Beneficios fiscales, impositivos, cambiarios y aduaneros

El Super RIGI: todos los beneficios para los que más tienen

El pasado martes, el Gobierno envió al Congreso el proyecto que orgullosamente decidió llamar Super RIGI. Un proyecto a la medida de los grandes capitalistas extranjeros.

Se trata de un nuevo  Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones. Esta vez no orientado hacia la industria extractivista de las petroleras y mineras, sino a las empresas de tecnología de frontera, es decir, las llamadas “nuevas actividades económicas”, ligadas a la Inteligencia Artificial y los data centers, semiconductores, baterías de litio, paneles solares, etc. Detrás de la supuesta búsqueda de un “impacto transformador en la estructura productiva nacional”, como anunció rimbombante en conferencia de prensa el ministro de Economía, Luis Caputo, se esconde, en realidad, bastante a la vista, un nuevo esquema de enriquecimiento para los grandes capitales extranjeros.

El “Super RIGI”, replica y amplía el esquema definido por el primer RIGI, sancionado por el gobierno nacional dentro de la Ley Bases en 2024. Bajo la excusa de atraer grandes inversiones al país, en realidad el corazón del RIGI es ofrecer toda una serie de beneficios que hacen a la republiqueta en la que Milei quiere convertir a la Argentina. Ahora, le toca a los grandes empresarios del sector tecnológico. De esta manera, el Super RIGI establece un esquema de beneficios fiscales, impositivos, cambiarios y aduaneros, de todo tipo para proyectos de inversión de más de $1.000 millones de dólares.

Se trata de un esquema de beneficios al cual las empresas podrán solicitar unirse dentro de los próximos cinco años, con la posibilidad de prórroga por un año. Para entrar, el proyecto deberá superar los USD $1.000 millones y deberá comprometerse, al menos, el 20% del monto de inversión durante los primeros dos años. Según el relato oficial, este nuevo régimen incentivaría el desarrollo nacional, acrecentaría el número de divisas y las inversiones. Sin embargo, no hace falta mucha búsqueda para encontrar la extensa lista de beneficios que demuestran que el Super RIGI, tal como su antecesor, tampoco es un esquema hecho para incrementar las arcas nacionales.

Si el RIGI establecía nada más un 25% de Impuesto a las Ganancias para actividades multimillonarias como la megaminería, el Super RIGI reduce ese número a una alícuota del 15%. A su vez, en la carga impositiva permite todo tipo de deducciones (por amortización acelerada y quebrantos, por ejemplo), que hacen que el cálculo impositivo sea menor.

Por si fuera poco, el arancel para importaciones y las retenciones para exportaciones, pasarían a cero para las empresas bajo este régimen. Además, les otorgarían “libre disponibilidad progresiva de divisas”, que quiere decir que la obligatoriedad de pasar por el BCRA para la liquidación de divisas se reduciría progresivamente:

  • Primer año: disponibilidad del 20%.
  • Segundo año: disponibilidad del 40%.
  • Tercer año: disponibilidad del 100%.

Es decir, un esquema hecho para que en Argentina no quede ni un solo dólar.

Incluso, va más allá que el RIGI original que sostenía un pobre piso de contratación local del 20%, “siempre y cuando, la oferta de Proveedores locales se encuentre disponible y en condiciones de mercado en cuanto al precio y calidad”. El Super RIGI elimina enteramente ese piso, al tiempo que protege a las empresas de gravámenes locales, con la pobrísima excusa de poner el interés nacional por sobre los intereses locales (no “ahuyentar” al inversor haciendo que pague impuestos). Además, para evitar cualquier preocupación a los grandes empresarios, este nuevo Super RIGI asegura estabilidad normativa por los próximos 30 años, como el anterior y, ante cualquier tipo de disputa con el Estado Argentino, habilita el tratamiento en la justicia internacional.

Lejos de transformar la matriz productiva nacional, como dice el gobierno, en realidad lo que se busca es que Argentina sea un enclave tecnológico del que se benefician unos pocos. Que corran las ganancias exorbitantes con la mayor “libertad” posible, sin que nada de lo producido se vea reflejado en riqueza, trabajo o conocimiento. Mientras, el gobierno lanza este proyecto de ley a la medida de los grandes capitalistas de la tecnología, el FMI pide que más trabajadores paguen el impuesto a las ganancias y la suba del monotributo. Para los capitalistas, todos los beneficios, para los trabajadores, todos los impuestos habidos y por haber.

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