Un primer balance del conflicto

Guernica y el inicio de una experiencia con el gobierno de Fernández

Este enorme conflicto puso en el centro del debate nacional la propiedad privada (expresada en la propiedad de empresas de desarrollo inmobiliario) enfrentándola en los hechos al derecho a la vivienda de miles y miles de personas, y dejó planteado un debate estratégico que contrapone los derechos capitalistas a los derechos sociales que debemos desarrollar de cara a la juventud y sectores amplios de vanguardia que ha ingresado a la política recientemente y que depositaban ilusiones en este gobierno.

Juan Cañumil y Maxi Tasán

“¡Este es el gobierno que votamos, este es el gobierno que votamos, mira lo que nos hacen, sin vergüenza!” (grita un vecino mientras avanza el desalojo y la represión del gobierno de Alberto Fernández. Video en izquierdaweb.com)

La represión llevada adelante por el gobierno de Fernández ha quedado sintetizada en la imagen de las topadoras aplastando las casillas de los vecinos de Guernica y el fuego consumiendo lo poco que tenían. Un bofetazo a las expectativas de sectores de masas que por primera vez se topan con lo que el gobierno del Frente de Todos realmente es, y no lo que miles y millones suponían o esperaban que el gobierno sea.  Este es probablemente uno de los resultados políticos más importantes de la lucha de Guernica: se ha abierto una experiencia en amplios sectores de la sociedad con lo que realmente representa el gobierno social liberal de Alberto Fernández, un gobierno defensor de la propiedad privada que está dispuesto a desalojar a los sectores más vulnerables de la sociedad para congraciarse con la burguesía, y cuyo contenido social se reduce a palabras y sólo palabras.

Esta experiencia tiene valor específico porque ha mostrado al gobierno en su naturaleza real, sin máscara, y puede constituir eventualmente un punto de apoyo para la conformación de un sector social que lo cuestione por izquierda, todo esto aun cuando persiste la enorme contradicción de no haberse logrado por el momento solucionar el problema de la vivienda de las 1400 familias que pelearon durante meses, tema que abordaremos luego.  Un sector de masas del Gran Buenos Aires, pero también de la periferia de las ciudades más importantes del país, que puede haberse reconocido en las familias de Guernica por su condición social. Y también un sector social progresista que se indignó con las imágenes de la gente huyendo de la represión de Kicillof, Berni y Larroque con los niños y niñas a cuestas.

Esta represión abierta ha servido de aval a los gobernadores provinciales para el desalojo a diversas ocupaciones que se extienden a lo largo del país, como es el caso del desalojo en el barrio la esperanza en Río Negro y otros en el Gran Buenos aires.

Por otro lado, la represión llevada adelante no representa un ataque directo a relaciones de fuerza que aún no han sido desafiadas y mucho menos derrotadas por el gobierno, y que se expresaron aunque de manera mediada en el repudio masivo al desalojo. En este sentido el costo político parece ser mayor que el logro del desalojo. Estas relaciones de fuerza que persisten son la piedra en el zapato tanto de la burguesía como del gobierno. Si Fernández recibió las felicitaciones de toda la burguesía e incluso del Juntos por el Cambio por demostrar que defiende la propiedad privada, también le exigen mayor determinación para resolver los problemas estructurales de la economía sometiendo a los de abajo a condiciones que, en un intento que fracasó, llevaron al fin del gobierno de Macri (como el mismo reconoció recientemente en un reportaje donde explica que su gobierno se hundió el 18 de diciembre del 2017).

Este enorme conflicto puso en el centro del debate nacional la propiedad privada (expresada en la propiedad de empresas de desarrollo inmobiliario) enfrentándola en los hechos al derecho a la vivienda de miles y miles de personas, y dejó planteado un debate estratégico que contrapone los derechos capitalistas a los derechos sociales que debemos desarrollar de cara a la juventud y sectores amplios de vanguardia que ha ingresado a la política recientemente y que depositaban ilusiones en este gobierno.

