Hace un par de semanas, el gobierno mileísta presentó para la Provincia de Buenos Aires un proyecto de ley, impulsado por Agustín Romo, para arancelar la educación y la salud pública para los inmigrantes. Era cuestión de tiempo para que se nacionalizara el debate.
En entrevista con Luis Majul, Milei salió a respaldar este ataque a los inmigrantes, al tiempo que acusó de terroristas a quienes ejercían profesiones como la docencia o el periodismo y eran opositores al gobierno. “Estudiantes disfrazados de terroristas”, “docentes disfrazados de terroristas”: para Milei, el enemigo es interno y, bien lo sabe, es de clase. Sin perder esa clave, elige atacar a los inmigrantes.
Unos días antes, el vocero presidencial, Adrián Ravier, en conferencia de prensa había planteado en defensa del proyecto de Romo que en Argentina se forman “extranjeros que eventualmente se vuelven a sus países de origen” y que, en realidad, el gobierno se plantea “cuidar el dinero de los argentinos para ayudar a los más humildes, generar posibilidades de estudio en las universidades, manteniendo financiamiento, poniendo los recursos especialmente para los residentes y ciudadanos argentinos”. Declaraciones del mundo del revés.
El gobierno manchado por casos de corrupción, que ningún problema tiene en hacerse de las arcas del Estado para el beneficio personal de sus funcionarios, ahora se deshace en preocupación ante el aprovechamiento por parte de los inmigrantes que estudian en las universidades públicas. A su vez, hipócritamente afirma Ravier que se debe garantizar el derecho a la educación universitaria y asegurar su justo financiamiento, cuando en los hechos el gobierno se ha negado rotundamente a aplicar la Ley de Financiamiento Universitario, refrendada más de una vez por la calle y las votaciones del Congreso.
Suma Ravier que es prioridad que “los recursos del contribuyente, que con mucho esfuerzo le está dando al gobierno, los administremos de la mejor forma posible para asignarlos con eficiencia y ayudar especialmente a los más necesitados”. Son palabras que el gobierno se atreve a pronunciar nada más cuando pretende poner a un trabajador contra otro: la extrema derecha quiere que los argentinos abracen la xenofobia y crean que los inmigrantes se apropian de los frutos de su trabajo, cuando es en realidad la burguesía nacional e internacional la que se enriquece a sus expensas.
Con este fin, el gobierno inventa toda clase de números, para los que luego emplea las más variadas volteretas en justificar. De esta forma, Ravier afirmó que el 40% de los estudiantes de la carrera de Medicina son extranjeros. En la misma línea, Agustín Romo afirmó en la red social X: “El segundo presupuesto nacional son las transferencias a las universidades. O sea en la segunda cosa donde más guita gastamos es en bancar las universidades públicas. Cual es la que más gasta? La UBA. Cual es una de las carreras más caras? Medicina. Cuantos son los extranjeros? El 40%” (sic).
Distintos referentes del gobierno nacional salieron a respaldar los números dados por Adrián Ravier que son, claro está, la línea oficial que defiende el gobierno nacional. Quieren plantear que la universidad pública ha sido invadida por extranjeros, que se aprovechan de la generosidad nacional. Agustín Romo, en el mismo tuit, afirmó que “los recursos que se gastan en una de las carreras más caras, de la universidad más cara, de la segunda cosa donde más plata gasta el Estado nacional, se van en extranjeros que no aportan nada al país ni antes, ni durante, ni después de recibirse”.
Los que realmente no aportan nada al país y, además lo saquean, son la parva de lúmpenes mileístas que conforman el gobierno nacional. Desconocidos y poco “exitosos”– empleando sus propios parámetros de producción de riqueza “con o sin dinero”–, de ignotos totales a millonarios: más de un funcionario mileísta ha multiplicado enormemente su patrimonio a expensas de robarle a las arcas nacionales y a los trabajadores. Por otro lado, argentinos o extranjeros, todos los trabajadores aportan al país: pagan servicios, se les cobra el IVA, se levantan temprano para trabajar porque no saben de la magia matemática creada por pendrives con cientos de miles de dólares escondidos.
