Ni se juntaron para la foto

FITU: Un frente atado con alambre

El FITU, lejos de ser un polo de atracción y de unidad de la izquierda, cada vez más se convierte en un factor de dispersión y un obstáculo para una verdadera renovación y reencauzamiento estratégico de la izquierda en nuestro país.

Martín Primo
Director del semanario Socialismo o Barbarie.


El día de hoy (14 de julio) se confirmó que para las próximas elecciones legislativas se presentaran dos listas nacionales de la izquierda en la Argentina. Por un lado, la del Nuevo MAS que tiene como principal referente a Manuela Castañeira, quien encabezará la lista de diputados nacionales en la provincia de Buenos Aires; y por otro la del FIT-U, que tiene como principal referente aNicolás del Caño pero que, a juzgar por las declaraciones del MST, aún no ha resulto sus querellas internas.

El cierre de listas disparó una amplia proliferación de notas, artículos y declaraciones en relación tanto a la unidad de la izquierda, como a la necesidad de renovarla y clarificar su ubicación estratégica frente a los problemas del país, y las necesidades de los trabajadores, la juventud, las mujeres y la población LGBT. Es en este sentido que Manuela Castañeira le planteó oportunamente a Nicolás del Caño la necesidad de debatir públicamente cual es la orientación y la estrategia que debería asumir la izquierda revolucionaria como punto de partida de una unidad que le sirva a las luchas de los trabajadores en una perspectiva socialista. La negativa de Nicolás del Caño a participar argumentando que él solo participaría en un debate escoltado por la “barra” del FIT-U da cuentas de las limitaciones que tiene este frente y de su crisis estratégica.

Un “frente” no muy frentista

“Dime de qué te jactas y te diré de qué careces” dice el dicho popular. Y en el caso del FITU esto se ajusta como anillo al dedo. El FIT-U se jacta de representar el 80% de la izquierda. Afirmación curiosa si tenemos en cuenta que dentro del mismo estaban más del 80% de las agrupaciones de izquierda. Pero lo cierto es que el FIT-U, lejos de ser un polo de atracción y de unidad de la izquierda, cada vez más se convierte en un factor de dispersión y un obstáculo para una verdadera renovación y reencauzamiento estratégico de la izquierda en nuestro país.

De hecho, en esta oportunidad el Frente de Izquierda se presenta más dividido que nunca e inmerso en una crisis que se profundiza. Si no, veamos el cierre de alianzas donde se confirmó lo que ya era un secreto a voces: luego de 10 años el FIT consumó su ruptura con el alejamiento de dos de sus figuras fundadoras: Jorge Altamira y Marcelo Ramal (su primer candidato a presidente y el primer legislador electo por CABA).

Pero los elementos de crisis no se manifestaron solo en esta dispersión de personalidades. La misma presentación del FIT-U fue un factor que rezuma crisis por todos sus poros.En esta oportunidad, no pudo realizar una presentación unitaria como sí lo supo hacer todas las oportunidades anteriores.  Esta vez, el anuncio se limitó a un escueto comunicado de prensa firmado por el PTS y el PO, lo que representa solo el 50% de sus integrantes. En el mismo se presenta como candidatos en provincia de Buenos Aires a Del Caño y Del Plá… pero por su parte, y al mismo tiempo, el MST en declaraciones públicas parece desmentir lo afirmado por sus aliados y reafirma que Alejandro Bodart y Vilma Ripoll son sus candidatos en una supuesta PASO bonaerense. E Izquierda Socialista saca un comunicado propio en el cual postula una riestra de candidatos, no está claro bajo qué criterios.

Se podría argumentar que en un frente político este es un problema menor que hace a la ubicación de cada fuerza en un armado de listas. Pero en el caso del FIT-U este criterio no se aplica, porque en la alianza encabezada por Del Caño, el armado de listas es el único debate real que los ocupa. Por fuera de eso no hay acuerdo alguno.

