Ante la segunda ola y las declaraciones de Fernández

Hacen falta medidas de fondo

La segunda ola es un hecho en el país, como lo indica el aumento de casos en las últimas dos semanas, donde se saltó desde los 7 mil a los 22 mil, alcanzándose una nueva marca en cantidad diaria de contagios registrados.

Redacción de Socialismo o Barbarie
Redacción del semanario Socialismo o Barbarie


Ante esto, los anuncios de Alberto Fernández han sido pusilánimes. Lejos de tener algún contenido sanitarista y que apunten a resolver los problemas estructurales acumulados a lo largo de la pandemia, han mostrado nuevamente que para el gobierno la prioridades el compromiso de ajuste asumido con el FMI y garantizar las ganancias de los empresarios. En su anuncio no hubo una sola medida activa del gobierno contra la pandemia, toda su retórica de “medidas sanitarias” pueden resumirse en la máxima peronista versión pandémica: “de la casa al trabajo y del trabajo a la casa”.

Se lavan las manos ante la segunda ola

Insistimos, no hubo un solo anuncio que tuviese que ver con el cuidado real de la salud integral (sanitaria y también psicosocial) de los trabajadores y los de abajo, ni de sus condiciones de vida. Según el relato oficialista, el único motivo del repunte de los casos es la irresponsabilidad individual de la gente. Argentina parece ser una verdadera fiesta en donde pareciera que la población estuviera yendo de reuniones sociales multitudinarias a mega fiestas clandestinas.

Es por eso que el nuevo decreto se limita a una batería de medidas que restringen la movilidad de las personas y que al gobierno no le cuestan un peso. Por un lado, se prohíben las actividades sociales en domicilios particulares, las reuniones de más de 20 personas al aire libre, las prácticas recreativas o deportivas donde participen más de 10 personas, se establece el cierre de los bares y restaurantes a partir de las 23hs. Y finalmente se prohíbe la circulación entre las 00.00 y las 06.00 de la mañana de cada día.

El gobierno no asume absolutamente ninguna responsabilidad frente a esta segunda ola. La economía se mantendrá abierta prácticamente sin modificaciones sobre el falso supuesto que en los lugares de trabajo no habría contagios, y por lo tanto no se plantea ninguna exigencia en términos sanitarios al sector empresarial ni a las instituciones estatales. Las medidas pretenden que la vida continúe “normalmente”. El día se divide entre el tiempo habilitado para ser explotados (y sin chistar, porque recordemos que se mantiene la prohibición de asambleas en los lugares de trabajo) y el tiempo en donde toda otra actividad social está prohibida o limitada al máximo.

Está claro que el cansancio social, el crecimiento de la pobreza y la debilidad de la economía son condicionantes reales para volver a un régimen de cuarentena como el del año pasado. Pero en el esquema del gobierno no hay espacio para el cierre de ninguna actividad bajo ninguna circunstancia, ni siquiera ante un pico de contagios. Eso explica que entre las medidas del Poder Ejecutivo no se contemple ninguna ayuda ni paliativo para los sectores más necesitados como fue oportunamente el IFE (aunque fuera insuficiente), ni ningún tipo de aportes como los ATP para sostener el salario en los sectores que objetivamente debieran cerrar ante la emergencia sanitaria.

También brilló por su ausencia toda medida dirigida al sector de la salud, que debe afrontar la lucha contra esta segunda ola absolutamente agotados, con sus filas dezmadas por más de doce meses de trabajo extenuante y con salarios de miseria. No se anunció ninguna partida de emergencia ni  aumento del presupuesto de salud, no se destinó un solo peso a la contratación de más personal sanitario ni se tomó ninguna medida para aunar recursos mediante la unificación del sistema de salud.

Tampoco se tomó ninguna medida de fondo respecto al transporte. Todo trabajador sabe que el verdadero foco de contagios está en los trenes a las horas pico en que se viaja como ganado, en los subtes y colectivos en donde uno puede estar dos horas a menos de 50 centímetros de tres o cuatro personas.  Alberto Fernández tampoco se hizo cargo de esto, en los trenes y colectivos en vez de aumentarse su frecuencia diaria para evitar la aglomeración de personas, se la ha reducido para disminuir el subsidio destinado al trasporte.

