Contra la derecha reaccionaria y el ajuste del gobierno

    Impulsemos la solidaridad activa desde abajo

    Es evidente que la flexibilización de la cuarentena ha ido en aumento generando un tránsito de trabajadores en transportes públicos y vehículos particulares como no se veía hace dos meses, al punto que la cuarentena como tal ha quedado desvirtuada (en comparación con el primer mes de la misma).

    Juan Cruz

    La escenificación de unidad nacional entre los sectores oficialistas, la oposición patronal, las cámaras empresariales y la burocracia sindical, finalmente se ha roto. El debate real por el cual los sectores directamente neoliberales (PRO) tomaron finalmente distancia del gobierno social-liberal de Fernández es la gestión de la economía a lo largo de la cuarentena.

    Es evidente que la flexibilización de la cuarentena ha ido en aumento generando un tránsito de trabajadores en transportes públicos y vehículos particulares como no se veía hace dos meses, al punto que la cuarentena como tal ha quedado desvirtuada (en comparación con el primer mes de la misma)1. Esta flexibilización es una concesión de Fernández a las presiones de las patronales por volver a producir ganancias para sus propios bolsillos, a la que se suma la necesidad de muchos trabajadores de volver a sus trabajos ante las medidas miserables o directamente inexistentes por parte del gobierno para paliar la situación de desempleo por falta de changas, los despidos o los recortes salariales acordados por la burocracia sindical de la CGT y la UIA.

    Por estas horas Guzmán, Ministro de Economía y responsable de la negociación de la deuda, ha publicado que la previsión del gobierno es que la economía caiga 6,5% (unos 23.500 millones de dólares), cuando la previsión oficial el 20 de marzo de este año era de una caída del 1% (La Nación, 6/5). Un dato de la velocidad con la que aumentan los índices de crisis económica, y que coloca en primer lugar la pregunta que ordena la política de todos los sectores en juego: ¿quién va a pagar la crisis económica recrudecida por la pandemia?

    Este debate que se amplifica en las alturas con una ofensiva por derecha es el que le ha puesto fin a la luna de miel que se vivió entre el personal político oficialista y opositor, los medios de comunicación masivos, y los empresarios. Esta dinámica política que va de la unidad a la polarización por derecha remite en el fondo a la defensa de los intereses de la burguesía aunque bajo una forma más agresiva que la que practica Fernández, y viene a intentar terminar con las “medias tintas” del gobierno. “Si el remedio de la cuarentena implica el recrudecimiento de la crisis de la economía -razona el sector neoliberal-, entonces basta de cuarentena. Volvamos a hacer guita y el que tenga que morir que muera”. Este es un grito viene del mundo bajo la voz de referentes ultraderechistas como Trump; de ahí se hace eco la burguesía local y tras ella se han alineado de momento la pequeñoburguesía reaccionaria y la “clase media” que aspira a que la solución a sus problemas venga de la mano de los dueños del país.

    Los gorilas de las cacerolas

    Los motivos de queja de los “dueños del país” (unas 100 familias que tienen entre 300 y 8000 millones de dólares, y estamos dejando fuera a los menos adinerados) son bastante evidentes. Con cuarentena estricta no hay explotación del trabajo y por lo tanto no hay ganancias.

    La burguesía no había logrado que esta preocupación, expresada hace varias semanas a través de distintos escribas adictos al empresariado, hiciera pie en una base social más amplia. La discusión sobre la prisión domiciliaria para evitar el contagio masivo en las cárceles, sumada a la libertad de condenados por violación y casos aberrantes, sirvió a la derecha recalcitrante para arrastrar tras de sí a sectores de la pequeño burguesía, sectores de la clase media, y a través del debate sobre la inseguridad, explotar los prejuicios existentes en sectores más amplios de la sociedad.

    El jueves pasado el cacerolazo por derecha convocado desde los medios de comunicación más recalcitrantes logró cierta amplitud. Para el jueves de esta semana hay convocado un nuevo cacerolazo e incluso manifestaciones en las esquinas. Habrá que ver si logran arrastrar nuevamente a un sector de la sociedad.