Una foto sepia y ajada donde resaltan los tonos oportunistas

Las idas y venidas entre los integrantes del FIT-U antes de este cierre son la manifestación de una pelea a dentelladas por el armado de las listas y nada más. El PTS inicialmente impostó el llamado a unas internas de la izquierda cuyo objetivo fue presionar al PO y a IS para avanzar sobre sus socios. La contracara de esto fueron las rabiosas respuestas del PO y de Izquierda Socialista, quienes se negaron rotundamente. El PO,con “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”, pretende sostener los acuerdos de antaño, o por lo menos ceder lo menos posible; Izquierda Socialista porque sabe que cualquier nuevo reparto lo tendría como principal donante. Es probablemente por esto que haya sido Juan Carlos Giordano quien más crudamente haya manifestado el interés de sostener el status quo en el FIT: “Dirimir las diferencias en las PASO es un planteo equivocado porque desconoce que en el FIT ya existe un acuerdo que lleva diez años”.

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El MST por su parte se sumó al llamado a unas PASO, a sabiendas de que en el arreglo anterior no le habían dado nada y que por lo tanto nada tiene que perder (salvo que le impongan un piso mínimo de votos para integrar las listas. De ser así podría quedar directamente fuera del armado del frente).

El problema es que el armado del Frente de Izquierda está basado en una foto vieja que ya no refleja la realidad. El FIT se conformó en 2011 como una cooperativa electoral con el objetivo de superar el piso proscriptivo de las PASO. El mismo fue principalmente un acuerdo entre el Viejo PO y el PTS en donde también participó Izquierda Socialista y de donde se excluyó a nuestra organización (contra la cual luego se utilizaron sistemáticamente los criterios proscriptivos que les facilitaban las PASO para apropiarse de la totalidad del voto de izquierda en las elecciones generales).  Pese a esto, el FIT supo tener un aspecto progresivo: detentaba un programa de independencia de clase sostenido por las trayectorias de sus principales fuerzas (no tanto por IS quien supo ser ferviente sojero y nunca revisó su posición).

Como acuerdo electoral, en aquel entonces el FIT se estructuró sobre unas proporcionalidades según las cuales el Viejo PO era el primus inter pares, el PTS su consorte e IS terciaba en la relación como socio menor. Luego de las elecciones internas de 2015, con la resonante derrota de Altamira frente a Del Caño, las proporciones electorales viraron en beneficio del PTS. Este esquema siguió vigente con la incorporación posterior del MST (aunque con más tensiones a derecha como ya veremos) quien en 2019 aceptó entrar a cualquier costo con el objetivo de facturar más adelante.

Pero mucha agua corrió bajo el puente. En la actualidad las corrientes del FIT-U (menos el PTS) experimentan una importante crisis y retroceso, principalmente el Partido Obrero. A esto se le suma que dentro del FIT-U las mismas fuerzas quieren avanzar unas sobre otras, lo que deja al Frente al límite de su explosión frente a cualquier tropiezo electoral. Y si esto no ha ocurrido aun, es porque el mismo todavía es valorado por sus integrantes como un negocio rentable.

La ruptura del PO y la evidente involución posterior de ambas fracciones, supuso una reestructuración de todas las proporciones dentro del FIT-U. Lo que se está evidenciando en estos días no es un debate sobre la unidad de la izquierda, sino la despiadada lucha que llevan adelante tanto el PTS como el MST para avanzar sobre las heridas de su socio.

Un frente oportunista con distintos proyectos estratégicos en su interior 

Las querellas dentro del FIT-U ponen en evidencia que la principal preocupación de las fuerzas que lo integran está centrada en el reparto de cargos. El FIT-U es un negocio electoral y cada uno defiende su tajada. Pero la pelea por el armado, absolutamente descarnada de toda relación con la lucha de clases, es en definitiva la manifestación de un problema mucho más profundo y grave: la deriva electoralista y oportunista del frente y de cada uno de sus integrantes.

Como ya dijimos, en sus orígenes el FIT sostenía un elemento progresivo, pero no más adquirida la primera banca en el Congreso, el proceso de adaptación al parlamentarismo burgués no hizo más que acentuarse. Por un lado, los integrantes del FIT se transformaron en los principales defensores de las PASO, a punto tal de hacer un frente único con el PRO y la UCR en el Congreso para defender la continuidad de las misma. Además, recordemos que el propio Del Caño, lejos de desarrollar la mayor desconfianza de los trabajadores en relación al parlamento burgués, afirmó en más de una oportunidad que el destino de la lucha de los trabajadores dependía de que “hubiese 20 diputados de izquierda” … toda una verdadera loa al Estado burgués, de leso socialismo.