En síntesis: no hubo ningún anuncio de paliativos ante la crisis social como el IFE o los ATP que fueron retirados a principio de año, ni anuncios de mayor presupuesto para salud ni personal sanitario, ni unificación del sistema de salud, ni de aumento en la frecuencia de transportes, ni de medidas concretas para garantizar una rápida vacunación de la población… nada de nada. La tutela del FMI sobre el país es cada día más tangible: el verdadero parámetro de las medidas del gobierno no fue tanto la pandemia, como garantizar el ajuste necesario para satisfacer al FMI y cerrar un acuerdo.

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Por su parte Juntos por el Cambio ha publicado una declaración negacionista de la pandemia que pretende, en nombre de supuestas “libertades individuales”, que se mantenga todo igual sin tomar siquiera medidas para prevenir los contagios. Una orientación neoliberal criminal que pone a los trabajadores como carne de cañón tanto de la pandemia como de los empresarios.

Un plan de emergencia para enfrentar la pandemia

La segunda ola de la pandemia de Covid-19 es preocupante. La política de los grandes laboratorios y del imperialismo de priorizar la ganancia empresaria por sobre la salud es la responsable de la falta de vacunas y del retraso global en los planes de vacunación. Esta criminal tardanza es la que le da tiempo al coronavirus a mutar y mutar acrecentando el riesgo de que aparezcan nuevas cepas más letales o contagiosas como la de Manaos, la de Gran Bretaña, la de Rio de Janeiro, la de Sudáfrica y siguen sumándose.  Es por eso que es una necesidad de primer orden la liberación de todas las patentes sobre la vacunas para que todos los países puedan producirla e inocular a la población cuanto antes. Esta es nuestra propuesta, pero en la medida que esto no ocurra, el gobierno nacional está obligado a tomar las medidas necesarias para garantizar el abastecimiento de vacunas y proteger a la población del país. En Argentina, el laboratorio mABxience produce 25 millones de dosis por mes del componente activo de la vacuna de AztraZeneca. El 20 de enero exportó a México seis millones de vacunas y el 2 de febrero otros seis millones de dosis. Es decir en los últimos 15 días de enero, se fueron del país más del doble de las vacunas que Alberto Fernández arañó de China y Rusia. Por eso es que se plantea como una medida imperiosa la estatización urgente del laboratorio mAbxience del empresario Sigman para vacunar ya a toda la población de manera gratuita, salvando miles de vidas y evitando el colapso del sistema de salud. No puede ser que en Argentina se produzcan millones de dosis que son usufructuadas por un grupo capitalista mientras que en el país las vacunas son completamente insuficientes.

El paso del 2020 signado por la pandemia generó un deterioro social y económico de proporciones. Todos los indicadores están en rojo: inflación, desocupación, pobreza. Además, la incapacidad del gobierno peronista para tomar medidas de fondo frente a la pandemia, ahora nos expone a una segunda ola de proporciones incalculables.Es que, como dijimos en su momento, la garantía de una política sanitarista integral orientada a cuidar a los de abajo implicaría algún elemento de cuestionamiento a las ganancias e incluso a la propiedad privada, cuestión completamente ajena al gobierno como ha quedado demostrado. Los resultados están a la vista por dos vías.

El gobierno corre de atrás al Covid-19 y carece del menor de los reflejos. Tardó un tiempo precioso en tomar medidas como el cierre de los viajes con Brasil en donde la política negacionista y genocida de Bolsonaro (del cual Macri y JxC son admiradores) ha llevado a Brasil al desastre. Esta lentitud ha dado lugar al ingreso de cepas más contagiosas de las cuales algunas registran circulación comunitaria. El aumento de casos y la confirmación de que estas nuevas cepas están circulando comunitariamente pueden ser una de las causas que hayan impulsado al gobierno a tomar medidas con el objetivo de evitar un crecimiento descontrolado de contagios que impongan la necesidad de un nuevo confinamiento que derivarían de hecho en un cierre de la economía (cosa que no puede ser descartada).Otro elemento es el crecimiento en la ocupación de las camas de terapia intensiva. En este momento los datos oficiales de la ocupación de camas se encuentran en un 62% en AMBA. Pero estos datos son cuestionados tanto por trabajadores como por jefes de servicios de terapia intensiva que aseguran que muchos hospitales se encuentran cercanos al 100%.

