No queremos arrastrar cadáveres detrás de nosotros[1]
“Para superar la idea de propiedad privada, basta y sobra con pensar el Comunismo. Para superar la propiedad privada en la realidad, hace falta una acción comunista real”
(Karl Marx, 1844)
La exigencia extraintelectiva, genuinamente materialista del Comunismo científico-crítico es intentar ser la expresión teórica, la theoristische Ausdrucke, de una antítesis real. No puede ser, so peligro de retraducirse en una praxis defectuosa en lo táctico, mera aplicación de una idea genial, de una inspiración literaria. En el caso específicamente alemán, la Filosofía alemana posthegeliana se presenta disfrazada y travestida de Socialismo avanzado, ya que, como señalan Engels y Marx, “al no tener ante sí las condiciones de clase modernas desarrolladas, los comunistas alemanes solo pueden sacar la base de sus sistemas de las propias condiciones del estamento del que ellos surgían.” Por eso el Comunismo realmente existente, el Comunismo abstracto pero oficioso, primitivo “es una reproducción de ideas francesas mal recepcionadas, traducidas y adaptadas al modo de concebir limitado” que es impuesto inconscientemente por “las estrechas condiciones del artesanado”, es decir: por su forma de vida.La teoría ideológica tiene su base terrenal, su humus material en las condiciones sociales, en la handerwerke Verhältnisse artesana, los despectivamente llamados en la emigración alemana Straubinger.[1] La constitución de clase ya se plantea aquí como una problemática decisiva. Al no tener ante sí las condiciones materiales de clase modernas desarrolladas y maduras, los comunistas alemanes, siguen explicando Engels y Marx, son prisioneros de un mecanismo ideológico que “consiste en equiparar la realidad material a las ilusiones… si los representantes teóricos (theoristische Vertreter) de los proletarios quieren conseguir algo mediante sus actividades literarias, tienen que esforzarse en que sean eliminadas todas las frases que atenúen la antítesis (Gegensatz) que empuja siempre a la crisis.” Ya en esta época se identificaba y fijaba programáticamente qué significaba en el Comunismo crítico la antítesis real bajo el dominio del Capital: en su forma “abstracta y tosca” consistía en la Gegensatz entre Propiedad y carencia de Propiedad, cuya superación, su Aufhebung teórico-práctica generaba dos posibilidades, o bien una Miseria universal o bien el Comunismo o, en realidad, la auténtica Propiedad humana. El movimiento comunista –continúan diciendo- “no puede echarse a perder por culpa de unos cuantos fabricantes de frases alemanas filosóficas, que diluyen y debilitan la conciencia del Comunismo crítico”.[2] No nos resulta sorprendente entonces que en el Manifiesto Comunista (MKP) finalmente se expusiera, por primera vez, la autoconciencia marxista de la temática de la composición y de la constitución de la conciencia de clase como tal.