    Como hemos dicho en diversas notas, nos oponemos terminantemente a la prisión domiciliaria de presos por casos aberrantes: violadores, asesinos y genocidas. Y aunque es evidente que este sistema genera niveles de marginación, de degradación moral y de miseria que son caldo de cultivo para robos y todo tipo de actos delictivos no aberrantes, tampoco justificamos el delito del cual muchas veces son víctimas los propios trabajadores, robos que tienden a incrementarse en momentos de mayor crisis, como está ocurriendo en estos momentos donde los robos en los barrios están aumentando.

    Pero junto con esto debemos decir que una cosas es no avalar los delitos menores, y otra muy distinta es apoyar la idea de que “hay que dejarlos encerrados y que se mueran todos de coronavirus”, o que un problema que viene del propio sistema capitalista se resuelva con más policía en la calle. Policía que como sabemos es la que organiza los delitos en los barrios para aumentar la “recaudación” de las comisarias.

    Otro elemento evidente es que las cárceles, lejos de ser lugares de resocialización, son “basureros de personas” donde la degradación moral aumenta imposibilitando la recuperación de las personas. Junto con esto el hacinamiento brutal al que está sometida la población carcelaria hace imposible dar alguna solución humana al problema del contagio masivo por coronavirus, que no sea vía la inversión para terminar con el amontonamiento de presidiarios u otorgando a los presos de causas no aberrantes o sin condena la prisión domiciliaria.

    El gobierno, tras declarar su apoyo a la prisión domiciliaria para los casos de delitos menores, salió luego de la ofensiva por derecha a despegarse rápidamente y desvincularse del juez Violini (quien había dictado el habeas corpus colectivo para los presidiarios) y de todo el poder judicial. Por estas horas la novedad es un fallo de la Corte Suprema Bonaerense que deja sin efecto el habeas corpus para miles de presos que estaban a la espera de cumplir la cárcel en sus domicilios, aunque no sería retroactivo para quienes ya salieron.

    Queremos insistir en el hecho de que el debate alrededor de la inseguridad le ha servido a la oposición patronal para ponerse a la ofensiva. Montados en este debate sensible para amplios sectores la sociedad, intentan traficar toda una agenda reaccionaria ordenada en primer lugar alrededor de la vuelta a la producción de ganancias, de un ajuste aún mayor a los trabajadores para que las pérdidas económicas de la crisis la paguen los de abajo, la negativa rotunda a que los grandes empresarios paguen siquiera un centavo en impuesto a las riquezas, y el pago de la deuda externa a como dé lugar en busca de ganarse el visto bueno del imperialismo. En esta agenda la salud de los trabajadores no figura.

    Tras esta agenda reaccionaria se pone en disputa la representación de los asuntos sociales: por qué sucede lo que sucede, cómo son las cosas, y cómo deberían ser, intentando imponer una visión reaccionaria a la sociedad y en particular a los trabajadores como una solución para los problemas de la vida bajo la pandemia. Una ideología que explota siempre los falsos antagonismos (ocupado/desocupado, argentino/extranjero, mujer/hombre) y que explota el individualismo por encima de las salidas colectivas y de clase.

    El gobierno levanta la cuarentena

    Por su parte la aplicación de la cuarentena por parte del gobierno, más allá de hartazgo comprensible que genera, ha sido correcta poniendo por delante la salud. Pero lo hizo acorde a su lógica social-liberal, por lo cual la medida sanitarista no tuvo un correlato en las medidas económicas necesarias para evitar la carestía de la vida entre amplios sectores de trabajadores. Muchos anuncios no pasaron de eso, los que se concretaron son directamente miserables, y lo que se vive por abajo es un ajuste cotidiano.

    Mientras tanto, el Ministerio de Trabajo nacional dio prorroga a un decreto que insinúa la prohibición de asambleas en los lugares de trabajos y las manifestaciones públicas. La mayoría de las patronales obligan a trabajar en condiciones de absoluta insalubridad, despiden y recortan salarios, y el gobierno busca prohibir a los trabajadores organizarse en comités de higiene y seguridad o reclamar contra los ataques patronales.

