2- Ciclos, ondas y curva del desarrollo capitalista

Marx, Trotsky y Mandel. Artículo aparecido por primera vez en la Revista Socialismo o Barbarie 30, octubre del 2016.

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“Por lo que se refiere a las fases largas (de cincuenta años) de la tendencia de la evolución capitalista, para las cuales el profesor Kondratiev sugiere, infundadamente, el uso del término “ciclos”, debemos destacar que el carácter y la duración están determinados no por la dinámica internar de la economía capitalista, sino por las condiciones externas que constituyen la estructura de la evolución capitalista. La adquisición para el capitalismo de nuevos países y continentes, el descubrimiento de nuevos recursos naturales y, en el despertar de estos, hechos mayores de orden ‘superestructural’ tales como guerras y revoluciones, determinan el carácter y el reemplazo de las épocas ascendentes, estancadas o declinantes del desarrollo capitalista” (León Trotsky, “La curva del desarrollo capitalista”)

A lo largo del siglo XX se fue desarrollando en el marxismo el instrumental para llevar adelante el análisis de la dinámica del sistema. Fue en ese marco que surgió la preocupación acerca de cómo evaluar las regularidades en la dinámica del capitalismo y hasta dónde llegaba su poder anticipatorio. Se trata de un tema que a comienzos del siglo XXI, en medio de la actual depresión económica internacional, cobra renovada relevancia.

2.1 El ciclo del capital industrial

En el último tercio del siglo XIX, Marx, en su obra cumbre, El capital, en su segundo tomo, analizó el ciclo del capital industrial, es decir, el proceso de reproducción que permite que, una vez cumplido un ciclo de adquisición por parte del capitalista de las materias primas y la fuerza de trabajo, y teniendo en sus manos los medios de producción, pasando posteriormente por el proceso productivo y realizadas las ganancias de las mercancías por intermedio de su venta en el mercado, el proceso productivo recomenzara.

Si este proceso productivo comenzaba con una misma base de medios de producción, Marx lo llamaba reproducción simple. Pero si a partir de las ganancias empresarias el capitalista ampliaba su dotación de capital fijo (los medios de producción inmovilizados en la empresa), el ciclo productivo daría lugar a una reproducción ampliada. A mayor inversión, a mayor dotación de capital en medios de producción y a mayor utilización de trabajadores (o una utilización más intensiva), y mayor cantidad de materias primas empleadas, debía haber un aumento en la producción. La reproducción sería así ampliada, que es lo que está por detrás de todo proceso de acumulación.

En el ciclo normal de la producción industrial, Marx descubrió una regularidad. Ocurre que en un ciclo promedio de cada diez años, como subproducto del envejecimiento tecnológico de los medios de producción (amén de su desgaste normal), se impone una renovación de éstos de manera tal de no quedar por detrás de la productividad de la rama y la economía como un todo. Es la competencia en el mercado la que impone esta dinámica.

El proceso mismo de esta renovación plantea una crisis cíclica, en la medida en que la sustitución de una gran porción de capital envejecido y los gastos incrementados por colocar la empresa sobre una nueva base técnica llevan de manera periódica a un momento de caída de la tasa de ganancia (la proporción de las ganancias sobre el capital total invertido), como subproducto del enorme aumento en la inversión necesaria en nuevo capital fijo: “Mediante este ciclo, que abarca una serie de años y está formado por rotaciones conexas, en las cuales el capital se ve retenido por su parte constitutiva fija, se da un fundamento material para las crisis periódicas en las que el negocio recorre períodos sucesivos de depresión, animación media, vértigo y crisis (…). La crisis siempre constituye el punto de partida de una gran inversión nueva” (Marx 1981: 224).

En Marx, este proceso de “ciclo corto” opera sobre la base de una determinada regularidad, que si no excluye la lucha de clases, de todas maneras se impone a partir de este ciclo de rotación del capital fijo, que si en su época se establecía con una duración promedio de 10 años, hoy, dadas las inmensas revoluciones tecnológicas ocurridas, transcurre en un período de tiempo menor.

2.2 “Ondas largas” y dinámica del capitalismo

Pero si esto es lo que ocurre, de manera aproximada, respecto del ciclo del capital industrial en general, el interrogante es si este tipo de regularidades pueden observarse en la dinámica económica más de conjunto del sistema.

Es conocido que el economista de origen menchevique Kondratiev desarrolló una elaboración –y una polémica con León Trotsky, entre otros– en la URSS de los años 20 en el sentido de que, según él, además de los ciclos cortos económicos regulares existirían ondas de largo plazo de ascenso y caída de la economía capitalista, que se expresarían con una regularidad de 50 años.

