Comparar a Milei con Galtieri y la Guerra de Malvinas de 1982 puede sonar exagerado, y algún troll tal vez ensaye supuesta indignación. Milei y sus voceros anónimos de redes sociales venían sembrando expectativas sobre el carácter histórico de la Cadena Nacional de anoche. Para los atentos, iba a ser humo, y así fue.
Tal vez lo más gracioso es que Milei no puede dejar de ser cipayo ni cuando hace sobreactuación soberanista. Fue completamente explícito: Milei ata la causa Malvinas a los caprichos y las insinuaciones de Trump. Toda la política internacional mileísta se mueve al ritmo del presidente yanqui.
Trump insinúa muy vagamente que tal vez podría pensar alguna vez en que tal vez, probablemente, quién dice, algún día, podría decir algo distinto respecto a Reino Unido y Malvinas. Lo hace presionando para que sus aliados británicos se acomoden más a lo que él quiere en la OTAN. Y Milei hace un mundo de un suspiro.
Los tiempos tampoco engañan a nadie. El anuncio viene menos de dos meses después del estallido del debate por Malvinas en el partido Argentina-Inglaterra del Mundial y el rechazo popular a la posición cipaya del gobierno, después de la derrota del 6 de agosto y del debate nacional por la situación de mora de millones de personas. Milei se sube a un barco que nunca le importó y hace un giro retórico de 180 grados con pocas consecuencias reales. Y, de repente, el gobierno encuentra un nuevo motivo para existir.
Parte del discurso, sugerido por algún asesor, fue decir que Malvinas es una «causa nacional», no «partidaria». Así, intenta acallar las críticas a su tráfico al por mayor de humo porque podrían ser interpretadas mal. Nos está diciendo que si criticamos la política cipaya de un gobierno cipayo, somos cipayos. Criticar su entrega, su alineamiento carnal con Trump, su ajuste y su fracaso sería no defender la causa Malvinas. La trampa es demasiado obvia. Y nadie está cayendo.
Milei y Malvinas
Todo lo que dijo Milei en su discurso por Cadena Nacional sobre Malvinas es un giro completo en lo que respecta a su posición hasta ahora. Con alguna ambivalencia «soberanista», en el fondo su posición era entreguista.
En su discurso por el aniversario de la Guerra de Malvinas del año pasado, habría expresado su «deseo» de que los kelpers desearan «ser argentinos». Hay que prestar un poco de atención para darse cuenta que semejante «deseo» es una política de entrega. La ocupación británica basa su supuesta soberanía sobre las islas en el «derecho a la autodeterminación» de la población nativa.
En la ley internacional, el principio de la autodeterminación, el reconocimiento soberano de los pueblos, es parte importante del reconocimiento de soberanía sobre un territorio. Pero explícitamente ese principio no aplica para poblaciones injertadas con una política colonial. No hay «autodeterminación» de los colonos, hay colonialismo. Y lo kelpers son población transplantada a suelo malvinense tras la expulsión de población argentina con la ocupación de 1833. Hace años, Reino Unido hizo un referéndum para saber qué nacionalidad preferían tener los colonos británicos en Malvinas conocidos como kelpers, que votaron por amplísima mayoría ser británicos. Y sí.
El «deseo» de que quieran ser argentinos es reconocer el argumento colonial británico. Es una posición cipaya. Es lo mismo que había sostenido Diana Mondino en 2023, en plena campaña electoral, cuando ya se sabía que ella iba a ser la responsable de la política exterior de un eventual gobierno mileísta.
El giro en el discurso fue completo: “Los isleños, al ser una población implantada en un territorio usurpado, no tienen un derecho legítimo a la autodeterminación y cualquier argumento basado en referendos realizados en las islas es inválido”.