En Miseria de la Filosofía de Marx -por cierto: una nueva polémica crítica en la interna de la izquierda europea, otro momento de la kritische Beleuchtung–[3] criticando la corriente filantrópica de los economistas “humanistas”, tanto socialistas comocomunistas, los abstrakten Ideologen, señala que “estos teóricos son solo utopistas, que, para mitigar las penurias de las clases oprimidas, improvisan sistemas y se entregan a la búsqueda de una Ciencia regeneradora”, estos no llegan a ver el “aspecto revolucionario, destructor de la miseria proletaria”, asumido este aspecto central, estos doctrinarios podrán desarrollar entonces una Ciencia revolucionaria.[4] No es casualidad que citemos este texto polémico de Marx, que era el libro-guía de la Liga de los Comunistas en la época. Resulta sintomático que la dirección de la propia Bund en una circular interna recomiende a sus militantes, para combatir la influencia de gurúes progresistas y epígonos de Proudhon y Weitling et altri, leer precisamente “el libro de Marx, Misère de la philosophie,[5] verán que el Estado igualitario que ellos reclaman en un mar de palabras y fórmulas floridas, no es otra cosa que el Estado actual”; en otro párrafo critica los ideólogos del artesanado obrero como “soñadores y vendedores de sistemas”, que tienen en la boca la palabra Igualdad o Comunismo “sin saber lo que significan”, para finalizar exhortando a los comunistas conscientes a trabajar para que “desaparezcan de las comunas este círculo de ideas falsas.”[6] Precisamente en la carta de invitación a Proudhon para sumarse al Comité de Bruselas como corresponsal de mayo de 1845, Marx establece la tarea de esta correspondencia como la de “ocuparse de la discusión de cuestiones científicas, de la vigilancia de los escritos populares y de la propaganda socialista… las diferencias de opinión se podrán manifestar, se llegará a un intercambio de ideas y a una crítica imparcial. Se trata de un gran paso en el movimiento social en su expresión ‘literaria’ para liberarse de los miserables límites de la ‘Nacionalidad’.”[7] Y no es casualidad. Será en esta praxis de contactos inevitablemente internacionales entre doctores revolucionarios emigrantes, dirigentes obreros perseguidos y nuevas vanguardias de clase donde nacerá materialmente el futuro Internacionalismo proletario. Una red subversiva, jalonada de organizaciones e instituciones mediadoras, como la “Democratic Friends of all Nations” de la que participarán Engels y Marx, que superará, práctica y teóricamente, la vieja idea del cosmopolitismo burgués del siglo XVIII que se resumía en el motto: “Todos los seres humanos son hermanos.” La doble reivindicación de clase, que resumía dignidad humana y fraternidad internacional de clase, ya había quedado establecida hacia 1839 en la organización secreta de los comunistas republicanos “Travailleurs égalitaires”,[8] quedó resumida en junio de 1847 en el Bund como el preciso lema: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”, feliz fórmula que pasará inmediatamente al MKP.[9]
El dispositivo práctico y militante desarrollado en Bruselas, armazón sobre el cual fluirá el MKP como condensación-cristalización de esta nueva forma de acción de clase, se construye sobre tres pilares. En primer lugar la organización “Fraternal Democrats” que ya mencionamos, creada en septiembre de 1845, a iniciativa de Engels y el ala izquierda del Cartismo (Cooper, Harney). Una colectora que reagrupó a cientos de militantes de todas las nacionalidades europeas, primer esbozo de un auténtica red internacionalista contra el Capital global. En segundo lugar la Asociación democrática de Bruselas, Association Démocratique, ayant pour but l’union et la fraternité de tous les peuples, fundada a partir de un banquete democrático de refugiados políticos de toda Europa en favor de la causa polaca, de la cual Marx será nombrado vicepresidente; la asociación tendrá una breve pero intensa vida.[10] En tercer lugar, organizativamente el punto nodal del armado organizativo, el legendario Comité de Correspondencia Comunista, Kommunist Korrespondenz Kommittee, inspirado por la mítica “London Corresponding Society” (LCS) y casi con seguridad una sugerente propuesta organizativa de Engels, que seguramente conoció esa tradición organizativa popular en Inglaterra (muchos antiguos miembros de sociedad de correspondencia habían continuado su militancia en el Cartismo y transferido sus experiencias de militantismo). La LCS, una federación de clubes locales de lectura y debate que en la década siguiente a la Revolución Francesa agitaron la reforma democrática del Parlamento británico, es considerada la primera organización política claramente clasista, obrera artesanal, que se formó en Inglaterra, una sociedad en realidad más “popular” que proletaria en su composición.