Incendios en la Patagonia: «todo fuego es político»

Por segundo año consecutivo feroces incendios forestales arrasan con importantes porciones de los bosques patagónicos y atacan otras provincias, amenazando la biodiversidad, el equilibrio ecosistémico y las vidas de muchísimas personas ante la mirada indiferente de gobernantes y funcionarios ¿Quién se beneficia de tanta destrucción?

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Que los veranos sean cada vez más calientes y marcados por el fuego de los incendios forestales parece estarse convirtiendo en la marca de esta nueva normalidad pandémica a lo que no nos podemos acostumbrar. En verdad ambos problemas, el ascenso de las temperaturas y la proliferación de incendios forestales están íntimamente ligados y se retroalimentan entre sí en un círculo vicioso que año a año los gobiernos riegan con la nafta de la desidia y la negligencia criminal.

Al momento de escribir esta nota se encuentran activos focos de incendio en Chubut, Río Negro, Neuquén, Entre Ríos y Misiones -especialmente preocupan los focos en las primeras tres provincias por su extensión y prolongación en el tiempo-, mientras que se logró contener en los últimos días focos de incendio en Santa Fe, Provincia de Buenos Aires y Tierra del Fuego. Como vemos, no es un fenómeno novedoso, accidental ni local, aunque la Comarca Andina de Chubut y Río Negro viene siendo particularmente afectada.

Lo que tampoco es novedoso, accidental ni local es la completa falta de respuestas por parte del Estado y los gobiernos ante esta problemática sistemática que afecta de manera muy peligrosa la biodiversidad y la vida de las personas. Cuando se da, esa respuesta es insuficiente e inefectiva, aunque sirve para montar un show de despliegue de recursos, por lo general montando imágenes del trabajo -heróico por cierto- que hacen les brigadistas, con imágenes del ocioso ministro Cabandié y otras autoridades “comandando” el operativo.

Bomba de tiempo

Sucede que año a año aumentan las temperaturas, se prolongan las sequías, se multiplican los incendios y el presupuesto para combatir incendios forestales… se achica. Dramáticamente. Para ponerlo en números, en 2020 hubo incendios forestales en todas las provincias del país, salvo San Juan, se totalizaron más de un millón de hectáreas devastadas, centenares de hogares, muchísima biodiversidad y algunas valiosísimas vidas humanas de gente que quedó atrapada o murió combatiendo el fuego de manera voluntaria. Mientras que el presupuesto para manejo del fuego para 2021 -actualizado a la inflación- se redujo un 43% en relación al anterior.

El otro ritual que se repite anualmente son las imágenes impactantes de columnas de humo y fuego engullendo bosques y humedales ante la mirada impávida de los gobiernos, seguidos por los videos de vecinos y vecinas apagando el fuego y pidiendo desesperadamente ayuda. Sean incendios intencionales o propiciados por la sequía, siempre aparecen y ante la falta de respuesta oficial lo que surge es la ayuda mutua, la autoorganización, asumiendo grandes riesgos en una pelea por la supervivencia. “Manden el avión hidrante” fue un grito que se escuchó en 2020 desde el Humedal del Delta del Paraná hasta la Comarca Andina. Este año se vuelve a escuchar.

A pesar de los despliegues cinematográficos que gustan mostrar los funcionarios del gobierno cuando no tienen más opción que salir a dar respuestas, el área de manejo del fuego sufre de una sistemática falta de recursos materiales y humanos para dar respuesta a la vastedad y diversidad del problema de los incendios forestales en Argentina. Faltan aviones, camiones, helicópteros y, sobre todo, brigadistas. Los que sí hay, trabajan de manera casi voluntaria, denunciando precarización laboral, atraso salarial y falta de equipamiento adecuado y de reconocimiento de su labor como insalubre y de riesgo.

Pero no se trata sólo de recursos económicos, aunque impactan y mucho. Perdemos también cada vez más recursos naturales para combatir las condiciones que generan los incendios. La pérdida de biomasa que se da con cada incendio forestal afecta la capacidad del propio ecosistema de regenerarse, y afecta su capacidad genera de propiciar lluvias y refrescar el ambiente, como estamos viendo de manera brutal en la Amazonía como explica Juan Benito en un artículo de este portal (https://izquierdaweb.com/la-bajante-historica-del-parana-es-consecuencia-de-la-irracionalidad-capitalista/).

Mecha corta

Sin embargo en el país no falta agua cuando se trata de abastecer a las mineras o al fracking, ni escasean recursos cuando lo que está en juego son los campos de un Benetton o un Lewis. Los pesos que faltan en los bolsillos de les valientes brigadistas que dejan la vida en el fuego hay que ir a buscarlos a cuentas en Suiza, en las off shore de los empresarios amigos de la política y, principalmente, en las arcas del Fondo Monetario Internacional a cuyo servicio Alberto Fernández puso no sólo su gobierno, sino también nuestros medios de vida.

Ligar el problema de la deuda y el sometimiento al FMI al problema ambiental es crucial para ir al fondo de una problemática que cada día nos resta un dígito en la cuenta regresiva. Hasta hace unas semanas funcionarios del gobierno nacional se regodeaban en cócteles y teleconferencias de haber habilitado la megaminería en la meseta chubutense. Esa que el pueblo rechazaba pero que los inversionistas mineros y acreedores provinciales esperaban con los colmillos afuera. El pueblo chubutense le dijo, una vez más, que no es no.

El gobierno nacional, comprometido a llevar adelante los mandatos -explícitos o no- del Fondo Monetario internacional ha intentado por varias vías avanzar con una agenda extractivista de destrucción de la naturaleza en función de la generación de divisas para el pago de la deuda. El ataque a la 7722 en Mendoza, el acuerdo porcino con China y la deforestación sostenida son parte de esta agenda. Es un ataque doble sobre la naturaleza y los derechos socioambientales cuya contracara es el ajuste sistemático en educación, salud y, notoriamente, ambiente.

En Mendoza y Chubut el gobierno sufrió duros reveses por parte de la movilización popular. En el primero la magnitud de la movilización fue tal que rápidamente hizo recular al gobierno de Suárez. En el segundo llevó un largo aliento de piquetes, movilizaciones e incluso la pueblada que culminó en la toma de la casa de gobierno para quebrar la voluntad del gobierno de Arcioni, que tenía mucho en juego con esta medida. Ambos ejemplos, al igual que los incendios sistemáticos que vemos año a año nos dan la pauta de la profundidad de la pelea política que hay que dar para construir un plan alternativo anticapitalista en relación a la naturaleza y el ambiente y los métodos que nos acercan a esos objetivos.

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