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Por su parte, en el Partido Obrero la situación no es mucho más clara. Por un lado, es cada vez más patente que el Partido Obrero ha hecho del poroterismo electoral el centro de su estrategia política. Con tal de garantizarse una parte de la eventual rotación de cargos en el Congreso, ha renunciado a cualquier confrontación política. Esto no es menos oportunismo que el del PTS, pero si es más triste. Pero como complemento de esta falta de proyección estratégica y como parte de lo que parece ser una huida hacia adelante en el marco de su crisis, la dirección del PO Oficial ha encarado una orientación de diluir el partido en los movimientos sociales mediante una fusión/confusión entre el Partido Obrero y el Polo Obrero. Lo que introduce dentro de la organización política todas las presiones reivindicativas del movimiento y con ellas las presiones que le vienen del Estado burgués.

Pero si esto ya era un problema muy grave, la incorporación del MST dentro de un armado tan oportunista expuso al FIT-U al límite de la conciliación de clases[i].  Es que si algo caracteriza a esta organización es el haber perdido todo criterio de clase. Este no es un detalle menor en la medida que el MST ha planteado en reiteradas oportunidades su interés en avanzar en acuerdos electorales con sectores de centroizquierda (y no tanto) de lo más variopinto como supo ser Pino Solanas, Luis Juez, Carlos del Frade, Mario Cafiero. En esta oportunidad, Alejandro Bodart, su principal dirigente, dejó en claro que ellos defienden un proyecto distinto al que le dio origen al FIT y afirmó que ellos quieren las PASO para defender otra orientación: «lo que queremos es presentar distintos proyectos».

Es necesario renovar la izquierda 

En la izquierda en su conjunto hoy las cosas no son como hace 10 o 15 años. Durante este tiempo, no solo se vieron modificadas las relaciones de fuerza al interior del FIT-U. En estos años, el crecimiento del Nuevo MAS, que supo desarrollarse políticamente pese a la presión y maniobras del FIT e instalar a Manuela Castañeira como una de los principales referentes de la izquierda, generó una modificación de las relaciones de fuerzas dentro de la izquierda en todala Argentina.

Durante una década hemos defendido el derecho transitar una experiencia independiente y principista sin sucumbir a las presiones oportunistas, ni a las amenazas y extorsiones mediante el mecanismo proscriptivo de las PASO.

No es ni sectarismo ni autoproclamación. Es este recorrido y crecimiento que nos ha calificado entre amplias franjas de trabajadores, de jóvenes y de mujeres el que nos permite plantear francamente la necesidad de pasar la página de una experiencia agotada como la FITU e impulsar una renovación real de la propuesta de la Izquierda en nuestro país.

Es por esto que desde el Nuevo MAS planteamos la necesidad de dar un debate franco entre el FIT-U y nuestro partido alrededor de las necesidades estratégicas de la izquierda y qué tipo de unidad hace falta. Eso fue lo que planteó Manuela Castañeira y a lo que rehuyó en reiteradas ocasiones Nicolás del Caño.

Hoy, el FIT-U no encarna la unidad de la izquierda bajo ningún proyecto estratégico superador. Este FIT-U es una costra osificada carente de toda vitalidad que, pese a los rutinarios llamados a la unidad, tiene una incapacidad congénita de sumar a nadie porque tiene que imponerle a todo el mundo la foto vieja del 2011. Su imagen vieja y ajada representa un choque entre la realidad y un armado conservador, sin rumbo claro, pero con un innegable tufillo porotero.


 

[i] No es la mera incorporación del MST el problema. Desde el Nuevo MAS hemos acordado en 2017 un frente electoral con ellos, pese a caracterizar a dicha corriente como una fuerza política que ha perdido cualquier criterio de clase. Pero es justamente por eso que acordamos un programa político principista que delimitara el campo de acción de nuestro acuerdo, y en la medida que ellos rompieron con dicho programa el frente se disolvió.

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