Durante los primeros 25 años se expresaría una onda básicamente ascendente, y en los 25 años siguientes, una básicamente descendente, sobre la base de la renovación de grandes inversiones en obras de infraestructura, y cuyo ciclo es más largo que el del capital industrial regular, totalizando unos 25 años, aunque en El capitalismo tardío Mandel incorpora algunas estadísticas que muestran cómo la vida útil de este tipo de inversiones se han ido reduciendo con el tiempo como subproducto del desarrollo general del sistema (1985; 160). En Kondratiev, el ciclo normal estudiado por Marx y las ondas largas de desarrollo de la economía mundial en su conjunto tendrían, entonces, la misma base: la renovación del capital fijo.

Si es verdad que el análisis de Kondratiev remitía a ciertas regularidades empíricas que se podían observar en el capitalismo desde comienzos del siglo XIX, su elaboración quedó bajo fuego en la medida en que era un abordaje economicista y mecánico que excluía de los desarrollos la lucha de clases (por naturaleza indeterminados) y los demás elementos que conforman lo que Trotsky dio en llamar, con razón, la curva de desarrollo capitalista. Era de esperar, por otra parte, que un enfoque como el de Kondratiev, cuando el destino del capitalismo se jugaba de manera directa en el terreno de la lucha de clases, despertara el abierto rechazo de la mayoría de los bolcheviques, algunos incluso reaccionando con una postura catastrofista de un sistema sin salida.

¿Qué señaló Trotsky en la polémica de aquellos años? Planteó que era del todo ruinoso analizar la dinámica del sistema por razones puramente endógenas (económicas). Que no había manera de comprender su evolución sino históricamente, a posteriori de los eventos, partiendo no solamente de determinaciones exclusivamente económicas, sino de aquellos elementos que el gran revolucionario ruso titulaba “las condiciones externas que constituyen la estructura de la evolución capitalista”, y que no son más que la adquisición de nuevos territorios para la explotación capitalista, el descubrimiento de nuevos recursos naturales y/o hechos mayores de orden político general como las guerras y las revoluciones.

De ahí que Trotsky prefiriera, en vez del de “ondas largas”, el concepto de curva de desarrollo capitalista, que, como señalamos, sólo puede trazarse a posteriori del desarrollo histórico de cada etapa del sistema y no por anticipación de él, como si fuera obra de astrólogos que por alguna razón esotérica pudieran anticipar el futuro desarrollo del sistema.

Es decir: si en materia del ciclo normal del capital industrial podemos hablar de “ciclo endógeno” puramente económico de su desarrollo (y aun en ese caso sería erróneo excluir la lucha de clases), en el caso de la dinámica histórica del sistema, esto resulta completamente incorrecto: no existe ningún elemento “cíclico” que determine su desarrollo, incluso si a posteriori se pueden observar algunas regularidades: su curso depende del entrecruzamiento de tendencias económicas y políticas donde, en última instancia, lo que decide el desarrollo ulterior de las cosas es la lucha de clases.

2.3 Los límites del abordaje de Mandel

Schumpeter y otros economistas burgueses tomaron e intentaron desarrollar la elaboración de Kondratiev; incluso en la jerga económica quedó establecido el concepto de “ciclo de Kondratiev” para dar cuenta de estas regularidades ocurridas en el ciclo económico de conjunto, estas alzas y bajas de largo plazo en la acumulación capitalista.

Desde el terreno del marxismo, Mandel produjo dos obras de valor en materia económica: El capitalismo tardío (1972) y luego Las ondas largas del desarrollo capitalista (1985), donde intentó dar una caracterización del capitalismo contemporáneo (su otra obra económica ambiciosa, el Tratado de Economía Marxista, de los años 60, es demasiado mecánica, muy del estilo manual, y su evaluación de los estados burocráticos configuraba una mistificación indefendible del stalinismo). No vamos a detenernos aquí en un examen exhaustivo de ellas; sí nos interesa hacer algunas puntualizaciones.

Mandel realizó un análisis del capitalismo de posguerra que merece un examen atento y cuidadoso[1], por sus valiosos aportes y por su loable objetivo de entender cómo, contra todos los pronósticos marxistas, después de la Segunda Guerra Mundial se produjo el más grande boom económico en la historia del capitalismo. Si aquí no nos podemos detener en una evaluación crítica de la obra en su conjunto, sí nos interesa un costado: en qué medida su conceptualización de las “ondas largas” del desarrollo capitalista es sostenible.