[11] Pero era claramente una organización con diseño plebeyo: los trabajadores manuales ocupaban posiciones directivas, regularidad en su funcionamiento y plan de actividades políticas, ceremonias de procedimiento transparentes, voluntad colectiva de propagar su ideario, además existen unos estatutos formales de pertenencia, funcionamiento democrático de base y forma de financiación de los propios afiliados. La LCS adoptó una estructura descentralizada y horizontal para evitar la represión, organizándose en «divisions», cada una de las cuales comprendía «diezmos» de barrio de no más de diez miembros. Cada división se reunía dos veces por semana para tratar temas puntuales y discutir textos históricos y políticos.[12] La LCS establecía sus puntos esenciales sobre temas políticos y sociales a través de manifiestos públicos denominados “Explicit Declaration”, demostrando la capacidad de los trabajadores para un pensamiento público, racional y crítico a la vez. La multitud, globalmente identificada con el trabajo dependiente pero también autónomo, intentaba organizarse a sí misma y generar en esta conversión un nuevo tipo de autoconciencia. El fin preciso del Komitte no la sabemos con exactitud, la información es incompleta o se ha perdido, sus medios eran correspondencia personal, circulares y panfletos litografiados, bibliotecas cooperativas, influencia en periódicos progresistas o liberales, en revistas socialistoides a través de corresponsalías de ensayistas que pertenecían al KKK, construcción de contactos regulares entre militantes aislados o grupos más o menos organizados localmente y la coordinadora en Bruselas. Según podemos deducir de todo esto su tarea inmediata no era tanto la fundación de una organización comunista actualizada, ni el trabajo de constitución sino el andamiaje preliminar a su creación, su acondicionamiento y preparación, abonar, allanar, airear, decompactar, mullir y urbanizar el nuevo terreno de la composición de clase proletaria, bajo un tripode organizativo y práctico, que incluía, además los nuevos estatutos, la publicación Kommunistiche Zeitschrift y finalmente el propio Manifiesto que clausuraba el círculo virtuoso. A su vez parte del trabajo del Kommittee, los de difusión y la de los vitales contactos transnacionales del nuevo Internacionalismo de clase, se ejercía con otra agencia de prensa, la Deutsches Zeitungs-Correspondenz-Bureau, fundada por Reinhard y Seiler en Bruselas en 1845, que utilizaba este canal paralelo para hacer circular en la opinión pública burguesa los puntos de vista del Comunismo crítico sobre la agenda de la actualidad.
En una carta de Marx fechada en diciembre de 1846, recordemos que él y Engels ya habían fundado a principios de 1846 el Comité de Correspondencia Comunista, Kommunist Korrespondenz Kommittee, como hemos visto una coordinadora que pre-anunciaba la futura I Internacional, éste explicaba el implacable combate contra todas las formas de Socialismo borreguil, sentimental, utopista, exponiendo los problemas que acarrea la influencia pequeño-burguesa de ideólogos pseudocomunistas, y que “una gran parte del Partido comunista alemán se muestra irritado contra mí porque me opongo a sus utopías y a sus declamaciones”; tal era la resistencia interna a este combate del nuevo Comunismo científico, crítico e internacionalista encabezado por Engels y él, en realidad por el parti Marx como lo denominaban con sarcasmo.[13] Marx confiesa no conseguir casas editoriales de sus obras más polémicas (como La Ideología alemana o Miseria de la Filosofía), ya que los posibles editores “son representantes interesados de todas las tendencias que yo ataco.”[14] En una carta posterior, al recordar estas luchas y debates internos, Marx señalaba que los ideólogos artesanales hegemónicos en aquella época, Proudhon y Weitling, los bürgerlichen Radikalen und Pseudosozialisten al igual que los utopistas, “corrían en pos de una pretendida ‘Ciencia’, con ayuda de la cual creían poder excogitar a priori una fórmula para la ‘solución del problema social’, en lugar de buscar la fuente de la Ciencia en el conocimiento crítico del propio movimiento histórico, de ese movimiento que crea por sí mismo las condiciones materiales de la emancipación.” Y concluye que estos ideólogos se sostienen sobre una ilusión sociológica y “ven en la miseria nada más que la miseria, en lugar de ver en ella el lado revolucionario que ha de acabar con la vieja sociedad.”