“Así como el fallido artículo 44 de las licencias por enfermedad activó una dimensión distinta de la reforma laboral, el cierre de la planta de Fate cristalizó un temor emergente sobre la situación de ciertas industrias y el futuro del empleo. Le puso rostros e historias a un problema que carecía de imágenes. Naturalmente, hay indicios claros de que la empresa arrastraba problemas desde hace años, que se agravaron en los últimos tiempos por las importaciones de China (74% del mercado del neumático es de producción extranjera, y el 57% chino) (…) Pero mas allá de esas particularidades, nadie piensa que se trate de un caso aislado, sino más bien de un caso testigo”
(Jorge Liotti, La Nación, 22/02/26)
El viernes 27 se tratará el proyecto de ley de contrarreforma laboral en el Senado. Existe la posibilidad de que sea aprobado y el gobierno se alce con un triunfo político, no sin contradicciones. La Cámara de Senadores había validado el proyecto de ley incluyendo el apartado que desconocía el derecho de las y los trabajadores a percibir el salario durante la licencia por enfermedad. Este artículo alertó a sectores de la sociedad sobre el verdadero contenido de guerra contra los trabajadores de la reforma y tuvo que ser rechazado en Diputados. Ahora vuelve a la Cámara Alta para ser tratado definitivamente y convertido en ley.
Al respecto, Claudio Jaquelin, editorialista de La Nación, habla de Argentina como un “rompecabezas dinámico en un proceso de transformación”, y que “hay muchas (variables) más a tener en cuenta para sacar conclusiones y hacer proyecciones” a la hora de medir los alcances materiales del triunfo político que significaría la aprobación de la ley reaccionaria.
Hay cosas que no podemos saber en este momento. Primero, no podemos apreciar exactamente cómo se van a expresar las consecuencias de este triunfo político del gobierno. En principio, puede desatar una “una guerra de guerrillas” lugar por lugar, porque una vez que se vota la ley en general, que luego deberá ser reglamentada, hay que ver cómo se aplica en cada ámbito de trabajo. En concreto, que te estiren la jornada laboral a 12 horas sin pago de horas extras, de buenas a primeras, no es tan simple. Puede dar lugar a discusión, a negociación, e incluso conflictividad.
Esto tiene que ver con la dialéctica entre normas y hechos. En un primer movimiento son los hechos los que crean la norma. Una de las explicaciones de por qué la ley sale, además de que estamos en vacaciones y de la traición del peronismo, es que el mercado de trabajo está partido en dos entre el sector precarizado que es la mitad de la fuerza de trabajo y el sector que todavía tiene las conquistas del empleo formal en blanco. El gobierno busca generalizar a la totalidad de los trabajadores las condiciones que ya existen para más del 50% de los trabajadores en situación de cuentapropismo e informalidad. Es decir, la precarización masiva heredada de los 90 y sostenida por el kirchnerismo es un hecho que antecede y “crea” la norma.
Pero así como la precarización del trabajo, que viene de hace muchos años, crea la norma, luego la norma se revierte sobre los sectores bajo convenio: el choque entre la norma o la ley y esos sectores va a dar lugar a una resultante. La reversión de la norma sobre la materialidad de las condiciones de vida no es tan simple, debe pasar del texto votado en el parlamento al hecho: hacerse material. Es decir, debe pasar por una prueba de fuerzas en un país en que las relaciones de fuerzas no han sido derrotadas, incluso bajo el gobierno de Milei. Un ejemplo de prueba de fuerzas es Fate, que es un caso testigo. En resumen, el gobierno se alza con un triunfo político que expresa una transformación de las relaciones laborales que ya venía ocurriendo, cuyas consecuencias duraderas son difíciles de medir todavía.
Lo segundo que hay que tener en cuenta es que lla aplicación de la reforma laboral no va a pasar sin costos ni contradicciones. Porque la ley como tal no termina de ser lo suficientemente antisindical, por lo menos en lo que tiene que ver con el control de la burocracia. En el gobierno advierten que el paro fue pasivo pero paró todo el mundo. Las leyes laborales antisindicales que son «ejemplo» en el mundo quiebran al movimiento sindical. Es decir, más allá de la burocracia sindical que controla los sindicatos, quiebran el derecho a la organización sindical contra los patrones.
Pero, además de lo estrictamente laboral, como decíamos anteriormente, se debe quebrar al movimiento sindical de facto para lograr realmente una contrarrevolución laboral, cosa nada simple. Ahí está el ejemplo de FATE. La justicia dictó el desalojo pero ni el gobierno de Milei ni el de Kicillof se animan hasta ahora a aplicarla porque el conflicto y los trabajadores se prestigiaron frente a la sociedad, y ninguno quiere pagar el costo político.