Por supuesto que la honestidad nunca será parte del discurso de los enemigos de los trabajadores. Otro funcionario libertario que se pronunció sobre esta cuestión es el Subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez, cuyo cargo expresa el rol contradictorio de ser enemigo acérrimo de la universidad pública: “El verdadero problema que tenemos con los estudiantes extranjeros es con aquellos que MIENTEN para aprovecharse de nuestras leyes. Dicen que van a tener una residencia PERMANENTE en el país, cuando en realidad solo tienen la intención de robarse una carrera universitaria y volver a su país”. A su vez, el subsecretario publicó un screenshot con datos de un informe de dudosa procedencia (la Subsecretaría) que sostenía, una vez más, el número de 40%.
Sin embargo, según datos publicados en el Anuario Estadístico 2023 del INDEC, los alumnos extranjeros representan apenas el 3,22% del total de estudiantes, un número muchísimo más bajo que el planteado por el gobierno. De esta manera, Alejandro Álvarez actúa como todo funcionario de LLA: habla sin pruebas, sin fuentes comprobables, reproduciendo prejuicios que solo dialogan con la base social mileísta y buscan fomentar un clima reaccionario.
Es más– si lleváramos hasta el final el argumento libertario, que busca oponer migrantes con residencia permanente a los que poseen residencia temporal–, al observar el número de estudiantes extranjeros en universidades como la UNR, nos encontramos con que la Facultad de Ciencias Médicas tiene alrededor de un 30% de extranjeros estudiando; de los cuales tan solo el 3% son residentes temporales. Los números no se condicen con el discurso oficial, no obstante, la intención es clara: el gobierno de Milei busca un chivo expiatorio para el descontento social, fruto de su gobierno que está destruyendo el país.
Encuentra en su búsqueda al inmigrante y quiere montar una campaña reaccionaria para el arancelamiento de los servicios para todos ellos, poca diferencia hace que hoy estime que tiene que afinar la mira hacia los que poseen residencia temporal. En última instancia, arancelar la universidad pública para los extranjeros es un camino que allana el arancelamiento de la universidad para todos. A su vez, es parte del ideario que sostiene la extrema derecha sobre que la educación, en lugar de ser un derecho, ha de ser un privilegio accesible para los pocos que puedan costearlo. Hoy se apunta a un sector específico, pero la perspectiva es avanzar en un cuestionamiento general a la educación pública de masas como un derecho garantizado por el Estado.
En las puertas de Filosofía y Letras, las referentes de la Juventud Anticapitalista, Violeta Alonso y Yamila D’Occhio, respondieron: “Les estudiantes de la universidad pública estamos en contra de cualquier arancelamiento. (…) Todos y todas las que deseen estudiar son bienvenidos”. Además, Violeta señaló: “No es más que una cobertura para no decir lo que es la realidad que es que quiere desfinanciar la universidad y que quiere una universidad para pocos. Si fuera por el gobierno de Milei, nosotras tampoco podríamos estudiar en la universidad”.
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Las referentes estudiantiles también comentaron que hacía unos días en la Facultad de Filosofía y Letras, se había filtrado agua de lluvia a unos pocos centímetros del tendido eléctrico. No muy lejos en el tiempo, en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, hubo un incendio dentro del edificio. Es cosa normal en las universidades que los ascensores se atasquen con estudiantes adentro; la presencia de ratas es ya sabida. En suma, el desfinanciamiento de las universidades pareciera tan solo estar esperando una tragedia para mostrarse en toda su gravedad.
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El gobierno de Milei provoca esta situación para vaciar las universidades, porque a pesar de todo la educación pública superior es una conquista que distingue a la Argentina de otros países de la región y del mundo. Pretenden que la juventud se frustre luego de las extenuantes horas de trabajo, al encontrarse con una universidad elitista que la expulsa. Quieren que educarse sea imposible para los jóvenes de familia trabajadora. Montándose en la “campaña antiargentina” quieren impulsar una política reaccionaria a nivel local contra los extranjeros, mientras hipócritamente con la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada pretenden entregarle los territorios y recursos naturales a multimillonarios como Peter Thiel. Nuevamente, el problema de fondo es de clase: al atacar al trabajador o estudiante inmigrante, Milei ataca al conjunto de la clase trabajadora.




