A horas de que la Selección dirigida por Scaloni juegue una nueva final del mundo, el partido entre Argentina e Inglaterra del último miércoles expresó un síntoma más del dinamismo político del país. Un evento deportivo que por una suma de causas históricas y coyunturales se convirtió en un hecho político de trascendencia internacional, y que -por algunos días por lo menos- pone entre paréntesis las intenciones del gobierno de Milei.
Un Mundial de fútbol en un mundo en combustión
Horas antes de Argentina-Suiza del sábado pasado, se disputó la otra llave por el paso a las semifinales: Inglaterra derrotó a la Noruega de Haaland por 2 a 1. En ese momento, se comenzó a prefigurar algo que estallaría pasada la medianoche -cuando sufridamente la selección se impuso por 2 a 1, luego de 24 años y a 40 del Mundial 86-, uno de los duelos deportivos y políticos más importantes del mundo tendría lugar nuevamente.
El partido adquirió una fuerte relevancia a los dos lados del mundo, donde rápidamente comenzó a jugarse en la previa.
El contexto es el desarrollo de un Mundial de fútbol con sede principal en los Estados Unidos de Donald Trump -además de México y Canadá en menor medida- , en un mundo que es un polvorín. Si bien todo evento deportivo de estas características es un caleidoscopio por donde observar la diversidad cultural y étnica; este Mundial reflejó la enorme polarización política y social que atraviesa el planeta.
Hemos desarrollado varios temas aquí, pero detengamos en este hecho: los contrastes del “nuevo mundo” en pleno desarrollo y de final abierto, dieron lugar a cientos de expresiones a lo largo de estos 40 días. Hubo situaciones reaccionarias, como la arbitrariedad a la que fue sometida la selección iraní, la cual no tuvo el derecho de hacer base en Estados Unidos y solo podía permanecer en el pais 24 hs.; asi como expresiones solidarias con Gaza y contra el genocidio que se expresó en innumerables estadios, por parte de aficionados, jugadores y cuerpos tecnicos. Y también absurdos como la intervención de Trump ante la FIFA para levantar la tarjeta roja a la estrella de su seleccionado, Folarin Balogun, para que pueda disputar los octavos de final frente a Bélgica.
En ese marco de golpes y contragolpes, Argentina-Inglaterra destacó como el partido más importante del Mundial y el de mayor voltaje político.[1]
El contenido político de Argentina- Inglaterra
Hay motivos históricos que concurren para que esto sea así: el vínculo semicolonial entre ambos países, que se remonta al siglo XIX, cruzado incluso por invasiones, una relación económica desigual que marcó en parte el desarrollo del país como proyecto capitalista y la ocupación de las Islas Malvinas en 1833. El punto más fuerte de la confrontación ocurrió en 1982, con la guerra. El reclamo soberano era una reivindicación justa utilizada por una dictadura genocida en retirada y totalmente genuflexa al imperialismo yanqui, incapaz de tomar ninguna medida seria para ganar. El conflicto culminó con una derrota militar y el saldo de casi 700 muertos, mayoritariamente conscriptos.[2] A partir de allí, Malvinas se convirtió en una herida abierta en la soberanía nacional y un ícono social transversal.
El deporte como fenómeno social -y el fútbol en particular en un país como Argentina- no está exento de las disputas políticas y sociales. De hecho, la popularidad de este deporte está sostenido por un extenso entramado social y cultural (con decenas de miles de clubes de barrio donde se organiza la vida de muchas familias), que lo hacen permeable a la expresión de malestares que trascienden lo meramente deportivo.[3]
Por eso también al finalizar el partido con Egipto, la remontada épica en el resultado dio paso a un enorme desahogo social: a ocupar la calle, gritar, cantar y festejar. Funcionó como un liberador de tensiones acumuladas frente a un gobierno como el de Milei, extremadamente antiobrero y antipopular.
El duelo futbolístico con Inglaterra contenía toda esta carga política y social: había expectativas, pero también bronca contenida, y una justa reivindicación de pasarla bien entre tanta miseria.
Frente a esto, el gobierno intentó despolitizar el encuentro: “es solo un partido de fútbol”. El alter ego britanico de Milei, Nigel Farage, con bastante más realismo tuiteó “Hagámoslo todo de nuevo tal como en 1982”.
