Nueva coyuntura

El debate sobre la propiedad de la vacuna 

Más allá de la pelea entre Alberto Fernández y Larreta crecen los cuestionamientos por la izquierda. Si por arriba la disputa entre el gobierno y Juntos por el Cambio alrededor de la “educación” parece en algunos momentos “asfixiante”, por abajo la realidad discurre por otros carriles, expresando las preocupaciones de los trabajadores.

José Luis Rojo y Juan Cruz Godoy

Con el país promediando los 25.000 contagios diarios, es un hecho que se está transitando una segunda ola pandémica que pega con fuerza. De momento, una proporción considerable de casos está concentrada en AMBA lo que, junto con el hecho que las camas de terapia intensiva están ocupadas, también, por otras enfermedades, desató las señales de alarma en el oficialismo de que el sistema de salud se saturara de una manera que no ocurrió en el 2020.

Esta eventualidad de una pandemia descontrolada es lo que llevó a Alberto Fernández la semana pasada a realizar nuevos anuncios que se concentraron, sobre todo, en las limitaciones de la vida social nocturna (a priori no se puede transitar ni estar en la calle entre las 20 hs. y las 6 hs. de la mañana), así como apelar a que usen el transporte sólo los “trabajadores esenciales” y plantear el paso de la educación nuevamente al sistema virtual en AMBA.

La realidad del contagio se comienza a notar en los lugares de trabajo, en los barrios, entre los conocidos, etcétera, razón por la cual, aunque el gobierno de momento no parece estar realizando mucha exhibición policial en las calles, el contagio opera como factor disciplinador por una razón obvia: en la medida de lo posible, todo el mundo quiere cuidar su salud.

De todas maneras, la pandemia no es la única realidad ni se siente que ya haya cambiado la coyuntura más dinámica de la que se venía (de la que se viene y se está). Existen grandes problemas que desbordan el tema pandémico como la preocupación salarial, que atañe a la mayoría de los y las trabajadoras, así como sigue presente el conflicto neuquino histórico de la salud (los Elefantes), además de otros reclamos y procesos, amén de que comienza a instalarse cada vez con más fuerza la preocupación por exigir que la vacuna se transforme en bien común de la humanidad, que se acabe con las patentes.

Polarización por arriba y tensiones por abajo

En síntesis, si por arriba la disputa entre el gobierno y Juntos por el Cambio alrededor de la “educación” parece en algunos momentos “asfixiante”, por abajo la realidad discurre por otros carriles, expresando las preocupaciones de los explotados y oprimidos, lo que incluye el tema educativo.

Las nuevas medidas de Alberto Fernández en materia educativa han tensado la relación del gobierno con la oposición, en este caso encarnada en el gobierno de la Ciudad encabezado por Larreta.

Desde el año pasado la oposición viene siendo pícara, montándose sobre el abandono oficialista de la educación. Desde ya que es inevitable que en la escuela y en los lugares de estudio haya contagios en el pico de casos, por la misma razón que cualquier ámbito en espacio cerrado de personas es trasmisor de la enfermedad (¡por ejemplo las fábricas y demás lugares de trabajo que no se sabe por qué razón completamente alejada de la ciencia el gobierno afirma que no son lugares de contagio!).

Esto quiere decir que durante las cuarentenas duras del 2020 donde se cerró todo la educación, también lo estuvo y no hubo otra alternativa. Sin embargo, corriendo los meses y en la medida que la curva fue bajando, al gobierno y los gremios que lo acompañan en ningún momento se les ocurrió que era necesario volver a la presencialidad. La educación virtual, que sólo puede ser un mero paliativo transitorio en la medida que la educación es un evento eminentemente social, fue exaltada como la “divina pomada” por el gobierno que, de paso, metió un ajuste presupuestario del gasto en el sector y la dejó abandonada a su suerte (ni hablar de la educación universitaria y terciaria, que en ningún momento se les pasó por la cabeza abrir para inhibir un actor social que ha tenido peso tradicional en los reclamos por izquierda a los gobiernos).

Está clarísimo que para los primeros años de la primaria y la secundaria, para la educación preescolar, para los primeros años de la universidad y terciarios, y ni hablar de la socialización de la juventud, de estar con sus compañeros y compañeras, de no quedar encerrados en sus casas, etcétera, la ausencia de presencialidad es un desastre; en muchos casos un límite absoluto irrecuperable para la educación y ni hablar de todos aquellos sectores (millones de estudiantes) que no han podido acceder a la virtualidad por falta de conectividad y/o de computadoras en la familia.

