¿Por dónde empezar?
“Ninguna situación por ´gris y pacífica´que sea (o parezca), como tampoco ningún periodo de ´decaimiento del espíritu revolucionario´, excluye la obligatoriedad de trabajar por la creación de una organización de combate, ni de llevar a cabo la agitación política; es más: precisamente en tales circunstancias y en tales períodos es especialmente necesario el trabajo indicado, porque en los momentos de explosiones y estallidos ya es tarde para crear una organización. La organización debe estar ya lista para poder desarrollar inmediatamente su actividad”. (Lenin, ¿Por dónde empezar?; obras completas, tomo 5, pág. 14)
En la cita anterior Lenin da cuenta de un clima “gris y pacífico” (comillas son originales del texto) en un país que, 13 años más tarde y en el marco de la 1° Guerra Mundial, decantaría en la toma del poder por los bolcheviques. Es notable como a la etapa abierta por la 1° GM, Lenin la caracterizó como de crisis, guerras y revoluciones, antes precisamente de la revolución rusa. Una mirada dialéctica sobre la significación y las posibilidades abiertas por el choque de las principales potencias mundiales, la masacre de millones de personas, y la conmoción absoluta de las condiciones de vida “normal”, que le permitió al partido bolchevique atravesar las enormes dificultades del momento, sin perder el interés realista revolucionario.
Hacemos esta referencia con una mirada interesada, política y militante. Salvando las distancias temporales y las diferencias con la etapa vivida por el dirigente ruso, es un hecho que nuestro siglo, se caracteriza por el agotamiento de la hegemonía de Estados Unidos y los consensos de pos Segunda Guerra, una tendencia a la disputa territorial del mundo, y con policrisis además de elementos de polarización asimétrica pero concretas. Esto da cuenta de la reapertura de una etapa de crisis, guerras, barbarie, cuyo reverso dialéctico encierra la posibilidad de revoluciones, bajo la inmensa presión que viven las masas bajo un capitalismo extremadamente violento y territorial.[1]
Si hay algo que no es “gris” ni “pacífico” es nuestro siglo, ni mucho menos lo es Argentina. Un país atravesado por la coyuntura mundial reaccionaria, y con un resultado electoral que reafirmó la continuidad de esa coyuntura a nivel local, pero con una serie de elementos específicos que lo hace particularmente inestable y, nuevamente con una mirada interesada, un país candidato a la revolución. Decimos esto sin degradar los elementos de peligro que encierran la existencia de gobiernos de extrema derecha como el de Milei, que intenta asestar una derrota al movimiento de masas.
En este marco, escribimos este texto como aporte a las tareas estratégicas planteadas para la izquierda revolucionaria en el país, a la luz de su actuación política y electoral en uno de los períodos de mayor inestabilidad de los últimos años y que han dejado enseñanzas que conviene asimilar. Precisamente en estas circunstancias, “porque en los momentos de explosiones y estallidos ya es tarde para crear una organización. La organización debe estar ya lista para poder desarrollar inmediatamente su actividad”.
Argentina: esa montaña rusa en un mundo inestable
Si la inestabilidad del mundo responde a una creciente modificación en las “relaciones de fuerza” económicas y políticas entre los estados, en Argentina se encuentra exacerbada por las relaciones de fuerzas internas entre clases, acumuladas desde 1983 y el 2001 a la fecha, que le han impedido a la burguesía hacer de este un país capitalista periférico ‘normal’.
Argentina tiene “demasiadas” conquistas estructurales -como la relativa industrialización, el desarrollo científico, las conquistas culturales, democráticas y de condiciones de vida- que no tienen nada que ver con el lugar que, por fuerza económica y lógica “natural” del capitalismo, le corresponden a un país de tercer orden. Demasiados teatros y universidades, demasiada música, arte, y salud; sobradas aspiraciones anidan en su clase trabajadora para ser una economía que por “ventaja comparativa” debiera dedicarse a vender plantas comestibles, animales y minerales. Una demostración progresiva de cómo la fuerza y la lucha de clases pueden torcer el ‘natural’ curso capitalista, siempre hasta cierto punto ya que sin una revolución anticapitalista y socialista no hay resolución definitiva.
Estas conquistas -en el marco del derrumbe de las condiciones de infraestructura y de las crisis económica y social a las que está sometido el país por la incapacidad de la burguesía y sus diversas representaciones políticas- son las que están en la mira del gobierno de Milei. Acompaña su embestida reaccionaria una burguesía económica sin proyecto de desarrollo nacional, que ha sufrido las relativas relaciones de fuerzas favorables a las mayorías sociales que le han impedido explotar a sus trabajadores a los niveles de países de tercer orden en los que el neoliberalismo arrasó sin contrapesos.
La inestabilidad extremada bajo el gobierno de Javier Milei, en un país que pasó del gobierno de contención de Cristina Fernández al neoliberal de Mauricio Macri, con un posterior retorno al peronismo sin programa de Alberto Fernández y el rebote a extrema derecha actual, da cuenta de un trasfondo de crisis estratégica del capitalismo argentino. Un país que no crece hace 15 años, con una burguesía sin proyecto de desarrollo, ni inversiones, que no apuesta al aumento de la productividad más que mediante el ataque a las condiciones laborales para aumentar su margen de ganancia y competitividad mundial; e, insistimos con un nivel de relaciones de fuerzas no derrotadas desde el retorno de la democracia a la fecha que impiden domar a las y los trabajadores, las mayorías sociales, y su organizaciones políticas, a pesar de los esfuerzos reaccionarios del gobierno actual.[2]
Esa inestabilidad tuvo su pico en la previa y en las elecciones de septiembre y octubre, con un gobierno cuya continuidad pendió de un hilo. Un vértigo concentrado que contrasta con la ofensiva poselectoral oficialista plasmada en el intento de contra reforma laboral que oficiará de prueba de fuerzas de gran importancia, en un intento por reventar parte significativa de las conquistas acumuladas por un gran sector de las y los trabajadores, conquistas que son, más allá de sus límites, una perspectiva también para los trabajadores sin derechos.
