Un manotazo de ahogado

El proyecto de «aumento salarial por decreto» del oficialismo

Marcelo Casaretto presentó un proyecto de ley para elevar el salario mínimo por decreto. Sin sumas concretas y sin reconocer la verdadera situación salarial de los trabajadores, se trata de un mínimo gesto para intentar remontar la derrota de las PASO.



La situación salarial de los trabajadores argentinos ha traspasado el umbral de la miseria. Con una inflación anualizada del 51%, paritarias que rondaron el 30%, un encarecimiento de la vivienda y un aumento sideral de las formas de trabajo precarizado e informal, una importante franja de los trabajadores del país viven por debajo de la línea de pobreza. Hizo falta que el gobierno perdiera las PASO de forma vergonzante para que se dignara a, por lo menos, mencionar el tema.

Este martes el diputado oficialista Marcelo Casaretto presentó un proyecto de ley que propone aumentar el salario mínimo por decreto presidencial. El proyecto se ampara en una medida similar llevada adelante por el albertismo en enero de 2020, poco después de asumir. En esa ocasión, el aumento por decreto había sido de $4000 dividido en dos cuotas. Una suma, cuanto menos, modesta.

¿Cuánto quiere subir el salario mínimo Casaretto? Imposible saberlo. Su proyecto no da ninguna certeza al respecto. Se dice, textualmente, que «resulta urgente y necesario adoptar las medidas pertinentes para que, se establezca un aumento por decreto a cuenta de los aumentos acordados o que se acuerden en paritarias públicas y privadas que garantice que los salarios aumenten por encima de inflación, recuperando el salario de los trabajadores argentinos».

Pero para llevar el salario por encima de la inflación, hay que definir desde dónde se parte. Según Casaretto, el aumento salarial promedio del último año ha sido del 43%. No hace falta buscar muchos datos para darse cuenta de que esa cifra está dibujada. Pocos o casi ningún sector de trabajadores del país ha recibido aumentos de esos guarismos en el último año.

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Algunos ejemplos: aceiteros, importante gremio en cuanto a conquistas, logró un aumento del 25%. Bancarios: 25%. Luz y Fuerza: 29%. Comercio: 32% en cuatro cuotas. Docentes bonaerenses: 32%. Uocra: 35% en cuatro cuotas. Mencionemos, de paso, que el «techo» sugerido por el gobierno a principios del año era del 29%, la previsión de inflación del presupuesto 2021. Hoy en día, las previsiones inflacionarias más moderadas apuntan un 48% para el 2021.

Es claro que durante el último año la diferencia entre inflación y salario fue de mucho más que del 8% (51 – 43, según plantea Casaretto). A esto se suman los cientos de miles de trabajadores informales, tercerizados y precarizados, que en muchos casos cobran por fuera de todo convenio y sin paritarias. El proyecto del oficialismo no es nada más que un manotazo de ahogado ante el resultado de las elecciones, un intento de posar de popular y mejorar su imagen ante los millones de trabajadores que se desilusionaron con un gobierno que prometió «la vuelta de los asados» y lo único que trajo fue miseria salarial. 

Al día de hoy, el salario mínimo vital y móvil está en los $29.000. La Canasta Básica Total para una familia con dos hijos está en $67.000; para una familia con 3 hijos, en $71.000. A esto hay que sumar el precio de los alquileres: para alquilar un dos ambientes  de 50 metros cuadrados en la Capital Federal, el precio promedio es $36.000 (números de mayo del 2021). Algo menos para alquilar en PBA. La suma expone que, para vivir por arriba de la línea de pobreza en el centro del país, un trabajador o trabajadora debería cobrar al menos $100.000 mensuales. 

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Esta fue la propuesta principal de Manuela Castañeira durante la campaña electoral de cara a las PASO. Propuesta que fue recibida con buenos ojos por parte de miles de trabajadores a lo largo y ancho del país, pues empalmó con su sentir cotidiano. Y, a pesar de la negativa del gobierno y la oposición a hablar del tema, el problema del salario se ha venido instalando en la agenda pública. A eso responde el desesperado gesto del oficialismo. Los problemas de los trabajadores son reales y urgentes, y no pueden esconderse debajo de la alfombra.

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