El lunes 1 de noviembre, en el marco de la cumbre COP26 en Glasgow Escocia, la empresa Fortescue Future Industries anunció que la Argentina recibiría una inversión millonaria para producir Hidrógeno Verde. Es una firma subsidiaria de la minera australiana Fortescue Metals, el cuarto productor de hierro del planeta. Apunta a instalar 2200 MW eólicos en Río Negro para producir 2,2 millones de toneladas de hidrógeno lo que cubriría una producción energética equivalente a casi un 10% de la energía eléctrica consumida por Alemania en un año. Desde el gobierno de Alberto Fernández la consideraron “la inversión del siglo” o «la más importante en los últimos 20 años». La inversión podría trepar hasta los US$ 8400 millones hasta el 2029. Aunque aún hay mucha incertidumbre respecto a la iniciativa, no se está hablando de descarbonizar la matriz energética sino de dólares.

¿Qué es el hidrógeno verde y cómo se produce?

El hidrógeno es el elemento más abundante del universo, constituye el 75% de su masa. A pesar de ser muy abundante, en la tierra no se encuentra concentrado en su forma pura como hidrógeno molecular (H2), sino en otras sustancias como el agua (H2O) que contiene dos átomos de hidrógeno enlazado químicamente a un átomo de oxígeno. Como no existen minas ni yacimientos de hidrógeno en nuestro planeta, no podemos extraerlo para combinarlo con el oxígeno de la atmósfera (quemarlo) y generar energía, dejando agua como único residuo. El hidrógeno no es una fuente de energía, es un vector energético, una forma de almacenar energía proveniente de una fuente.

Según la fuente que se utilice para producir el hidrógeno se clasifican en distintos colores, etiquetas que ponderan la cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) que se emiten para su producción. El hidrógeno negro, también conocido como marrón o gris, es el que genera más emisiones durante el proceso de producción, emplea carburantes como el carbón o el petróleo y es el más utilizado en la industria química o en las grandes refinerías de crudo. El hidrógeno azul utiliza como fuente las formaciones de gas natural (como la de Vaca Muerta), sigue requiriendo del empleo de recursos no renovables, pero “promete” emitir menos GEI debido a que los gases serían capturados y almacenados debajo de la tierra (como cuando barres la mugre debajo de la alfombra, pero a nivel geológico). El hidrógeno rosa utiliza energía nuclear que no produce cantidades significativas de GEI. El hidrógeno verde, el único viable a largo plazo, utiliza una fuente renovable como la eólica o la solar.

El proceso de producción de hidrógeno verde en Sierra Grande se puede explicar de una forma simple. Se emplea corriente eléctrica proveniente de molinos eólicos para separar las moléculas de agua (H2O) en sus dos componentes, oxígeno (O2) e hidrógeno (H2). El hidrógeno molecular almacena la energía, se comprime y se exporta. Se debe utilizar agua dulce, por lo que, si se prevé usar agua del mar, será necesario instalar una planta desalinizadora en la costa marítima que emplearía energía eléctrica adicional.

Las condiciones para la generación de hidrógeno a partir de energía eólica en la Patagonia, particularmente en la zona extra andina, como en Sierra Grande, son excelentes. Es una de las zonas con mayor potencial eólico del planeta porque el anticiclón del Pacífico Sur proporciona una marcada intensidad de viento desde el oeste, favorecido por las características territoriales y oceánicas, con valores medios de velocidad de entre 15 y 22 Km/h, de mayor velocidad en verano. De ahí el interés de la empresa en ubicar el proyecto en este lugar, por la disponibilidad de vientos y la cercanía a la costa atlántica como fuente de agua.

En el contexto del capitalismo fósil que amenaza con destruir el planeta en una búsqueda desenfrenada de ganancias, algunos empresarios vieron la oportunidad de hacer negocios “salvando al planeta” de otros empresarios. Las inversiones en materia de energías renovables están creciendo rápidamente a lo largo del mundo, mientras algunos buscan resolver el problema de los autos eléctricos, otros llenan de molinos eólicos la Península Ibérica, alfombran con paneles solares un desierto. Se trata de un boom de las energías renovables, en 2020 registraron su mayor crecimiento en dos décadas, impulsadas por China y la energía eólica, un ritmo que será «normal» en los próximos años según indica un informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). También hay que mencionar que los mercados de capitales están interesados en impulsar esta industria fomentados por toda una ingeniería financiera para fomentar las inversiones en este tipo de tecnologías (créditos y bonos verdes, exención de impuestos, etc).