    Defendemos incondicionalmente la organización de los trabajadores en asambleas y la protesta con medidas de seguridad y distanciamiento social contra las condiciones de vida a las que nos someten los empresarios y el gobierno. No existe en la historia otro método para cambiar realmente las cosas que no parta de la auto-organización de los trabajadores y sus métodos históricos de lucha y organización.

    Junto con esto el gobierno continúa la negociación con los bonistas que tendrá un nuevo capítulo el viernes 8 en el que intenta una quita de intereses del 63%, una ínfima quita sobre el capital del 5.3% y una prórroga de pago hasta el 2023, un negocio redondo para los especuladores financieros que se niegan a aceptar la oferta apostando a que el gobierno sea aún más blando. En este rubro la derecha le reconoce a Fernández su vocación de pago a pesar de los pésimos números de la economía.

    Mientras que el gobierno busca por todas las vías posibles pagar a los capitalistas financieros (esos parásitos que ganan miles de millones de dólares sin mover un dedo y reventando a los países), ha sido incapaz de garantizar el pago de 5 mil pesos para los trabajadores de salud que había anunciado como compensación salarial, trabajadores y trabajadoras que ponen literalmente su vida en juego para garantizar la salud de todos.

    La izquierda y los trabajadores

    Parece increíble pero, mientras la derecha agita para llevar agua a su molino, un sector de la izquierda (FITu y particularmente el PO) se ha dedicado a polemizar con nuestro partido intentando convencer de que no hay que hacer nada más que exigirle al gobierno que resuelva los problemas, sin sospechar aparentemente de que uno de los principales problemas es el gobierno. Y que si no se pasa de la exigencia a la acción política solidaria y el apoyo de las luchas incipientes, no hay posibilidad de resolución a los problemas de los trabajadores.

    Una idea tan simple y elemental como la de tomar la resolución de los asuntos en nuestras propias manos que lleva a los trabajadores a organizar comités de higiene y seguridad y no limitarse a exigirle a patrón, o la de organizar la solidaridad entre los trabajadores ante la incompetencia del Estado, que combinado con la exigencia se enlaza como un eslabón más de la experiencia con el gobierno.

    Pero los eventos de la política nacional vinieron a darle un nuevo trasfondo más al asunto. Mientras la derecha salió a cacerolear y llama a manifestarse en la calle el jueves 7, este sector de la izquierda se opone a abrir los sindicatos, cuando los sindicatos independientes tendrían que estar entre los actores principales de la coyuntura nacional amplificando los reclamos de los trabajadores que crecen a medida que pasan los días. ¡Muy distinto sería el debate nacional si además de la voz del Pro y de Fernández se escucharan los reclamos de los trabajadores!

    El lloriqueo de esa izquierda que se niega a cumplir un rol en medio de la catástrofe quedó tapado por el ruido de las cacerolas. Pero eso es anecdótico, el verdadero problema es que mientras el gobierno y la derecha disputan la orientación política del país, los trabajadores se ven ante la disyuntiva del mal mayor o el mal menor.

    La situación empeora día a día y surgen de manera incipiente diversos conflictos que si se desarrollan en número y calidad podrían poner en el centro de la escena a los trabajadores y sus reclamos. Es una obligación para la izquierda ser parte de cada lucha que surja, impulsarla y contribuir a su desarrollo. Sólo interviniendo en los hechos de la lucha de clases y desarrollando acciones de solidaridad podremos lograr una influencia real en los asuntos de los trabajadores.

    Insistimos: toda acción y participación con concentraciones, movilizaciones, etc., debe ser realizada con el mayor de los cuidados, distanciamiento social y discutiendo las delegaciones, porque a pesar de que en Argentina aún los números de infectados y muertes no se han disparado continúan en aumento. Pero defendiendo de manera incondicional el derecho a la organización y lucha de los trabajadores.

    1 Aunque se conservan elementos de confinamiento social, el centro aparece ahora puesto en el uso obligatorio de tapabocas en la vía pública, que invierten el foco de la política sanitaria: de la prevención por medidas de carácter social a la prevención por medidas de conducta individual. Habrá que ver qué medidas anuncia el gobierno el fin de semana próximo.

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