El resultado favorable al gobierno obtenido en octubre (gracias a que el peronismo le regaló la elección) habilitó la continuidad de Milei y su nueva ofensiva. Sin embargo, no ha resuelto ni la fragilidad económica ni estructural del país, y un paso en falso podría desatar en el futuro inmediato, un nuevo acceso de las masas a la protesta social y la vuelta a la inestabilidad. Por lo pronto, las mayorías sociales procesan el resultado electoral sorprendente (e inexplicable sin el rol traidor del peronismo), mientras que la reforma laboral aparece como un debate en las alturas y aún abstracto como para obligar a tomar posición.
En este marco en que el peronismo debate a qué se va a dedicar en adelante sin un programa propio ni argamasa más que el sueño de volver sobre tierra arrasada, la izquierda revolucionaria debe hacer lo propio pero con una mirada estratégica, celosamente anticapitalista, y generosamente socialista. Así se nos presenta una pregunta de fondo, ¿cuáles son las tareas de los anticapitalistas en el próximo período? Para responder esto es inevitable comenzar por un balance sobre el rol político y electoral que jugó la izquierda argentina (FITu y Nuevo MAS) en uno de los momentos de mayor inestabilidad que se recuerde en los últimos años y que, como dijimos, tuvo en vilo al propio gobierno nacional.
Recientemente se publicó un artículo de Ariel Petruccelli, historiador neuquino, cuyo punto de partida es el balance electoral de las elecciones del FITu el pasado 26 de octubre, donde plantea preocupaciones respecto del estancamiento del frente no sólo en su influencia electoral sino también orgánica. Tomaremos algunos elementos planteados en su texto como también la respuesta de Dal Maso (PTS) y el balance oficial del PTS por Lizarrague/Liff.
Como punto de partida planteamos algunas consideraciones respecto del rol electoral del FITU, cuyo estancamiento no puede ser medido unilateralmente en cantidad de votos pasando por alto la ausencia de programa y el contenido adaptado de su campaña, dato más profundo y menos coyuntural de todos. Un balance que no tome este aspecto imposibilita plantearse las tareas presentes y futuras, excepto que solamente se pretenda huir hacia adelante. En contraste, dejamos algunos apuntes sobre la campaña del Nuevo MAS, sectariamente negado por Petrucelli en un vicio divisionista que además estrecha su mirada de “las tareas de la izquierda” (que en su aspecto estratégico debe contener la disputa del poder para lo cual hoy se necesita del conjunto de las fuerzas de izquierda) a un frente que nunca trascendió su carácter electoral como es el FITu, y cuyo marca de origen explica la cristalización electoralista como desarrollaremos más adelante.
Una campaña anticapitalista para un país en crisis
La izquierda desarrolló dos campañas -más allá de las enormes diferencias de presupuesto claramente a favor del FITu- que contrastaron tanto por su objetivo como por su perfil. Una campaña anticapitalista en el caso del Nuevo MAS, y una campaña auto referencial en el caso del FITu.
Nuestra campaña partió de la caracterización de la crisis orgánica del país, por lo que tuvo como eje transversal presentar una alternativa con un Programa Anticapitalista para Argentina (difundido y presentado por escrito en los medios de comunicación) poniendo en debate el hecho que el país no crece hace 15 años producto del fracaso de la burguesía y de todos los gobiernos capitalistas a la fecha, incluido el de Javier Milei.
Un programa que no se reduce a la reproducción de las consigna clásicas del Programa de Transición, cuyos ejes mantienen su vigencia y de los cuales nos apropiamos desde luego, sino que problematizan la estructura económica y social actual del país en clave de debate anticapitalista y particularmente de disputa con la extrema derecha, sobre la posibilidad de desarrollo industrial, cultural y científico a condición de integrar el conjunto de la economía bajo planificación y control consciente de las y los trabajadores. Y junto con esto pone luz sobre fenómenos nuevos como el de la precarización de más del 50% de las y los trabajadores, y que recupera la posibilidad de superar la crisis con medidas que afecten la ganancia capitalista, por destacar algunos de los 18 puntos programáticos.
Digamos como digresión pero de contenido profundo, que tanto Petruccelli como el PTS y el los partidos del frente, asi como la mayoría de las corrientes internacionales, reducen a mero aspecto democrático algo que en realidad es el quid del poder de los trabajadores y de la transición al socialismo como es el control y la planificación económica directa por parte de los trabajadores. Control y planificación sin la cual no existe transición al socialismo, ni se termina con la división entre el trabajo manual e intelectual.
Esto que en su momento aparecía reducido a un debate teórico político sobre el siglo XX ha pasado a la práctica política, por la batalla cultural que desarrolla la extrema derecha y que polariza con la izquierda con el fracaso de supuestos obreros socialistas del estalinismo. Esto explica por el que el Nuevo MAS debate de manera protagónica por la vía anticapitalista con la extrema derecha, y la capacidad política de nuestra corriente para delimitarse sin concesiones de los estragos del estalinismo y los estados burocráticos no socialistas, mientras las corrientes del FITu (en el ejemplo autóctono) sigue atado a esquemas objetivistas.
