Se reunirán el miércoles en Casa Rosada

El gobierno citó a la Mesa de Enlace ¿otra capitulación?

Si se aplicaran retenciones reales, los dólares de la cosecha podrían inyectarse en función de los intereses de los trabajadores. Subir los salarios, aumentar presupuestos en salud y educación, realizar una fuerte inversión en infraestructura para reformas edilicias en las escuelas y hospitales.



Finalmente, el gobierno se va a juntar con la mesa de enlace para negociar. La reunión será el miércoles en Casa Rosada. Los ánimos se caldearon los últimos días a partir de las declaraciones del presidente, que quejándose del precio de los alimentos, amenazó con aplicar retenciones al campo: “si el campo no entiende voy a subir las retenciones o establecer cupos”. Enseguida, los patrones del campo y la oposición de derecha comenzaron a chillar. Los militantes K más progre se ilusionaron… ¿esta vez vamos en serio?.

Pero como es característico de este genio del «paso al costado» que es el presidente, rápidamente convocó a dialogar a las patronales del campo. Según trascendió, La reunión será el miércoles 10/2 a las 15:30. Participará la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro), las Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), la Federación Agraria Argentina (FAA) y Sociedad Rural Argentina (SRA).

Lo que está en puja remite a un problema económico que se reitera en nuestro país. La jugosa cosecha del campo con la que los productores rurales especulan, postergando su liquidación, mirando los precios internacionales y queriendo dolarizar precios locales, sería ideal para paliar más no sea un poco la necesidad de dólares de la economía nacional, los compromisos asumidos del gobierno con el FMI y otros acreedores, y el aumento del precio de los alimentos.

La relación entre el peronismo y los patrones del campo viene vulnerada desde el 2008, cuando en el marco de la crisis internacional y el alza de los precios de los productos agrarios por la demanda China, el gobierno intentó aplicar la ley de retenciones 125 y se desató una batahola que fracturó a la burguesía argentina (ver al respecto «La rebelión de las 4×4» de Roberto Sáenz).

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Desde entonces, el kirchnerismo tuvo sumo cuidado en volver a meterse con el tema de las retenciones. Pero si de los K vamos a Alberto Fernández, ya tuvimos como ejemplo el patético retroceso frente a Vicentín, una empresa que estafaba al Estado con mil y una maniobras ilegales como la triangulación de exportaciones, la subfacturación o el pedido de subsidios fabricando empresas fantasma.

El llamado a una negociación para este miércoles expresa muy probablemente una nueva capitulación. Hablamos de un gobierno que ni siquiera pudo frenar los aumentos a los servicios de internet y telefonía pese a declararlos esenciales, en el marco de lo que eso significa en el marco de una pandemia que obligó a pasar la educación y muchas tareas laborales a la virtualidad.

Sin embargo, es muy probable que intente llegar a un acuerdo alrededor del precio de los alimentos, que será anunciado como una gran medida progresista, pero si no se obliga a las empresas a respetarlo, podrá ser vulnerado, no respetado, o directamente escupido (ver el caso de los cortes de carne a precios cuidados que se viralizaron en internet).

La política de Fernández es en los papeles, progresista, pero en los hechos, la fraseología demagógica termina siendo un paraguas para permitir una progresiva imposición en la economía de los intereses de los empresarios. La situación económica no hace más que horadar el nivel de vida de los trabajadores y los sectores populares. Sin aplicar sanciones efectivas, sin oponerse contundentemente a los empresarios, es imposible que por la vía de los hechos, debido su poder económico y social, no terminen primando en el mercado los intereses de los más ricos. La gente no come vidrio, en los grupos de whatsapp ya abundan los memes donde se lo apoda «Aumento Fernández».

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Pero si se aplicaran retenciones reales, los dólares de la cosecha podrían inyectarse en función de los intereses de los trabajadores. Subir los salarios, aumentar presupuestos en salud y educación, realizar una fuerte inversión en infraestructura para reformas edilicias en las escuelas y hospitales. En momentos en que, pese a la pandemia, se plantea la necesidad de retomar la actividad educativa en el país, ese dinero podría ayudar a cuidar la salud de miles de docentes, estudiantes, y sus millones de familiares.

Por supuesto que este no es el programa de Fernández, y a pesar de sus declaraciones demagógicas a favor del cuidado de la salud o críticas a los «miserables» empresarios, del dicho al hecho hay kilómetros de distancia. Alberto no parece dispuesto a cruzarlos.

 

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