Escándalo en el Mundial: el «fair play» se define en el despacho de la Casa Blanca

En un movimiento insólito y sin precendentes, la FIFA de Infantino le retiró la sanción de tarjeta roja a un jugador estadounidense porque así lo exigió Trump.

La FIFA, de forma escandalosa, habilitó a la estrella de la selección de EEUU, Folarin Balogun, para disputar el partido de esta noche ante Bélgica por los octavos de final de la Copa del Mundo, porque Trump así lo dispuso. El jugador había recibido tarjeta roja el miércoles pasado en el partido en que su selección venció a Bosnia y Herzegovina por 2 a 0. El delantero y goleador de la selección norteamericana había sido expulsado por un fuerte pisotón sobre el tobillo del defensor Tarik Muharemovic tras la intervención del VAR.

Detrás de la inédita resolución de Infantino se encuentra el pedido directo de Donald Trump, quien habría llamado al presidente de la FIFA para exigir que se revisara la jugada al considerar que se debía a un «accidente del juego». En el mismo sentido, el Secretario de Estado Marco Rubio salió públicamente a catalogar la expulsión como injusta.

En ese marco, la entidad madre internacional se expidió amparándose en el artículo 27 de su código disciplinario y determinó la suspensión bajo fianza temporal. En definitiva, no se elimina la tarjeta roja pero deja en suspenso la sanción de un partido por un periodo de un año, lo que significa la habilitación inmediata a Balogun para disputar el encuentro ante Bélgica.

Trump celebró este bochorno a través de la plataforma Truth Social y  agradeció a la FIFA por «hacer lo correcto y revertir una gran injusticia«. Es un evidente y descarado despliegue de poder e impunidad.

Está medida generó un amplio rechazo en el mundo del fútbol. En primer lugar, la Real Asociación belga de Fútbol calificó la medida como «bochornosa» y amenazó con tomar acciones legales, ya que se rompieron los principios básicos del Fair Play. El director técnico de la selección de ese país, Rudi García, declaró de forma irónica que desconocía que «el 5 de Julio se había convertido en el día de los Inocentes«.

Pero las quejas no solo fueron de los principales damnificados. El comisario europeo de Deportes Glen Micallef advirtió que “las decisiones exclusivamente deportivas le corresponden sólo a los organismos de fútbol y no deben tener injerencia los gobiernos de turno”. Hasta el ex presidente de la FIFA Blatter criticó está acción al afirmar que «el fútbol no puede convertirse en un patio del recreo político, por lo cual las tarjetas rojas no se pueden anular por llamadas presidenciales».

Desde la UEFA (Unión Europea de Fútbol Asociado) calificaron esta decisión de «inédita, incomprensible e injustificable«,  y denunciaron que «la integridad del deporte está en juego y daña la credibilidad de la competición». Advirtieron que “una decisión así crea un precedente en el torneo en curso, en el que situaciones similares deberán recibir ahora un trato idéntico”.

Infantino volvió a mostrar una vez más su servilismo a Donald Trump. Su alineamiento político con la Casa Blanca es una postal cotidiana desde que se anunció la sede de este mundial. Permitió el maltrato a la delegación de Irán, no emitió palabra cuando deportaron de manera injustificada al árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, tampoco intervino cuando Aymen Hussein, una de las figuras más representativas de la selección de Irak, fue retenido y sometido a siete horas de interrogatorio en el aeropuerto de Chicago. Sin embargo, ante la primera llamada desde la Casa Blanca, no dudó un segundo en ceder ante los deseos del gobierno norteamericano y le levantó la suspensión al delantero de la selección de Estados Unidos para que hoy pueda estar en cancha.

El fútbol internacional sumó una nueva regla no escrita: no importa lo que diga el reglamento, si el pedido baja directamente desde el palco presidencial de la principal potencia mundial.

Infantino hace rato vendió la neutralidad aparente de la FIFA, y hoy lo hizo aún más evidente ante los ojos del mundo

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