Sin embargo, la proporción total de uso de energías fósiles casi no ha cambiado. La amplia mayoría de la base energética del capitalismo mundial sigue siendo contaminante, emisora de gases de efecto invernadero. Una de las denuncias del activismo en el COP26 es precisamente que los compromisos no son más que eso: palabras.

El hidrógeno presenta una ventaja evidente, a diferencia de los combustibles fósiles: al quemarlo en motores, hornos, hornallas o celdas combustibles produce agua como único producto. Una de las principales características del hidrógeno es su versatilidad, ya que puede transformarse en electricidad, fertilizantes o combustibles sintéticos y utilizarse con fines domésticos, comerciales, industriales o de movilidad (incluso en aviones comerciales o barcos de carga donde las baterías serían inviables). Aunque al día de hoy no tiene un precio competitivo contra los combustibles fósiles, un informe publicado en agosto de 2020 por la consultora energética Wood Mackenzie sugiere que van por buen camino, estima que los costos se reducirán hasta en un 64% en la próxima década.

Lo que dejó el anuncio del gobierno

Primero que nada, hay que aclarar que más que un detalle de la inversión el anuncio pareció una declaración de intenciones, demasiada incertidumbre y, como se sabe, el diablo está en los detalles. No se trata de ser optimista o pesimista, ingenuo o pájaro de mal agüero. Hay que ser realistas y fundar las opiniones datos y los hechos. Argentina tiene antecedentes próximos de anuncios millonarios de inversiones que quedaron solo en anuncios. En noviembre del 2015, por ejemplo, se firmó un acuerdo para la construcción de dos centrales nucleares Chinas que se sumarían a las otras tres que ya operan, en un convenio que implicaría la inversión de 14.000 millones de dólares, el 85 por ciento de los cuales serán financiados por la potencia asiática. Según las declaraciones ambas centrales se pagarían solas, ya que cubrirían los costos del capital con la venta de la electricidad. Una de las centrales sería de agua pesada, fabricada con tecnología y agua pesada nacional producida en la planta de producción de agua pesada (PIAP). Pero, 6 años después de los anuncios, se habla de una única central con tecnología importada, ni siquiera se ha definido el emplazamiento de la misma y la PIAP se encuentra en un proceso de vaciamiento. Habrá que seguir de cerca el destino de este nuevo anuncio.

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Australia lidera los planes de desarrollo del hidrógeno a nivel mundial, Fortescue Future Industries cuenta con propuestas para construir cinco megaproyectos en su propio territorio y varios a nivel, por este motivo algunos están llamando a Australia «la Arabia Saudita del hidrógeno verde». El hombre más rico de Australia, el empresario y “filántropo” Andrew Forrest, exdirector ejecutivo de Fortescue Metals Group, promete producir 15 millones de toneladas anuales de hidrógeno verde en 2030, de las cuales 2,2 millones de toneladas serían producidas en el país. Según señaló Agustín Pichot, ex capitán de los Pumas y representante de Fortescue para Latinoamérica, la iniciativa contempla la construcción de una planta generadora de 0,65GW de potencia en una primera etapa, ampliable a 2,2GW en una segunda etapa para finalmente alcanzar los 15GW (esta tercera etapa mucho más borrosa). La empresa señaló que la inversión puede llegar a U$S 8.400 millones al 2029 y generará la creación de más de 15.000 puestos directos de trabajo y entre 40.000 y 50.000 indirectos. Para abastecer de energía a la planta de la segunda etapa se planifican montar tres parques eólicos de los cuales aún no se han dado detalles. De esta manera, se espera convertir a Río Negro en un polo mundial exportador de hidrógeno verde en 2030.

Dentro de tanta incertidumbre, se sabe que la intención es que la totalidad de la producción de hidrógeno sea para exportación (a Alemania), por un lado, porque el principal interés del gobierno con este tipo de inversiones es conseguir divisas para pagar la deuda, y por el otro, porque en Argentina aún no hay tecnología masificada capaz de utilizar este tipo de energía.

De la mano de este anuncio, está la intención del gobierno de hacer una especie de canje de deuda por acción climática, como anunció Fernández en su discurso en la COP26, por la que se entiende que el país podría reducir su deuda a partir del desarrollo de proyectos de mitigación del cambio climático, como sería este proyecto de producción de hidrógeno verde. También se habló en la COP26 de que un porcentaje de lo que cada país debe pagarle al FMI pueda ser utilizado para la transición ecológica. Pero son todas ideas sobre las que ningún compromiso se ha firmado siquiera.

Por otra parte, se sabe que la empresa australiana le exige al gobierno una serie de requisitos para concretar la inversión del proyecto: una Ley de Hidrógeno Verde, con beneficios impositivos, exportaciones sin retenciones, devolución del IVA a la inversión la declaración de la ubicación del proyecto (Sierra Grande) como zona franca libre de impuestos, y el acceso a los dólares para pagar los créditos con los que se financiaría el negocio, según Diario La Nación.