Que en la posguerra, como consecuencia de la inmensa destrucción de capital que la guerra entrañó y de la baja generalizada en el nivel de vida de la clase obrera mundial, se vivió un alza económica histórica, de ninguna manera puede dudarse. Mandel hacía un real aporte aquí, porque a la inmensa mayoría de las elaboraciones marxistas de la época se les hacía impensable un nuevo boom en el siglo XX, a partir de un abordaje no dialéctico de la dinámica de las fuerzas productivas en el siglo pasado, como veremos más abajo. Pero la dificultad estriba en que Mandel, de alguna manera, intentó dilucidar este ascenso económico en el contexto de alguna regularidad vinculada con los ciclos de Kondratiev (o demostrar, retrospectivamente, su existencia): habiendo pasado la Gran Depresión, el alza del boom de la posguerra venía a confirmar que hay “ondas largas” del desarrollo capitalista.

¿Cómo explicaba Mandel esta regularidad? Combinando dos tipos de análisis. Por un lado, afirmaba que la fase descendente del ciclo económico largo se vinculaba a las causas endógenas del funcionamiento del sistema: llegado a un punto, la composición orgánica del capital (es decir, la relación creciente del capital constante sobre el variable, de las máquinas sobre el trabajo humano, único creador de valor), aumentaba de tal manera que no había ganancia que lo pudiera compensar, por lo que se debía ir a una crisis. La crisis ocurría por motivos económicos “endógenos”.

Sin embargo, cuando se trataba del problema de la recuperación capitalista de conjunto, Mandel señalaba que aquí no podía apelarse sólo a motivos endógenos: que la lucha de clases como motivación “exógena” debía actuar para posibilitar –derrota de los trabajadores mediante– una nueva alza en el ciclo económico basada en la destrucción del capital sobrante, el cierre de plantas y el aumento del desempleo, así como en una reducción generalizada del salario y el nivel de vida de los trabajadores a consecuencia de la derrota de sus luchas.

Si de todas maneras, como señalaba Daniel Bensaïd, intelectual de la misma corriente que Mandel, tanto en el alza como en la baja del capitalismo es inevitable que se combinen elementos tanto económicos como políticos, el problema es que al sostener Mandel la existencia de “ondas largas” del desarrollo capitalista (a las cuales antes de morir les agregaría el concepto –aún más discutible, como afirma el mismo Bensaïd– de “ciclo [regular] de la lucha de clases”, se volvía imposible, pese a sus esfuerzos en contrario, escapar a cierto economicismo[2]: “La oposición entre los factores ‘endógenos’ (económicos), que determinarían la inflexión de la tendencia descendente, y los factores ‘exógenos’ (extraeconómicos), que determinarían la tendencia ascendente, sigue siendo tributaria de una separación demasiado formal entre economía y política, entre objetividad y subjetividad” (Daniel Bensaïd, “Prefacio a Las ondas largas del capitalismo de Ernest Mandel. Los ritmos del capital”).

En defensa de Mandel, Claudio Katz planteó años atrás (“Ernest Mandel y la teoría de las ondas largas”) que un argumento fuerte en su favor es que si se mira la historia del capitalismo para atrás, no hay cómo negar, grosso modo, que cada cincuenta años se repiten estos ciclos combinados de alza y descenso económico mundial y que, por lo tanto, rechazar alguna teoría de las ondas largas sería como quitarle el suelo económico objetivo sobre el cual se desarrolla la dinámica del sistema.

De que el curso económico determina, en última instancia, la dinámica del sistema o, mejor dicho, que es el que pone las condiciones generales en las cuales se desarrollará, evidentemente, no pueden caber dudas. Pero una cuestión distinta es hallar una regularidad en un factor, ciclo u onda larga –lo mismo da a este respecto–, que, como correctamente señalaba Trotsky, es sólo un factor derivado del proceso del capitalismo.

Es decir: el proceso de la acumulación capitalista, su reproducción ampliada y la supuesta regularidad con que esto ocurre dependen en última instancia de la evolución de la tasa de ganancia, de la dinámica misma de la acumulación capitalista.

Ocurre, sin embargo, que no hay manera de evaluar esto sólo por razones económicas. La evolución de la tasa de ganancia y, por lo tanto, la acumulación y la acumulación ampliada del capitalismo en su conjunto, dependen también, precisamente, de aquellos factores señalados por Trotsky que hacen a las condiciones “externas” de la evolución capitalista. Si se elimina de ellas la lucha de clases (¡irregular por definición!), sólo quedará un tosco economicismo que, lejos de ser científico podría dar lugar, como hemos dicho, a anticipaciones esotéricas de tipo astrológico[3].

2.4 La clave está en la lucha de clases

Parece evidente, entonces, que en la elaboración de Mandel hay algo que nunca quedó resuelto de manera satisfactoria. Si la curva de desarrollo del sistema y sus ondas largas remitieran a un mismo concepto, ¿cuál sería la razón de llamarlas de manera distinta? Porque es indiscutible que en el concepto de onda se introduce, subrepticiamente, esta supuesta e indemostrada regularidad.

