Historia del movimiento obrero estadounidense

El «Poder Negro» en las fábricas

Las experiencias organizativas que los trabajadores negros ensayaron en el Detroit de fines de los años 60 no lograron perpetuarse en el tiempo. Pero la historia de la que fueron parte demostró que el movimiento negro podía desarrollarse también al interior de las fábricas, tocando el nervio fundamental de la acumulación capitalista.



Publicada originalmente en Jacobin Latinoamérica


 

A mediados de la década de 1960, Estados Unidos atravesaba un periodo de profunda tensión político-social, y uno de sus principales elementos era la situación de la comunidad negra en el país. Luego de las conquistas obtenidas por el movimiento de los derechos civiles que acabaron con varios aspectos del régimen de segregación existente en el sur, el epicentro del conflicto se trasladó al norte y al oeste del país.

Aunque allí no existía segregación formal-legal, sí existían el racismo, una fuerte desigualdad económico-social que perjudicaba a las comunidades negras (incluyendo altas tasas de pobreza, deterioro urbano y baja calidad de servicios y vivienda) y el maltrato permanente por parte de las fuerzas policiales. A esto se le sumaba la presión que ejercía el reclutamiento forzado para la guerra de Vietnam y muchos otros problemas. Este caldo de cultivo terminó estallando bajo la forma de un ciclo de revueltas urbanas, conocidas habitualmente como race riots («revueltas raciales»).

En simultáneo, desde comienzos de la década del 60 la actividad de un conjunto de intelectuales negros (de tendencia nacionalista revolucionaria) y de las organizaciones de izquierda fue configurando una identidad y concepción política particular que, junto a estas «revueltas raciales», dio nacimiento al movimiento conocido como Poder Negro. El Poder Negro se caracterizaba por una fuerte radicalidad política, por el cuestionamiento sistémico general y por el alejamiento de las concepciones de tipo «no-violentas» que predominaban en el liderazgo del movimiento de los derechos civiles. La organización más conocida de dicho movimiento fue el Partido de las Panteras Negras, con sede en Oakland, California (en la costa oeste de EE. UU.).

Aquí, sin embargo, queremos recuperar otra de las experiencias del movimiento del Poder Negro. Se trata de la Liga de los Trabajadores Negros Revolucionarios (de ahora en más, LRBW por sus siglas en inglés) y los Revolutionary Union Movements, que se desenvolvieron en la ciudad de Detroit. Dicha experiencia contó con un rasgo distintivo, que la distinguió de las demás: tuvo como centro de gravedad a las fábricas automotrices de la ciudad.

Detroit

Desde comienzos del siglo XX, la zona metropolitana de Detroit era el epicentro de la industria automotriz en Estados Unidos (allí tenían su sede las «tres grandes» empresas Chrysler, Ford y General Motors). Aunque para el periodo que aquí tratamos dicha industria ya mostraba en la ciudad signos de decadencia (con elementos de atraso tecnológico, deslocalización de fábricas y reducción de plantillas), todavía era un importantísimo centro productivo de clase mundial. Y entre los trabajadores automotrices, casi la mitad eran negros. O, pensado de manera inversa, gran parte de la comunidad negra de la ciudad estaba formada por trabajadores fabriles.

En julio de 1967 estalló en Detroit la llamada Gran Rebelión, protagonizada centralmente por la comunidad negra. Se la considera como el levantamiento más sangriento (con más de 40 muertos) y costoso en términos monetarios que vivió Estados Unidos en cincuenta años. La revuelta se desató en respuesta a los arrestos masivos que la policía –vista por la población negra local como una fuerza de ocupación racista– había realizado en un bar de la ciudad, donde se celebraba el regreso de Vietnam de dos soldados locales.

Durante cinco días se sucedieron enfrentamientos masivos entre la población local y las fuerzas de seguridad, así como saqueos generalizados. La represión incluyó también la movilización de 7 mil miembros del Ejército y de la Guardia Nacional (incluyendo tanques de guerra), enviados por el presidente demócrata Lyndon B. Johnson para restaurar el orden. La magnitud de la participación popular en la revuelta puede inferirse por los alrededor de 7 mil arrestos producidos como consecuencia de la misma.