Como decía Trotsky en la Revolución Permanente: “las divergencias más lejanas y, al parecer ´abstractas´, si se reflexiona a fondo sobre ellas, tarde o temprano se manifiestan siempre en la práctica, y esta no perdona el menor error teórico”[3]. Insistimos, ese lastre “teórico” hoy lo pagan políticamente. Bienvenido sea ese debate, nuestra corriente está armada para entrar a esa batalla cultural y dar guerra política hasta el final contra la extrema derecha, y le propone a toda la vanguardia sumarse a esta lucha con las armas del siglo XXI.[4]
Sumemos por último la fibra revolucionaria depende menos de las formas, como las que Petrucelli le reclama al FITu para transmitir radicalidad, que del contenido. No basta con gritar “comunismo” o “expropiación”, sin haber sacado las conclusiones de las revoluciones del siglo XX para las revoluciones del XXI. En palabras de Marx: “La revolución social del siglo XIX (o del XXI lo mismo da) no puede sacar su poesía del pasado, sino solamente del porvenir. No puede comenzar su propia tarea antes de despojarse de toda veneración supersticiosa por el pasado. Las anteriores revoluciones necesitaban remontarse a los recuerdos de la historia universal para aturdirse acerca de su propio contenido. La revolución del siglo XIX debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido. Allí, la frase desbordaba el contenido; aquí, el contenido desborda la frase.”[5]
Es notorio que para abordar los problemas estructurales del país fuimos el único partido, no sólo de la izquierda sino de todas las fuerzas incluidas las capitalistas (con absoluta gravedad en el caso del peronismo, hasta Provincias Unidas y lamentablemente también FITU), en presentar un programa integral para salir de la crisis, sin izquierdismo ni revolucionarismo. Inisitimo en la importancia del contenido. Si no tenes programa, por mucho énfasis, formas “disruptivas” (que no deben mezclarse con las formas farandulescas como las que utiliza por la extrema derecha al estilo Trump o su lacayo Milei para vulgarizar la política y desprestigiar su importancia frente a las masas) es imposible plantear una alternativa en un país que se cae a pedazos ante la mirada de toda la sociedad. Este hecho nos valió el respeto y la atención de amplios sectores, incluidos del periodismo no afines siquiera a ideas progresistas, en un escenario electoral sin propuestas, con niveles elevados de degradación de política e ideas.
Visto objetivamente, sólo dos fuerzas antagónicas tuvieron programa claro: LLA (La Liberta Avanza) con contrarreformas laboral, jubilatoria e impositiva, más ajuste fiscal y la “alianza” (sometimiento colonial) a Estado Unidos, todos ejes afianzados luego del resultado electoral de octubre. Y en las antípodas, el Nuevo MAS, representado por Manuela Castañeira y otras figuras, con el “Manifiesto Anticapitalista para la Argentina”. En el medio, un amplio espectro de izquierda al centro, sin programa.
Este hecho grande como una casa, es uno de los motivos que explican la asimilación del pragmatismo del FITu al del peronismo, idea esbozada por Petruccelli pero que es tema de conversación en sectores de vanguardia amplia, expresado en que tanto el Fuerza Patria como el FITu tuvieron como ejes de campaña “más diputados de mi fuerza al Congreso”.¿O no es así?. Esto además en un momento en que el Milei desconocía las leyes anti veto de educación, salud y discapacidades ratificadas en el Congreso, dando cuenta que el debate con el gobierno iba más allás de sumar algún que otro diputado que como tal sería impotente frente a los rasgos bonapartistas del oficialismo.
Por esto mismo, otro de los ejes de campaña del Nuevo MAS fue el cuestionamiento de manera abierta y directa la continuidad de Milei, y sobre la necesidad de abrir un debate respecto de los fundamentos del país, proponiendo una Asamblea Constituyente impulsada desde el Congreso y con representación de todos los sectores sociales. Una verdadera hazaña que no nos guardamos para los periodistas “frendly”, sino que fueron planteados por Manuela Castañeira, en TN, La Nación, Clarín, radio Rivadavia, entre otros.
Junto con esto, el Nuevo MAS tuvo el enorme mérito de disputar la agenda política y con el tema más sensible a las mayorías sociales y ausente del debate nacional: el salario. Es archi-conocido que los únicos que hablamos del salario y de la necesidad de elevar el piso mínimo a 2 millones fuimos los anticapitalistas, el Nuevo MAS. Esa medida de transición fue (y es ya que le incorporaremos en nuestro programa de reforma laboral anticapitalista) la punta de lanza de un programa global que, partiendo de una necesidad vital para cualquiera que viva de su salario, obliga a tomar una serie de medidas anticapitalistas para concretar ese monto mínimo. El recorte de las ganancias a los grandes empresarios y su traslado al salario; la puesta en marcha de la totalidad de la capacidad instalada del país para aumentar la productividad y el trabajo con derechos; el retrotraimiento de precios de servicios y alquileres como complemento indirecto del salario; la eliminación del IVA y el impuesto al trabajo con aumento del impuesto a las riquezas, y un largo etcétera demuestran el carácter transicional de la medida salarial.
Todo esto, sin dejar de intervenir en los miles de sucesos que ocurrieron a lo largo de la campaña, entre ellos los femicidios, de los cuales responsabilizamos directamente a Milei por ser autor ideológico, lo que nos valió el ataque de Bullrich y el narco-diputado Espert, y que sigue siendo una herramienta de lucha contra los crímenes de odio.
Nuestra crítica no se da “con el diario del lunes en la mano”. Si el resultado electoral con el triunfo de Milei fue sorpresivo, aún así nuestra campaña, colocó una alternativa anticapitalista, de disputa de poder, y claramente delimitada del peronismo. Es evidente que desde el nuevo MAS hemos incorporado además el ANTICAPITALISMO (con letras mayúsculas) a la batalla cultural contra la extrema derecha y el gobierno de Milei. Basta con ver los tweets de Adorni y otros funcionarios en los que polarizan con nuestro partido y sus militantes al respecto, un debate que llegó para quedarse.