Por eso no es casual que Katz proponga el argumento de la regularidad de las ondas como defensa de su existencia: ¿qué es lo que explica la paradojal realidad de que desde 1780, más o menos cada 50 o 60 años, se vengan dando estos “ciclos de Kondratiev”, de los cuales ahora estaríamos en la fase B del quinto ciclo. Es de suponer que la mundialización configuraría la última alza, y desde 2008 habríamos arribado a su segmento descendente.

Si decimos que existe una paradoja es porque, empíricamente, se viene observando algún tipo de regularidad: “Si no existe ninguna ley simétrica a la caída tendencial de la tasa de ganancia, nada puede probar que un retorno del crecimiento sea inevitable o previsible. Cuando Trotsky lo declaró aleatorio (resultado de factores exógenos) [como opuesto a regular. RS], la apuesta estratégica y el rigor teórico caminaban juntos. Si depende de factores sociales, políticos, militares, ¿por qué el ciclo conjunto debería tener una periodicidad relativamente regular de 60 años? Marx se encontró, con todo, confrontado a una dificultad análoga a propósito del ciclo industrial, ya que la rotación del capital fijo no ofrece una explicación suficiente. (…) Los conflictos de distribución entre las clases (y no la simple competencia entre los capitalistas) son, en último término, la base de la propia transformación técnica. Resta, entonces, determinar cómo la relativa regularidad del ciclo se impone, a pesar de todo, por medio de las incertezas de la lucha” (D. Bensaïd, citado en Valério Arcary 2006: 94)[4].

Como se observa, y yendo aún más lejos en su crítica a lo que consideraba mecánico del abordaje de Mandel, Bensaïd agregaba que ninguna coincidencia empírica era suficiente, por sí misma, para configurar una ley: si no existe ninguna ley simétrica a la caída tendencial de la tasa de ganancia (existen causas contrarestantes, pero no una “ley del alza tendencial de la tasa de ganancia”), entonces los factores aleatorios, que remiten a las luchas y sus desenlaces, hacen imposible una evaluación “cíclica” del sistema o un diagnóstico a priori de su desarrollo, por fuera de la lucha misma.

La marcha del capitalismo, incluso la dinámica actual de larga depresión abierta en 2008, no puede analizarse a partir de regularidades sólo económicas; en última instancia, sólo la lucha de clases será la que diga la verdad. De ahí que el análisis de la dinámica del sistema sólo pueda trazarse, como señalara Trotsky, como curva del desarrollo capitalista, y no como “onda larga”, y nos remite al desarrollo actual de esa crisis.

 


[1] Nahuel Moreno realizó en su momento una crítica sumaria que hoy no se sostiene, basada en la idea de que la época del imperialismo supondría un freno absoluto al desarrollo de las fuerzas productivas, lo que ha sido desmentido por el devenir histórico del último siglo, que ha mostrado un parejo desarrollo de fuerzas productivas y destructivas. Posteriormente Moreno se autocriticaría de esta postura, que hizo de base material de su objetivismo: el sistema se derrumbaba, la revolución marcha sola, “objetivamente”, hacia el socialismo…

[2] En nuestro estudio de Mandel en las más diversas áreas constatamos siempre, amén de una enorme erudición y creatividad en materia teórica, un arrastre de elementos de economicismo. Un ejemplo de esto, entre otros, es su artículo “El papel del individuo en la historia de la Segunda Guerra Mundial”, demasiado sociológico en su abordaje. En próximos textos intentaremos una crítica más sistemática.

[3] Claudio Katz cae un poco en esto al dar su evaluación del capitalismo hoy, al que ve en un ciclo general ascendente basado en la revolución de las tecnologías de la información. Quizá seamos injustos con él, pero nos parece ver en esta evaluación, que pasa por alto el desarrollo concreto de la crisis abierta en 2008, una suerte de prolongación mecánica de los análisis de Mandel en sus obras económicas más ambiciosas, sobre todo El capitalismo tardío, que daba cuenta, también, de una fase ascendente de base tecnológica.

[4] Señalemos, de paso, que Bensaïd se demostró como un gran “metodólogo”, muy agudo para escapar del mecanicismo, para llevar la dialéctica a la vida. Aun así, nos parece que se excede un poco en su crítica a Marx respecto del ciclo industrial. Acierta, es verdad, al afirmar que su curso no puede excluir elementos de tipo “morales” (en Marx esto tenía que ver con una obsolescencia “prematura” de los materiales producto de un nuevo desarrollo tecnológico, algo irregular por definición). Pero es justo pensar que cierto tipo de regularidad se impone en el ciclo corto, por cuanto las determinaciones que lo afectan son menores que cuando se toma la escala del sistema total. La economía puede hacer valer mejor su determinación en última instancia a esta escala “reducida” que cuando se aborda la dinámica del sistema en su totalidad, que necesariamente combina economía y política.

 

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