La Gran Rebelión generó un clima de fuerte radicalización política entre amplios sectores negros de Detroit y marcó el punto de partida para experiencias organizativas de mayor arraigo.

El periódico Inner City Voice

El germen de lo que más adelante serían los RUMs y la LRBW fue el periódico Inner City Voice (de ahora en más, ICV), publicado por primera vez en octubre de 1967, pocos meses después de la Gran Rebelión, por un grupo de jóvenes negros que se planteaban la necesidad de construir herramientas políticas y comunicativas para darle continuidad, coherencia y objetivos al movimiento insurreccional que se había desatado en las calles.

En una entrevista realizada en julio de 1968, su editor, John Watson, señaló que la idea que regía la actividad del periódico había sido tomada de las reflexiones de Lenin en 1903: el periódico era el centro organizador alrededor del cual se podía y debía conformar una organización política permanente, que sobreviviera más allá de los vaivenes del movimiento de masas.

El núcleo de activistas que fundó ICV había iniciado su militancia en la primera mitad de la década de 1960 en diversas organizaciones radicales del movimiento negro (SNCCFreedom Now PartyUHURURAM y otras, entre las que la Wayne State University de Detroit jugó un importante rol aglutinador), así como también había participado en talleres de formación marxista dictados por organizaciones de mucha tradición en la ciudad. ICV, por lo tanto, condensaba la experiencia y concepciones de varias generaciones de militantes e intelectuales del movimiento negro y de la izquierda.

El nombre del periódico ICV hacía referencia a la geografía social de Detroit: en el deteriorado centro de la ciudad (inner city o «ciudad interior») se concentraba la población negra de clase trabajadora, mientras que las clases medias –especialmente blancas– tendían a mudarse a los suburbios residenciales. El periódico se presentaba así como vocero de los sectores subalternos de la ciudad (principalmente de los trabajadores negros) en oposición a los medios de prensa hegemónicos, a quienes se adjudicaba la representación del punto de vista de las patronales y las clases medias; es decir, la perspectiva de los blancos acomodados.

El periódico ICV estaba concebido desde una muy interesante perspectiva teórica, fruto de la síntesis específica entre nacionalismo negro revolucionario y marxismo (influenciado especialmente por las concepciones de Mao y el Che) que caracterizaba a su núcleo de cuadros. Se consideraba allí que el sistema que oprimía a las personas negras en Estados Unidos era el mismo sistema que oprimía a toda la clase trabajadora norteamericana y mundial, y también al conjunto de los pueblos de África, Asia y América Latina.

A este sistema ICV lo denominaba «capitalismo blanco», ya que la clase dominante eran los propietarios blancos norteamericanos de los medios de producción. El racismo, el imperialismo y el militarismo de esa clase dominante eran característias estructurales del sistema e íntimamente ligadas entre sí: los capitalistas blancos obtenían sus beneficios económicos explotando, a escala mundial, a los trabajadores y los pueblos, cuya enorme mayoría eran «personas de color».

El otro elemento fundamental de las concepciones teórico-políticas del grupo ICV era la centralidad que se le otorgaba a la clase trabajadora negra en su movimiento de liberación nacional. En palabras de Watson:

Hay grupos que pueden hacer que todo el sistema deje de funcionar. Estos son los trabajadores automotrices. Conductores de autobuses, trabajadores postales, trabajadores del acero y otros que juegan un papel crucial en el flujo de dinero, el flujo de materiales, la creación de producción. Las personas negras están en su gran mayoría en ese tipo de trabajos. (Dan Georgakas y Marvin Surkin. Detroit: I do mind dying)

Desde esta perspectiva, lo que el grupo ICV se planteaba era «llevar la insurrección a las fábricas», es decir, trasladar a los centros productivos la experiencia que la comunidad negra (incluyendo una gran cantidad de trabajadores) había realizado en las calles en el 67 al pelear contra la policía y el ejército, para enfrentar allí con el mismo ímpetu a las patronales racistas, los supervisores y los oficiales sindicales. Esta orientación daría importantes frutos en los años siguientes, dando lugar al surgimiento de los RUM y la LRBW.

