Elecciones clave en EE.UU: la «ola roja» republicana que no fue y la disputa por el Congreso

Los resultados hasta ahora de las elecciones de medio término más importantes de los últimos años en el país norteamericano.

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Escrito con la colaboración de Federico Dertaube

Continúa el recuento de votos de las elecciones de medio término en los Estados Unidos. Tras dos años de gobierno demócrata, Biden se jugaba una parada importante en la que se esperaba fuera una elección referéndum de su gestión. Trump también quiso convertirla en la primera vuelta de su retorno a la Casa Blanca, pero frascasó miserablemente.

Atravesando niveles récord de inflación, y con disputas geopolíticas muy complejas tanto por la guerra en Ucrania como el enfrentamiento con China, la gestión Biden enfrentaba un escenario a priori adverso. Pero la «ola roja» que muchos esperaban, con triunfos desopilantes de los republicanos (los partidarios de Trump en particular), no está sucediendo. 

Hasta el momento, los demócratas están perdiendo la mayoría en la Cámara de Representantes (la cámara baja) pero podrían mantener la mayoría en el Senado. 

En muchos Estados también se eligió gobernador y se hacieron referéndums por el derecho al aborto o la abolición definitiva de la servidumbre sin excepciones.

Resultados en Senadores

Pierde Biden, pierde Trump

Desde el inicio, el panorama no es bueno para el gobierno demócrata, que encuentra a Biden en el ojo de un descontento que pasa principalmente por la situación económica.

La inflación y la consecuente caída del salario real es sin duda el factor que más ha golpeado la popularidad del gobierno. Los estadounidenses lo sienten cada vez que llenan el carrito del supermercado, y sobre todo cuando tienen que cargar combustible. Es en ese marco que los últimos sondeos de popularidad no han arrojado buenos números para el presidente.

Trump en su mansión en la fiesta del día de las elecciones. El triunfo que no fue.

A pesar de que el empleo se ha recuperado después de la catastrófica caída durante la pandemia, la situación del poder adquisitivo en la principal preocupación de las mayorías trabajadoras. Esto golpea especialmente en una parte del electorado que suele votar demócratas, como los inmigrantes.

Biden tampoco ha tenido una buena performance en el frente externo. De hecho, su pico de impopularidad llegó tras la desastrosa retirada de Afganistán. Para los estadounidenses, fue una larga y costosa ocupación, tanto en términos humanos como materiales. Las crecientes rispideces con China y el estallido de la guerra en Ucrania tampoco han mostrado a un EE.UU. fuerte en el escenario internacional.

Trump se ha involucrado especialmente en la campaña para estas elecciones de medio término, esperando que sean el comienzo de su retorno al poder. Pero sus expectativas se desinflaron. 

No solamente no hubo «ola roja» sino que algunos de los principales rivales de Trump en el Partido Republicano salieron fuertes. Tal vez el más importante sea Ron DeSantis, que logró un segundo mandato para gobernar Florida y se proyecta como rival de Trump en la interna republicana. Se trata de un reaccionario de pies a cabeza, pero que refleja mucho más a la vieja dirección republicana, a su viejo establishment antes del trumpismo.

Además, algunos de los candidatos respaldados por Trump perdieron pese a que parecían tener una clara ventaja.

Contra la voluntad de muchos dirigentes, Trump logró copar al Partido Republicano en 2016. Pero más importante aún, logró agrupar a todo un sector de la sociedad detrás de su programa ultrareaccionario: anti-inmigración, anti-derechos de las mujeres y comunidad LGBT, racismo y nacionalismo. Una parte del establishment republicano podría estar comenzando a tomarse revancha contra alguien a quien no consideran propio. Dirigentes como DeSantis pretenden hacer volver su partido a su «normalidad» imperialista de apariencia «democrática» y no de extrema derecha.