[15] Hay otro testimonio sugestivo en el grueso libelo de Marx Herr Vogt de 1860, en el cual rememora los años de lucha ideológica y teórica en que surgió la necesidad del MKP. Recuerda Marx que “la Liga [de los Comunistas] se hallaba en un terreno propicio para la propaganda pública (öffentliche Propaganda)… en lo que se refiere a su doctrina secreta (Geheimlehre) de la Liga en sí, es preciso admitir que la misma soportó todas las transformaciones del Socialismo y Comunismo francés e inglés, como también sus derivados alemanes (como por ejemplo las fantasías de Weitling)… En Bruselas, fundé con Engels, Wolffy otros una Asociación Cultural de Obreros alemanes desde la cual la mescolanza (Gemisch) de Socialismo anglo-francés y de Filosofía alemana era sometida a una crítica despiadada (unbarmherzigen Kritik), y que por aquel entonces constituía la doctrina secreta de la Liga, recomendándose en cambio el conocimiento científico (wissenschaftliche Einsicht) de la estructura económica de la sociedad burguesa, como único fundamento teórico pertinente (haltbare theoretische Grundlage), explicándose en una forma popular, que lo que se trataba no era la imposición de un sistema utópico cualquiera, sino la participación activa y consciente en el proceso revolucionario (Umwälzungsprozeß) social al que asistíamos.”[16] Y un poco más adelante afirma Marx que finalmente “quedó aceptado el Manifiesto del Partido Comunista que Engels y yo habíamos redactado, imprimiéndose a principios del año 1848traduciéndose más adelante a los idiomas inglés, francés, danés e italiano.”[17] Todavía en 1891, en correspondencia con el traductor español José Mesa, Engels recordaba esta lucha interna en la izquierda europea durante 1846-1847, combate contra “el gran arsenal del que los radicales burgueses y los pseudosocialistas de Europa occidental derivan frases para la eutanasia de los trabajadores, en la cual se le oponía desde dentro de las vanguardias obreras “al Socialismo genuino, expresión racional y sucinta de las aspiraciones del Proletariado, a un Socialismo burgués falsificado.”[18]
Llegados ha este punto podemos resumir las estaciones, el devenir que desembocará en una primera formalización de esta lucha contra la ideología del artesanado radicalizado, ese sincretismo de dictadura blanquista, periodismo salvífico, secretismo carbonario, comunas icarianas, asociaciones cooperativas a la Proudhon y vulgata hegeliana, primero en la lucha por unos nuevos estatuos; seguidamente en el nacimiento de un órgano centralizado teórico-práctico, la Kommunistische Zeitung; y finalmente en la elaboración y publicación del Manifiesto en febrero de 1848. Es decir que el MKP es ininteligible o falsamente inteligible si se lo aborda externo a su inserción con los otros momentos de la práctica política. Aquí también lo lógico es explicado por lo histórico, y viceversa. La aparente y althusseriana “lucha de clases en la Teoría” que se desarrolla ante nuestros ojos en el Manifiesto es en realidad la expresión de un combate en la arena de la nueva composición de clase, un búsqueda de distinción y superación en la propia práctica militante y organizativa. Desde inicios de 1845 puede verse la nueva dimensión, en la teoría y en la práctica, de la autoconciencia del Comunismo práctico de Engels y Marx, desarrollo esencial que se expresa en la necesidad de elaborar una Kritik renovada de la Economía Política (que incluye nuevamente a List y una obra contra el Proteccionismo burgués), una reflexión ya (auto) crítica sobre su antigua conciencia comunista (las herméticas tesis sobre Feuerbach), el comienzo de Die deutsche Ideologie, cuyo capítulo sobre Grün formará parte esencial de la arquitectura del futuro MKP. En la práctica el proyecto de revista de intervención y co-investigación obrera y popular, con evidentes potenciales organizativos, hablamos de la Gesellschaftsspiegel, dirigida por Engels y Hess con el acompañamiento de Marx; en el plano práctico hay que incluir el proyecto editorial de una gran biblioteca popular de textos comunistas y socialistas y la búsqueda desesperada de una imprenta propia, para logra un flujo de publicaciones regular y permanente.[19]