La experiencia del Dodge Revolutionary Union Movement (DRUM)

La primera (y más importante) de las experiencias señaladas se desarrolló en la fábrica Hamtramck Assembly Plant (ex Dodge Main) de Chrysler, que –según ICV de junio del 68– contaba con una fuerza laboral de más de 9 mil trabajadores, de los cuales el 70% eran negros. Allí trabajaba como obrero General Gordon Baker, miembro del grupo ICV y activista experimentado. Baker pronto consiguió acercar a otros trabajadores, que comenzaron a reunirse en las oficinas de ICV y a realizar una labor de agitación en la planta.

Pero el punto de ebullición llegaría finalmente a comienzos de mayo de 1968, cuando 4 mil trabajadores de la fábrica –tanto negros como blancos, hombres y mujeres– realizaron durante tres días una «huelga salvaje» (wildcat, es decir, no aprobada por el sindicato sino autoconvocada desde la base) en rechazo al aceleramiento de las líneas de producción.

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La patronal respondió a la acción obrera con una tanda de despidos que recayeron especialmente sobre los trabajadores negros, acusando a G. Baker de haberla encabezado. Paradójicamente, esto provocó en la base obrera un incremento de la simpatía hacia Baker y su núcleo. Según señala en una entrevista Mike Hamlin (otro de los miembros del grupo), este impulso inicial les permitió a dichos activistas fundar el agrupamiento DRUM (Dodge Revolutionary Union Movement), que comenzó a publicar un boletín semanal distribuido en la planta con el apoyo de la red ICV.

DRUM se definía a sí misma como una «organización de trabajadores negros explotados y oprimidos» (periódico South End de junio del 69). El objetivo de DRUM era impulsar la pelea por las demandas cotidianas de los trabajadores negros de la Hamtramck Assembly Plant contra el racismo, la explotación y el trato desigual que sufrían a manos de la patronal, de la administración e inclusive del sindicato UAW.

DRUM llevaba adelante estas luchas con métodos muy combativos y con un discurso fuertemente radicalizado, de denuncia frontal a todos los personajes de la vida fabril (blancos o negros) que eran vistos como racistas o complacientes con los mismos. La retórica de DRUM expresaba el lenguaje del nacionalismo negro revolucionario propio del movimiento del Poder Negro. La propia palabra drum en inglés significa «tambor», estableciendo así una referencia con un elemento distintivo de la cultura negra.

Para comprender mejor las demandas de DRUM es necesario introducirnos en las condiciones laborales de los trabajadores negros en Detroit. Georgakas y Surkin señalan en su obra I Do Mind Dying que la empresa Chrysler otorgaba a dicho sector los peores y más peligrosos puestos de empleo, que requerían la mayor carga de esfuerzo físico y que se realizaban en los entornos más sucios, insalubres y ruidosos de la planta. Por el contrario, todos los mejores puestos de empleo (incluyendo los de mayor jerarquía y niveles de calificación) eran monopolizados por trabajadores blancos, que conformaban la base social principal tanto del sindicato automotriz como del Partido Demócrata en la ciudad.

Otro de los elementos señalados por los autores es la intensidad del trabajo que debían realizar los obreros negros. Las fábricas automotrices de Detroit llevaban un importante atraso en su componente tecnológico: sus instalaciones habían sido construidas décadas atrás y no se habían puesto al día. Para aumentar la productividad, las patronales del sector recurrían a la aceleración de las líneas de producción, lo que recaía en los trabajadores, que debían intensificar su ritmo de trabajo. Ellos utilizaban para este concepto un término propio: «niggermación», un ingenioso juego de palabras entre nigger (negro) y «automatización». Su significado remite a la intensificación y aceleración del trabajo de los negros (es decir, a su mayor explotación), cumpliendo así el papel de aumento de la productividad que se supone debía cumplir la tecnología.

A esto se le sumaban otros problemas: las horas extra se habían vuelto compulsivas, llevando a largas jornadas laborales. Y las fábricas eran lugares muy peligrosos: los autores estudiados señalan que allí cada año las enfermedades y accidentes laborales provocaban más muertos y heridos entre los trabajadores automotrices que los que la guerra de Vietnam provocaba cada año entre los soldados.