Lo que está en juego

Las elecciones definen el escenario parlamentario para los últimos dos años del mandato de Biden. Los demócratas parecen estar perdiendo la mayoría en la cámara de representantes. En el Senado todo sigue abierto.

La Cámara de Representantes se renovaba por completo en estas elecciones. En este momento, de sus 435 escaños, actualmente 209 quedaron en manos demócratas y 217 de los republicanos. Se necesitan 218 para alcanzar la mayoría, cosa que los republicanos están cerca de lograr.

En el Senado, el escenario es más incierto. Ambas fuerzas tenían 50 senadores. De los 100 escaños, 48 las están obteniendo los demócratas y 49 los republicanos en total (la mayoría es de 51). El foco estaba en tres Estados: Pensilvania, Georgia y Nevada. En el primero, ganó contra todos los pronósticos el Partido Demócrata. En Nevada están ganando por poco margen los republicanos. En Georgia hay una minúscula ventaja demócrata. En 2020, las elecciones en estos Estados fueron tan igualadas que los resultados no se conocieron hasta varios días o incluso semanas después. Es probable que el escenario se repita.

Como si esto fuera poco, 36 de los 50 Estados además eligieron gobernador. En la mayoría hasta el momento los gobiernos salientes están logrando la reelección. Una resonante excepción es Massachusetts, donde se pasa de un gobierno republicano a uno encabezado por la demócrata Maura Healey, que será la primera gobernadora abiertamente lesbiana de la historia de Estados Unidos

El día después

Cosa poco común en hechos de este tipo, las conclusiones de esta elección fueron unánimes para prácticamente todo el mundo.

Lo primero, el gobierno de Biden no salió tan debilitado como se esperaba. La «ola roja» republicana hubiera sido un muy duro golpe. Pero su derrota en las elecciones de medio término entra perfectamente en el espacio de la «normalidad». Incluso gobiernos mucho más populares, como el de Obama, perdieron las mid term dos veces.

Son muy pocas las ocasiones recientes en las que un gobierno norteamericano gana las intermedias. De hecho, hay que remitirse a Bush hijo para llegar a un caso así, nada menos que cuatro gestiones atrás, y se dio con la ola de chauvinismo imperialista y de miedo después de los atentados del 11 de septiembre del 2001.

La gestión demócrata puede ahora tratar de normalizar un poco la situación y mantiene las esperanzas de su reelección en 2024. Su objetivo fundamental, bajar la inflación. Lograrlo, por supuesto, puede tener muy graves consecuencias: recesión económica y desestabilización de las bolsas de valores del mundo. Y ni aún así está dicho que logren bajar la inflación.

Del otro lado, otro hecho de importancia es que estas elecciones fueron las primeras en ponerle un freno a la «trumpización» del Partido Republicano desde que el magnate populista ganó las internas en el 2016. Una parte del viejo establishment neoliberal imperialista, hegemónico desde la era Reagan, había perdido influencia y se abrió paso una organización de base social efervescente más abiertamente reaccionario, racista, populista de derecha. La capa dirigente del GOP (Grand Old Party, como se lo conoce) se vio incómodamente sometida al liderazgo de esa base social, a una figura que sentían ajena a ellos, a Donald Trump.

Ese fenómeno de transformación del Partido Republicano no había tenido ningún freno hasta ahora. Pero en esta elección las cosas parecen haber cambiado: mientras los candidatos del trumpismo salieron más bien derrotados, el viejo establishment se sintió fortalecido. En particular en Florida, donde DeSantis logró arrebatarle con amplio margen una vieja fortaleza a los demócratas. Lo hizo apelando también a los prejuicios y la ideología populista de derecha de la base social de Trump, porque hasta el momento las formas y las concepciones de la nueva derecha no han desaparecido. Pero la capa dirigente del GOP respira aliviada, sintiendo que puede comenzar a sacarse de encima el tutelaje de lo que no es para ellos más que chusma trumpista.

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