Mundial 2026

¿Futbolista-ciudadano o futbolista-mercancía?

La polémica abierta con las críticas de Mbappé a la extrema derecha en Francia y las imágenes de Lamine Yamal levantando la bandera palestina.

Kylian Mbappé, uno de los mejores jugadores del mundo en la actualidad, se posicionó en contra de la ultraderecha en Francia. El delantero francés calificó como “catástrofe” el ascenso de estos sectores políticos. Incluso llamó la ciudadanía y a los jóvenes a votar para evitar que lleguen al poder y agregó: “Tenemos que identificarnos con los valores de tolerancia, diversidad y respeto”.

Dejó bien en claro además que rechaza la idea de que los futbolistas deban limitarse sólo a jugar y no meterse en discusiones políticas y sociales, “somos ciudadanos antes que deportistas”.

Las declaraciones de Mbappé se dan en una coyuntura donde una porción importante de la población francesa manifiesta su insatisfacción con el gobierno de Macron, mientras la extrema derecha trata de usar esto como portunidad para llegar al poder. Rassemblement National (RN) lleva adelante una estrategia de legitimación social y normalización de cara a posicionarse como la sucesión del gobierno en las elecciones presidenciales del 2027. El panorama político se polariza todavía más por la estrategia de la derecha tradicional de los Republicanos de fusionar sus sectores más conservadores con la extrema derecha. Este escenario también puede generar polarización política con rebotes hacia la izquierda.

El vicepresidente de Rassemblement National, Sébastien Chenu, salió a responderle al futbolista y pidió “contención” para hablar de ciertos temas políticos cuando “se tiene el honor de vestir la camiseta del equipo de Francia”. Intentó desacreditar la opinión de Mbappé al catalogarlo como alguien desconectado que viene a dar lecciones a los franceses.[1]

Pero Kylian Mbappé no está solo. Varios futbolistas se han posicionado en estos últimos meses acerca de los problemas políticos y sociales más agudos de nuestra época.

Lamine Yamal, jugador de la selección española, fue protagonista de una imagen que rápidamente se hizo viral. En el festejo por las calles de Barcelona, agitó la bandera de Palestina que le alcanzó un hincha. Luego volvió a exhibir la bandera en su cuenta oficial de Instagram.[2]

La defensa de la causa palestina también estuvo muy presente en la victoria del Rayo Vallecano 1-0 contra el Estrasburgo en la ida de semifinales de la Conference League el 30 de abril de 2026. Jugadores e hinchas se fundieron en un festejo histórico en el estadio de Vallecas ondeando también una bandera de Palestina.  En ese marco destacó la figura de Ilias Akhomach, quien salió de la cancha con su cuerpo envuelto en la bandera de Palestina. No es la primera vez que el jugador catalán se pronuncia contra el genocidio de Gaza. En su corta carrera ya ha tenido varios episodios significativos vinculados a esta causa. Mientras jugaba en Villarreal, Akhomach decidió junto a su compañero Aïssa Mandi no participar en el minuto de silencio ordenado por la UEFA (en un encuentro contra el equipo israelí Maccabi Haifa) en memoria de los muertos en los ataques del 7 de octubre del 2023.

A lo largo de la historia, son muchos los futbolistas que se han manifestado ante genocidios, dictaduras y regímenes ultra reaccionarios, desmintiendo y rechazando la idea de que los deportistas sólo están para practicar cierto deporte y no involucrarse en cuestiones sociales.

Sócrates, ícono de la Selección Brasileña y del Corinthians durante las décadas de 1970 y 1980, es uno de los ejemplos más notables y conocidos. Su trayectoria estuvo marcada por una firme militancia de izquierda y un profundo compromiso político. Durante el tramo final de la dictadura militar iniciada en 1964, se consolidó como uno de los defensores más visibles de la democracia. En este contexto, formó parte del Partido de los Trabajadores, una organización que en esa época promovía el socialismo. Su mayor legado fue la lucha por los derechos civiles en Brasil, la cual impulsó concientizando a la población mediante la creación de lo que denominó “Democracia Corintiana”, un modelo donde sus miembros (no sólo futbolistas) decidían sobre el funcionamiento del club, entrenamientos y hasta los fichajes. En una entrevista en 2010 a la BBC, recordando su activismo político, declaró: “La gente me dio el poder como un futbolista popular (…) Si la gente no tiene el poder de decir las cosas, entonces yo las digo por ellos”.