Los grupos en cuestión también establecían un vínculo entre este tipo de condiciones y la historia de esclavitud de las personas negras. Ubicaban a la superexplotación de los trabajadores negros en la industria automotriz como continuidad histórica del largo proceso de esclavización. Para esto también tenían otro juego de palabras: mencionaban a las fábricas como «PLANTation», una combinación de «planta» y «plantación», uniendo así en un mismo concepto las diversas etapas históricas de la explotación racista.

Por su parte, el sindicato automotriz UAW (United Auto Workers) no enfrentaba estas condiciones: por el contrario, aceptaba el statu quo firmando convenios colectivos de tres a cinco años de duración que prohibían explícitamente las huelgas y penalizaban duramente a los que las llevaban a cabo. Pero, además, relegaba sistemáticamente las demandas de los trabajadores negros y los subrepresentaba en todas sus estructuras sindicales. Un artículo del periódico ICV señala que la sección de oficios calificados (Skilled Trades) del sindicato era especialmente racista y elitista, rechazaba la «igualdad de oportunidades» y despreciaba el ingreso de «indeseables» (es decir, trabajadores negros) a sus puestos de empleo.

Sobre la base de denunciar sistemáticamente todas estas cuestiones, en las semanas siguientes a su fundación, en mayo del 68, DRUM consiguió incorporar nuevos miembros y comenzó a ejercer una influencia considerable entre los trabajadores negros de la fábrica, logrando llevar adelante sus propias acciones, independientes del sindicato UAW. Así, organizó boicots, reuniones y protestas varias, movilizaciones a la seccional del sindicato y a la sede de la empresa Chrysler, eventos sociales y culturales.

Pero la más importante y decisiva de sus acciones iniciales fue convocar en julio del 68 a una nueva «huelga salvaje» como la que le había dado origen. Muhamad Ahmad señala que en dicha acción, que duró tres días, los piquetes organizados por DRUM consiguieron que el 70% de los trabajadores negros no entraran a trabajar, y que 3 mil de ellos permanecieran fuera de las puertas de la planta apoyando activamente la huelga (DRUM no intentó sumar a los trabajadores blancos a esta acción, aunque algunos de ellos también pararon en solidaridad). Aunque la organización no consiguió que se resolvieran sus demandas, a diferencia de lo ocurrido en la huelga de mayo no hubo aquí despidos, por lo cual en su conjunto la acción fue vista por DRUM como un importante éxito.

La extensión de la experiencia: los Revolutionary Union Movement 

La experiencia de DRUM generó gran simpatía entre sectores de trabajadores negros de varias fábricas y empresas de la ciudad, que se acercaron a la organización para crear núcleos similares en sus propios lugares de trabajo. En los siguientes meses se formarían RUMs en diversas plantas de las compañías Chrysler, Ford y General Motors (las tres grandes automotrices de EE. UU.), al igual que en otras fábricas y empresas de la ciudad (incluyendo rubros como la siderurgia, los hospitales y la prensa).

Entre estas nuevas experiencias, existió al menos una que destacaría especialmente, alcanzando un grado de influencia e importancia numérica igual o superior a la de DRUM: la que se desarrolló en otra planta de Chrysler, la Eldon Avenue Gear and Axle plant. Según Georgakas y Surkin, esta fábrica empleaba a 4 mil obreros, de los cuales el 70% eran negros. En esa planta no solo se ensamblaban los ejes traseros de la mayoría de los automóviles fabricados por Chrysler, sino que también era la única planta en todo el país donde se producían las piezas metálicas para ellos.

Se trataba, por lo tanto, de una fábrica estratégica: si los trabajadores negros paralizaban allí la producción, todo Chrysler en Estados Unidos quedaba paralizada. Precisamente por ello, el núcleo de cuadros de DRUM y el grupo ICV decidieron jerarquizar el trabajo político en dicha planta, en sintonía con su concepción de que era necesario organizar a los sectores negros allí donde contaban con mayor poder de fuego sobre la economía y el funcionamiento cotidiano de la sociedad.