Todo con condiciones económicas y de aparato incomparables con las principales fuerzas del régimen, pero también con el FITu, y con un alto grado de polarización. En este marco, y peleando por fuera del FITu, hemos mantenido nuestro caudal de 100 mil votos con una campaña protagonista y a la altura de la situación del país. Nos permitimos poner en duda si, una campaña anticapitalista como la nuestra en el marco de un frente de izquierda no hubiera logrado vencer el estancamiento de la coalición. En esto la ausencia de radicalización política, que es un hecho real, dialoga a la vez con la actividad conservadora que desarrollan las fuerzas de izquierda que en 4/5 partes (haciendo una suma aritmética del FITu y sin ponderar el verdadero peso de cada una) a excepción de nuestra participación.
¿Qué aporte hizo la campaña del FITu?
Esta pregunta a la que “astutamente” escapa el FITU en sus balances[6] es clave para desarrollar un balance político serio y objetivo. En ese sentido, consideramos que Petrucelli aporta datos que dan cuenta del estancamiento del FITu, pero aborda con superficialidad los motivos, alcances, y sobre todo su significación política. Una evaluación que no puede reducirse a términos de cantidad de votos, que además está condicionada por la falta de radicalización política de masas que como tal no depende directamente de la voluntad militante, cuestión que se le pierde. Esto más allá que el FITu parece contagiarse de esa (aún) falta de radicalidad política, con una impronta moderada.
La campaña del FITu fue de las más adaptadas del último periodo, una tendencia que se ha ido agudizando en sentido directamente proporcional al desarrollo de la crisis orgánica del país, y cuyo último resultado es que no logró colocarse como una alternativa política electoral. Esto insistimos, más allá del retroceso de los votos y la pérdida de un diputado por Jujuy, y la de varios concejales bonaerenses tras las elecciones de septiembre que caracterizaron de “exitosa”. ¿Acaso una mejor performance en votos permitiría hablar de un “avance” o un “no estancamiento” del FITu, independientemente del contexto político y del contenido de campaña? Opinamos lo contrario.
Es evidente que no se puede medir la talla política de fuerzas revolucionarias exclusivamente con la vara que se miden las fuerzas del régimen, es decir por los votos. La astucia es justamente cómo avanzar posiciones anticapitalistas sin desteñirse en el camino, y no cómo sacar diputados a como dé lugar e independientemente de que alternativa se presente frente a la enorme crisis del país.
Por el contrario, nos encontramos con una una sumatoria de consignas (más diputados de izquierda, jornada de 6 horas, no pago al FMI, etc) pero no un programa integral que planteara un alternativa. Y sin un planteo que cuestionara la continuidad del gobierno de Milei por la vía de una herramienta democrática radical como el de la constituyente. Una campaña antiimperialista por el rechazo al FMI pero cero anticapitalista, lo cual también es un rasgo de adaptación notorio ya que sin anticapitalismo no hay anti-imperialismo consecuente, punto en el que tenemos un debate estratégico con las corrientes nacionalistas burguesas. Y por último, que no interpeló al conjunto de los trabajadores (registrados y no registrados) en relación al problema del salario, ni a los trabajadores precarizados en particular, un sesgo sectario inadmisible contra el 50% de los trabajadores (sectarismo que se reafirma con la ausencia de una política sistemática hacia un sector “uberizado” que no para de crecer en el país y en el mundo).
Sumamos a esto la insistencia divisionista de la izquierda consolidada por 14 años y que ya es una enfermedad crónica de ese frente, que desconoce, no sólo el reclamo de unidad de un amplio sector afín a la izquierda, sino que la división de la izquierda resta volumen electoral y sobre todo degrada su impronta como alternativa de poder, en un país que se derrumba y con elementos de crisis de representación.
Es notable la “autopercepción” del PTS respecto de su campaña que supone avance en la delimitación del peronismo (?) (Lizarrrague/Liff). Campaña que, lejos de “aumentar la delimitaciòn con el peronismo” tuvo muchos elementos comunes (como bien señala Petruceelli), como el hecho de hacer énfasis en sumar más diputados de la propia fuerza al parlamento con la consigna ¿Te imaginas un Congreso sin la izquierda?. Esto, insistimo, en un contexto en que la vivencia de las mayorías sociales era el desconocimiento de Milei a las leyes sancionadas por el Congreso y un espiral de crisis, lo cual planteó 3 niveles de discusión: una parlamentaria (como se compondría el Congreso futuro); dos, constituyente y de gobierno, por la pregunta sobre qué ocurriría en caso de derrota del gobierno, cómo encauzar un posible recambio de gobierno en un marco de ausencia de lucha de masas y de la CGT y los sindicatos conteniendo, y sobre los fundamentos del país; y tres, sobre qué programa alternativo para crecer estaban sobre la mesa.
En definitiva, la campaña del FITu fue de las más autorreferenciales y adaptadas a la rosca parlamentaria del en el último periodo (“este votó así”, “el otro votó asa”, “todos trazan menos yo”, yo esto, yo lo otro, yo etc) y sin aportes duraderos a las y los trabajadores. Lo cual demuestra que los latiguillos y golpes de efectos que tanto gustan al PTS, son efímeros, igual que las bancas y los votos, que como tales van y vienen.
Sumemos a esto el estado de casi negación del Frente como tal, derivada de una lucha interna sin cuartel. Lucha interna entre las fuerzas del FITu a lo largo de su existencia, que implicó incluso el quiebre del PO como partido junto con la expulsión de Altamira y su organización del propio frente, saldada a favor del PTS.