Debajo de todo este trabajo diurno, un enorme acopio de materiales y nuevas lecturas, acumulación que tendrá su expresión brillante y reveladora en el MKP, como podemos comprobar en los cuadernos de notas de Bruselas y de Mánchester.[20] Resulta sintomático que Marx (y también Engels) buscaran los fundamentos materiales necesarios para reconstruir una idea comunista moderna en una renovada Kritik a la Economía política burguesa. Estas nuevas lecturas y estudios críticos comienzan alrededor de febrero de 1845, los de Bruselas, y julio de 1845 los tomados en su viaje a Mánchester. A diferencia de los de París, en estos cuadernos los comentarios ad hoc de Marx son escasos pero lo interesante es su nueva área de interés, que en algunos casos amplían, reformulan o profundizan antiguos intereses de su época en el diario RZ: (1) la soziale Frage, es decir: consecuencias sociales de la industrialización burguesa en general y de la aplicación de las máquinas en particular a los trabajadores pobres (los dos primeros cuadernos de Bruselas incluyen, en particular, extractos de Sismondi y Buret, así como el V incluye largos extractos de Gasparin, Babbage, Ure y Rossi); (2) Dinero, crédito y comercio (el cuaderno de París y el IV de Bruselas incluyen extractos extensos e importantes de Boisguillebert, Law, Dupré de St. Maur, Pinto y Child); (3) Historia de la Economía Política burguesa (cuaderno VI de Bruselas con extractos particularmente extensos de Pecchio, MacCulloch, Ganilh, Blanqui y Villegardelle). Estos extractos también muestran que, junto con la Economía política clásica en general, Marx también estaba estudiando y extrayendo puntos de vista de la Literatura crítica, como había hecho en el caso del combate contra List en su época en la Rheinische Zeitung;[21] aquí, los más importantes son Sismondi y Buret. No parece haber un tema central unificador en el cuaderno III de Bruselas, pero donde encontramos extractos del importante economista Henri Storch. El material crítico-reflexivo de ambos cuadernos se sumará, como una enorme cantera conceptual, no solo al núcleo delMKP sino que su efecto continuará subterráneamente hasta llegar al mismo Das Kapital.
Boisguillebert le permitía a Marx incorporar, a la Kritik de la Política, la dimensión doble del dinero y la moneda, entendidos como medios comerciales y a la vez criminales, generadores de delitos y desigualdad. Marx lo valoraba como uno de los fundadores de la Economía Política clásica en Francia, el equivalente de lo que fue William Petty para Gran Bretaña.[22] El Dinero -dirá Boisguillebert- es un elemento “usurpador”, que puede y debe ser aislado y separado del mundo del Trabajo, entendido en su figura burguesa como la forma social natural, tal como después lo entendería el mismo Proudhon. En su prognósis sobre el futuro del Capitalismo, Boisguillebert pronosticaba una sociedad escindida en dos grandes clases, aquellos que pueden gozar de todos los placeres sin hacer nada y los que trabajan cubriendo meramente sus necesidad básicas; la solución que proponía era la aplicación desde el Estado de la justicia distributiva. Tal como lo hará Say, Boisguillebert explicaba el fenómeno paradójico de la escasez en la abundancia como un problema ligado a la sobreproducción, una forma de crisis inédita en nuestra civilización. También sostenía una primitiva Ley de contradicción entre Consumo y Demanda, de la cual podía deducirse una tendencia hacia la autodestrucción en la lógica del Capital. Boisguillebert también explicaba, cómo la competencia entre individuos que luchan por su interés personal suministra auomáticamente la asignación de recursos en el mercado capitalista. La competencia –es la idea que luego pasará a Smith- provee el medio a través del cualla persecución miope de nuestros intereses optimiza de forma capitalista la asignación de recursos; su modus operandi es el sistema de precios. Marx destaca en sus extractos la simpatía instintiva de Boisguillebert hacia los desposeídos, y transcribe de la Dissertation: “Hoy los seres humanos están totalmente divididos en dos clases, es decir, los que disfrutan de todos los placeres sin hacer nada y los otros que trabajan desde la mañana hasta la tarde y apenas tienen lo necesario, y la mayoría de las veces se ve privado de ellos” y a continuación Marx señala que “Boisguillebert habla en todas partes en nombre de la gran parte