Pero junto con esto puso de manifiesto un nuevo problema en el país que no ha sido resuelto ni puede resolverse con gases lacrimógenos, balas de goma ni topadoras: el problema de la falta de vivienda al que está sometida toda una nueva generación que con la pandemia y una política que habilita en la práctica concreta los despidos sobre todo en un sector informal (albañiles, cocineros y cocineras, empleadas domésticas, changarines) pierde la posibilidad de pagar alquileres y se encuentra repentinamente en la calle. La falta de vivienda y de terreno para vivir es un emergente de la crisis social actual que se vive en todo el país y al que Guernica le ha puesto nombre y apellido.

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El programa imposible de la dirección del conflicto

En Guernica se expresó un nuevo sector social que no es exactamente el sector tradicional piquetero (de varias generaciones de familias desocupadas), sino de sectores jóvenes muy precarizados que en el marco de la crisis económica pierden el trabajo o ven reducidos sus ingresos lo cual impacta en sus condiciones de vida más estructurales. Estos sectores jóvenes entre las que se destacaron muchas mujeres, llevaron adelante una ocupación de manera espontánea que fue transmitiéndose de boca en boca hasta lograr agrupar a 1400 familias. No fue una ocupación planificada por una u otra organización social. Por el contrario las organizaciones sociales como tales se incorporaron luego, sobre la base de una ocupación que ya estaba en marcha.

Esta ocupación tuvo el intento de resolver, aún en condiciones de precariedad, el problema social de la vivienda por la vía de los hechos, es decir con un método de lucha directa ante la desidia del gobierno actual y los precedentes. Y junto con esto recuperar el debate colectivo para la resolución de los problemas que se plantearon en el territorio, sin la intervención de la policía ni del gobierno, el cual era visto por los vecinos como un sujeto al que había que exigirle el reconocimiento de los terrenos para las familias. Una verdadera experiencia independiente y comunitaria puesta en pie desde abajo.

A pesar de esto la ubicación de la dirección del conflicto denominado la “coordinación” asumió un programa extremadamente reivindicativo, un programa “mínimo, mínimo, mínimo” que partía de suponer que sólo aspirando a lo “posible” podría conseguirse resolver el problema de la falta de terreno para vivienda. Un programa que demostró ser completamente equivocado e imposible, cuando nos encontramos frente a un gobierno que no tiene ningún interés en afectar el más mínimo derecho de los grandes propietarios sino por el contrario recuperar su simpatía (como quedó demostrado en Vicentin, con los bonistas, el FMI) y que estuvo dispuesto a pagar el costo político de la represión antes que apelar incluso (en el terreno de la legalidad burguesa) al derecho constitucional que permite a un gobierno declarar de interés público cualquier porción del territorio. Un gobierno social liberal al que la crisis económica le quita toda base material para hacer concesiones concretas a los de abajo. Así el programa posibilista y mínimo, mínimo, mínimo se demostró finalmente como lo que era: imposible.

El laberinto de la negociación y la confianza extrema de resolver con el gobierno nacional el problema de la vivienda, a la vez que la burguesía exigía el desalojo inmediato, llevó a un sector mayoritario de la “coordinación” a plantear de manera triunfalista varias de las propuestas del gobierno que no satisfacían las necesidades reales de las familias. Una y otra vez esas propuestas fueron rechazadas en las asambleas por los vecinos, constituyéndose como el factor más progresivo de la recuperación en tanto intuitivamente defendían una y otra vez lo único realista: la defensa del territorio conquistado.

Junto con esto, la orientación de privarse gratuitamente del apoyo de amplios sectores sociales llevando adelante medidas como cortes y piquetes para apelar a la solidaridad, el negarse a elevar el conflicto a un plano político, denunciando la extorsión permanente del gobierno que forzó una negociación bajo la amenaza de desalojo llevando adelante acciones de lucha contundentes fue un error “sindicalista”. De una mirada reivindicativa estrecha que rechazó por propia voluntad (aun cuando los propios vecinos reclamaban pasar a la ofensiva) la posibilidad de hacerse fuertes ganando el apoyo de fuerzas sociales que existen y que finalmente se expresaron tardíamente con los hechos consumados, el día del desalojo.

Un error de proporciones que educa contra la estrechez de miras y que demuestra que la elevación al plano político de los conflictos es un punto de apoyo indispensable para trascender los límites del sector que se encuentra directamente involucrado en los asuntos, y apelar a fuerzas sociales (nos referimos a sectores de trabajadores, democráticos y juveniles que existen en Argentina) que pueden ser decisivas para el triunfo de cualquier conflicto.