El triunfo político del gobierno no es por el momento una derrota en la lucha de clases. O, dicho de otra manera, las leyes no resuelven con un papel las fuerzas vivas, las relaciones de fuerzas realmente existentes. Por eso insistimos en que, a pesar de que es muy probable que la ley salga, es muy difícil en términos globales sacar una conclusión definitiva de cómo se procese ese triunfo oficialista en la realidad de las relaciones laborales y sociales.
Entonces, si una ley votada en el Congreso no permite medir las relaciones de fuerza ¿Qué es lo que sí permite medir la correlación de fuerzas? Categóricamente, FATE.
Es probable que Madanes cierre para reabrir con otra razón social, tomando gente joven bajo la nueva ley laboral, que esté buscando imponerle al gobierno una protección arancelaria contra las cubiertas importadas o una reconversión de su esquema de negocios moviéndose hace la producción de energía (es decir, que cierre definitivamente la planta). A este respecto han aparecido notas en distintos sentidos que advierten tanto que Madanes podría cerrar la planta en serio como lo contrario: que puede ser una maniobra para reabrirla en otras condiciones. No lo sabemos.
El problema que hay es el siguiente: en FATE no había las conquistas que hay en la Ford, por ejemplo. Fate podría jugar de caso testigo, como empresa grande (que son las que importan) que cierra y reabre. La Nación publicó hace unos días el plan de trabajo de las automotrices, de reconversión de las grandes automotrices en productoras de pick up en la división mundial o regional del trabajo (es decir: redirigirían la producción hacia un determinado tipo de vehículos).
Bueno, cubiertas se necesitan, y nadie cree que este gobierno pueda durar cien años, ni que el modelo económico que quiere imponer Milei tenga esa duración (habra qué ver qué es duradero y que no). No está claro eso porque las grandes formaciones económico-sociales se han terminado de definir alrededor de grandes cataclismos internacionales. El modelo agroexportador se terminó con la Primera Guerra Mundial, no con una pavada, y vino el modelo de sustitución de importaciones, que se consolidó luego de la Segunda Guerra Mundial, hasta que posteriormente vino la ola neoliberal y el país quedó en una situación hibrida, por llamarla de alguna manera.
Es difícil saber si Madanes pretende cerrar definitivamente la planta y no va a producir más gomas. Depende de si cambia la posición en el mercado, que hoy es malísima, pero tampoco es un abismo la diferencia de precios: un 30% entre las importadas y las de acá.
El gobierno está enojado con Madanes porque no le anticipó su jugada (aunque venia afirmando que los números no le daban) y porque nadie quiere pagar el costo político de desalojar. Para Kicillof no es lo mismo reprimir Guernica que semejante planta, que tiene varias hectáreas y además es una de las principales fábricas de la Argentina en el primer cordón del Gran Buenos Aires.
Igualmente, la lucha es compleja porque tenés que quebrar la decisión de cierre empresarial. Y si la patronal gana es un golpe para la vanguardia obrera y la izquierda; es la fábrica más grande que viene dirigiendo la izquierda durante años, incluso en el mundo. Es obvio que también está ese componente: Madanes se quiere sacar de encima a la izquierda.
Se abrió en FATE un conflicto histórico que va a ser muy difícil cerrar. Hay mucha gente involucrada, y no funciona legalmente la conciliación obligatoria porque significaría revertir el cierre. Lo cual también le coloca al conflicto una dificultad muy grande: ¿cómo hacés para reabrir la fábrica? La posición de fondo tiene que ser la estatización bajo control de los trabajadores.
La Negra hizo que los trabajadores lleguen muy mal al conflicto. Le dejó elegir a Madanes el momento del golpe, podía haber sido un conflicto con el doble de activos si comenzaba la pelea con los primeros cien despidos en Fate (dos años atrás). En el medio del intento de cierre de Madanes y la pelea con Milei hay mil familias; y eso en la Argentina, que es un país grande pero con poca población, es una cantidad de gente importante.
El conflicto de FATE es comparable -en cierto modo- al de la Ford del 84, y hoy no tenemos idea de cómo va a terminar. Seguramente se van a jugar en principio al desgaste. No se va a resolver a corto plazo porque nadie quiere hacerse cargo del muerto para reprimir. Obviamente, si el conflicto se vacía, si arreglan 700, bueno, ya está.
Hay que lograr pasar de lo conquistado, que es la permanencia pacifica de la planta, el aguante, a diseñar un camino hacia el triunfo. FATE ya es una causa nacional con su emblema de ocupación, de cortar el alambrado para entrar, de los compañeros en los techos, del aguante afuera, etc.. Es un evento en el que nuestro partido tiene un rol importante: somos la corriente con más tradicion clasista en el gremio en los últimos 20 años, tenemos una valiosa alianza con los compañeros de la Naranja, la Negra no es clasista, etc. Los compañeros de la Marrón vienen cumpliendo un rol mediático excepcional en la difusión de la versión de los trabajadores en este conflicto, relacionándolo con el debate del modelo económico de la Argentina.