de la población que es pobre y cuya ruina termina repercutiendo sobre los ricos. Habla de la justicia distributiva”; atribuye a Boisguillebert ser el creador de la “doctrina del laissez-faire, laissez -aller de los economistas modernos, ya que el motto era “Sólo es cuestión de dejar de actuar”. Marx comenta que tanto con Boisguillebert como con los “economistas políticos modernos, el curso natural de las cosas, es decir, la sociedad burguesa”, debería poner las cosas en orden por defecto. En Boisguillebert, como en los fisiócratas -señala Marx- “esta doctrina tiene todavía algo humano y significativo; humano, en oposición a la Economía del antiguo Estado que intentaba enriquecer sus arcas con los medios más antinaturales, escomo una suerte de primer intento de emancipar la vida burguesa.” Marx también comenta la explicación de Boisguillebert del fenómeno de la escasez en medio de la abundancia, que no es otra cosa que el fenómeno de la sobreproducción en el mercado capitalista, teoría que Marx considera “errónea como todas las doctrinas de la Economía política”. En estas crítica se adelanta la visión del Capital como momento de autodestrucción al hacerse efectivas sus contradicciones internas y “naturales”. Boisguillebert aparece en la polémica anti-Proudhon, una cita de su trabajo sobre la naturaleza de la riqueza moderna, como ilustración de la fantasía de intentar establecer una relación de proporcionalidad entre oferta y demanda.
“A los economistas políticos”, observa Marx, “no les sorprende que pueda haber un excedente de productos en un país, aunque para la mayoría exista la mayor escasez de los medios de vida más elementales: la sobreproducción es la depreciación [Wertlosigkeit] de la riqueza misma, precisamente porque la riqueza como riqueza debería tener un valor” (1998a: 56). Puede haber demasiada producción para los corredores de bolsa y los capitalistas, cuya mercancía puede depreciarse debido a la abundancia. De todas partes puede surgir un excedente de producción que ya no se intercambia porque excede las necesidades de la humanidad solvente, y el movimiento de la propiedad privada exige que, a pesar de la pobreza general y (precisamente) mediada por ella, se produzca demasiado. Con el aumento de la producción, aumenta la escasez de mercados, ya que también aumenta el número de personas sin propiedades (56–57). La masa de productos debe aumentar relativamente y, por lo tanto, superar cada vez más la demanda, es decir, devaluarse. Resulta necesariamente que no es para la sociedad sino sólo para una parte de ella que se produce y que la producción para esta parte perderá su valor, ya que es destruida por su masa en proporción a esta minoría” (56-57).
Otro autor bien estudiado es Sismondi, centrándose Marx en la determinación del valor a través del concepto de trabajo socialmente necesario. Se trata de un aporte novedoso en la Economía política que Marx incorporará en la arquitectura crítica de su polémica contra Proudhon de 1847 y que será formulado en estilo popular-divulgativo en muchos párrafos de MKP. Sismondi es acusado, en Miseria de la Filosofía, de “reaccionario” y utopista a la vez, en el sentido que quiere retornar a una aparente pasada edad dorada donde existía la justa proporción entre oferta y demanda, utopía que volvía a ganar fuerza en la ideología del movimiento obrero. Se desea el progreso sin su miseria concomitante, pero sin la lógica anárquica de la producción capitalista desarrollada, anarquía que es la causante del progreso general de la sociedad.
[1] En la jerga de la emigración política alemana se designaba a los artesanos influenciados por ideas owenistas, fourieristas, charbonniéres, saintsimonianas y por la actividad del sastre Weitling, futuro líder de la “Liga de los Justos” y autor de la primera profesión de fe comunista. Precisamente el “rabino rojo” Hess calculaba, en una carta de aquellos años, que vivían y trabajaban en París alrededor de 85.000 trabajadores alemanes, casi un 10% de la población, en su mayoría artesanos, sastres y ebanistas (trabajadores manuales en un 85%, el resto periodistas, artistas, etc.). Algunos oficios eran típicamente alemanes, como el de zapatero: allemand en la jerga parisina llegó a ser sinónimo de cordonnier. Los alemanes, como todos los emigrantes forzosos pobres, actuales y pasados, hacían bajar en su desesperación los salarios medios de los franceses, por lo que eran muy comunes conflictos y campañas xenófobas.