La Ministra de Seguridad Monteoliva señaló que se había acordado con la FIFA, las fuerzas de seguridad yanquis y la propia Inglaterra, que no se podrían entrar con elementos alusivos a la causa Malvinas (“el mapita” dijo). Y en un hecho inédito para una situación de estas características, el Jefe de Gobierno de CABA Jorge Macri dispuso un operativo de “seguridad” en el Obelisco que incluía vallados y casi 1000 policías.
Ambas provocaciones fueron desmontadas: las calles de Argentina fueron el escenario de un festejo popular de cientos de miles de personas que rompieron la abulia esclavizante que el gobierno quiere hacer pasar por cotidianeidad, y se escucharon gritos contra Milei, e incluso apoyo a la izquierda a la delegación del Nuevo MAS que se hizo presente en el Obelisco. La “prohibición” de elementos pro-Malvinas en el Mercedes-Benz Stadium de la ciudad de Atlanta revirtió en la que probablemente se convierta en la foto del Mundial: al finalizar el encuentro jugadores argentinos desplegaron una bandera que los hinchas habían ingresado clandestinamente. Y algunos minutos después, Lionel Messi declaró frente a la prensa el orgullo por brindar una alegría: “Sabemos que hay gente que la pasa mal, que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes y vive peleando”.
Fue una piña en la nariz al gobierno, que no solo fue incapaz de capitalizar el triunfo, sino incluso de atemperar las consecuencias adversas del mismo.
Es que la figura de Milei concentra por lo menos dos aspectos ofensivos para las amplias masas: su carácter ultracapitalista antiobrero combinado con un cipayismo desbocado.
Hace algunas semanas, en ocasión del 3J y el velorio del Indio Solari, señalamos que “existe la Argentina movilizada: la de su clase trabajadora, de su juventud, de su movimiento de mujeres y diversidades, de sus jubilados. Esta mayoría social, responsable de las principales conquistas democráticas y sociales del país, es la que está bajo fuego constante por el carácter ultracapitalista del gobierno de Milei, que en su intento contrarreformista sabe que tiene que propinarle una derrota histórica que haga del país un paraíso para los capitalistas nacionales y extranjeros. Esa puja es la que ha ordenado la vida política de los últimos 2 años y medio. Ese país emerge de tanto en tanto, convocado a defenderse de la crisis social y los ataques del gobierno”. Este país hizo su aparición nuevamente el pasado 15 de julio, señalando una línea de demarcación.
Antiimperialismo y anticapitalismo
El grito de desahogo social contra la miseria cotidiana del gobierno de Milei se combinó con un fuerte contenido antiimperialista producto del rival al que se enfrentaba. Sobre ese genuino sentimiento, se instaló una guerra de interpretaciones y de intentos de captar políticamente el rechazo a la potencia del Norte. Un amplio arco político, desde CFK hasta Victoria Villarruel, intentaron utilizar el partido para reubicarse políticamente.
Por esto, es problemática la ubicación de ciertos sectores de la izquierda de subirse al carro del “antiimperialismo a secas”: del PTS en una adaptación creciente, del Partido Obrero de manera desembozada.
Si bien el antiimperialismo es progresivo en países semicoloniales y dependientes, no deja por ello de contener en su interior clases sociales distintas, eventualmente desde sectores de la burguesía local pequeña o mediana hasta la clase trabajadora. Por ello, un abordaje verdaderamente revolucionario tiene que partir de la independencia de clase y de que en su desarrollo consecuente el antiimperialismo se convierte en anticapitalismo.
Este tema cobra fuerte actualidad ante el giro de Estados Unidos bajo Trump a la división del mundo en zonas de influencia territoriales, donde América Latina pasa a ocupar un papel central. La acción armada contra Maduro en Venezuela, donde prácticamente han montado un protectorado con lo que queda del aparato chavista, y las constantes amenazas a Cuba, son un alerta no sólo política, sino estratégica sobre qué orientación tener.