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Pero como no solo de pandemia vive el hombre, la realidad es que el desastre social acumulado durante los últimos años, sumado a la administración social-liberal de la pandemia ha desembocado en un deterioro social inocultable: 42% de pobreza (19 millones de pobres, es decir 3 millones más que luego del gobierno de Macri) y un 58% de niños pobres (6 de cada 10). Datos estremecedores cuya responsabilidad es compartida por el gobierno actual y también los anteriores. Años y años de gobiernos capitalistas que han generado problemas estructurales irresueltos que hoy se ponen en primer plano impulsados por la segunda ola de la pandemia.

A este cuadro hay que incorporarle una inflación descontrolada que se espera que ronde el 12% para el primer trimestre. Un verdadero pulverizador del salario que no solo presiona sobre el deterioro social, sino que además hace materialmente casi imposible para millones de trabajadores el cuidarse en las casas en medio de la segunda ola. Esta difícil situación, sumada a la desaparición de la IFE y los ATP, hace que la preocupación principal que se vive en amplios sectores de la población sea la situación salarial y las condiciones de vida, incluso eventualmente sobre el riesgo al contagio. Esto añadido a las condiciones de apertura y repunte económico dieron lugar a una coyuntura que de momento continúa vigente con una serie de conflictos que surgen en distintos lugares del país y que han comenzado a expresarse también en el AMBA, muchos de ellos vinculados a los sectores de salud.

La pandemia y la crisis social son dos calamidades que es imperioso enfrentarlas de conjunto. Frente a esta situación, el gobierno nacional optó por no hacerse cargo y trasladar todas las culpas a la población y sostener la política de ajuste en pos de un acuerdo con el FMI. Es necesario salir a defender nuestros derechos manteniendo al máximo las precauciones ante la segunda ola de contagios. Tanto el discurso del miedo paralizante que agita el gobierno, como los delirios reaccionarios del negacionismo de Cambiemos, son dos formas reaccionarias de hacer caer los costos de la pandemia y la crisis social sobre los trabajadores y la juventud.

La actual coyuntura impone defender todos los conflictos por salario y condiciones de trabajo con suma responsabilidad.  Y junto a esto es vital plantear la necesidad de imponer una serie de políticas de emergencia que apunten a garantizar tanto las condiciones de salud integrales (sanitarias y psicosociales) como las condiciones de vida a los de abajo, los trabajadores, las mujeres y la juventud. Estas medidas pueden resumirse en: cierre inmediato de todo establecimiento donde se registren brotes de contagios a la vez que deben impulsarse comités de higiene y seguridad controladas por los trabajadores para tomar las medidas necesarias; aumento inmediato de la frecuencia e inversión en transporte público que hoy funciona con frecuencias mínimas transformando a los trenes, colectivos y subtes en focos de contagio; incremento de urgencia del presupuesto para la salud y la educación, y aumento de salarios para el personal sanitario y todos los trabajadores. A la pandemia se la combate con políticas sanitarias de fondo. Rechazamos cualquier intento de autoritario que pueda esbozarse para limitar el derecho a la protesta y reclamos en la vía pública y exigimos el fin del decreto presidencial que restringe las asambleas en los lugares de trabajo.

En este sentido el próximo 1º de Mayo se presenta como una nueva oportunidad para construir una tribuna independiente del gobierno con el conjunto de la izquierda, para dar voz a la lucha de los trabajadores que enfrentan el ajuste y pelean por las condiciones de trabajo en distintos puntos del país. Y junto con esto  impulsar una alternativa socialista que dé  respuestas a los problemas que plantea la pandemia a los de abajo, una respuesta que debe partir de defender la salud, el trabajo y los salarios y las condiciones de vida, afectando las ganancias capitalistas y la propiedad privada de los grandes empresarios y dando fin a la sumisión al FMI y los organismos imperialistas a los que nos han sometido todos los gobiernos hasta la fecha.

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