Segundo Congreso Internacional de Trabajadores por Plataformas

Emilse Icandri en el panel «El movimiento obrero frente a los ataques de la extrema derecha»

Intervención de la referente del Sindicato de Base de Trabajadores de Reparto por Aplicación de Argentina.

¿En qué mundo estamos hoy? Nosotros vemos que estamos en un mundo en combustión. Uno de sus rasgos es el ascenso de la extrema derecha, que es internacional, coordinado y organizado. Quiere imponer un nuevo marco general en el mundo de superexplotación. Y para eso lleva un ataque en múltiples frentes: derechos laborales, sociales, derechos democráticos, el autoritarismo. Quieren imponer un nuevo orden geopolítico. Pero tambien pensamos que es importante aprender a ver al mundo con ambos ojos. Si vemos solo a la extrema derecha, nos perdemos la riqueza de la escena total.

Porque al mismo tiempo hay otra tendencia en curso que se expresa en las respuestas desde abajo de distintos sectores contra esta política, que le ponen límites a la extrema derecha y marcan que el futuro es un terreno en disputa, un campo de batalla. Este congreso es parte de las respuestas que damos frente a los ataques de la extrema derecha y su alianza con las empresas que quieren avanzar contra nuestros derechos.

¿Qué es este fenómeno de la extrema derecha del siglo XXI, qué busca, qué peligros pero también qué límites tiene?

La primera cuestión importante es que la extrema derecha no viene de la nada. El capitalismo como forma de organizar la economía no crece desde  2008, y con la pandemia eso se profundizó. No hay crecimiento. Por ejemplo, en Argentina venimos de muchos años de deterioro económico y social, en gran parte bajo gobiernos con un discurso más progresista, pero que venían efectuando ajustes, vaciamientos de muchas conquistas de nuestra clase trabajadora.

Acá en Estados Unidos, cada vez que hablo con alguien me dice «the American Dream is over». Bueno, cuando Trump dice Make America Great Again significa exactamente eso: si América fuese great, no haría falta hacerla great again. Si fuera tan claro que Estados Unidos es el jefe del mundo, no haría falta un matón frente al Estado que lo demuestre por la fuerza. Ese deterioro ininterrumpido, esa falta de un programa para revertirlo, esa crisis una hegemonía que duró 70 años después de la Segunda Guerra Mundial, es parte de lo que le abrió la puerta a estos personajes.

Contradictoriamente, aunque en materia económica el mundo aparece estancado, en materia de diversidad, de multiculturalidad, de libertades individuales, de derechos democráticos, de derechos de las mujeres y personas LGBT, el mundo sí se ha transformado, se ha modernizado en comparación con cien años atrás. Y acá hay algo importante para entender: la extrema derecha es hija de la gran debilidad del capitalismo para resolver los problemas que atraviesa, y es también una reacción frente a ese nuevo mundo social que lo amenaza.

¿Cómo busca la extrema derecha salir de la crisis? Con un conjunto de ataques en muchos frentes al mismo tiempo.

Primero, exprime más al trabajador: precariza, baja salarios, alarga las jornadas, pone en pie modelos de esclavitud laboral. Eso es lo que vemos en la reforma laboral de Milei, en la guerra contra los sindicatos en Estados Unidos. Milei en esto es el mejor alumno de Trump, y llevó adelante una reforma laboral esclavista, que todavía está frenada en su aplicación, pero que es una verdadera contrarrevolución laboral: reduce las indemnizaciones por despido, permite pagar el salario en cualquier moneda o incluso en especie —comida, vivienda, tickets—, liquida la negociación colectiva por rama, permite jornadas laborales de 12 horas, fracciona las vacaciones, destruye el derecho laboral y legaliza la condición de «autónomos» para los repartidores.

El modelo Uber, contra el que luchamos en todo el mundo, es la máxima expresión de los planes de este sistema para la clase obrera del siglo XXI. ¿Por qué? Porque esta nueva clase obrera es una potencia: es más grande, más multicultural, más interconectada que nunca en la historia de la humanidad. La quieren mantener fragmentada y sin derechos justamente porque saben lo que pasaría si se organizara.

También atacan el pensamiento crítico. Atacan las universidades, atacan la ciencia, persiguen a docentes y a estudiantes que se mueven, niegan el cambio climático. Cuando Milei recorta el presupuesto universitario en Argentina, cuando Trump persigue a profesores y estudiantes propalestinos en los campus, cuando atacan a la comunidad científica que advierte sobre el calentamiento global, no es solo un recorte presupuestario, es un ataque ideológico.

Tercero, vuelven a tener una expresión más territorial: invaden países, se quedan con recursos naturales, militarizan el comercio, llevan adelante genocidios, persiguen migrantes. Eso es lo que vemos con Putin en Ucrania, con Israel en su genocidio sobre Palestina, con Trump amenazando con apropiarse de Groenlandia y del Canal de Panamá, con China presionando sobre Taiwán. Y en este panel se expresó claramente con la persecución de los trabajadores migrantes: el ICE acá en Estados Unidos es la cara más brutal de eso, perseguir trabajadores en sus lugares de trabajo, separar familias, criminalizar a quienes hacen funcionar buena parte de la economía.

Cuarto, crece la competencia entre Estados y vuelve el rearme militar: aranceles, guerras comerciales, sanciones, presupuestos militares que se disparan.

Y quinto, cuestionan las libertades democráticas, colectivas e individuales, buscan llevarse puestas las instituciones continuamente, buscan gobernar por decreto. Intentan avanzar en un dominio autoritario de los países y el mundo.