[2] Op. cit., pp. 365-367.
[3] Neuhaus, Manfred: Der soziale und politische Hintergrund für Marx’ erste öffentliche Stellungnahme zum Kommunismus und der Beitrag Proudhons zur Entwicklung des sozialen Denkens zu Beginn der vierziger Jahre des 19. Jahrhunderts, Promotion zum Dr. phil. Universität Leipzig, Leipzig, 1982.
[4] Marx, Karl: Misère de la philosophie: réponse à la Philosophie de la misère de M. Proudhon, Frank-Vogler, Bruxelles-Paris, 1847; en alemán: Das Elend der Philosophie. Antwort auf Proudhons «Philosophie des Elends», Karl Marx – Friedrich Engels – Werke, Band 4, Dietz Verlag, Berlin(DDR), 1972, pp. 63–182; en español: Miseria de la Filosofía. Respuesta a la Filosofía de la Miseria del señor Proudhon, Siglo XXI, Buenos Aires, 1974, p. 109. Marx, al criticar tan duramente al gurú de moda de la izquierda europea en la época, tuvo problemas para encontrar un editor progresista favorable a su publicación, como sucedió en su momento con La Ideología alemana, teniendo que pagar de su bolsillo la impresión de 800 ejemplares a través de Vogler. El canon tanto de la Socialdemocracia como del Dia-Mat menospreció esta primera obra de Marx; por ejemplo: en alemán, Misère de la philosophie se publicó sólo después de la muerte de Marx, en 1884-85 en Stuttgart, edición establecida y traducida por Kautsky y Bernstein, revisada por Engels y provista de prólogo. En la URSS, el Nachlass de Engels y Marx publicado por el trágico Riazanov tuvo poca repercusión en el Dia Mat, recién volvió a ser publicada siguiendo esa edición en alemán en 1939 (aunque había una traducción al ucraniano de 1923 de la edición de Kautsky) y es sintomático su omisión de las obras escogidas de Marx publicadas simultáneamente en varios países en la década de 1930 bajo los auspicios del Instituto Marx-Engels-Lenin dirigido por Adoratski. Curioso porque el propio Marx aseveraba que “la lectura de Miseria de la Filosofía y el Manifiesto del Partido Comunista podrían servir de introducción a El Capital” y por otra parte, nunca “desmintió” este texto, declarando, por el contrario en 1880, que contenía “las semillas de la teoría desarrollada, tras veinte años de trabajo, en El Capital”. Y por otro lado un marxista erudito como Lenin afirmaba que era la primera obra del Marx maduro.
[5] En francés en el original.
[6] Der Bund der Kommunisten: Dokumente und Materialien. Band 1 (1836-1849)/ [Redaktion: Herwig Förder, Martin Hundt, Jefim Kandel , Sofia Lewiowa]; Dietz Verlag, Berlin (DDR), 1983, p. 532 y 536.
[7] Carta a J-P. Proudhon, 5 de mayo de 1846.
[8] Textualmente: “Nous ne connaissons ni barrières, ni frontières, ni patrie; tous les communistes sont nos frères, tous les aristocrates nos ennemies.”; véase: Alain Maillard, “Communismes égalitaires et saint-simonisme”; en: Dans l’actualité du Saint-simonisme, Colloque de Cerisy, Sous la direction de Pierre Musso, Presses Universitaires de France, Paris, pp. 131-147.
[9] El legendario motto aparecerá por primera vez como tal en alemán en los documentos del primer Congreso de la Liga que se realizó en Londres entre el 2 y 9 de junio de 1847; luego en la publicación oficial del Bund, la revista Kommunistische Zeitschrift, de la cual solo se imprimió el primer número. Dado el caracter transversal y transnacional de estas reuniones, la fórmula fue rápidamente traducida a las otras secciones, como la de Inglaterra, EEUU y Francia, teniendo enorme repercusión.