En noviembre de 1968 se conformó ELRUM (Eldon Avenue Revolutionary Union Movement), organización que jugó un importante rol en los conflictos de la fábrica. Georgakas y Surkin relatan que a fines de enero de 1969 ELRUM realizó su propia «huelga salvaje», que en su primer día consiguió la adhesión del 66% de la fábrica. Esta acción, pese a su importante convocatoria, tuvo un alto costo: 26 trabajadores fueron despedidos, entre los cuales se encontraba la mayor parte de los cuadros de la organización. Pero este revés estuvo muy lejos de significar el fin de la agrupación: ésta continuó ejerciendo influencia (aunque con altibajos) por lo menos hasta comienzos de 1970, cuando incluso recuperó un rol de liderazgo en las luchas de la fábrica y desarrolló una coalición de trabajo con militantes de otros agrupamientos.

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En el pico de su influencia, tanto DRUM como ELRUM llegaron a ser organizaciones de tamaño considerable: Mike Hamlin (cuadro del núcleo ICV relacionado a la tarea de organización fabril) señala en una entrevista que en sus reuniones semanales DRUM podía reunir hasta 300 trabajadores y ELRUM, hasta 400 (el resto de los RUM probablemente hayan sido organizaciones mucho más pequeñas).

Sin embargo, ni siquiera en su momento de mayor influencia DRUM y ELRUM consiguieron construir una base de apoyo mayoritaria en sus fábricas: aunque contaban con la simpatía de amplios sectores de jóvenes trabajadores negros, eran vistos con desconfianza por los de mayor edad y por la gran mayoría de los trabajadores blancos (a quienes no intentaban interpelar o directamente antagonizaban). En esas condiciones de relativo aislamiento, los RUMs encontraban grandes dificultades para quebrar la resistencia de las patronales, las fuerzas policiales, el sindicato UAW y los medios de comunicación hegemónicos.

Pero, además, el propio medio en el que operaban los RUM se volvería pronto más hostil. En la ciudad de Detroit se enfriaba el clima generado por la Gran Rebelión del 67, según sostiene Ernie Allen. A nivel nacional, en enero de 1969 asumía la presidencia de EE. UU. el republicano Richard Nixon –acabando con 8 años de hegemonía demócrata–, lo que implicaba que el movimiento negro radicalizado debía enfrentarse a una perspectiva aún más represiva y de mayor aislamiento.

La Liga de los Trabajadores Negros Revolucionarios (LRBW)

Sobre esa base, los cuadros dirigentes de los RUMs y el grupo ICV habían llegado a una conclusión: para que estas experiencias pudieran sobrevivir y prosperar, era necesario extenderlas y construir una fuerte base de apoyo en la comunidad capaz de superar el aislamiento, vencer a la represión y equilibrar las relaciones de fuerza. Esto planteaba la necesidad de crear algún tipo de organización «paraguas» que aglutinara a los distintos RUMs y sumara también nuevos sectores y herramientas políticas y organizativas.

Por otra parte, desde la propia fundación de ICV, sus cuadros (o al menos un sector) aspiraban a fundar eventualmente un «partido marxista-leninista negro». Para dar respuesta a estas cuestiones políticas y organizativas fue que, a principios de 1969, se conformó la Liga de los Trabajadores Negros Revolucionarios.

La función principal de la Liga era (por lo menos nominalmente) la agitación y organización en las fábricas y empresas. La constitución de la LRBW se proponía ayudar a organizar RUMs en «cualquier lugar donde haya trabajadores negros»: no solo en Detroit, sino en cualquier lugar de Estados Unidos y del mundo en general.

En ese terreno, el aporte más importante de la LRBW probablemente haya sido la campaña realizada por la absolución de James Johnson, trabajador negro de la planta de Eldon Avenue, que había sido procesado en julio de 1970 por la muerte de dos capataces y otro empleado dentro de la fábrica. Los artículos en defensa de Johnson pueden leerse en gran cantidad de volantes fabriles de los RUMsdel periódico ICV y de toda clase de publicaciones de la Liga (estos hechos son tratados además en I Do Mind Dying y varias otras obras sobre la LRBW).