¿Qué significa esto? El gobierno no podría ver casi ni un peso (o dólar) de este proyecto, y las ganancias serían probablemente en su totalidad para la empresa. Una práctica imperialista como bien las conocemos: vienen, usan los recursos (naturales y humanos) y se la llevan en pala, mientras que los beneficios para la economía del país (ni hablar de la clase trabajadora) son casi nulos.

¿Queda al menos algún beneficio por reducción de emisiones? En la medida en que la producción de hidrógeno sea 100% exportada, en realidad no se suma ni se resta cantidad de emisiones de CO2 (exclusivamente con la generación de hidrógeno a partir de energía eólica, pero hay que ver si no hay otros procesos, por ejemplo, transporte a base de combustibles fósiles, que sí genere emisiones). A su vez, está muy claro que el resto de las actividades contaminantes, como la explotación del yacimiento de Vaca Muerta, seguirá en vigencia, por lo que las emisiones producto del uso del gas allí obtenido se seguirán generando.

De todas maneras, a nivel global, la diversificación de la matriz energética a partir de proyectos de generación de energía basados en recursos renovables, como en este caso, sí aportan a la descarbonización y es necesario avanzar en el uso de energías alternativas si queremos reducir las emisiones para mitigar el cambio climático.

Sobre el emplazamiento del proyecto no hay grandes precisiones. Solamente se anunció que sería en Sierra Grande, localidad que se encuentra a unos 28 km de la costa atlántica, muy cerca de Playas Doradas, zona de actividad principalmente turística. La densidad poblacional es muy baja: en 2010 Sierra Grande contaba con un poco más de 7.000 habitantes. A 30 km de esta localidad se encuentra un área natural que espera su aprobación para ser conformado como el Parque Nacional Islote Lobos, en busca de proteger una colonia de lobos marinos, aves y el humedal que los contiene. Dato de particular relevancia para evaluar los impactos del proyecto sobre la ecología marina de la zona.

Un último aspecto, del que no se sabe nada pero hay muchas dudas, es sobre cómo la empresa obtendrá los campos en donde se emplazarán los parques eólicos, considerando, entre otras cosas, la importante magnitud del proyecto y los constantes conflictos por el territorio y el uso del suelo con comunidades indígenas en la Patagonia. No sorprendería que, una vez más, las intenciones sean las de pasar por encima de cualquier comunidad para favorecer las ganancias de estas empresas, en un particular contexto en el que el gobierno vuelve a colocarlos como enemigo interno, en una campaña anti-indígena, y abonando su demonización.

Soberanía tecnológica o dependencia

Hay un aspecto no menor relacionado con la dependencia económica de los países periféricos, en Argentina no sólo no se tiene el capital necesario para realizar este tipo de inversiones, sino que tampoco se cuenta con el nivel de desarrollo de los medios de producción, ni de la tecnología necesarios para fabricar en el país ni siquiera los molinos eólicos. Es siempre la misma mentira; necesitamos que vengan inversiones extranjeras, que se derramará para terminar con nuestra pobreza y emprender el camino a la soberanía económica. Siempre la misma fórmula, la misma mentira que fracasa una y otra vez a lo largo de toda la historia del capitalismo en todo el mundo. Lo que no se suele decir es que, para que vengan esas inversiones, tenemos que permitir el saqueo de nuestros recursos naturales (sea el gas de vaca muerta, los minerales de la cordillera o el viento de la patagonia), el gobierno debe darles derechos extraordinarios sobre las exportaciones y garantías para el saqueo. Las empresas solo invierten en el país si el estado les garantiza las ganancias y los dólares, el gobierno muestra los dólares que entran, los anuncia con bombos y platillos, para ocultar los dólares que salen.

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Existe una relación de retroalimentación negativa entre la dependencia económica y el atraso tecnológico. No tenemos dinero para invertir en el desarrollo tecnológico, porque no tenemos tecnología para hacernos del dinero. Con este círculo vicioso ingresamos en las «revoluciones tecnológicas» perpetuando la dependencia y el subdesarrollo. Algunos oasis de desarrollo en medio de un mar de atraso, lo definió Milcíades Peña. Desde ya que para romper con esto es necesario tomar medidas económicas como la nacionalización del comercio exterior y la banca, el no pago de la deuda externa, la expropiación de las grandes fábricas, etc.  Necesitamos concentrar la riqueza en las manos de los trabajadores y usarla en pos de los intereses de la clase trabajadora, la única que puede plantear un horizonte de soberanía y romper las relaciones de dependencia en los países atrasados. Pero el problema no solo empieza por ahí, también necesitamos desarrollar los medios de producción poniéndolo en manos de las amplias masas.