Con el paso del tiempo el FITu se ha reducido a un no-frente (salvo para la guerra entre corrientes donde hacen valer el 4 a 1 contra nuestro partido), como lo refleja el hecho que las únicas figuras visibles de la coalición, tanto a nivel de encabezamiento de las listas como respecto de la aparición mediática, son las de ese partido. Un (no) frente electoral que niega la existencia de las otras fuerzas por la vía de los hechos, algo que su acompañantes han aceptado, pero a lo que el Nuevo MAS nunca estuvo ni estará dispuesto a someterse. Nuestra organización se templa y se ha fortalecido en la lucha de tendencias con miras ambiciosamente revolucionarias, puesta en la lucha por el poder, para lo cual construimos partido y una corriente internacional como SoB. No es parte de nuestra personalidad política doblegarnos ante nadie, tampoco ante la enormes presiones sectarias contra las cuales es preciso batallar de manera conciente. Lamentablemente esas presiones de secta, producto de las enormes dificultades del periodo para construir corrientes revolucionarias, dominan sobre el resto del trotskismo en argentina y más allá. Sectas para las que la disputa entre mini aparatitos, incluida la rapiña de un carguito, vale como toda perspectiva y ambición, incluso ante el mal mayor de presentar a una izquierda dividida y por ende debilitada, en momentos de enorme crisis política.
Es esa misma lógica la que se expresó en la reunión que tuvimos por primera vez en 14 años, de cara a las elecciones provinciales de septiembre. Allí, en una reunión por zoom con la mesa del FITu, nos propusieron de mala gana integrarnos como adherentes, es decir sin posibilidad de referencia en encabezamientos y con un parámetro de elecciones nacionales del 2023, cuando se trataba de elecciones legislativas. Un capricho que todos los integrantes habían aceptado al PTS, y que pretendían que hagamos lo propio. Como contraparte propusimos que todas las fuerzas encabezaran alguno de los rubros, a lo cual nosotros aportaríamos la candidatura de Manuela Castañeira, utilizando como parámetro de uso y costumbre las elecciones equivalentes legislativas del 2021 que daban una proporción de 4 a 1 entre el frente y nuestro partido, propuesta que fue rechazada.
Nótese que a razón de este capricho, es decir que nadie puede encabezar listas salvo el PTS, el “frente” participó con candidaturas testigo repitiendo a Nicolas del Caño como diputado provincial en septiembre y a diputado nacional en octubre, con el absurdo de la candidatura de Christian Castillo que fue candidato a diputado provincial por Buenos Aires y luego a senador por CABA. Una superación “admirable” de las testimoniales peronistas, que al menos repiten distrito. Por los demás integrantes, queda bastante claro que su permanencia es compensada por la vía “cooperativa” de la “rotación” de algunos meses en las bancas, y el reparto abismalmente desigual de los ingresos económicos. Insistimos, son estas ubicaciones instrumentales y sectarias las que suman y acumulan elementos de adaptación a la lógica de los partidos tradicionales como las candidaturas testimoniales.
A razón de esto, es el PTS quien dirigió (y dirige hace varios años) toda la orientación electoral en soledad (muestra de la falta de capacidad hegemónica) y con su impronta auto referencial e instrumental, frente a una “huelga de brazos caídos” del resto de las fuerzas de la coalición. Ese partido ha orientado la política electoral del frente a la obtención de representaciones parlamentarias como un fin en sí mismo. Una orientación alrededor de la cual gira toda la vida de la organización partidaria sin mayores contrapesos, con efectos evidentes sobre el carácter cada vez menos militante del partido, y con un énfasis cada vez más parlamentaria-electoral con influencia en la vanguardia, a diferencia de nuestro partido, una organización de vanguardia con influencia electoral.
La marca en el orillo
“El modo como los hombres producen sus medios de vida depende ante todo de la naturaleza misma de los medios de vida con que se encuentran y que se trata de reproducir. Este modo de producción no debe considerarse solamente en cuanto es la reproducción de la existencia física de los individuos. Es ya, más bien un determinado modo de la actividad de estos individuos, un determinado modo de manifestar su vida, un determinado modo de vida de los mismos. Tal y como los individuos manifiestan su vida, así son. Lo que son coincide por consiguiente, con su producción, tanto con lo que producen como con el modo como producen”. ( La ideología alemana, Karl Marx y Federico Engels, pag. 19. Ed Pueblos Unidos)
La intervención de las corrientes revolucionarias en las elecciones ha sido motivo de debate históricamente por la complejidad del asunto. Al ser un terreno ajeno en el sentido que es un terreno tanto de disputa de la representación política como de “validación” de un mecanismo de dominio del régimen democrático burgués, nuestra participación debe partir de ser conscientes de los peligros que implican evitando todo elemento de adaptación, sin desechar a la vez la intervención electoral, la cual nos permite hablar a sectores masivos y pelear la simpatía y el apoyo de las mayorías sociales así como conquistar representaciones parlamentarias .
Decimos pelear la simpatía porque el terreno electoral se nos coloca como un terreno de lucha por la conquista de la representación de estos sectores, a quienes debemos proponerles una alternativa anticapitalista y socialista concreta, como fue nuestro caso impulsando un Manifiesto Anticapitalista para Argentina, a la vez que visibilizar las problemáticas más sentidas por esas mayorías y por las y los trabajadores.
En este sentido, existen “anclas” clave a la hora de ingresar al terreno de las elecciones. A diferencia de la producción de los medios de vida que dependen en gran parte de los medios de vida disponibles, la producción de “medios de vida políticos” no se limitan a hacer uso de lo que se encuentra disponibles en la democracia burguesa. Requieren un uso crítico, una delimitación consciente, para lo cual debe ingresar en el terreno sin perder las amarras construidas a lo largo de la experiencia de nuestra tradición militante.
Una participación crítica, que no puede abandonar elementos de principios como por ejemplo la defensa incondicional de la independencia política respecto de fuerzas del régimen, y el rechazo a los frentes amplios, y la defensa y pelea por las mayores condiciones democráticas de participación (siempre limitadas en la democracia de los ricos).