Es evidente que hay un cambio de posición motivado por cosas muy ajenas a la causa Malvinas. Así lo denunció Manuela Castañeira, referente del Nuevo MAS:
«Todo una puesta en escena de un presidente que aparece cada vez más disociado de la realidad y con una caída en su imagen y que busca la manera de no hundirse. Me hace acordar a Galtieri, en eso y en creer que EEUU apoyaría nuestro reclamo, cuando no es más que una maniobra de Trump para que Gran Bretaña se alinee a sus intereses. Demás está decirle al bufón cipayo que se sienta en la Rosada que no hay ninguna defensa de la soberanía en su política de arrodillarse a EEUU!»
El mismo Milei que venía de acordar con Inglaterra para que no se exprese el reclamo por Malvinas en el Mundial, ahora busca hacerse el paladín de esta causa. El mismo presidente que quería legalizar la extranjerización de tierras y que fue golpeado por la movilización en las…
— Manuela Castañeira (@ManuelaC22) September 4, 2026
Los anuncios de Milei: humo, farsa… y entrega
En el marco de su inesperada convicción soberanista, Milei anunció una serie de supuestos giros políticos para el combate por las islas usurpadas.
El planteo más concreto y urgente fue el del reforzamiento de las sanciones económicas en torno a la explocación petrolera offshore en mar argentino circundante a las islas. En concreto, el gran debate es sobre el proyecto Sea Lion por una concesión hecha por el gobierno británico de explotación hidrocarburífera para la empresa israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration.
Se sabe que ese proyecto de usurpación de recursos del mar argentino está en condiciones de empezar a extraer petróleo en el corto plazo con el respaldo del gobierno británico.
Concretamente, Milei anunció el endurecimiento de sanciones ya existentes y de la imposibilidad de entrar en el RIGI para empresas que participaran de esas explotaciones. El asunto es que las sanciones ya existentes disuadían ya a las grandes petroleras que explotan en yacimientos con Vaca Muerta o en otros de jurisdicción argentina. Las principales multinacionales tenían más negocios para hacer sin sanciones. las responsables del proyecto Sea Lion no operan en Argentina, por lo que las sanciones no las alcanzan. El efecto es nulo.
Y lo que sí puede ser efectivo de lo anunciado por Milei es de un cipayismo tan absoluto que sorprende. Por un lado, dijo que acelerarían la construcción de una base naval integrada en Tierra del Fuego. Es decir, parte del anuncio es el reforzamiento de la presencia militar en el sur. El problema es que en el 2024, el propio Milei había anunciado que esa misma base naval se iba a hacer con participación y apoyo de Estados Unidos. El delirio es absoluto. “El mejor recurso para defender nuestra soberanía es la alianza con Estados Unidos” había dicho en ese momento.
Con un discurso soberanista por Malvinas, Milei quiere entregarle presencia militar en suelo argentino a Estados Unidos, el principal aliado militar a nivel internacional de los británicos, miembro de la OTAN. Galtiero también había jugado con la idea de que Estados Unidos apoyara a Argentina respecto a Malvinas, basándose en que eran sus servidores militares los que estaban comenzando la guerra. Como es sabido, sus esperanzas fueron frustradas.
El otro anuncio fue la creación de un Consejo de Seguridad Nacional acorde al asesoramiento de los aliados de Milei de la Fundación Faro. El anuncio es un giro respecto a la política de «seguridad nacional» que confunde inteligencia, vigilancia interna, represión y fortalecimiento de los atributos de las FFAA. Se trata de una doctrina impulsada desde antes por esa «Fundación» impulsada por Agustín Laje y sus aliados, propaganistas de volver a la política de «seguridad» de las dictaduras militares.
El anuncio va en sintonía con las cumbres «antiterroristas» que viene impulsando el trumpismo con la participación del gobierno de Milei. El «terrorismo» al que apuntan es el «antiamericanismo» y «anticapitalismo». Con la excusa soberanista de Malvinas, la respuesta es reforzamiento de la represión interna en alineamiento total con la política internacional de Estados Unidos. Los mismos Estados Unidos que, a pesar de los roces, siguen siendo aliados estratégicos de los británicos.
Milei es cipayismo y entrega, no importa cuando leas esto.