Frente a este abandono, la oposición patronal fue encaramándose de manera oportunista. Partiendo de un negacionismo de la pandemia, del cuestionamiento de las cuarentenas mediante banderazos reaccionarios, comenzó a tomar la bandera de la “reapertura de los colegios”.

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En determinado momento de los desarrollos el gobierno se vio desbordado por esta falencia que, aunque es evidente el desprecio de la oposición patronal por la educación, lograron poner el dedo en la llaga en un déficit real del oficialismo (obviamente que como oposición patronal no lo van a poner en el ajuste económico, los salarios, o el pago de la deuda al FMI, por poner algunos casos).

Llegado al punto actual, cuando la curva empina y se habían abierto los colegios mediante el sistema de burbujas, ante el contagio y la justa presión de los docentes de que en estas condiciones ir a trabajar presencial es muy peligroso para toda la comunidad educativa (tener en cuenta, por ejemplo, que las nuevas cepas impactan más en la juventud), el gobierno tuvo que decretar nuevamente el cierre de la presencialidad en AMBA.

Esta circunstancia es la que ha terminado desatando esta polarización entre ambos bandos políticos patronales que ocupó los medios en los últimos días. El gobierno emitió un DNU cerrando la presencialidad, Larreta obtuvo un fallo en la Cámara Contencioso Administrativa de CABA para rechazar dicha resolución y ordenó mantener abiertos los colegios; al mismo tiempo el gobierno de la Ciudad apeló a la Corte y la Corte aceptó tomar el caso, mientras que un juez federal de la Ciudad le dio la razón al Ejecutivo Nacional y reenvió, a su vez, él también, el caso a la Corte.

Esta disputa en las alturas que se sustancia desde el punto de vista de Juntos por el Cambio por razones puramente electorales, pero que pega en un costado real que es el abandono educativo del oficialismo, aparece, de todas maneras, como demasiado corrido a la derecha; en el medio del contagio parece poco convincente dejar abiertas las escuelas.

Pero, al mismo tiempo, reenvía a dos actores por abajo, lo cual podría ser un elemento nuevo en la coyuntura. Uno, al menos, los docentes de CABA que en masa están –con toda justicia- contra Larreta que no sólo de manera reaccionaria los hace cargo –injustamente- de todos los problemas de la educación, que no les garantizó la vacuna como personal esencial y que quiere mandarlos a trabajar y al contagio en medio del pico.

Esto mismo es lo que explica que las últimas asambleas de ADEMyS, sindicato docente minoritario en CABA dirigido por la izquierda, hayan estallado de asistentes en forma virtual y que se hayan votado algunas medidas de lucha presenciales que se verá qué asistencia tienen.

La bronca contra Larreta es inmensa y sería extraordinario que desde abajo la docencia lograra irrumpir y tomar la palabra en una disputa que, de momento, aparece monopolizada entre los de arriba.

Por otra parte, más delicada es la situación del estudiantado, donde la inmensa mayoría en todos los niveles está harta de la virtualidad (incluyendo el hecho de que no todo el mundo puede acceder a ella). Como ya señalamos, el proceso de aprendizaje es un proceso social y, por lo demás, no hay manera de reemplazar la socialización cotidiana que se tiene en escuelas, colegios y universidades diariamente.

En este sentido, al menos desde nuestro partido, estamos muy atentos a este sector, multiplicando las iniciativas no solamente para, por ejemplo, ofrecer nuestros locales como lugares de estudio seguros sanitariamente y ventilados para hacer grupos de estudio y demás iniciativas presenciales, sino todo tipo de iniciativas por virtual del ¡Ya Basta! de clases de apoyo en las más diversas maneras, de manera de ayudar en todo lo que podamos para que no se pierda el año nuevamente.

Si la disputa en las alturas tiene mucho de hipócrita y electoral, si a Juntos por el Cambio le preocupa también que la educación privada no pierda sus negocios (es decir, no se le pinche el negocio privado de la educación) y si el gobierno carga con cierto costo político por haber literalmente abandonado la educación (costo político atenuado por el pico pandémico), lo importante es facilitar que talle un tercer sector por abajo: la docencia, así como también el estudiantado, volviendo a insistir que, por ejemplo, las facultades no tienen por qué permanecer cerradas, que hay tareas de solidaridad que se vuelven a plantear, que los centros de estudiantes deben activarse de una vez, que no hay nada que inhiba la movilización en el espacio público por los reclamos más variados, la puesta en píe de clases virtuales masivas paralelas a la cursada o no cursada oficial, etcétera.