Parte de la deriva hacia la adaptación del FITu se encuentra en su origen. En el ingreso a la participación de la vida electoral con concesiones a régimen modificado por ley en el 2011, y que explica “un determinado modo de actividad, un determinado modo de manifestar su vida, un determinado modo de vida de los mismos” en la que progresivamente se han ido adaptando a las reglas de parlamentarismo. Y que permite comprender que “tal y como manifiestan su vida, así son”.
El FITu surgió como una cooperativa electoral que lleva 14 años de existencia, lo cual es inédito. En esa experiencia (y PASO de por medio) conquistó una ubicación minoritaria pero significativa en el espacio público, y algunas representaciones parlamentarias las cuales son importantes para amplificar las ideas de la izquierda, logrando ocupar un espacio que la izquierda revolucionaria ha tenido desde la vuelta de la democracia a la fecha.
Este frente ha conservado desde su inicio un carácter clasista e independiente, pero con tendencias a una degradación parlamentarista particularmente cristalizadas notoriamente en esta última campaña.[7]
Queremos señalar un problema de origen inexplicablemente pasado por alto como parte de un balance crítico: el hecho que la conformación del entonces FIT en el 2011 haya nacido instrumentalizando las entonces novedosas PASO. Un mecanismo proscriptivo aplicados por el kirchnerismo mediante una reforma, con la finalidad de restringir la participación mucho más democrática que existía hasta el momento, para recomponer la fortaleza del règimen político afectado por el argentinazo del 2001 concentrando los votos ficticiamente en un puñado de fuerzas políticas.
A pesar que el FIT denunciaba las PASO, es un hecho que el mecanismo proscriptivo fue igualmente utilizado para impedir la integración del Nuevo MAS sobre la base de la especulación que las fuerzas de izquierda que no pasaran el piso antidemocrático y obligatorio del %1.5. terminarían favoreciendo al frente. Algo que fue alertado en tiempo real por nuestro partido.
El tiempo nos ha dado la razón. Si hubo una fuerza electoral que defendió la existencia de las PASO este año (y años pasados también) fue el FITu y en particular el PTS a través de Myriam Bregman, logrando incluso la recapitulación del PO que pasó de denunciar un retroceso en el programa del FITu por avalar la intromisión del régimen burgués en la vida interna de los partidos (cuestión que es un aspecto pero parcial del problema) a reivindicar las PASO, con la velocidad de un tweet.[8]
El mismo argumento se ha repetido hasta el hartazgo. Sin ir más lejos uno de los argumentos del Dal Maso y luego de Lizarrague/Liff para explicar el retroceso del FITu, es la suspensión de las PASO y la fragmentación electoral que esto ocasionó.[9] Nótese cómo un aspecto democrático, en el marco de la limitada democracia burguesa, como el hecho que cada quién pueda elegir sin condicionamientos proscriptivos su representación lo cual en este momento se expresa como fragmentación en el voto, es tomado como un dato negativo por fuerzas como el PTS.[10] Para tranquilidad de este partido y del FITu, el peronismo ya ha anunciado su lucha irrenunciable contra la eliminación de las PASO, con quien podrán hacer frente único sin mayor problema[11].
A este perfil del frente electoral reñido con los principios, que dilapida toda reivindicación de “democracia radical” en el altar de la institucionalidad y lo asimila a las fuerzas del régimen, se agrega el carácter de cooperativa electoral, también una marca de origen, llamativamente pasada por alto en el texto de Petrocelli.
Cooperativa electoral
Nos referimos con cooperativa electoral al hecho que, fuera del interés común por los cargos, el la mayoría de los hechos políticos candentes, el FITu no ha logrado posicionamientos comunes ni logrò trascender su carácter electoral. Nos vienen a la memoria rápidamente los últimos casos como el caso de la proscripción y cárcel a Cristina Kirchner, la movilización separada el último 24 de marzo en que un sector de ese frente se diluyó en las columnas del peronismo.
La estrechez de miras que acompaña al Frente desde su inicio, impiden pensar en desafíos que trascienden su propia lógica electoralista y que conecten con necesidades políticas de fondo, vinculadas a las tareas estratégicas de la izquierda revolucionaria en el país. Un frente que procese debates de este calibre, debería partir de otras bases, con objetivos más ambiciosos y sin proscripciones de otras fuerzas revolucionarias como es nuestro caso. No vemos en el FITu esa ambición. Por el contrario su carácter electoralista deja pendiendo de un hilo la continuidad del frente ante cada resultado electoral malo, dado que deja menos y menos por repartir como ocurrió tanto en septiembre en las elecciones bonaerenses como en octubre con las nacionales.
Tampoco resuelve el carácter originalmente cooperativo electoral el intentar reemplazarlo por un partido único, algo que está bastante claro que es prácticamente imposible en el marco de las diferencias que existen entre las organizaciones revolucionarias y que aparecen más como una maniobra del PTS contra el resto de las fuerzas del FITu para trasladar su primacía en el frente, a una organización de tipo partido.
La formulación del partido único, con o sin tendencias, no puede pasar por alto ni la experiencia real entre las corrientes y sus relaciones cotidianas, ni el necesario procesamiento real en la lucha de clases, además de algún grado de resolución de las relaciones de fuerzas entre los propios partidos de izquierda, cosa que no ha ocurrido. No existe en la izquierda argentina una fuerza hegemónica. Lo cual no niega, sino que por el contrario debería alentar la conformación de ámbitos de frente único que permita a todo el sector simpatizante de izquierda sin partido a tener un lugar activo de organización ,para enfrentar por ejemplo, la contra reforma laboral impulsada por Milei.
