Parecía que el gobierno había aprovechado el Mundial de fútbol para acomodar la “interna”: se sacó de encima a Adorni luego de 4 meses de sangría, empezó a pactar con aliados con la intención de empujar leyes y eventuales acuerdos electorales, intentó recuperar la iniciativa política y encaminarse hacia el operativo por la reelección. Actuaba más de acuerdo con el manual del “buen político” que le exigía la burguesía que como outsider que viene a romper todo.
En ese marco, parecía ocupar nuevamente todo el espacio político, pero una incursión por tierras brasileras volvió a poner en duda todo. Además, el tratamiento de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada puede ayudar a decantar una coyuntura que durante largas semanas se procesó entre los vapores de la superestructura política y el Mundial.
La “paradoja mileísta” del gobierno consiste en que, si en el “círculo rojo” (incluido el FMI) se valoran fuertemente sus cualidades antiobreras y algunos indicadores macroeconómicos, sus cuestionamientos al régimen institucional (de las cuales las relaciones entre Estados son parte) instalan la duda sobre su idoneidad para conducir un país como Argentina con algún grado de estabilidad.
Georgieva, el turismo económico y el cipayismo sin fin
La visita de Kristalina Georgieva es la tercera de un director del FMI al país en los últimos 25 años. Christine Lagarde asistió en el 2018 a la reunión del G20 que se desarrolló en Buenos Aires, luego del préstamo más grande que el FMI otorgó en su historia: 57.000 millones de dólares a Mauricio Macri. Pero hay que remitirse a fines del 2003, en el naciente gobierno de Nestor Kirchner, para encontrar una visita directa. En ese momento, en el marco de las rebeliones populares que cruzaban el continente en respuesta al modelo neoliberal, la reunión fue utilizada por el novel gobierno argentino para negociar en mejores condiciones un acuerdo que habia fracturado el modelo de la Convertibilidad y desatado la crisis económica, política y social que derivó en el Argentinazo. Finalmente, los primeros días del 2006, el kirchnerismo cancela en un solo pago de 10 mil millones de dólares la deuda con el FMI, apoyándose en una situación de bonanza internacional de los precios de los commodities, con el objetivo de “comprar soberanía”.
La visita de Georgieva tiene un contenido totalmente diferente: ocurre en una marco de polarización internacional extrema, en una etapa reaccionaria en la que los gobiernos de extrema derecha pelean por afirmarse, y con incertidumbres políticas claves (las elecciones presidenciales de Brasil y de medio término en Estados Unidos). En esas condiciones, Georgieva viajó a respaldar al gobierno de Javier Milei y el plan económico, a uno de los representantes más conspicuos de la extrema derecha internacional, en un país que además es su principal deudor.
El gobierno respondió con creces este respaldo: Georgieva no solo fue recibida por Milei en la Casa Rosada, sino que que de manera inédita le organizaron una reunión de Gabinete de Ministros ampliada para evaluar el cumplimiento de las metas fiscales del programa económico vigente, la acumulación de reservas del Banco Central y las reformas estructurales. El nivel de sumisión es exorbitante: un presidente y sus más importante funcionarios incorporando a su “reunión de trabajo” a la representante de un organismo de sometimiento semicolonial y responsable de grandes catástrofes. Al día siguiente, enfundada en un mameluco de YPF, junto a Caputo hicieron “turismo económico” en Vaca Muerta, donde conoció de primera mano “la fábrica de dólares” con la que piensa cobrar la deuda ilegítima del país con el organismo. En una reunión con empresarios, fue quizás la más entusiasta defensora del rumbo económico, respaldada por los convocados.
Este respaldo llega en un momento clave para el gobierno mientras intenta recuperarse de una primera parte del año costosa, pasar una serie de leyes y encaminarse a la reelección.
Brasil, Lula y la “diplomacia de facción”
Pero la “fiestita” a Georgieva se daba en un clima enrarecido por la participación de Milei en un acto de apoyo a la candidatura de Flavio Bolsonaro en Brasil, quien hoy pelea la elección con Lula Da Silva (que en este momento lleva algunos puntos de ventaja).
El 4 de octubre se desarrollarán las elecciones presidenciales. Flavio Bolsonaro intenta convertirse en el polo de atracción de la extrema derecha, pero no logra, al parecer, terminar de capitalizar lo que construyó su padre Jair, condenado a 27 años de prisión por el intento de golpe de Estado el 2023 para impedir que Lula asumiera. En ese marco, Milei fue el principal invitado a la oficialización de la candidatura presidencial.
Las elecciones de Brasil son de un altísimo voltaje político: pueden determinar si la región termina de girar de conjunto a la derecha/extrema derecha; o si, eventualmente, logra constituir un equilibrio. Las razones son obvias: Brasil es la economía más grande de América Latina (y la séptima del mundo) y el país más poblado. Ha sido sede del experimento ultraderechista con el ascenso de Bolsonaro al poder en 2018, y también de su derrota en 2022. Pero el bolsonarismo como movimiento derechista no fue derrotado, y hoy cuenta con chances de pelear por volver al poder en una elección muy polarizada. Trump lo considera absolutamente central en su estrategia de imperialismo territorial: el año pasado impulsó la suba de aranceles comerciales contra Lula en repudio a la condena a Bolsonaro: la utilización de una herramienta económica para intentar resolver un problema político y penal. Hace solo unas semanas recibió a Flavio Bolsonaro en el Salón Oval.