Por su parte el futbolista chileno Carlos Caszely, máximo goleador histórico de Colo-Colo y una leyenda de la Selección de Chile se convirtió en una de las pocas figuras públicas que enfrentó al régimen militar durante el golpe de estado de 1973, destacándose por negarle el saludo al dictador Augusto Pinochet y ser el rostro principal de la campaña por el «NO» en el plebiscito de 1988. En una entrevista a Página/12 a 50 años del golpe militar declaró: “No le di la mano a Pinochet, lo hice por dignidad y por los derechos humanos”.[3]

No solo el fútbol a lo largo de la historia ha tenido referentes que han trascendido la esfera netamente deportiva. Uno de los casos más emblemáticos fue el del famoso boxeador Muhammad Ali quien se convirtió en un incansable activista por los derechos civiles, la justicia racial y la paz. Uno de los hitos más definitorios de su compromiso social ocurrió el 28 de abril de 1967, cuando se negó a ser reclutado por el ejército estadounidense para combatir en Vietnam. Esa decisión lo consolidó como un símbolo de resistencia global, transformando al ídolo deportivo en una voz fundamental contra el racismo y la supremacía blanca en su país. En pleno auge del movimiento por los derechos civiles, el boxeador mantuvo estrechos vínculos con figuras históricas como Martin Luther King Jr. y Malcolm X.

Al alegar sus creencias religiosas y cuestionar la moralidad del conflicto bélico, la respuesta del sistema fue implacable: fue condenado a cinco años de prisión, despojado de sus títulos mundiales y suspendido del boxeo durante su mejor etapa profesional. Sin embargo, el impacto público ya era imparable; su célebre frase «No tengo nada en contra del Vietcong» resonó con fuerza en la juventud estadounidense, convirtiéndolo en un líder indiscutido del movimiento pacifista.

La pelota no se mancha, la conciencia no se vende

La frase de Mbappé sintetiza una verdad incómoda para el poder: «Somos ciudadanos antes que deportistas». Este tipo de posicionamientos le marca la cancha a un sistema capitalista que pretende reducir a deportistas multimillonarios a meras mercancías de entretenimiento y consumo. Busca generar deportistas mudos bajo un manto de supuesta neutralidad que se vuelve imposible de sostener ante un mundo en el cual se acentúan todas las contradicciones latentes del capitalismo del siglo XXI.

Desde la derecha y los sectores reaccionarios les exigen «contención» o que sólo se limiten a jugar, en un intento de evitar que sus voces alcancen cierta repercusión, sobre todo en los sectores populares. Sin embardo desde el ring de Muhammad Alí hasta el grito por Palestina de Yamal y Akhomach, o los cuestionamientos de Mbappé a la ultraderecha francesa, el deporte demuestra desde hace décadas que nunca fue una burbuja ajena a la realidad. Al contrario, cuando este tipo de deportistas además de jugar, se expresan y generan acciones fuera de la cancha, entonces el deporte se transforma en una trinchera de los explotados contra la opresión del mundo.

Figuras como Sócrates, Alí, o Caszely no pasaron a la historia sólo por su juego, sino por haber elegido el lado correcto de esa trinchera. Hoy, las nuevas generaciones reflejadas en futbolistas como Mbappé y Yamal retoman esa tradición. Estos cuestionamientos ante las injusticias del mundo no son hechos aislados o esporádicos. Cuando los ídolos populares rompen el silencio están evidenciando que los  deportistas son parte de una sociedad polarizada, en disputa abierta.

Tenemos que ser muy cagones para no defender a los jubilados

Diego Armando Maradona quizás fue la figura más emblemática en esta impronta de jugador-ciudadano. Trascendió como nadie su rol ícono deportivo para convertirse en un sujeto político de masas.

Su figura representó la reivindicación de los sectores populares, del anti-imperialismo[4]  y de la lucha contra los poderes hegemónicos del establishment deportivo. Denunció en varias oportunidades a la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) y la mercantilización del deporte. Se convirtió en abanderado de la protesta, denunciando la corrupción de la máxima entidad del fútbol mundial, así como también dejó en evidencia en reiteradas ocasiones el maltrato que sufrían los futbolistas por parte de las autoridades del organismo[5].

