menor: Ramón Camps (ex jefe de la Policía de la provincia de Buenos Aires), Ovidio Riccheri (sucesor en 1977 de Camps en el cargo) y Guillermo Suárez Mason (a cargo de los centros clandestinos de la provincia de Buenos Aires durante la dictadura).

Y no es que “no pasó nada”. Así como hubo respuestas de parte de la clase obrera a las privatizaciones, al desempleo masivo; la hubo al femicidio de María Soledad Morales en Catamarca que fue conmovida por masivas movilizaciones y que determinó la intervención de la provincia por parte del gobierno nacional. Y también la hubo frente a los indultos.

En setiembre de 1989 comenzaron las movilizaciones que congregaron, según estimaciones periodísticas, 150.000 personas en Capital Federal y unas 50.000 en el interior. Posterior a estas marchas de repudio, Menem declaró: «igual que a los 100.000 que marcharon, a mí tampoco me gustan las medias tintas. Ellos y yo elegimos frío o caliente, porque a los tibios los vomita Dios» (El País, 9/9/89). La que “desbordó” todas las previsiones fue la del 30 de diciembre de 1990, en repudio a los indultos ya decretados.

Su soberbia política se apoyaba en que estaba seguro de que habían cambiado las relaciones de fuerzas, ya había derrotado al movimiento obrero y a los desposeídos. Esa movilización no logró “dar vuelta la tortilla”. Pero fue parte de una acumulación de fuerzas que, cuando estalló la rebelión en 2001, multiplicó fuerzas para lograr la reapertura de los juicios de lesa humanidad.

Las movilizaciones auténticas, surgidas desde abajo, aun en las condiciones más adversas, siempre son útiles. Se acumulan experiencias, conocimientos, siempre suman. Como bien se enteraron los gobernantes posteriores, cómo sumaron (y de qué manera) las rebeliones en algunas localidades del interior para frenar el hambre y la desocupación.

Indultos a los genocidas: “Menem lo hizo”. La lucha obrera y popular se tomó su tiempo, pero los deshizo.

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