Derechos Humanos

En Colombia se destapó la olla de los “falsos positivos”

El ex presidente Juan Manuel Santos reconoció que las fuerzas militares de Colombia asesinaron al menos a 6.402 civiles entre 2002 y 2008 y los presentaron como "bajas en combate"



El ex presidente y ex mano de derecha de Uribe, Juan Manuel Santos, reconoció los asesinatos a inocentes por parte del Estado durante las presidencias uribistas. A estos crímenes se los llama “falsos positivos” porque presentaban a victimas sin ningún vinculo con las FARC ni el narcotráfico como a “peligrosos terroristas”.

El 8 de julio de 2008, luego de matarlo, lo vistieron con prendas de Las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias De Colombia), le pusieron una radio y dijeron que se trataba de un “peligroso terrorista”.

A su hijo le dijeron que su padre había caído porque se había pasado al bando de las FARC. Su padre, a quien no le contó que él mismo fue testigo de los fusilamientos de otros “falsos positivos”, esta vez resultó muerto por las balas de sus propios compañeros del ejército. Lo había felicitado cuando él se convirtió en militar. El soldado Fredy Ortiz, hijo del asesinado Aicardio Ortiz, supo en seguida que sus superiores intentaron mentirle.

Fredy Ortiz decidió contarlo todo. Fue hasta las oficinas de la ONU en Bogotá y dio sus testimonios. Si bien todo esto sucedió en el 2008, hace algunos días Juan Manuel Santos decidió reconocerlo frente a la “Comisión Por La Verdad”.

Juan Manuel Santos dando su testimonio.

Las fuerzas militares de Colombia asesinaron al menos a 6.402 civiles entre 2002 y 2008 y los presentaron como «bajas en combate», informó este jueves la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

La cifra de «falsos positivos» es mayor de lo que se había reconocido en el pasado y muestra que ese periodo, en el que gobernó Álvaro Uribe (quien rechaza las acusaciones) «se registró el 78% del total de la victimización histórica».

Mirá también:  Colombia: El gobierno retira la reforma de Salud

El impacto del testimonio de Santos llega en un momento crucial en la historia de Colombia. La rebelión popular que pone en jaque a Duque y al uribismo entero, adquiere un fuerte impulso y la confirmación absoluta de que el legado de Álvaro Uribe se debe terminar para siempre, si se quiere vivir en un país en el que, como mínimo, el derecho a la vida sea respetado.

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