El secuestro de la primera Presidenta de Madres de Plaza de Mayo

Entre el 8 y 10 de diciembre de 1977 fueron secuestradas 12 personas que concurrían a la Iglesia de Santa Cruz para iniciar una epopeya que continua hasta el día de hoy: la búsqueda de los detenidos-desaparecidos por la dictadura de Videla, Massera y Agosti.

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Entre ellas estaban Azucena Villaflor de De Vincenti, primera presidenta de Madres de Mayo y dos monjas francesas que se pusieron a disposición de los familiares a colaborar, Alice Domon y Leonie Duquet. El genocida Alfredo Ignacio Astiz fue el que cumplió el encargo de infiltrarse entre las/os concurrentes a las reuniones de familiares para entregarlas a las fuerzas de seguridad.

Le dieron un duro golpe a la incipiente organización subterránea, pero no lograron pararla, ni mucho menos. Podemos decir que, en un sentido, la potenciaron. Porque la presidenta de Madres, aunque era una organización reciente, ya tenía un lugar ganado entre los familiares y las religiosas francesas también, además de darle al trágico hecho trascendencia internacional.

En esta jornada, el presidente de la Nación estará al frente de una ceremonia en la misma iglesia para recordar a los/as secuestrados.

Nosotros, desde estas páginas, no sólo queremos recordarlos sino hacerlo para colaborar a potenciar su lucha, que sigue estando presente y activa. Y lo hacemos rescatando toda su valentía y la gran importancia de haber sido la vanguardia de una pelea titánica. Pero no para hacer un recordatorio solamente simbólico.

Las recordamos para poner en primer plano las tareas pendientes: los juicios retrasados, las condenas a militares y civiles que tardan en hacerse efectivas, que los condenados con domiciliarias vuelvan a las prisiones donde deben estar, que se realicen las excavaciones que corresponden en los lugares donde hubo centros y cementerios clandestinos, para que el gobierno se deje de hacer el sordo y escuche el pedido de los organismos de derechos humanos de entrega de los archivos de la dictadura.

Con estas demandas en primer lugar, para poder “destapar muchas más ollas” continuamos la pelea de las generaciones anteriores, porque junto a ellas decimos: ¡Juicio y castigo a todos los culpables! ¡Nunca Más!

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