Por eso el triunfo político con el que se alzó el gobierno no altera automáticamente la relación de fuerzas, y hay una primera prueba de fuerzas en Fate, que es un caso testigo incluso para la ley laboral. Es un conflicto difícil, pero es difícil para todos: para los trabajadores, para Madanes, para Milei y para Kicillof. Y se va a jugar la capacidad de resistencia de cada uno de los actores: ¿quién aguanta más? Además, hay que ver qué tipo de “frente único” se va a armar. Para reprimir y desalojar tienen que armar un frente único de Madanes con Milei (puede ser que lo armen porque hasta el momento el gobierno mantiene una posición “pasiva” en el conflicto pero no retrocede un milímetro en su modelo de apertura comercial, desindustrialización y parasitismo extractivista y financiero).
Por nuestra parte, las decisiones que tomamos hasta ahora estuvieron bien: meterse adentro, llamar a los laburantes a entrar también salió bien, subir al techo también, ir con todo a los medios y la sociedad para hacer de FATE una causa nacional. Con lo de la conciliación llamamos a desconfiar. Crespo creoóilusiones, pero la cosa se resolvió -por ahora- por la vía de los hechos: no hubo desalojo y hay permanencia.
No podemos pelear por nada menos que por la reapertura de la planta. Por más que le den plata a la gente sería una gravísima derrota. Por eso tampoco hay mucho margen de maniobra para el PO, que viene trabajando hace años con la idea de conservar, conservar y conservar (¡el PO se volvió una corriente conservadora en toda la línea en los últimos 15 años!), y ahora la realidad no te permite ser conservador: sin FATE se terminó el Sutna, van a una des-sindicalización.
Es fácil caer en trampas oportunistas, y también izquierdistas. Hay que subir al techo en los momentos álgidos para que a los trabajadores los vea todo el país haciendo el aguante. Pero en momento no álgidos hay que bajar a hablar con la base: no soluciona todo “mostrar músculos” (esta parece ser la linea cínica del PTS, que no está volcado realmente al conflicto). Tampoco capitular o tener fantasías con espejitos de colores, ni agarrar la plata. También tenemos que poder construir partido a lo largo del conflicto, es una pelea que educa al partido y a la corriente en el movimiento obrero.
Hay que ir manejando los tiempos. Estamos entre la amenaza del desalojo y la amenaza de la desmoralización. Hoy domina la orientación del desgaste.
No es fácil ganar, pero para el gobierno tampoco es fácil derrotarlo. Hay anuncios de recesión, hay anuncios de inflación, llega marzo, empieza el año; puede abrirse una coyuntura de conflicto, pero hay que llegar, y hay que vislumbrar el camino del triunfo. Hay que ganar tiempo hasta que empiece marzo, y si el conflicto aguanta, se puede abrir ese camino hacia el triunfo.
A contramano de todo el mundo capitalista occidental, que se está reindustrializando, el gobierno apuesta a la reprimarización total de la economía. Frente a ese programa, hay que proponer una línea de clase: la estatización de la planta bajo control de los trabajadores (la política del PO no es de clase: en el fondo viene siendo el frente único con Madanes). La estatización interpela al Congreso. Todos los demás actores dijeron «esta boca no es mía». Bueno, proyecto de estatización al Congreso: ¿van a votar el cierre o la estatización de FATE?
Todo depende de que el aguante se profundice, evitar que los compañeros arreglen, evitar el miedo a quedarte sin indemnización. No hay que cerrar ninguna definición. El round del aguante inicial se ganó; el de impedir el desalojo inicial, también se ganó. El round de la ubicación del partido, con toda su acumulación histórica, se ganó.
A partir de que los demás actores políticos empiecen a tomar definiciones, vamos a ver qué pasa, pero no las han tomado, salvo Madanes. Efectivamente, es un caso testigo. Si te cierran una fábrica como Fate y no lo podés revertir, es una señal para un lado. Cerraron un montón de PYMEs, pero cerrar Fate es una señal de un modelo de país, todo el mundo está de acuerdo en eso. Se abre todo un abanico político con eso. Si las automotrices no se están desimplantando, no tener ruedas es una contradicción. Además, la capacidad de producción de Fate es mucho más grande que la de Pirelli y Firestone.
El carácter nacional y la encrucijada en la que está metido el conflicto nos dan un montón de herramientas. Pero lo básico ahora es el aguante, nacionalizar el conflicto, que baja a tierra la reforma laboral.
El plan de Milei es demasiado de colonia. Puede ser que ordene la represión, pero depende de si se pudre o no. Si hay resistencia, puede ser un conflicto que abra una situación prerrevolucionaria: las conecuencias de la ley laboral se entienden poco, pero FATE sí se entiende. Puede ser la primera gran derrota bajo el gobierno de Milei, o puede ser el conflicto que barra al gobierno de Milei; ahora no lo podemos decir, pero hay muchas cosas a favor.
Hay que encontrar el camino a la victoria.