Estrategias constructivas, fuerzas materiales, y construcción de organizaciones revolucionarias
Aunque no podemos hacer un repaso pormenorizado de cada corriente, es evidente que no se puede poner en debate seriamente qué rol debe jugar la izquierda en el país sin contrastarlo con los terrenos que cada corriente elige para apostar a construir un partido revolucionario. Existe entre las corrientes de izquierda diferencias importantes en lo que respecta a sus estrategias constructivas. Por caso, el PO hizo su apuesta piquetera[12] lo cual ha licuado su inserción en la vanguardia estudiantil en la que supo ser la corriente de la izquierda con mayor influencia durante una década aproximadamente, y con un retroceso notorio en estructuras laborales, además de una tendencia a la burocratización en lugares donde conserva posiciones de dirección como es el caso del SUTNA.[13]
Por su parte el PTS aparece cambiando de carril, de corriente de vanguardia con influencia electoral, a corriente cada vez más electoral con influencia en la vanguardia. Con un consecuente decaimiento en su “activismo”, con rasgos de flojera y disgusto por la militancia de bases, cuya tarea estaría reemplazada por arriba por la intervención parlamentaria de sus diputados, adelgazando la apuesta a una intervención por abajo orgánica-estructural que como tal requiere militancia gris y cotidiana.
Junto con esto, una tijera entre la orgánica de vanguardia y la intervención a través de sus figuras parlamentarias con llegada a sectores de masas, que ha intentado resolver por la vía de la expansión territorial a través de asambleas abiertas en detrimento de ámbitos estructurados (sectores laborales y educativos).
Desde este punto de vista, la intervención de nuestro partido ordenada alrededor de los centros políticos hacia la periferia, y de lo estructural a lo territorial, con una el ¡Ya Basta! una fuerte agrupación universitaria nacional que está en vías de convertirse en la más importante de la izquierda, además de Tinta Roja
de estudiantes secundarios. Una orientación constructiva que contrasta con la desacumulación juvenil en las corrientes del trotskismo europeo inclusive, donde la ausencia de una nueva generación parece dramática, y con la que hemos instalado el “Anticapitalismo” como rasgo identitario juvenil y partidario, junto con la iniciativa del “Campamento Anticapitalista” de enorme instalación nacional.
Sumada a la estructuración clásica en ámbitos laborales (fábricas, hospitales, ámbitos universitarios y secundarios), desde la pandemia a la fecha, nuestro partido desarrolla una orientación para la organización del SiTraRepa (Sindicato de Base de Trabajadores Repartidores por aplicación como rappi, pedidos ya, entre otros) cuyos referentes han sido los voceros y voceras contra la reforma laboral de Milei superando ampliamente a figuras sindicales tradicionales del resto de la izquierda.
Si este sector tiende, por las condiciones impuestas por el capitalismo, a ingresar al mercado laboral sin ningún tipo de derecho laboral ni sindical, a ser más desestructurado, ello no nos exime del arduo trabajo de organización y pelea por la sindicalización. No darse una política para estos sectores es eximirse de tener política para un porcentaje creciente de trabajadores por aplicación que son la nueva clase obrera en el país y el mundo.
Es notorio en este terreno el abandono sectario por parte del resto de las corrientes de izquierda de un sector masivo y en crecimiento, un fenómeno mundial que como tal llegó para quedarse y que nos habla de una nueva forma de trabajo, de una “nueva clase trabajadora” es de una ceguera fenomenal. Un sector de trabajadores que en Estados Unidos protagoniza una lucha histórica por la sindicalización, con expresiones de lucha radical en Brasil (sector en el que tenemos influencia y del que hemos sido protagonistas con Rento Assad como referente) y que acaudillados por el SiTraRepa en de Argentina y nuestra corriente, es organizador e impulsor de 2do Congreso Mundial de Trabajadores por aplicación, un hecho novedoso en el capitalismo del siglo XXI.
En este sentido coincidimos con Petrucelli en que es impensado desarrollar campañas electorales que le hablen a los trabajadores excluyendo a los trabajadores precarizados, y entre ellos con fuerte preeminencia a los trabajadores de reparto o sectores uberizados de la economía. A lo que sumamos que es imposible reflejar al sector si no se interviene en el ámbito, e incluso que es imprescindible que ellos mismos puedan reflejarlo de manera directa siendo candidatos y desarrollando las campañas entre sus propios compañeros de trabajo. Esto es justamente lo que hizo nuestra organización que sumó a repartidores como candidatos en sus listas.
Tomar las tareas con las propias manos
A modo de conclusión, diremos brevemente que el planteo acerca de un partido único del PTS es una maniobra para esquivar los debates reales acerca de cómo unificar a la izquierda en el terreno electoral, y dar continuidad cada vez más aceitada a las dificiles relaciones que se establecen en el terreno de las coordinaciones y frentes únicos para la intervención en la movilización.
La construcción de un partido unificado no depende de la porclamación de intensiones, mucho menos teniendo en cuenta la lucha cruda de tendencias de izquierda que existe en el país. Lucha que se explica en parte por la inexistencia de un partido que hegemónico, por la relativa paridad orgánica entre al menos 3 de las principales corrientes junto con nuestra organización; sin fuerzas probadas aún en pruebas mayores de la lucha de clases, ni en la experiencia parlamentaria, terreno este último en el que ponemos alertas sobre una tendencia a la adaptación cada vez mayor por el PTS y el FITu.
No es realista la integración en un mismo partido de fuerzas tan disimiles y sin predomino de ninguna sobre el resto, y sin un proceso de lucha de clases que sienten bases materiales para tal empresa. Además una orientación de este estilo, a menos que sea puro tacticismo o mera maniobra, requeriría pasar revista del balance de las revoluciones de posguerra, del caracter de sus Estados y del rol que debe jugar inexorablemente la clase obrera y los trabajadores en la transición socialista, tema en la que el resto de la izquierda tiene tarea pendiente con varias décadas de retraso, amén de los debates incluso internos que les pasan factura al rededor del caracter de China.