Como señala Mariátegui en “Punto de vista antiimperialista”, el mismo “no constituye ni puede constituir, por sí solo, un programa político, un movimiento de masas apto para la conquista del poder”, debido a que “no anula el antagonismo entre las clases, no suprime su diferencia de intereses”. Sin ningún sectarismo (pero también sin adaptación) nunca dejamos de “explicar y demostrar a las masas que sólo la revolución socialista opondrá al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera”.
Un triunfo en el Mundial, un golpe para Milei
De esta manera, el Mundial se coló en la coyuntura nacional. El gobierno, luego de soltar el lastre que significó Adorni durante 4 meses, se disponía a retomar una ofensiva política con el objetivo de trabajar en la reelección del año próximo. En ese marco, este jueves 16 el Senado se proponía tratar la “Ley de inviolabilidad de la propiedad privada” (o Ley de tierras), un engendro legal que permite la venta de tierras sin límites a capitales extranjeros, y que además contiene una fuerte ofensiva ideológica sobre el carácter absoluto de la propiedad privada. El punto debió posponerse para el 6 de agosto, en virtud de que no se lograron los acuerdos necesarios. Apenas horas después del triunfo sobre una potencia imperialista ¿había condiciones para avanzar con una ley que habilita el saqueo y la destrucción del territorio nacional? Aunque el gobierno se propuso avanzar, evidentemente no se podía, y no porque los aliados del gobierno se hubieran vuelto más defensores de la soberanía nacional de un día para otro, sino porque el clima político-social no lo habilita.
Desde este punto de vista, a pocas horas de la final del mundo entre Argentina y España, el desarrollo del uno de los eventos deportivos más importantes del mundo se introdujo como un factor dinamizador de la vida social y política, frente al imperio de los aparatos y la traición de las conducciones sindicales tradicionales que no convocan ni por lo elemental. A nada le tiene más aversión y temor los brutos ultracapitalistas que gobiernan que a la movilización social, mientras el peronismo la mira con preocupación, ante la posibilidad de que se traduzca a las reivindicaciones cotidianas.
En este periodo, las tareas de la izquierda están vinculadas al apoyo de las luchas que surjan desde abajo, y a la organización y desarrollo de una alternativa anticapitalista y socialista.
El Nuevo MAS viene de realizar una Convención Nacional de mitad de año, donde discutimos los desafíos políticos y constructivos en una situación nacional e internacional marcada por la inestabilidad y los fuertes cambios de frente. En ese marco, resolvimos impulsar un llamado al PTS de Miryam Bregman y el FITU, Luis Zamora y otras organizaciones de izquierda a confluir en público y sin condicionamientos por la unidad, y a construir una mesa de trabajo común para lograrlo. Y también la apuesta por la construcción del Nuevo MAS y la Corriente Internacional Socialismo o Barbarie como una gran fuerza de la izquierda revolucionaria que esté a la altura de los retos que plantea la nueva etapa de crisis, guerras, reacción, rebeliones y posibles revoluciones.
[1] The Guardian, uno de los principales diarios de Inglaterra, salió a problematizar el carácter colonial de Malvinas, a la vez que pugna por retomar las negociaciones entre ambos países con la intención de que se restituya a Argentina.
[2] Es indiscutible que la derrota marcó el punto final de la dictadura militar, y abrió paso a la transición hacia la vuelta de la democracia burguesa. El repudio fue tan grande que el canto que representaba la situación decía “No sirven para la paz, no sirven para la guerra, los milicos asesinos no sirven para una mierda”. 45 años después, los militares no han logrado revertir esta imagen.
[3] Como hechos más inmediatos, recordemos aquí que parte de la bronca contra Macri (MMLPQTP), comenzó a sentirse en estadios de fútbol y recitales en el verano del 2018, inmediatamente después de las Jornadas de Diciembre, evento que marcó virtualmente el fin de su gobierno. O la participación de hinchadas en el apoyo al reclamo de los jubilados bajo el gobierno de Milei, cuyo punto más álgido fue un fuerte enfrentamiento con las fuerzas represivas el 12 de marzo de 2025. Esa solidaridad se apoyó simbólicamente en una declaración de Maradona de la década del 90: “Yo defiendo a los jubilados, cómo no los voy a defender. Tenemos que ser muy cagones para no defender a los jubilados”.




