A mediados del mes pasado, el gobierno intentó imponer la aplicación a gran escala de la reforma laboral, abriendo la convocatoria para renegociar 800 convenios colectivos de trabajo de todas las áreas.
Pero el intento está prácticamente paralizado. El gobierno juega con fuego al intentar imponer semejante avance brutal contra el salario y las condiciones de trabajo, y la CGT y las CTA son sus bomberos.
La reforma laboral y una jugada que no arrancó
La llamada a renegociar se daba en el marco del decreto 407/26, que contaba con las firmas de Milei, Sturzanegger, Caputo y el naufragado Adorni. Reglamentaban con él la Reforma Laboral votada en el Congreso y ponían en práctica uno de sus puntos: fijaba el 1ero de julio como punto de partida para comenzar las renegociaciones de los convenios colectivos de trabajo. Querían imponer una regresión generalizada para esclavizar a millones de trabajadores.
La eliminación de la «ultraactividad» es uno de los objetivos más importantes del gobierno, como marcábamos en otro artículo: “El punto de quiebre es el fin de la ultraactividad para este tipo de cláusulas. Los convenios vencidos dejan de sostener automáticamente sus efectos si no son renegociados, lo que habilita la reapertura de acuerdos previamente cerrados bajo plazos obligatorios.”
Los convenios ya existentes, con la ultraactividad, siguen en vigencia hasta que se acuerda uno nuevo. Milei intenta imponer el vacío legal, dándole ventajas de negociación a las patronales contra los trabajadores.
“Pero la extensión de la reglamentación hecha bajo la instrucción de Sturzenegger tomó tal amplitud que la convocatoria habilitó implícitamente la discusión de condiciones laborales y otros puntos críticos de los convenios colectivos, explicaron los protagonistas. Buena parte de los aportes consagrados por las “cláusulas obligacionales” derivan en “cuotas solidarias” de trabajadores no afiliados a sindicatos y empresas no asociadas a cámaras pero que constituyen fondos vitales para la subsistencia de ambas instituciones.”
Fracaso
De los 800 convenios colectivos que el gobierno quiso renegociar, solamente logró que se discutan dos, “el del sindicato de la Alimentación y las cámaras de esa industria, renegoció todas sus cláusulas vigentes a contramano de lo que pretendía el Gobierno, que era la caída de su vigencia con el alegado propósito de reducir costos extrasalariales. Y otro, el de la empresa de autopartes y electrónica Mirgor con el sindicato de mecánicos Smata avanzó hasta la implementación de un banco de horas, pero sólo para compensar períodos de suspensiones, no para eliminar las horas extras como originalmente proyecto la reforma laboral.” (ElDestape).
La burocracia, mientras tanto, está muy ocupada no haciendo nada y, en definitiva, apoyándose en que sectores del empresariado ve excesiva esta injerencia del ministro en la relación laboral. Si sostener los derechos de los trabajadores depende de las empresas, la situación es peor que difícil. Pero evidentemente todos temen jugar con el fuego de la paciencia de los trabajadores.
“Mientras tanto, la conducción de la CGT y las centrales de la CTA se van de viaje a participar de la Conferencia anual de la OIT en Ginebra, en un escenario donde la reestructuración del sistema laboral en la Argentina avanza sin una capacidad equivalente de coordinación sindical para disputar su orientación. En ese marco, la convocatoria masiva a renegociar convenios no aparece como un ajuste administrativo ni como una actualización técnica del sistema laboral, sino como una intervención directa sobre la relación de fuerzas en el mundo del trabajo. La combinación entre pérdida de ultraactividad, descentralización de la negociación colectiva y ampliación de la injerencia empresaria no ordena el sistema: lo reordena en favor de quienes ya concentran el poder económico.”
Los trabajadores, mientras tanto, están a un arreglo de perder más derechos y tener salarios aún más bajos. Pero tanto las burocracias sindicales como las empresas temen despertar a una bestia dormida.