Así, el programa que expresado bajo la consigna “tierra por tierra”, que en un primer momento  explicitaba correctamente que no se aceptaba chapas ni subsidios para alquiler a cambio de las tierras de Guernica, fue utilizado para intentar acordar una solución para un sector de vecinos, mientras a la inmensa mayoría se la condenaba a refugios y promesas a cambio de irse de Guernica. El rechazo de las asambleas a esta propuesta, como el desenlace de la negociación con la represión del gobierno demostró que el programa “tierra por tierra” llevado adelante por la dirección del conflicto era equivocado, y que lo realista era pelear por permanecer en Guernica como expresamos en su momento, aun siendo la única corriente que sentó esa posición de manera explícita.

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Gobierno albertista y macartista

En las semanas previas al desalojo los medios grandes medios de comunicación a la vez que exigían hacer cumplir la ley y el respeto a la propiedad privada desalojando a las familias de Guernica, comenzaron un operativo contra las fuerzas de izquierda, acusándonos de imposibilitar la resolución del conflicto. Este libreto ha sido tomado al pie de la letra por el gobierno que inmediatamente después de reprimir y dejar a miles de familias en la calle se dedicó a acusar al trotskismo y entre ellos al Nuevo MAS de tirar gases lacrimógenos y tantas otras estupideces irreproducibles. Un gobierno macartista que busca atenuar el costo político que le ha significado en amplios sectores sociales e incluso en su “propia tropa” congraciarse con los ricos y poderosos del país, demostrando que sí defiende la propiedad privada aunque para eso tenga que despojar a los que no tienen nada, intentado responsabilizar a la izquierda roja por su decisión de gobierno. Una maniobra tan burda que no ha pasado salvo en los sectores “religiosos” k y peronistas que están acostumbrados a tragarse un sapo tras otro.

Por nuestra parte tenemos el orgullo de haber sido parte del conflicto, de haber acampado a lo largo de un mes, de haber sido parte de una experiencia enorme aportando nuestra política y sin más interés que el triunfo de Guernica para lograr tanto la satisfacción de las necesidades de los vecinos y vecinas como de disputar por izquierda la coyuntura nacional, y de haber sido parte de la resistencia a la represión de Berni junto a las familias que dieron todo por no ser desalojados. Y junto con esto el enorme orgullo de haber sido tribunos populares a través de nuestra compañera Manuela Castañeira, la única figura de la izquierda que estuvo presente el día previo y la misma madrugada de la represión como se vio reflejado en diversos medios nacionales de comunicación, expresando la voz de los de abajo y denunciando la represión, mientras desde los diarios las radios y los canales se emprendía una ataque mancomunado con Kicillof contra los vecinos de Guernica y luego la izquierda. Sin esta ubicación desde el lugar de los hechos no hubiera habido contrapunto a la campaña por derecha ni representación política de las familias en el momento del desalojo, cuestión que educa en el valor que tiene estar en el terreno donde se desarrolla la lucha de clases, como hicimos en otras ocasiones decisivas como en el caso del golpe de estado en Bolivia.

A este respecto llamamos la atención del error político de aquellas figuras y organizaciones que, a pesar de haber hablado una y otra vez de que el día de la represión se iba a organizar una línea de figuras y personalidades para resistir el desalojo, el día de la represión faltaron a la cita, sin ninguna excepción salvo la de nuestra compañera Manuela Castañeira.

El conflicto de Guernica ha dejado muchas enseñanzas y ha abierto una experiencia con el gobierno nacional. Este proceso de enorme riqueza debe ser discutido ampliamente por la vanguardia para afrontar con mejores herramientas los conflictos que se encuentran en el futuro. Los vecinos que aún resisten y continúan organizándose para conquistar su derecho a la vivienda son también un logro de esta experiencia que ha puesto el problema de la vivienda sobre la mesa. De la fuerza de ellos y ellas nos nutrimos también para las luchas futuras, y para conquistar un mundo sin capitalistas ni explotadores, sin despojados ni explotados ni oprimidos, donde no sobre nadie, donde nadie se queda afuera.

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