La revolución tecnológica que implica el cambio de la matriz energética mundial en pos de alcanzar los objetivos planteados por el IPCC hacia el 2050 es de una dimensión sin precedentes. El hidrógeno como combustible implica una serie de desarrollos tecnológicos para ser aprovechado completamente y, si el país tiene condiciones extraordinarias para producir este recurso, sería necesario pensar estratégicamente las inversiones para producir puertas adentro soluciones tecnológicas propias. Alemania está al frente de la investigación en el dominio de la tecnología, como parte de la Energiewende, el programa alemán de transición hacia energías limpias, el gobierno germano invertirá alrededor de 300 millones de euros en investigación para desarrollo de proyectos de hidrógeno verde entre 2019 y  2023. Argentina debe impulsar programas de Ciencia y Tecnología (CyT) y de Investigación y Desarrollo (I+D) para producir todos los eslabones de la cadena de producción del hidrógeno verde. Para aprovecharlo completamente necesitamos dominar las tecnologías de las celdas combustibles (que permitan transformar el hidrógeno en electricidad con 80% de eficiencia), la desalinización, la producción de los electrodos y el montaje de plantas de electrólisis y la fabricación de los molinos eólicos. Considerando que la producción de hidrógeno verde es una industria de capital intensivo (como casi todas las industrias de energía renovable), donde la inversión inicial es grande y los costos operativos son bajos, la participación nacional en esta producción es de vital importancia así como también los términos de la transferencia tecnológica que tenga el acuerdo. No casualmente todos estos temas estuvieron fuera del anuncio, los empresarios eco-friendly están más interesados en sus propias ganancias que en nuestro desarrollo.

Conclusiones

Lo primero que hay que entender es que el mundo está cambiando: nos encontramos en la antesala de la disputa entre distintos bandos capitalistas por soluciones a los problemas del cambio climático. Un sin fin de matices entre los negacionistas del cambio climático defensores del capitalismo fósil y los “filántropos” magnates que apuestan a la revolución tecnológica para limpiar la matriz energética del mundo. Es una pelea que nos atraviesa aunque no seamos partícipes sino más bien el botín a repartir. Como muestra de esto basta recordar que Elon Musk (el hombre más rico del mundo, dueño de la empresa TESLA que apuesta a las baterías de litio para resolver el problema de la electricidad doméstica y los automóviles) reivindicó el golpe de estado en Bolivia porque era beneficioso para su compañía y le permitirá obtener litio barato. El caso del hidrógeno verde en Argentina tiene la misma lógica, un mega magnate australiano ve la oportunidad única que brindan las condiciones naturales de la patagonia para hacer su negocio.

Ubicarse políticamente en este nuevo terreno de disputa no siempre será fácil, por la cantidad de presiones a las que estaremos sometidos. Si bien necesitamos impulsar movimientos que luchen por la reducción de las emisiones de GEI,   la lucha por un mundo sustentable no puede realizarse junto a los que solo se interesan por la obtención de ganancias y ven una oportunidad en la transición energética. Por más filántropos que se pinten, nuestra apuesta por un mundo sustentable se encuentra íntimamente vinculada a la lucha por un mundo socialista, donde las relaciones entre humanos y con la naturaleza no estén marcadas por explotación/expoliación.

El acuerdo anunciado aún presenta muchísimos puntos en los que no hay información disponible o la información es contradictoria, será necesario seguir muy de cerca la evolución de esta historia. Ni siquiera está definido el lugar de emplazamiento de los parques eólicos ni  de las plantas necesarias para la producción, tampoco cómo serán  adquiridas estas tierras por la empresa australiana, también faltan los estudios de impacto ambiental o detalles económicos del acuerdo. El gobierno de Alberto aprovecha el anuncio de cara a las elecciones, promociona el monto de la inversión y la cantidad de puestos de trabajo que se generaría de forma directa e indirecta, sin embargo en ningún lado se detalla nada en relación a ninguno de estos dos puntos. En definitiva, es más la incertidumbre que las certezas y, conociendo el paño de los gobiernos capitalistas, hay dos opciones: o los anuncios quedan en la nada, en un acto que en todo caso le servirá a Fernández para abonar su campaña electoral, o en su defecto, llevarán a cabo estos proyectos a costa de cualquier beneficio para la ecología y economía del país. Habrá que esperar y seguir en detalle la evolución del acuerdo en el marco de una transición energética mundial.

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