[10] Véase: Andreas, Bert; Grandjonc, Jacques; Pelger, Hans; Elsner, Helmut; Neu, Elisabeth; Association démocratique, ayant pour but l’union et la fraternité de tous les peuples : eine frühe internationale demokratische Vereinigung in Brüssel 1847-1848; Karl Marx-Haus; 2004.
[11] Véase el famoso libro de E. P. Thompson: The Making of the English Working Class, Pantheon, New York, 1964, pp. 11–12.
[12] Petersmark, Frank, L.: “London Calling: The London Corresponding Society And The Ascension Of Popular Politics”, Wayne State University Dissertations, 2015.
[13] Podemos enumerar como figuras destacadas de este núcleo comunista crítico a Heinrich Bürgers, Philippe Gigot, Georg Weerth, Joseph Weydemeyer y Wilhelm Woolf.
[14] Carta a P. V. Annenkov, 28 de diciembre de 1846.
[15] Carta a J. B. Schwitzer; 24 de enero de 1865.
[16] Marx, Karl: Herr Vogt, Werke, (Karl) Dietz Verlag, Berlin. Band 14, 4. Auflage 1972, unveränderter Nachdruck der 1. Auflage 1961, Berlin/DDR. p. 439 y s.; en español: Marx, Karl: El señor Vogt, Juan Pablos editor, México DF, p. 102 y ss.
[17] Aquí Marx corrobora la co-autoría del MKP, a veces puesta en dudas por biógrafos y marxólogos. Recordemos que el Congreso de la Bund… designó como redactor oficial del documento re-fundacional específicamente a Marx y no a Marx y Engels.
[18] “Bürgerlichen Radikalen und Pseudosozialisten” y “bürgerlichen Sozialismus”; véase: Engels, Friedrich: Brief an José Mesa, London, 24. März 1891; en: Marx, Karl; Engels, Friedrich; Werke, Dietz Verlag, Berlin. Band 22, 1972, Berlin (DDR), p. 200.
[19] Sobre el proyecto de la revista Gesellschaftsspiegel y el trabajo político-teórico de Engels, Hess y Marx entre 1845 y 1846, remitimos al lector a nuestro estudio preliminar en: Marx, Karl, Sobre el suicidio, El Viejo Topo, Barcelona, 2012, pp. 7-50.
[20] Véase: Marx, Karl; Engels, Friedrich: Gesamtausgabe (MEGA). Exzerpte, Notizen, Marginalien , Abteilung 4. BAND 3, Sommer 1844 bis Anfang 1847. Band 3, Akademie Verlag, Berlin (DDR), 1988.
[21] Remitimos al lector a nuestro ensayo: “Marx y su encuentro con la Economía Política”, I y II (2018), ahora on-line: https://rebelion.org/marx-y-su-encuentro-con-la-economia-politica-i/
[22] ¿Qué le condujo a Marx a leer y estudiar a Boisguillebert, un economista casi olvidado en esa época? Una hipótesis es la casualidad bibliográfica. La casualidad suele ser la forma en que se manifiesta la necesidad. En los 1840s se publicaron en París, donde Marx profundizaba sus lecturas económicas, una colección de textos de economistas franceses del siglo XVIII y allí aparecieron ensayos de Boisguillebert, que se republicaban por primera vez después de un intervalo de 130 años; Dissertation sur la nature des richesses, de l’argent et des tributs : ou l’on decouvre la fausse idée qui règne dans le monde à l’égard de ces trois articles, Paris, 1841; y luego: Détail de la France; Factum de la France; Opuscules divers, Paris, 1843. Véase: Jacqueline Hecht: “Pierre de Boisguilbert ou la naissance de l’économie politique”; en: Population, Vol. 22, No. 1, La Conférence démographique européenne (Jan.-Feb., 1967), pp. 111-116.