Y todo esto al servicio de lo mismo: de un mundo de superganancias donde el 1% se impone por la fuerza. La extrema derecha no rompe con el sistema; lo defiende porque este sistema entró en crisis. En los años noventa el neoliberalismo podía presentarse con cara universal-democrática: derechos humanos, multiculturalismo, expansión global. Hoy el capitalismo no puede permitirse esa cara amable porque ya no crece. Necesita imponer las condiciones a la fuerza. La extrema derecha es la cara política de este capitalismo en crisis. Es la voz que dice: «no hay suficiente torta para repartir a todos, así que vamos a sacarles el pedazo a estos otros». A los migrantes, a las mujeres, a las diversidades, a los trabajadores, a los países más débiles, a la naturaleza. Busca dividir al movimiento obrero por raza, nacionalidad, género, religión.

Pero la extrema derecha no lo es todo, ni ganó, ni la tiene fácil, ni puede hacer lo que quiere hacer

Entonces, no es que estos gobiernos no sean un peligro. Sí lo son, y los ataques son reales y peligrosos. Pero acá entra la contradicción: se presentan de manera ultra agresiva, como hace Trump cuando quiere echar a todos los inmigrantes del país, cuando quiere imponer por la fuerza su dominio del mundo que actualmente está cuestionado. Pero mientras quiere hacer todo eso, no lo logra imponer de manera unilateral. Está lleno de contradicciones. Entonces el mundo también es la respuesta y los límites que se le ponen a estos gobiernos.

Todo esto actúa sobre un mundo social que no está dormido, ni derrotado, sino que reacciona, responde, aprende, se organiza, e incluso puede desbordarlos.

Hay ejemplos muy potentes de resistencia. Estados Unidos con la rebelión de Minneapolis que echó a ICE, las marchas multitudinarias «No Kings», el Summer Of Resistance.Es Italia con dos huelgas generales políticas por Palestina convocadas por sindicatos de base, el evento más importante de la lucha obrera italiana desde los setenta. Es Argentina con movilizaciones masivas con millones en las calles contra el gobierno: hoy se estará desarrollando una inmensa marcha en defensa de las Universidades públicas. El movimiento internacional contra el genocidio en Gaza que hoy es global.

Y también son expresión de esa resistencia este mismo Congreso, el CAGWU  es la mayor campaña de afiliación sindical en 80 años, con el SEIU sindicalizado a casi medio millón de conductores en California, la huelga de apps en Brasil. Cada caso es un límite distinto al avance reaccionario de la extrema derecha

La extrema derecha genera un mundo que es un caos, un desorden sin rumbo claro. No aparece solucionando ni la crisis del capitalismo, ni pudiendo derrotar a los explotados y oprimidos, ni pudiendo cambiar los regímenes de sus países. Incluso hay un sector de los mismos empresarios que ya empieza a preguntarse: ¿nos sirve la extrema derecha para gobernar, o pueden hacer explotar todo por los aires? Están queriendo moldear al mundo según sus intereses, pero este panel, este Congreso, demuestran que hay resistencia. Y si hay resistencia, la batalla está abierta.

¿Cuál es entonces la política para enfrentarlos? La clave es la organización desde abajo, desde las bases. Se gana con la movilización en la calle. Se gana peleando en unidad con todos los que quieran enfrentar a la extrema derecha. Y se gana fortaleciendo nuestra organización de forma independiente, confiando en nuestras propias fuerzas. No podemos soñar con que nos van a salvar los que dicen palabras lindas pero le dejan pasar todos los ataques.

Acá hay que ser muy claros, porque esta es una lección universal del momento. En Argentina, es el peronismo vota en contra de Milei en el Congreso pero no moviliza, no convoca paro general, contiene el descontento popular. Y acá en Estados Unidos, hay que decirlo con todas las letras: los demócratas crearon la ICE, la sostuvieron en sus gobiernos, y la van a seguir sosteniendo. No vamos a derrotar a la extrema derecha confiando en quienes hicieron posible su llegada. Vamos a derrotarla construyendo nuestra propia fuerza, independiente, desde las bases.

Estamos en un momento que parece que se viene un tsunami. Pero la pelea está lejos, muy lejos, de estar saldada. Y lo que hay que hacer es pelear y organizarnos. Tenemos un desafío enorme. Enfrentar los ataques, hacernos fuertes en nuestras conquistas y hacerlas crecer. Ser conscientes de que hay que generar conciencia para enfrentarlos y derrotar sus planes. No alcanza con resistir: hay que construir la conciencia, la organización y la fuerza para revertir lo que está pasando.

Ayer en el panel se hablaba de cómo pasar de la lucha sector por sector, de los reclamos particulares, a una perspectiva más global. Porque no vamos a salvarnos tan solo consiguiendo una pequeña mejora en un solo sector. En este Congreso estamos discutiendo ir más allá: comprender que se trata de un problema global, y que por lo tanto nuestra pelea debe estar al servicio de ese objetivo.

Este es un Congreso de trabajadores por plataformas. Ayer fue una jornada emocionante donde hablamos y expresamos en nuestros cantos una idea fundamental: tenemos que construir nuestro poder como trabajadores. Porque nuestra fuerza está en nuestra unidad, en construir nuestras organizaciones, en pelear por nuestros derechos y enfrentar todos estos ataques. Porque nosotros somos la inmensa mayoría en el mundo, no lo son los empresarios ni la extrema derecha. Así que quiero cerrar con ese mensaje tan potente que repetimos ayer, tenemos que construir el poder de los trabajadores y confiar en nuestras fuerzas, porque cuando peleamos, ganamos

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