Su guerra contra la cúpula dirigencial, tanto contra Joseph Blatter como contra João Havelange, se basaba en la acusación por parte de Maradona de que a estos dirigentes no le importó jamás el desarrollo deportivo de la disciplina, sino que veían al fútbol como un negocio exclusivo para llenarse los bolsillos.

Tan enorme se volvió la figura de Maradona dentro y fuera de la cancha que incluso los propios triunfos dentro del campo de juego se resignificaban constantemente como una victoria de los sectores populares. El gol con la mano a los ingleses -junto al mejor gol de la historia- en el Mundial 86 quedó para siempre impregnado en la memoria colectiva del país como una revancha de la Guerra de Malvinas, y un golpe al imperialismo británico, mientras que los títulos en Napoli fueron el triunfo de la Italia empobrecida y marginada sobre el Norte rico y poderoso.

Durante toda su carrera como futbolista se plantó en varias oportunidades en defensa de las y los jubilados, como así también se pronunció en defensa de la educación pública y de los docentes.[6]  En una entrevista en 1992 junto al periodista Gonzalo Bonadeo expresó: “Vamos a darle de comer a la gente, vamos a hacer lo de los jubilados, vamos a hacer lo de los maestros, vamos a hacer cosas concretas, viejo”.

Ese mismo año, el 14 de octubre luego de una protesta de jubilados por las calles del centro de Buenos Aires soltó su famosa frase: “Mirá si no voy a bancar a los jubilados. ¿Cómo no los voy a defender? Nosotros tenemos que ser muy cagones para no defender a los jubilados. A muerte estoy con los jubilados. Lo que les hacen es una vergüenza”.

Maradona aprovechó siempre el auditorio infinito que le brindó ser el mejor jugador de la historia para expresar su solidaridad con los de abajo, no sólo jubilados y maestros sino también con la salud pública. En sus últimos años, ya como director técnico, se autoproclamó el hincha número uno de Palestina. En 2018 se reunió con Mahmud Abás, presidente de la Autoridad Palestina[7] para expresarle su apoyo incondicional y denunciar el genocidio a manos de Israel. Pidió por el reconocimiento oficial de Palestina como Nación y declaró que era de “corazón palestino”. Incluso se dijo que hasta estuvo cerca de acordar su vinculación como director técnico de la selección de ese país.[8]

Su figura, en muchos aspectos contradictoria y controversial, divide aguas. Pero no cabe duda que sigue siendo un símbolo indiscutible de identidad, resistencia y pertenencia para millones de personas en el mundo entero que reflejaban muchas de las injusticias de este mundo.

El mundial como caja de resonancia de los conflictos del siglo XXI

Muchos futbolistas que hoy se expresan en la cancha van a ser actores principales en el escenario de la Copa del Mundo, en el corazón del capitalismo y el imperialismo. Pero también en uno de los centros más importantes de la lucha de clases mundial, con rebeliones inmensas como en Minneapolis.

La inminente ocupación masiva e intercultural de las calles de varias ciudades durante el desarrollo de la Copa del Mundo pone en tensión la idea de pasividad del show que busca imponer la FIFA y la administración de Trump, con el potencial para transformar las sedes del torneo ecuménico en un posible canalizador de la protesta internacional.


[1] Ver Infobae “La ultraderecha carga contra Mbappé”  https://bit.ly/4uqsc12

[2] https://izquierdaweb.com/mundial-2026-crisis-politica-internacional-se-cuela-en-el-futbol/

[3] Ver https://www.pagina12.com.ar/586664-no-le-di-la-mano-a-pinochet-lo-hice-por-dignidad-y-por-los-d/

[4] Apoyó a Cuba frente al imperialismo yanqui; en 2005 se sumó a la campaña del chavismo contra el ALCA en Mar del Plata en ocasión de la visita de Bush a la Argentina.

[5] En 1997, alzó la voz contra la FIFA para defender al sindicato internacional de futbolistas frente a las amenazas de sanción del organismo rector.

[6] https://www.youtube.com/watch?v=3w_azR6gocg&t=1s

[7] Ejerce como actual y primer presidente del Estado de Palestina desde el 2 de junio de 2014, y tercer presidente de la Autoridad Nacional Palestina desde 2005. Ha sido presidente de la Organización para la Liberación de Palestina desde el 11 de noviembre de 2004. Abás es miembro del partido palestino Fatah, del cual fue elegido presidente en 2009

[8] https://agenciaajn.com/noticia/para-maradona-abbas-tiene-un-pais-hecho-y-derecho-100695

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