La Liga sostenía que las acciones de Johnson fueron el producto de una vida entera de padecer el racismo, la superexplotación y abusos laborales de todo tipo, culminando en su despido arbitrario de la empresa que lo llevó al «punto de quiebre» y a los homicidios. Por lo tanto, era la compañía Chrysler quien debía ser responsabilizada por los mismos: al empujar permanentemente al límite a sus trabajadores negros, era la empresa la que había «apretado el gatillo».

El juicio a Johnson comenzó en abril de 1971 y culminó en un triunfo político de la LRBW cuando el jurado, luego de visitar la planta de Eldon y verificar con sus propios ojos las condiciones de trabajo, finalmente declaró que Johnson no era responsable de sus actos.

La LRBW sostenía también varios otros frentes de actividad, algunos de los cuales mostraban mucho dinamismo. Alrededor de la organización se conformó un frente estudiantil, que expresaba en su propio terreno las posiciones del nacionalismo negro revolucionario y la solidaridad con el movimiento obrero: el Black Student United Front, con núcleos en 22 colegios. La LRBW organizaba también actividades de formación política, actividades de debate abiertas a la comunidad, publicación de libros y otras. Entre ellas se destacó una en particular: la producción de su propia película-documental, Finally Got The News, una valiosa fuente donde pueden verse relatos de sus miembros y escenas de la agitación fabril del período.

Sin embargo, pese a su dinamismo, la Liga se vería sumida pronto en una importante crisis. El despido sistemático de sus activistas en las fábricas había diezmado su presencia en las mismas: Mkalimoto Allen sostiene (en «Detroit : I Do Mind Dying: A Review») que hacia julio de 1970 solo restaban «un puñado» de miembros de DRUM y ELRUM en las plantas. Sobre esta base, en la Liga se formarían diversas tendencias internas, que formulaban distintas respuestas a esta problemática (y que a su vez expresaban diferentes concepciones teórico-políticas sobre el movimiento negro, la estrategia revolucionaria y otras cuestiones).

Luego de un año entero de discusiones internas, en junio de 1971 se concretaría finalmente la ruptura de la Liga. La división implicó el final de la experiencia de la LRBW como tal: en los años siguientes, varios de sus integrantes continuarían su militancia en otras organizaciones (muchos, en partidos maoístas tradicionales, aunque con un fuerte énfasis en la cuestión negra) y otros volverían a la vida privada. Pero el original formato político y organizativo de la Liga y los RUMs había llegado a su fin.

Balance

Apesar de su escala temporal y geográficamente limitada, la experiencia de ICV, los RUMs y la LRBW tuvo una importancia considerable, conmocionando la industria automotriz de Detroit, a sus patronales y su sindicato, e inclusive a la ciudad en su conjunto. Provocó un impacto en otras ciudades y fue observada internacionalmente. Pero, sobre todo, fue una experiencia inédita y profunda, por la manera en que consiguió fusionar el movimiento más general del Poder Negro con la experiencia de amplios sectores del proletariado industrial de la ciudad.

El núcleo de activistas que llevó adelante esa experiencia había incorporado por su propio estudio y su propia práctica uno de los principales postulados del marxismo: la centralidad histórica de la clase obrera, por su capacidad para paralizar la producción, por su concentración y su cantidad, por sus contradicciones con la clase dominante y sus instituciones. Al transformar este postulado en una orientación política de construcción al interior del movimiento negro radicalizado de la época, se produjo una interesante síntesis que motorizó el proceso aquí estudiado. Una síntesis que, como tal, estaba plagada de contradicciones y tensiones, pero también de potencialidades y de fuerza creadora.

El formato específico de los RUMs y la LRBW finalmente no sobrevivió el paso del tiempo, pero la experiencia de la que fueron parte sirvió para demostrar que el movimiento negro (y sus variantes más a la izquierda) podía desarrollarse también al interior de las fábricas, tocando el nervio fundamental de la acumulación capitalista y multiplicando por lo tanto su potencial.

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