Con el mismo espíritu de intervención en los asuntos de otro país; Milei fue a San Pablo en una visita no oficial a respaldar a un candidato opositor y llamó “zurdo de mierda”, “ladrón”, “presidiario” a Lula. El escándalo explotó inmediatamente: periodistas, políticos aliados y no tanto, diplomáticos, expertos en relaciones internacionales y una parte mayoritaria de la “opinión pública burguesa” rechazaron esta intromisión, en algunos casos alertando que se trata de un conflicto sin precedentes con el mayor socio comercial del país.
La intervención de Milei en la campaña brasileña no solo genera un conflicto diplomático: vuelve a alimentar las dudas de sectores de la burguesía acerca de su capacidad para garantizar gobernabilidad.
Aquí es donde Milei se vuelve impredecible: si desde el punto de vista del rumbo económico hay acuerdo en relación a la agenda antiobrera, y matices en relación al modelo económico; desde el punto de vista político hay un espanto generalizado ante los intentos de esmerilar las instituciones de la democracia burguesa y, en este caso en particular, las relaciones entre Estados, en función de una “diplomacia de facción” vinculado a intereses personales e ideológicos.
Por nuestra parte, rechazamos la acción de Milei atacando al presidente constitucional de un país para apoyar una candidatura de extrema derecha. Si bien no depositamos ningún apoyo político en Lula, un gobierno burgués que sostiene el capitalismo en Brasil, repudiamos la provocación de Milei que quiere fortalecer a la extrema derecha mientras violenta la solidaridad de clase que tiene que existir entre países hermanos.
Dar vuelta la coyuntura a nuestro favor
Mientras tanto, Milei sigue con su agenda de contrarreformas y provocaciones: presenta un proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de corte neoliberal para blindar el ajuste económico, a la vez que destila odio y podredumbre agitando contra los hermanos de otros países que viven, trabajan y estudian en nuestro país.
El de Milei, como exponente vernáculo de la extrema derecha internacional, es el intento más agresivo por derrotar las relaciones de fuerzas entre las clases en la Argentina de los últimos 40 años. El hilo de su “gestión” es el ataque a los derechos y conquistas de los de abajo. La tradición de la lucha de clases en la Argentina se expresa de diversas maneras: fundamentalmente en una extensa movilización política y social, que luego tiene su correlato “legal”. Así fue en el último tiempo con la Ley de Interrupción voluntaria del embarazo, y un poco más atrás la del matrimonio igualitario. Pero además hay una miríada de decretos, resoluciones, instituciones y regulaciones de diverso tipo que “condensan” relaciones de fuerzas y conquistas.
A atacar esto se dedica el “Ministerio de Desregulación” de Sturzenegger. El 6 de agosto habrá una nueva batalla frente a la sesión del Senado ante el tratamiento de la “Ley de inviolabilidad de la propiedad privada”, un engendro destructivo de una serie de regulaciones contra la voracidad capitalista en áreas como la tierra, los recursos naturales, la vivienda, la propiedad y el medio ambiente.
Si bien se ha hecho hincapié en la modificación de la ley de tierras o el problema de la extranjerización, lo cierto es que el contenido es más ideológico, y a la vez más profundo: es la reafirmación reaccionaria de la propiedad privada como un bien natural, por encima de cualquier otra consideración política o social. Como tal, la propiedad privada es un bien intangible e incuestionable, que precede a cualquier relación social.
El alerta sobre la ley ha venido creciendo en las últimas semanas: se debió suspender la sesión convocada para el 16 de julio, justo un día después del partido entre Argentina e Inglaterra, y se espera una gran movilización. Es tan grande la presión que hasta la CGT ha salido a decir que se va a hacer presente, cuando lo que debería hacer es convocar a un paro general con movilización.
Ese día se va a jugar otro partido: el de la calle y el palacio ¿Logrará imponerse el mileísmo, con el apoyo de sus aliados de las provincias? ¿Se logrará parar la ley? ¿Habrá un punto intermedio? El gobierno debe retomar la ofensiva, mientras la movilización se presenta muy disruptiva, en ese marco es muy probable que haya una prueba de fuerzas.
A lo largo de todo el año hubo jornadas de movilización que trazaron límites a lo que el gobierno puede o no puede hacer: el 8M y el 3J fue para decir que los femicidios existen y que Milei es el responsable ideológico; el 24 de Marzo para gritar que fueron 30 mil y fue genocidio; el 12M en defensa de la Universidad y la educacion publicas; incluso durante el Mundial hubo expresiones de desahogo frente a la situación económica y social, y la reivindicación de Malvinas frente a la ocupación colonial. Luego de la traición de los rectores y sindicatos docentes y nodocentes que entregaron la lucha universitaria, y el largo impasse impuesto por el Mundial (mientras a economía de la vida cotidiana no despega y el gobierno cae fuertemente en la consideración social), el 6 de agosto puede inscribirse en esta saga de fechas de lucha.
Desde el Nuevo MAS, el ¡Ya Basta!, el SiTraRepA y todas nuestras agrupaciones movilizaremos masivamente para gritar ¡Nuestras tierras y derechos sociales valen más que sus ganancias! ¡Expropiación de las grandes propiedades bajo control de las y los trabajadores!
Mientras seguimos llamando al FITU a unificar la izquierda para ser alternativa y a conformar una mesa de trabajo común, la juventud anticapitalista del ¡Ya basta! se prepara para su II Plenario Nacional el 19 de septiembre en Filosofía y Letras.




