En plena segunda ola

El negacionismo macrista y la “cuarentena” de ajuste K como trasfondo de la pelea por las clases presenciales

Así como por izquierda empiezan a haber elementos de desborde, como el conflicto de salud en Neuquén, el raquitismo de las medidas sanitarias del gobierno le dio pie al negacionismo del PRO para desafiar por derecha a Alberto con la política cínica de apoyarse en la educación.

Ariel Orbuch

La llegada al país de la segunda ola de Covid-19 volvió a poner en el centro la crisis sanitaria al mismo nivel de importancia que la crisis socioeconómica que afecta a cada vez más franjas de trabajadores y sectores populares tras un año de pandemia.

Sin embargo, no es ni por un punto de salud ni por uno económico por donde estalla la confrontación entre el gobierno nacional de Alberto Fernández y el de CABA de Horacio Rodríguez Larreta. La pelea se terminó ordenando alrededor de clases presenciales sí o no.

La pelea llevada a los tribunales por estos días, fallo judicial va fallo judicial viene, espera un pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia. Más allá de las formas institucionales que toma, configura un cambio muy importante en relación al año pasado, cuando los anuncios se hacían en común entre el presidente y el jefe de gobierno porteño junto al gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Pero Alberto hoy ya no logra el consenso de hace un año cuando, para priorizar la salud, cerró prácticamente todos los lugares de trabajo no esenciales y puso algo de plata, aunque insuficiente, para garantizar la cuarentena.

Así como por izquierda empiezan a haber elementos de desborde, como el conflicto de salud en Neuquén, el raquitismo de las medidas sanitarias del gobierno le dio pie al negacionismo del PRO para desafiar por derecha a Alberto con la política cínica de apoyarse en la educación.

La segunda ola requiere ser abordada con total seriedad. Requeriría cerrar cada lugar de trabajo en el que hay contagios con el pago del salario al 100 por ciento, mayor circulación del transporte público, aumento general a 60 mil pesos del salario mínimo, verdaderas asistencias a los que changuean o están sin trabajo. Pero el gobierno ya definió una política de acuerdo con el FMI: de ajuste.

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Tampoco tomó medidas estructurales sanitarias, como liberar las patentes de la vacuna y estatizar el laboratorio de Sigman en Garín. Pese a esto, en el presupuesto del 2021 no incluyó partidas especiales para el tratamiento del Covid.

Por supuesto, la crítica al gobierno por todo esto sólo puede venir desde los trabajadores, la juventud, las mujeres y la izquierda. El PRO no critica al gobierno desde este ángulo porque empujó para que la economía de los capitalistas siga siendo prioridad aún en esta emergencia sanitaria.

Desde el ángulo del PRO, la apertura de las escuelas aún en pleno pico de contagio va en el mismo sentido patronal de facilitar que los padres vayan a trabajar y tengan dónde dejar a sus hijos, y electoral de endulzarle los oídos a su propia base negacionista.

Este sector político enemigo de la educación pública, encontró espacio para hacer demagogia apoyado en el fracaso de la educación virtual –de la que por supuesto es tan responsable como el gobierno de Alberto-, y en el verdadero problema que significa el aislamiento entre niños, adolescentes y jóvenes.

La complejidad del problema de cómo afrontar la globalidad de los problemas que genera la combinación de crisis sanitaria y social nos llevó desde la Corriente Carlos Fuentealba, ya desde el año pasado, a plantear la necesidad de pelear por las condiciones necesarias para una presencialidad segura. Condiciones, repetimos, que hoy no hay, pero por las que hay que pelear porque el problema del abandono educativo es real y no puede quedar en manos de la derecha. En ese sentido, el resto de la izquierda no estuvo ni está a la altura, desde posiciones corporativas y fragmentarias desde el estrecho sindicalismo.

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Nuestra pelea contra el negacionismo de Larreta es desde otro ángulo que el de los K y sus medidas sanitarias, a las que es muy generoso llamar cuarentena, que sólo se limitan a la educación y a la nocturnidad. Es tan pusilánime el gobierno que ni siquiera avanzó en un tema con consenso social en el que se podía anotar un poroto, como anular las PASO. La pelea por la necesidad actual de cerrar las escuelas en esta nueva ola, sólo puede ser creíble si viene desde los docentes, de la comunidad educativa. No de un gobierno incapaz de tomar medida alguna en serio, pero tampoco algunas “sin costo económico” como anular las PASO.

Evidentemente, se cuela en esta pelea la cuestión electoral, pero como canta Charly García: “no es sólo una cuestión de elecciones”. La docencia y los jóvenes tienen que tomar la palabra y terciar en esta pelea contra el negacionismo de Larreta y el ajuste de los dos.

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