Ni en este terreno, ni en lo que respecta a las condiciones para componer un simple frente electoral, hay puntos de contacto. Maniatar a los sectores de vanguardia con la idea que la unica forma de tener voz propia es aceptar la maniobra de partido único es, además de sectario, una muestra que como tal el FITu com tal ha fracasado en contener a sectores sin partido que en su momento aspiraron a tener allí un ambito de actuación. Las tendencias sectarias y estalinofilas finalmente, no reconocen entre militantes del Nuevo MAS, de otros partidos (incluidos los propios del FITu) ni la vanguardia.
Nuestro partido ha pasado por un intenso debate en su reciente Convención Nacional realizada entre el 19 y el 21 de diciembre, con conclusiones y tareas referidas a la construcción partidaria, entre otros debates. Más allá de esto, alentamos a los sectores de vanguardia que buscan un ámbito de actuación, preocupados por la pelea contra el gobierno de Milei, y ante la crisis de alternativa del peronismo, a tomar estos elementos de balance como un aporte para la lucha que también deben llevar de manera activa y con sus “propias manos”, contra las taras y sectarismo reinante entre las fuerzas del FITu. Partiendo de algo tan simple como la necesidad un frente único del conjunto de la izquierda y la vanguardia sin partido para la lucha contra el plan de Milei, sin censuras sobre ninguna fuerza, y con posibilidad de desplegar la política común y de cada organización a través de sus figuras (encabezando tal o cual candidatura en épocas electorales), que proyecte una alternativa común de la izquierda revolucionaria para el país sobre la base de un programa anticapitalista.
A estos efectos ponemos como puntos de apoyo nuestro Programa Anticapitalista para Argentina, nuestro texto teórico político “El Marxismo y la transición socialista” de Roberto Saenz, y la fuerza militante y entusiasta con la que hemos conquistado una de las principales referentes de la izquierda como es Manuela Castañeira, además de un partido y una juventud que es referencia del anticapitalismo en el país y con un trabajo único entre la nueva clase trabajadora de reparto.
[1] Ver al respecto “La Era de la Combustión” de Roberto Saenz.
[2] Tema candente actual, con Milei a la ofensiva para imponer una reforma laboral exclavista apoyada por toda la burguesía, que demuestra que no hay crecimiento bajo el dominio de su clase, incapaz de desarrollar una proyecto de país que contenga a la mayoría de la sociedad, y cuya única inventiva lejos de la inversión parece ser la de explotar y expoliar (aggiornados a los aires brutales del mundo) a las y los trabajadores. Como hemos aprehendido bajo el gobierno de Milei, de los dichos a los hechos hay un trecho mediado por las relaciones de fuerza.
[3] La revolución permanente, León Trotsky. Pag. 400, ed. CEIP.
[4] Recomendamos la lectura de la obra “El marxismo y la transición socialista” de Roberto Saenz.
[5] 18 Brumario de Luis Bonaparte, Karl Marx. En marxist.org
[6] Ver las notas de Dal Maso (¿Por más votantes-consumidores?) en polémica con Petrucelli, y Lizarrague/Liff (El buen resultado del FITU…) respectivamente en izquierda diario.
[7] Como decíamos en una nota anterior (El anticapitalismo del Nuevo MAS vs la autoproclamación del PTS/FITU): “Una vez más, la discusión nos lleva a la relación entre medios y fines, donde si bien el objetivo táctico de la participación es el de conquistar una representación parlamentaria, una banca, un diputado o diputada, este objetivo táctico no deja de ser un medio y no un fin en sí mismo. Por el contrario, el fin de una campaña cuyo objetivo importante, pero táctico, es el de ingresar al Parlamento, tiene por fin colocar en el debate nacional una alternativa política, además de problemáticas de las y los trabajadores y las mayorías sociales.
Pero si para conseguir esa representación parlamentaria se adelgazan hasta la confusión las campañas, si en un momento de enorme crisis social, política y económica, donde además se conjugan elementos de crisis orgánica y de alternativas políticas, lo único que se esboza con claridad es “Te imaginás un Congreso sin la izquierda” o “Ahora diputados de izquierda”, se invierten los términos y el fin se vuelve tener un diputado, algo normal en las corrientes del régimen. La mirada estratégica es copada por el pragmatismo, un signo claro de adaptación electoralista.”
[8] Ver al respecto “Las consecuencias del instrumentalismo como principio político” en izquierdaweb.
[9] Llama la atención en la nota de escaso nivel, una breve línea dedicada a la lista del Nuevo MAS a la que se nombra como “las otras de izquierda” (¿plurar por una valoración inconciente aumentativa?) en la que los dirigentes firmantes denuncian que “los medios hegemónicos se encargan de manijear(nos)”. Una mezcla de frustración ante la instalación conquistada por nuestro partido, y un llamado abierto a la censura. Por su parte C5N que censura abiertamente a nuestro partido hace años y da aire al PTS- FITu, evidentemente han tomando este reclamo. Pero la fuerza de la política revolucionaria no siempre es censurable, para desgracia de los autores.
[10] Fuerza que por otro lado, debate abstractamente y sin consecuencia práctica ni profundidad estratégica sobre la importancia de las consignas democráticas en el marco de la revolución permanente, ni mucho menos el carácter inseparable de la planificación democrática y consciente de los trabajadores respecto del poder obrero.
[11] <<“Hay que armar un frente bien amplio, desde los arrepentidos del PRO hasta la izquierda”, propuso Agustín Rossi. En ese sentido el peronismo procurará que no se eliminen las PASO.>> Ver en Clarín, 19/11/25.
[12] Ver al respecto “El PO y el movimiento de desocupados: una estrategia equivocada” de Maxi Tasán en izquierdaweb
[13] Ver al respecto : “¿Ganó la Negra?…perdieron los trabajadores” de Rodolfo Torres en izquierdaweb.