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Dentro de la lógica de que la coyuntura aún no ha cambiado y que más allá de la absorbente y aburrida pelea entre los de arriba comienzan a haber más desarrollos por abajo que desborda esa polarización, es significativo que esté creciendo la crítica al gobierno por la izquierda.

En nuestra edición anterior señalábamos que había muchísimo más bronca entre los trabajadores por el salario y la imparable escalada de los precios, que se han ido desarrollando conflictos más bien de vanguardia donde la pelea central del momento es la lucha de los Elefantes en Neuquén, que también cayeron mal las declaraciones de Alberto Fernández de que el sector de la salud se había “relajado” (no terminó de quedar claro si se refería a las patronales de la salud del sector privado o a los trabajadores, médicos y enfermería), bronca creciente que el bono de $6.500 por tres meses de miserable que es no logra resolver, etcétera.

Es decir: el dato nuevo es que la polarización entre los de arriba se ve en cierto modo desbordada por una bronca que se desarrolla hacia la izquierda del gobierno y que, a pesar de que todos los medios hacen lo imposible por ocultar, no para de crecer (esta bronca es, también, la explicación de algunas leves medidas paliativas que el gobierno fue anunciando en los últimos días sin llegar aún, claro está, a medidas más universales, como la IFE u otras, inhibidas por el acuerdo en materia de déficit fiscal para el 2021 con el FMI).

¡Vacunas para todos ya!

Parte de esto que estamos señalado es cómo ha ido creciendo el cuestionamiento al monopolio de las patentes por parte de los grandes laboratorios imperialistas. De manera significativa esta discusión fue creciendo por dos razones. Una, obvia, porque no hay vacunas suficientes en el país, porque no llegan en la medida y cantidad de lo necesario por el acaparamiento de las mismas en un puñado de países imperialistas, cuestión que se agudiza en pleno pico pandémico (de la población total del país un 10% habría alcanzado la primera dosis pero sólo un 1.5% tiene ya otorgadas las dos dosis, las que son esenciales para evitar el contagio).

Sin embargo, y segunda razón, la cuestión se hace más palmaria porque el laboratorio mAbxcience ubicado en Garín (zona norte de GBA) cuyo dueño es Sigman, está produciendo 25 millones de dosis (el componente activo) mensuales para el laboratorio Astra-Zeneca, que regularmente salen del país mientras en la Argentina no hay vacunas…

El propio Sigman soltó un hilo de twitter días atrás donde afirmó, sustancialmente, que en materia de los laboratorios rige la propiedad privada y que su empresa trabaja para Astra- Zeneca; es decir, que el fluido (viral) que produce no es su propiedad.

Sus declaraciones desataron un verdadero escándalo en las redes sociales e instalaron, mucho más lejos, un debate que ya venía creciendo y que tiene que ver con que la salud pública no debería ser una esfera social sometida a la propiedad capitalista; que la vacuna es el bien más necesario hoy para toda la humanidad y que es un escándalo y una afrenta que sea una mercancía acaparada por grandes laboratorios capitalistas y grandes países imperialistas en detrimento de la inmensa mayoría de la población mundial.

En cualquier caso, que este debate crezca se debe a que seguimos transitando, a pesar del contagio, una nueva coyuntura más dinámica que la de un año atrás, donde no solamente tiende a crecer la conflictividad, se expresa un mayor dinamismo entre la juventud estudiantil, y donde incluso un sector de la docencia podría comenzar a moverse más (por así decirlo), sino donde, además, se sustancian debates que cuestionan por la izquierda la política oficial, aunque los medios intenten taparlo o jugar el puro juego (electoral) de la polarización entre gobierno y oposición patronal.

Las tareas inmediatas de la izquierda pasan por apoyar los conflictos en curso, en primer lugar el de los Elefantes neuquinos, empujar la salida a las calles de sectores de la docencia y dar un canal de organización y socialización al estudiantado, así como desarrollar un programa de izquierda frente a la pandemia, uno de cuyos puntos principales y más urgentes hoy es la expropiación inmediata de la producción del laboratorio mAbxcience.

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